| 4/13/2011 12:00:00 AM

Mansiones de contrabando

En la vía a La Calera, al oriente de Bogotá, se están construyendo mansiones en zonas de reserva forestal. Su edificación viola todas las normas ambientales.

Es un secreto a voces: en los cerros orientales de Bogotá, en la vía a La Calera, se están construyendo casas de US$5 millones en zonas prohibidas -por ley-, pues corresponden a terrenos de reserva forestal.

Uno de esos condominios se llama Puente Chicó Alto. Queda al lado del Mirador Tauro, detrás del restaurante Tramonti. Actualmente es un exclusivo conjunto compuesto por 22 casas, cada una con un área promedio de 600 m2.

Allí tienen casas y lotes presidentes de compañías, altos ejecutivos del sector financiero y otros personajes vinculados al jet set. Pero algunos de ellos -que pidieron mantener sus nombres en reserva- confesaron el temor de haber comprado un terreno cuya legalidad para el uso de vivienda está en entredicho y, por eso, se han resistido escrupulosamente a seguir construyendo o a vender.

Sus miedos no parecen infundados. El año pasado, el Consejo de Estado declaró nula una resolución de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) que sustraía del área de reserva forestal terrenos del sector. La decisión afectó precisamente la parte del área denominada Bosque Oriental de Bogotá, de la que hace parte este condominio, así como su lote vecino: un alistamiento de terrenos para expandir otra urbanización derivada del predio Mirador Tauro.

La historia
Todo comenzó cuando Geidis Dixon, director presidente de Ecological Foundation Limited, una compañía para la preservación ecológica con sede en las Islas Vírgenes, escogió los cerros orientales de Bogotá para montar su Fundación.

A comienzos del año 2000, Dixon le dio un poder a la señora Esther Camacho para que actuara en su nombre en Colombia. La señora Camacho, su apoderada, compró en la vía a la Calera un predio llamado Mirador. Según consta en la escritura 01520, constituida en la Notaría 16 de Bogotá, pagó $14 millones a la Reforestadora Chicó Alto Ltda., empresa propiedad de su esposo Arturo Zuluaga Machado, un abogado que hizo prestigio en círculos inmobiliarios como constructor y promotor urbanístico.

La intención de la señora Camacho era instalar en ese terreno una especie de estación vigía para ayudar a las autoridades a prevenir invasiones, pero, muy especialmente, para impedir la urbanización de terrenos que hacen parte de la hermosa área de conservación de la ciudad. Sus esfuerzos y recursos no sirvieron de mucho. En esa zona crece el exclusivo condominio compuesto hoy por 22 casas.

El secreto mejor guardado
Algunas de esas casas fueron construidas antes del año 2004, cuando ya estaba suspendida por parte del Consejo de Estado la resolución 2413 de 1993 de la CAR que sustraía aquellos terrenos del área de reserva forestal. Otras siguen siendo edificadas pese a que el Consejo de Estado, por petición de la Procuraduría, tumbó definitivamente la resolución en mayo de 2010.

El Consejo de Estado no aceptó una excepción de ineptitud de la demanda planteada por el propio Arturo Zuluaga, representante de la Reforestadora Chicó Alto, que todavía reclama como suyos esos terrenos. "La demanda se dirigió únicamente contra la CAR, sin tener en cuenta que la Reforestadora tiene interés directo en las resultas del proceso, pues el área cuya sustracción se ordena en el acto acusado es de propiedad de la sociedad", dice Zuluaga.

Quizá, las dudas derivadas de los procesos judiciales y administrativos aún pendientes han hecho que hasta hoy el condominio Puente Chicó y su vecino Mirador Tauro sean los secretos mejor guardados de los cerros orientales. Olga Lucía Londoño, una de las propietarias y administradoras del exclusivo conjunto, se negó a permitir la entrada de periodistas de Dinero.

Inicialmente, invocó la privacidad de los propietarios y pidió que la solicitud le fuera dirigida por escrito. Después, prometió que respondería la solicitud y un cuestionario si la asamblea de vecinos la autorizaba. Tras varias semanas de insistencia y hasta el cierre de esta edición, no había respondido.

Ambos condominios -Puente Chicó Alto y Mirador Tauro- comparten su entrada a pocos metros del restaurante Tramonti. Allí los guardias de seguridad advierten que no tienen orden de dejar pasar a alguien distinto a los residentes o a los representantes de empresas y trabajadores que constantemente llevan materiales de construcción, pese a que ya no se pueden seguir construyendo casas.

Dinero buscó también a Arturo Zuluaga, dueño de la Reforestadora. Después de hacer una amplia semblanza histórica del sector y de sus cruzadas para evitar las invasiones y las construcciones ilegales, el constructor dijo que, por efectos de su edad y de su salud, no ha vuelto a visitar los predios y que su opinión ya no es tenida en cuenta por los interesados en vender y construir. "Varias cosas allí han escapado a mi control", aseguró.

Algunos de sus colaboradores, un poco más directos, dicen que ante la calidad, influencia y poder que encarnan los residentes, las autoridades encargadas de la preservación de los cerros experimentan un temor reverencial. "Recordemos -dijo uno de los colaboradores- que los constructores de esta zona ya tumbaron a un contralor de Bogotá que había conseguido incluso la demolición de casas". ¿Qué diría hoy Geidis Dixon, el británico enamorado de la causa de la preservación de los cerros?

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