| 12/14/2009 12:40:00 AM

Piratería, no engañe ni se engañe

La falsificación de productos afecta los ingresos y el prestigio de un gran número de compañías alrededor del mundo. En Colombia, además de alimentarse de la informalidad laboral, es un foco de evasión de impuestos.

La piratería puede afectar la salud de miles de personas por penetrar segmentos de mercado con medicamentos fraudulentos, juguetes elaborados con sustancias nocivas y partes de automóviles que no cumplen los estándares de calidad requeridos. Este robo de la propiedad intelectual e industrial amenaza tanto a las personas como a las empresas alrededor del planeta.

Con un funcional sistema de producción y distribución, las redes mundiales de piratas están en capacidad de inundar todos los rincones del planeta con artículos de calidad inferior, que buscan engañar a los consumidores mediante la explotación del prestigio de marcas establecidas y reconocidas. Es fácil encontrar copias ilegales de medicamentos, alimentos, ropa, calzado, juguetes, gafas, perfumes, memorias digitales, cigarrillos, carteras, software, música, videos y libros, entre las más populares.

La Oficina de Protección de Aduanas y Fronteras de Estados Unidos (CBP, por su sigla en inglés) estima que el mercado global de las falsificaciones supera los US$545.000 millones, dos veces el Producto Interno Bruto (PIB) anual de nuestro país, una cifra similar a la suma de los ingresos anuales de las multinacionales Hewlett-Packard, IBM, Procter&Gamble, Sony, Microsoft y Unilever en el mundo entero.

Peor aún, según cifras de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (Ocde), la participación de los productos falsificados en el comercio mundial habría pasado de 1,85% en 2000 a 1,95% en 2007, un incremento significativo, dado que el comercio internacional se ha duplicado en ese periodo.

Los consumidores, por su parte, son una pieza clave en el desarrollo de la piratería. Ellos son quienes adquieren dichos productos, bien sea por descuido, desconocimiento o falta de moral. "La mayoría de veces, los compradores son conscientes de que están adquiriendo un artículo pirata. Si una persona compra una camisa Lacoste en la calle a un precio muy bajo tiene que saber que no es original", comenta Ignacio Cortés Castán, responsable de la unidad forensic de KPMG en Colombia.

Hay varias clases de falsificaciones, que se definen de acuerdo a la capacidad de engaño de sus posibles clientes. Así, los expertos hablan de una piratería de baja calidad cuando el comprador sabe de su ilegalidad, pero considera que el bajo precio amerita el riesgo. Esto es palpable en industrias que dependen exclusivamente de la propiedad intelectual, como las de software, música y libros.

Luego, están las falsificaciones de calidad media, donde las personas poco conocedoras adquieren los productos pensando que se trata de originales. En este caso, los vendedores fijan el precio a partir del grado de conocimiento del comprador: entre mayor sea el desconocimiento del producto original, mayor será su precio.

Finalmente, hay copias de alta calidad cuyo único objetivo es estafar a los compradores, pues también 'imitan' el precio original. "En el caso del software, encontramos falsificaciones que copian las cajas, los diseños de los discos y las licencias de uso. En este caso, los usuarios pagan casi lo mismo que comprando el original", dice Andrés Williamson, director legal de Microsoft Colombia.

Las falsificaciones de alta calidad suelen mezclarse con productos originales y son muy comunes en productos de primera necesidad, como las medicinas. "Solo una vez descubrimos que un producto era fraudulento porque en la caja había una palabra con una tilde mal puesta. Son diferencias tan sutiles que los usuarios no pueden identificar que están siendo engañados", comenta Marta Cecilia Rodríguez, subdirectora de medicamentos y productos biológicos de Invima.

La tipificación de este delito en Colombia determina que la piratería existe únicamente cuando las marcas han sido registradas previamente ante la Superintendencia de Industria y Comercio. De hecho, si el nombre del producto o de su fabricante no aparece en los registros del organismo, cualquiera puede usarlos sin riesgos de recibir sanciones, sin importar su renombre internacional.

Por ello, hay personas que registran marcas reconocidas, sin ser sus creadores, para usarlas en copias ilegales. "En este caso, el pirata tiene toda la libertad para usar esa marca, al extremo que el producto original se considera una copia ilegal, así tenga más tradición e historia", dice un experto en el tema.

Colombia, en la mira

En agosto pasado, la Policía Judicial (Dijin) y la Fiscalía General desmantelaron una banda dedicada a la piratería de ropa con la marca Juan Valdez, en un operativo que constó de 17 allanamientos en los que encontraron mercancía valorada en $140 millones. Según la Dijin, el delito le ha generado a la Federación Nacional de Cafeteros, propietaria de la marca, una pérdida de unos $1.100 millones durante el último año.

