| 12/14/2011 7:00:00 AM

La reelección de Rojas Birry

El Personero de Bogotá está moviendo todas sus fichas para reelegirse en febrero próximo por otros cuatro años. Sin embargo, ha estado ausente de todos los debates relacionados con la crisis de la ciudad.

Francisco Rojas Birry, personero de Bogotá, luce inmune a las investigaciones en su contra. Su nombre cobró especial notoriedad pública en 2009 cuando, en la cresta del escándalo generado por el desplome de DMG, fue blanco de denuncias sobre ayudas económicas que recibió de manos de David Murcia Guzmán, cabeza de la pirámide financiera.

Entre las evidencias en su contra hay 2.500 grabaciones obtenidas por los servicios de policía judicial y no menos de 14 testimonios creíbles de personas cercanas al proceso que aseguran que el Personero hizo valer sus influencias en busca de brindarle protección a Murcia por los días en que fue confinado en prisión. Aun así, el proceso disciplinario en su contra –radicado bajo el número D-2009-792-109462– duerme el sueño de los justos en el despacho del procurador Delegado para la Economía y la Hacienda Pública, Rafael Guzmán Navarro, que hace más de un año está evaluando si le abre o no investigación formal.

Algo similar ocurre con un proceso penal a cargo de la Unidad Anticorrupción de la Fiscalía, donde la imputación de cargos es una posibilidad remota.

Mientras tanto, refugiado en su bajo perfil, Rojas se las ha arreglado para estar ausente de los grandes debates de la ciudad en los que la Personería debería haber llevado la voz cantante. No ha hecho un solo pronunciamiento sobre el carrusel de la contratación, hizo mutis por el foro frente a denuncias sobre irregularidades en el trámite de licitaciones y adjudicaciones de negocios multimillonarios como el relleno Doña Juana. Jamás ha rebatido los testimonios de jefes paramilitares desmovilizados que lo acusan de haberles pedido ayuda económica para promover campañas políticas en su natal Chocó.

Todos los días, cuando responde a la lista para las sesiones de su corporación, el concejal Javier Palacio se lo reprocha: “Han transcurrido cuatro años y Bogotá sigue sin Personero”, repite el cabildante y no recibe respuesta alguna. Pero Palacio y varios de sus compañeros aseguran que Rojas Birry no solo le apuesta a librarse de castigos judiciales sino a hacerse reelegir.

Sus encuentros con concejales de distintas bancadas, a los que les vende la idea de su continuidad en el cargo, son sigilosos pero constantes. En su agenda figuran reuniones con dirigentes como Antonio Sanguino, Álvaro Argote y Celio Nieves, entre otros. La fórmula está inventada: puestos a cambio de respaldo político. Distintas fuentes consultadas por Dinero coinciden en que el mayor número de cuotas burocráticas favorecen a Antonio Sanguino, que tuvo a Rojas Birry como jefe de debate cuando aspiró al Concejo en 2008 por las listas del Polo Democrático.

¿En cuerpo ajeno?
Rojas Birry, sin embargo, es consciente de sus limitaciones. Sabe bien que una nueva postulación suya no será bien acogida por la opinión pública y por eso ha preparado con sus aliados un Plan B: que el sucesor, en caso de que su nueva candidatura no cuaje, sea alguien de su entera confianza. En la agenda oculta de los acuerdos son ventilados ya algunos nombres. Uno de los más importantes es el de Yamile Guerra Suárez, abogada santandereana que hoy ocupa el cargo de secretaria General de la Personería.

Esta abogada, que se ganó la confianza del Personero a través de asesorías de carácter jurídico en momentos de crisis, sería entonces la candidata que se enfrentaría, entre otros, a Zulma Casas, ex integrante de la Comisión Nacional de Televisión.

Hasta el momento, el alcalde electo de Bogotá, Gustavo Petro, no ha dado a conocer sus expectativas frente a la elección que debe producirse en febrero próximo. Miembros de su equipo de empalme han dicho que Petro preferirá mantenerse al margen del proceso para respetar la independencia de los órganos de control. Sin embargo, si se diera a la tarea de evaluar lo que ha significado la Personería para la ciudad en los últimos cuatro años, se encontraría con una larga lista de pecados y omisiones que incluso pueden perjudicar fiscalmente al Distrito. El Personero es elegido autónomamente por la plenaria del Concejo.

Rojas le dijo a Dinero que las críticas en su contra son más que injustas. Aseguró que tiene cómo demostrar que fue la entidad la que encendió las alarmas sobre las irregularidades en los contratos de la calle 26 y que, por ende, contribuyó a destapar el carrusel de la contratación. “La Personería –explica– produce noticias todas las semanas. Nosotros no tenemos facultad para investigar al Alcalde pero sí a los secretarios de despacho. Bastaría con mirar nuestros resultados para comprobar que hemos mantenido una vigilancia estricta sobre todos ellos”.

Rechazó también denuncias que circulan internamente en la entidad según las cuales él despidió en los últimos meses a no menos de cincuenta funcionarios y los reemplazó por recomendados de los concejales. “La nómina paralela ha crecido en proporción de dos designaciones por cada despido”, dijo un funcionario de la Personería que conoce de cerca los movimientos en la planta. “Yo no he echado a nadie –replica el Personero–. He pedido no más de diez renuncias cuando los resultados de alguien no me satisfacen. No hay nómina paralela y los nombramientos obedecen a las necesidades del servicio”.

De todo esto quedan en claro al menos dos cosas: que la Personería es una entidad decadente y en crisis y que el Concejo no tiene la independencia necesaria para proveer el cargo con el mejor candidato.
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