| 4/30/2010 12:00:00 PM

La revolución agroindustrial

Un grupo de cultivos comerciales que incorporan altas tasas de innovación ha generado grandes transformaciones económicas y sociales.

A la sombra de cultivos como café, caña de azúcar, banano, palma de aceite y flores, se ha impulsado en los últimos 200 años la innovación y el desarrollo económico y social del país.

La agroindustria ha sido durante dos siglos la gran jalonadora de avances tecnológicos, cambios en los modos de producción, transformación poblacional y acumulación de capital. Su participación en el PIB, la generación de empleo y las exportaciones han sido determinantes para el desarrollo de la economía.

En esta historia el café ha cumplido un papel destacado desde 1835, cuando despuntó como producción comercial agropecuaria y fueron exportados los primeros 60 kilos del grano. El cultivo se remonta a 1820 y se atribuye al sacerdote Francisco Romero, de quien se dice ponía como penitencia a los peregrinos pecadores la tarea de sembrar plantas de café.

La creación de la Federación Nacional de Cafeteros, en 1927, marcó un hito en el desarrollo cafetero pues permitió la unión de las familias cultivadoras del grano alrededor de un propósito común: impulsar el desarrollo del cultivo y velar por los intereses del gremio, un modelo exitoso que sigue vigente en nuestros días. Alrededor de esa unión gremial se ha consolidado el trabajo de 560.000 familias colombianas dedicadas al cultivo del grano y la generación de unos 630.000 puestos de trabajo.

En los años 50 el café representaba el 80% de las exportaciones totales del país y estos ingresos ayudaban a financiar buena parte de las importaciones colombianas. Para 2009, esta participación bajó al 5% del total.

Aunque el café sigue teniendo un papel protagónico dentro de la agroindustria del país, dos hechos marcaron un cambio en la estructura del negocio: la ruptura, en 1989, del Pacto Internacional de Cuotas ­-que regulaba los precios- y la puesta en marcha de un programa de apertura económica que impulsó la diversificación exportadora en los últimos 20 años.

Con un mercado libre, los productores de café tuvieron que acudir a propuestas innovadoras para mantener su participación: desde finales de los 80 se dio impulso a la marca 'Café de Colombia' cuya diferenciación logró posicionar el grano. En 2002 arrancó un programa de innovación en la cadena de valor, que ha permitido diversificar el portafolio de productos y llegar a nuevos segmentos. El desarrollo de la cadena de tiendas Juan Valdez es otro hito del mercadeo, pues ha permitido ampliar las posibilidades de comercialización de un producto básico.

Cultivos rendidores

La caña de azúcar es otro de los productos que ha impulsado la innovación agropecuaria. Este sector se destaca por los cambios históricos protagonizados desde 1853, cuando se introdujeron los trapiches de hierro accionados por humanos -con la ayuda de un burro o un caballo-, que permitieron aumentar la capacidad de producción. Para 1872 llegan al país las primeras centrífugas para los ingenios, abriendo paso a un nuevo sistema de extracción de la miel.

En 1901, el Ingenio Manuelita inauguró su sistema con vapor, motor central, transportador de caña, torre de sulfatación y centrífugas. Para 1950, se adoptan modernas prácticas para el arreglo de las tierras cultivables y, en 1977, se crea el Centro de Investigaciones de la Caña (Cenicaña), dando inicio a un proceso de innovación de variedades, agronomía y economía. En 1997, un estudio de LMC International sobre competitividad del azúcar ubicó a Colombia en el primer lugar entre los diez países productores de caña y remolacha.

La producción a gran escala de alcohol anhidro, en 2005, constituye la más reciente innovación del cultivo pues dio inicio a la industria de biocombustibles. Con una inversión de US$130 millones arrancó el negocio de las destilerías que atienden la demanda del programa de oxigenación de combustibles.

Otro cultivo que introdujo grandes cambios en la historia económica es el banano. Su nacimiento comercial data de 1885, cuando el empresario José Manuel González Bermúdez inició un cultivo en Magdalena a partir de semillas de la variedad Gross Michel. La primera exportación se registró en 1889 y las condiciones que ofrecía entonces el país permitieron la instalación de la norteamericana United Fruit Company.

La llegada de extranjeros marcó el desarrollo del cultivo de banano en las primeras décadas del siglo XX y dio origen a una revuelta social de ingrata recordación: la "masacre de las bananeras", en 1928. En la década del 60, se abrió un nuevo frente de trabajo en la zona de Urabá, hoy la de mayor producción.

Al lado del banano, la United Fruit se encargó de promover, en 1945, el cultivo comercial de palma de aceite, cuyas primeras plantaciones arrancaron en Magdalena. Para 1960 había 18.000 hectáreas sembradas. Hoy se encuentra en 96 municipios y hay más de 315.000 hectáreas sembradas. En palma se registran innovaciones en varios frentes, desde la optimización de suelos hasta el manejo ambiental. Pero quizá la más importante arrancó en 2005 con el programa de combustibles oxigenados, que ha permitido a estos productores ampliar su mercado con la construcción de plantas de biodiesel.

La expansión de la palma coincide con el surgimiento del cultivo comercial de flores, que data de la década del 70, cuando un estudiante de maestría de la Universidad de Colorado reportó en su tesis las condiciones ideales de la Sabana de Bogotá para cultivar flores. Allí comenzó a gestarse un innovador cultivo que ha convocado a nacionales y extranjeros y ha convertido a Colombia en el segundo exportador mundial de flores.

El espíritu emprendedor colombiano sumado al aporte y conocimiento de los extranjeros han sido determinantes para consolidar la agroindustria. El sostenimiento de estos esfuerzos augura la continuidad en el éxito de estos productos.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?