Como en este caso, son muchos los productos que se falsifican en el país. "Tuvimos un caso de piratería con nuestro lápiz de grafito número 2. Como el consumidor final no distingue las diferencias entre los lápices, al final las copias dañan las ventas y la aceptación del producto original", dice Andrés García, gerente de mercadeo de Faber-Castell Colombia.

Un caso similar sufrió la compañía alemana Henkel, con su adhesivo Super Bonder, cuya imagen terminó gravemente afectada en el país por culpa de copias ilegales de mala calidad. "Este año realizamos seis operativos con las autoridades, que incautaron material falsificado e imprentas para la impresión de las ampollas", dice Raúl Perilla, country manager de marketing y ventas de Henkel.

En electrodomésticos el drama es peor. César Cabrera, director de calidad de Schneider Electric, comenta que uno de cada tres accesorios eléctricos que se venden suele ser falso. "La gente adquiere por lo menos un artículo no certificado en la vida, aún a sabiendas de que es ilegal. Pero como se piensa que las únicas afectadas son las empresas, la compra no se detiene", sostiene.

Un mal mayor

La falsificación también castiga duramente las finanzas del Estado, al igual que sus políticas de generación de empleo y seguridad.

Además, por tratarse de un mercado paralelo, la piratería no paga ningún tipo de impuesto por la elaboración, importación, distribución, comercialización y venta de sus productos. Adicionalmente, entidades como la Interpol sostienen que existe un estrecho vínculo entre las redes de falsificación y mafias internacionales. Estudios de este organismo muestran cómo las organizaciones criminales utilizan este mercado paralelo para financiar el contrabando de armas, el narcotráfico y el terrorismo, entre otras actividades, al tiempo que incurren en otros delitos durante la manufactura y distribución de los productos, como el tráfico de personas y la explotación infantil.

Pero quizás el mayor flagelo de la piratería se produce cuando las copias ilegales llegan al consumidor final. Existe un alto riesgo para la salud pública por las falsificaciones de productos farmacéuticos, alimentos y bebidas, puesto que en su fabricación se emplean componentes de dudosa calidad y no se cumplen prácticas higiénicas estrictas.

Aunque las asociaciones de la industria farmacéutica dan cuenta de que los productos ilegales -falsificaciones, adulteraciones y contrabando­- tendrían una participación cercana al 2% del mercado nacional; el año pasado, en el marco del Foro Regional Protección de la Industria Farmacéutica contra Delitos Relacionados con Medicamentos, se dio a conocer que la cifra podría llegar al 5%. Con ello, los piratas de medicamentos estarían moviendo al año cerca de $150.000 millones.

En este sentido, Rodríguez, del Invima, comenta que los productos farmacéuticos más falsificados son los tratamientos para el VIH y el cáncer, y los antibióticos de nueva generación. "Estos productos de alto costo les dejan más rentabilidad a estas redes, pero también constituyen un mayor riesgo para los pacientes, que los necesitan para vivir", afirma.

Algo similar pasa con las bebidas alcohólicas, donde los delincuentes, además de copiar licores importados como whiskys o champañas, motivados por su elevado costo, adulteran algunos de producción local, como aguardientes y rones, por su volumen de ventas. Las autoridades gremiales estiman que las bebidas adulteradas tendrían una participación cercana al 30% del mercado.

Por este motivo, tras decomisar 15.000 botellas de licor adulterado, hace pocos días el comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, César Pinzón, advirtió sobre la dificultad para identificar estas bebidas. "Las bandas están falsificando las estampillas de seguridad que cubren las tapas de las botellas e incluso los logotipos de la Dian, lo que impide que la gente identifique la legalidad de los productos", comentó.

Cadena de valor

"Falsificar o piratear un producto consiste en realizar una imitación de un bien para engañar al intentar pasarlo por genuino. Es aprovechar el reconocimiento que tiene un producto original", dice Cortés, de KPMG.

Es imposible determinar la cantidad de dinero que mueve la piratería en Colombia. Los productos no solo se obtienen de forma clandestina, también se aprovecha la enorme informalidad laboral para su comercialización y distribución. Al final, las autoridades no pueden trazar una ruta de sus materias primas ni conocer su nivel de ventas.

Por ejemplo, la piratería de prendas de vestir y zapatos comienza en pequeños negocios que crean y venden copias de marquillas de marcas nacionales o internacionales. "Las marquillas se venden libremente en tiendas que se ubican cerca a los centros de venta de tela más reconocidos, como el barrio Restrepo (en Bogotá). Acá también se consiguen suelas, lengüetas, cremalleras y botones falsificados", dice un experto.

