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José Luis Heredia Palau.

| 6/13/2013 12:30:00 PM

¿Otro David Murcia?

Expulsado de la Bolsa de Bogotá junto a Juan Carlos Ortiz e investigado por la posible captación ilegal de $20.000 millones, ‘Pepe’ Heredia está hoy bajo la lupa de la Superintendencia de Sociedades. ¿Quién es este personaje?

Para cualquier ciudadano de a pie, el nombre de José Luis Heredia Palau seguramente podría pasar inadvertido. Sin embargo, cuando es mencionado dentro del cerrado círculo financiero del país, de inmediato saben que se trata de un hábil y curtido comisionista de bolsa que por años ha sabido moverse en medio del vertiginoso mundo de los grandes negocios. Esas destrezas y un alto grado de ambición fueron los mismos ingredientes que paradójicamente comenzaron a empañar su vida y a llenarla de episodios dignos del más oscuro guión novelesco.

En la década de los 90 fue expulsado de la Bolsa de Bogotá, justo el mismo día en el que su entonces compañero y hoy protagonista del escándalo de InterBolsa, Juan Carlos Ortiz, corriera con idéntica suerte. Por otro lado, la Superintendencia de Sociedades lo investiga actualmente por la presunta captación ilegal de por lo menos $ 20.000 millones; actividad que habría desarrollado mediante una sofisticada pirámide financiera en la que cayeron centenares de incautos ‘inversionistas’: desde altos oficiales del Ejército, como el general (r) Alfonso Vaca Perilla, hasta personalidades de la farándula nacional, como la actriz Aura Cristina Geithner (ver artículo Otra pirámide más, edición 420 Dinero).

Pero, ¿quién es exactamente este hombre, conocido en las altas esferas de la sociedad bogotana como ‘Pepe’ y en qué momento terminó inmerso en este mar de aparente ilegalidad? Como casi todas esas historias protagonizadas por ‘niños bien’ que hacen las cosas mal, Heredia creció en el seno de una familia sólidamente constituida y acomodada en términos económicos. Su padre, José Nehil Heredia Sabogal –coronel retirado de la Fuerza Aérea–, marcó en él un derrotero de trabajo y responsabilidad.

Dos condiciones de las que Pepe hizo alarde mientras estudió el bachillerato en el colegio San Bartolomé La Merced y adelantó su pregrado de economía en la Universidad Javeriana de Bogotá. Suficiente recorrido académico para que a la postre pudiera viajar a la Florida, Estados Unidos, con el ánimo de hacer la especialización en administración de empresas con la que siempre soñó.

Recién desempacado de su periplo por Norteamérica, durante la década de los 80, su inocultable inclinación hacia los temas financieros lo llevó a trabajar en varias entidades del sector: Banco de Occidente, Financiera Mazda Crédito S.A., la sociedad comisionista de bolsa BNC Valores S.A. y, cuando ya despuntaban los 90, entró a hacer parte del equipo de corredores de la Bolsa de Bogotá.

Y fue precisamente en la Bolsa donde el camino de Pepe empezó a tomar un rumbo insospechado. La Cámara Disciplinaria de esa entidad bursátil mediante la resolución 37 del 14 de mayo de 1998, notificó formalmente la expulsión de un grupo de traders del mercado de valores. Dentro de los sancionados aparecían los nombres de José Luis Heredia Palau y Juan Carlos Ortiz Zárate a quienes -entre otros de sus colegas– les endilgaban una letanía de cargos: desconocimiento de los comprobantes de liquidación de bolsa, operaciones no representativas del mercado, realización de operaciones por fuera de la bolsa e inducir a sus clientes al error.

Una vez desvinculado de la Bolsa de Bogotá, Pepe no dudó en abrir su propia oficina. Un pequeño local en la calle 114 con carrera 22, en donde estructuró una mesa de dinero para mover las platas de algunos de los clientes que conoció durante su tormentoso paso por el mercado de valores.

Lo que estaba por venir sería un camino oscuro y sembrado de dudas.

