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Fabio Velásquez, directivo de la compañía Cebar e interventor de los contratos, es uno de los pocos protagonistas del caso que dan la cara. Asegura que existe un equívoco pues este tipo de negocios no tienen como referencia el número de reses sino los kilos de peso.

| 9/30/2011 7:20:00 AM

Pirámide ganadera

El más próspero ganadero del Magdalena Medio está acusado de montar una estafa por más de $40.000 millones. El número de afectados puede superar los 30.000.

En medio de un creciente nerviosismo, operadores del mercado que se mueve alrededor de la Bolsa Mercantil de Colombia habían guardado hasta ahora en secreto el reciente descubrimiento de una especie de ‘pirámide ganadera’ que estaría cobrando la forma de una estafa que podría superar los $40.000 millones.

Su protagonista es el empresario Luis José Botero, gerente de la compañía Unión Mútua, reconocido hasta hoy como el más próspero ganadero de la región de los valles Medio y Bajo del río Magdalena. Según varios de sus clientes, Botero los llevó a firmar bajo engaños contratos a término de venta con pacto de recompra y les mintió al decir que tenía más de 35.000 cabezas de ganado para respaldar sus inversiones.

El negocio parecía sencillo y rentable. El interesado invertía, a través de un intermediario de valores, en la compra de reses para ceba. El oferente se encargaba del proceso de engorde y luego les entregaría jugosos rendimientos por la venta.

La gran sorpresa se produjo cuando, por solicitud de los inversionistas que no recibían los rendimientos ofrecidos, una firma de auditoría independiente que actuó con autorización de la Cámara de Compensación de la Bolsa, encontró que las 35.000 reses no existían y que el vendedor tenía disponibles menos de 10.000.

El cálculo fue hecho a través de sistemas satelitales y de muestreos selectivos de las reses que deberían estar pastando en las poblaciones de Tamalameque (Cesar), San Fernando (Bolívar) y en fincas del Magdalena Medio. Cuando fue requerida, la firma Unión Mútua aseguró que el conteo había sido mal hecho por errores de ubicación geográfica y reportó nuevos sitios donde se encontraban las cabezas de ganado. Sin embargo, su versión resultó inconsistente pues algunos de los predios reportados pertenecían en realidad a otras personas e incluso a clientes que habían invertido en las operaciones.

Adicionalmente, produjo informes sobre jugosos rendimientos acumulados, lo que atrajo cada vez más inversionistas que ahora ven comprometidos sus recursos.

Fabio Velásquez, directivo de la compañía Cebar, interventor de los contratos y uno de los pocos protagonistas del caso que accedió a hablar públicamente, dijo que existe un equívoco por parte de algunos inversionistas y denunciantes pues este tipo de negocios no tienen como referencia el número de reses sino los kilos de peso. “Cada contrato que sale a rueda de bolsa tiene como referente de unidad los 5.000 kilos”. Dijo también que como resulta imposible pesar todas las reses en una sola visita, se toman muestras al azar a través de las cuales el interventor determina si el proceso es normal.

Jorge Enrique Amaya, presidente de la Cámara de Compensación Mercantil, dijo que no tiene información sobre posibles falsificaciones de títulos que habrían sido utilizados en el negocio y dijo que las pérdidas no suponen la existencia de mala fe, ya que “la industria ganadera, desde luego está sometida a volatilidades de precios, pérdidas de animales por factores climatológicos y cierres de mercados de compradores”.

El número de afectados puede superar los 30.000. El ganadero Luis José Botero, quien ya registra sanciones en la Bolsa, no respondió las llamadas ni los correos electrónicos que le dirigió la Revista Dinero.

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