Esta facilidad para conseguir los elementos que falsean la originalidad de prendas y zapatos ha dispersado su fabricación en un sinnúmero de pequeños talleres familiares que se limitan a comprar materias primas similares a las del original en sitios legales y copiar los modelos. También existen grandes organizaciones que realizan copias de forma más industrializada, las cuales también comienzan por obtener las marquillas.

Junto a las fábricas locales, existe una gran cantidad de productos falsificados que ingresan al país de contrabando. De hecho, las falsificaciones provenientes de otros países hacia Colombia están tasadas en US$183 millones anuales, según cálculos de la Oficina de Protección de Aduanas y Fronteras.

El coronel Mario Hernando Torres, director de la Policía Fiscal Aduanera, asegura que los productos falsos más confiscados en las fronteras y puertos son prendas de vestir (como pantalones, camisas y zapatos), que provienen de mercados asiáticos. "Este año hemos capturado a 250 personas vinculadas a dicha actividad, a quienes les incautamos unas 200.000 cajas con elementos falsificados y 38.000 prendas de vestir", dice.

La cadena se complementa con la comercialización y venta de los productos, la cual se realiza abiertamente en la calle, mercados y tiendas. "En el caso del software, las bandas utilizan niños y personas de grupos vulnerables para que sea difícil judicializar a los verdaderos delincuentes", dice Jimena Mora, abogada especializada en piratería de Microsoft Colombia.

Entretanto, en otros países la piratería no se limita a artículos de fácil elaboración. La falta de escrúpulos de los delincuentes llega hasta las industrias más insospechadas. La fabricante de aviones Boeing descubrió aerolíneas en otros países que usaban repuestos falsos por el solo hecho de resultar más baratos que los originales. "En Colombia no tenemos ese inconveniente, pues la Aeronáutica Civil es muy estricta en las normas de seguridad y las aerolíneas son conscientes de los graves peligros que acarrea usar partes ilegales", comenta David Parker, ejecutivo de Boeing.

Penas y acciones

La piratería en Colombia, como en casi la totalidad del mundo, es un delito. Y no solo las autoridades, sino también los gremios y las propias compañías aplican todo tipo de estrategias legales para evitar su proliferación. Ernesto Rengifo, director del proyecto contra la falsificación de productos y usurpación de marcas de la Andi, comenta que con esta acción conjunta se ha conseguido endurecer la legislación para aplicar penas más severas contra quienes sean sorprendidos cometiendo este delito.

A esto se une el trabajo coordinado que vienen adelantando empresas de consumo masivo y farmacéuticas para ubicar focos de piratería y combatirlos. "Hasta agosto de este año, la justicia había condenado a 361 personas por actividades relacionadas con la elaboración o venta de productos falsos", dice Rengifo.

En la actualidad, el Código Penal contempla penas de entre cuatro y ocho años de prisión para quien falsifique productos, utilice marcas y nombres comerciales sin autorización, o viole los derechos de autor. A esto se suman multas de hasta 2.500 salarios mínimos mensuales, según la gravedad del hecho.

Junto a esto, las organizaciones están adoptando medidas internas para evitar focos de piratería que comiencen en sus propias oficinas. En la década del 90, Colgate logró reducir casi a cero la piratería de sus productos a través de un cuidadoso trabajo con su cadena de valor, concentrándose en evitar que el material gráfico y los empaques de sus productos cayeran en manos de delincuentes.

Algo similar hace Roche, que ha creado un sistema de trazabilidad para identificar cada unidad de sus productos farmacéuticos de alto costo y que permite recolectar los empaques después de que han sido utilizados. "Hemos hecho entrenamiento a todos los protagonistas de la cadena de distribución de cómo reconocer los productos de alto costo que son ilegales", comenta Pedro Galvis, director técnico de Roche Colombia.

En otros sectores, como en electrónica de consumo, los consumidores han cambiado sus hábitos para optar por tiendas que les brinden garantías y opciones de pago diferentes al efectivo. "La gente hace compras más inteligentes. Prefiere ir a grandes superficies o almacenes donde además puede comparar varias marcas", comenta Andrés García, gerente de mercadeo de Sony Colombia.

Paradójicamente, la presión de las autoridades y el experticio de sus fabricantes han llevado incluso a que algunas empresas dedicadas a la piratería decidieran legalizar su operación y crearan marcas propias. Según un experto del sector, varias organizaciones, fundamentalmente especializadas en ropa y calzado, han logrado sobresalir incluso en mercados internacionales.

El esfuerzo conjunto ha permitido reducir el nocivo impacto que tiene la piratería sobre las empresas y sus marcas. Sin embargo, para erradicar definitivamente este delito, aún falta que los consumidores comprendan que al adquirir estos productos también ponen en riesgo su vida, sus empleos y la salud de sus familias.

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