Los ladrillos de la pirámide

Entre los años 2002 y 2008, Pepe Heredia –junto a algunos viejos amigos y familiares– constituyó seis empresas (Inversiones El Roble, Construcciones Barsa Ltda., Inversiones y Asesorías JTH S.A.S., Asesorías e Inversiones Herva JLP, J & T Negocios e Inversiones S.A.S. y Alpha Sentinell LLC). Buena parte de esas sociedades le sirvieron para hacer intermediaciones y asesorías financieras y, por supuesto, para mover importantes sumas de dinero. Pero, además, fueron pieza clave de algo aún más importante: le ayudaron a conocer gente del más alto perfil económico y social.

Uno de los amigos que cultivó con esmero en aquella época fue Mauricio Ramírez Koppel, quien por esos días se desempeñaba como director del Invías. Pepe y Ramírez estrecharon una relación, entre otras cosas por la simple razón de ser vecinos en el municipio de la Calera donde ambos vivían –en sendas casas campestres– con sus respectivas familias y departían con frecuencia.

Por eso, plantea varios interrogantes éticos el hecho de que en el año 2006, poco antes de salir de la dirección del Invías, en medio de polémicos señalamientos, Ramírez Koppel hubiera celebrado con la Unión Temporal Vías del Putumayo y a Construcciones Barsa Ltda. –esta última empresa de propiedad de su amigo Pepe Heredia– un contrato por $ 6.984 millones para el diseño, reconstrucción y pavimentación del tramo 1 de la vía Puerto Asís-Santa Ana-Paujil-Puerto Caicedo. Por ese concepto, Heredia recibió honorarios de $1.850 millones, monto para nada despreciable si se tiene en cuenta que la construcción no era precisamente su área de trabajo.

Así pues, mientras incursionaba en negocios para él desconocidos, José Luis Heredia también se aventuraba a vivir experiencias militares. Por eso, años antes de conocer a Ramírez Koppel, decidió aceptar una invitación proveniente de la Escuela Superior de Guerra para adelantar el Curso Integral de Defensa Nacional, conocido en el mundo castrense como Cidenal. Allí, entre sus compañeros de cátedra coincidió con personajes como el almirante Gabriel Arango Bacci, el general del Ejército Gustavo Matamoros Camacho, y la empresaria del sector avícola Leonor Serrano de Camargo, por mencionar tan solo algunos.

El tiempo no parecía ser un impedimento para Pepe. Mientras hacía el curso de Cidenal y continuaba con sus asesorías financieras, conocía modelos y gente de la farándula del país. Su número de contactos y amigos, sin duda, crecía como espuma.

Dicen quienes lo conocen que, al verse rodeado de personajes de tal calibre, vio la oportunidad de constituir una suerte de ‘pirámide’ financiera. Su modus operandi era sencillo: convencía a sus no pocos amigos de invertir en sus empresas –particularmente en J & T Negocios e Inversiones– a cambio de recibir rendimientos mensuales de hasta 2%.

Con una personalidad arrolladora que, incluso, muchos describen de ‘encantadora’, Heredia logró persuadir a cientos de empresarios, militares y personajes públicos para que le entregaran su dinero. Así logró captar por lo menos $20.000 millones, una partida que hoy solo espera ser recuperada por las víctimas.

En un listado conocido por Dinero aparece buena parte de los ingenuos ‘inversionistas’, además de las respectivas cantidades de dinero que le entregaron a Heredia. En el nutrido documento surgen nombres como el de Mauricio Ramírez Koppel, Aura Cristina Geithner o el de David Toledo Esquenazi –vinculado al escándalo de DMG– entre muchos más (ver facsímil).

Al mejor estilo de la tristemente célebre DMG de David Murcia Guzmán, algunos de los inversionistas de Pepe Heredia, al comienzo, recibieron las utilidades prometidas. La gran mayoría, sin embargo, perdió el rastro de su dinero.

Lo más indignante de todo esto es que, mientras los damnificados hacen hasta lo imposible para recuperar su plata, Pepe Heredia disfruta de la fortuna amasada. No en vano, cuando la aparente captación llegó a su punto más alto, se embarcó en un crucero por los países del Báltico y visitó los más importantes destinos de la península Escandinava.

Un equipo especial de la Superintendencia de Sociedades estudia hoy el caso de Pepe Heredia con lupa. Por lo pronto, muchos claman al unísono para que se haga justicia.

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