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La Supersociedades ya tiene la lupa puesta sobre el descalabro que involucró a la empresa Varosa Energy.

| 5/3/2013 10:12:00 AM

Otra pirámide más

Más de 300 personas, entre ellas varios generales activos y retirados del Ejército, cayeron en una red de captación ilegal de dineros. Unos $20.000 millones están en juego.

Cuatro años después de que Colombia se estremeciera con el sonado escándalo de la captadora ilegal de dinero DMG, el país está a punto de presenciar el derrumbe de otra ‘pirámide’ que, en silencio, venía cimentándose hasta hoy. Se trata de una presunta captación masiva e ilegal de dineros en donde por lo menos 300 incautos ‘inversionistas’ cayeron y, de buena fe, desembolsaron cerca de $20.000 millones en las arcas de una empresa petrolera. Entre las víctimas aparece un variopinto grupo de oficiales retirados y activos de las Fuerzas Armadas; floricultores, comerciantes y ciudadanos del común. Muchos de ellos están ad portas de perder hasta el último centavo.

La historia parece sacada de un guión cinematográfico. Todo comenzó el 17 de octubre de 2006, cuando la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) suscribió un contrato de exploración y explotación de petróleo con la empresa Varosa Energy Ltda. Palabras más, palabras menos, el documento dejaba claro que, desde entonces, Varosa se convertiría en el titular del bloque ‘La Pola’, conformado por los pozos Quintero 1, Quintero 2, Quintero 3 y Armero 2, ubicados en jurisdicción de los municipios de Guaduas, Cundinamarca, y Lérida, Tolima.

Óscar Alberto Vargas Zapata, propietario de Varosa Energy, sabía de sobra que acababa de hacer el negocio de su vida. No en vano, una porción importante de su reciente adquisición había sido calificada por el gobierno de Ernesto Samper como el nuevo Cusiana; fundamentalmente por su enorme potencial y sus jugosas reservas de crudo no convencional, conocido también por los expertos como petróleo de esquisto.

Por eso, Vargas no dudó en contratar a un grupo de empresas especializadas en asuntos de infraestructura petrolera con el ánimo de que le ayudaran a finiquitar cada uno de los detalles que hacían falta para poner a producir sus pozos. Entre las firmas que contactó, por mencionar solo algunas, figuraban High Quality Engineering, S & J Full Services Ltda. y Geoenergy. Y aunque todas ellas prestaron sus servicios tal y como fue acordado, Vargas se abstuvo de pagarles los honorarios convenidos.

Tal vez eso explique por qué en una carta fechada el 20 de abril de 2011, el entonces director de la ANH, Armando Zamora Reyes, le advertía al actual superintendente de Sociedades, Luis Guillermo Vélez, que las deudas de Varosa Energy bordeaban –por esos días– los $5.000 millones. “De un tiempo para acá esta Agencia ha venido recibiendo un elevado número de quejas por falta de pago de obligaciones de la sociedad en referencia, por lo que se infiere que la sociedad puede haber entrado en situación de insolvencia”, se lee en uno de los apartes de la misiva firmada por Zamora.

Las sospechas de Zamora no eran infundadas: en efecto, Varosa atravesaba por una insostenible situación financiera. Incluso, el mismo Óscar Vargas, en varias comunicaciones escritas les dice a sus acreedores que el flujo de caja de su compañía estaba seriamente afectado pero –a pesar de las dificultades– se compromete con ellos a saldar las deudas pendientes, en un plazo razonable. Con un escenario tan adverso, ¿dónde podría conseguir el dinero?.

Intermediarios y otros demonios

Con el agua al cuello, Vargas recuerda que el 12 de agosto de 2002 había firmado un documento denominado “acuerdo de gestión e intermediación” con la compañía J & M Negocios e Inversiones Ltda. Una empresa cuyo propietario, José Luis Heredia Palau, –conocido en los círculos sociales como ‘Pepe’–, era un viejo amigo suyo. Pero sobre todo: se trataba de un hombre de su entera confianza.

La idea de los dos ‘camaradas’, en el momento de sellar esa especie de pacto de sangre –ante los ojos del notario 43 del Círculo de Bogotá– era una sola: conseguir recursos a través de inversionistas, o en palabras más simples, captar dinero. Y lo plasmado aquel día en el papel, aunque de manera confusa, así lo demuestra: “(…) el presente instrumento (confirma) una relación comercial de gestión, intermediación de recursos dinerarios de propiedad suya, como de inversionistas, personas naturales y jurídicas, para su utilización como operación activa de crédito en beneficio y provecho de las partes”, se lee en el primer punto del acuerdo.

Así que la hora de hacer efectivo el famoso pacto había llegado. ‘Pepe’ Heredia –en calidad de civil– había sido invitado por la Escuela Superior de Guerra para participar en el Curso Integral de Defensa Nacional, Cidenal. Una actividad que le permitió conocer a fondo el mundo castrense e involucrarse de cerca con altos oficiales de las Fuerzas Armadas.

Con la seguridad de un curtido empresario y la confianza de ser su condiscípulo, ‘Pepe’ logró convencer a un manojo de militares de que invirtieran en su portafolio de negocios. Un atractivo listado de empresas ligadas a la explotación de hidrocarburos, entre las que se destacaba la petrolera Varosa. “Si invierten en mi portafolio, les puedo dar rendimientos anuales de entre 14% y 18%, gracias a la extraordinaria producción petrolera que hay en los campos de Varosa”, les decía Heredia a los oficiales, según relata un general del Ejército que cayó en esa red y prefirió mantener su nombre en reserva.

Ante una oferta tan tentadora, era difícil que los militares se resistieran a participar en ella. Y por eso muchos le entregaron, a ojo cerrado, importantes sumas de dinero a Heredia. Lo mismo hicieron floricultores, comerciantes y ciudadanos del común que creyeron a pie juntillas en sus ofrecimientos.

Mientras prometía el oro y el moro, Heredia logró recoger por lo menos $20.000 millones que –tal y como quedó acordado con Óscar Vargas– serían inyectados a las precarias finanzas de Varosa. Las cosas, no obstante, empezaron a desvanecerse para los viejos amigos Vargas y Heredia cuando sus más de 300 ‘inversionistas’ advirtieron que los rendimientos prometidos se los llevaba el viento.

En los archivos de la Superintendencia de Sociedades, hoy reposan decenas de quejas de los damnificados de esta sofisticada ‘pirámide’ financiera. De hecho, el órgano de vigilancia ya tiene la lupa puesta sobre este descalabro y por eso está a la espera de que Óscar Vargas presente un plan de desmonte de su empresa Varosa. Y, al mismo tiempo, está investigando si José Luis Heredia cometió el delito de captación ilegal de recursos.

Dinero intentó comunicarse en repetidas oportunidades con Vargas, pero este se negó a responder.

La pregunta que queda en el aire es más que obvia: ¿a dónde fue a parar esa multimillonaria suma de dinero? Heredia asegura que $17.000 millones terminaron en manos de Varosa. Y Óscar Vargas, por su parte, señaló que solo ha recibido $9.000 millones. Una controversia que tendrá que ser dirimida en los próximos días por la Supersociedades. Por lo pronto, los damnificados esperan con ansias que su dinero sea devuelto.

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