| 4/30/2010 12:00:00 PM

Industria, al ritmo del cambio

La política proteccionista vigente durante buena parte del siglo XX permitió el desarrollo de importantes industrias en el país. Sin embargo, puso límites a su crecimiento.

La historia de la industria en Colombia comenzó a escribirse en la primera década del siglo XX. Y uno de los hechos determinantes, paradójicamente, fue la Guerra de los Mil Días. Según el libro Historia Económica de Colombia, en el capítulo escrito por Jesús Antonio Bejarano, al finalizar el conflicto, las escasas fábricas de manufacturas que habían logrado prosperar en Bogotá y Tunja, lo mismo que las industrias textiles de Santander, prácticamente desaparecieron, o quedaron semiparalizadas. Sin embargo, a la destrucción escapó la mayor parte de la región occidental del país y en particular Antioquia, Caldas y el Valle del Cauca, hecho que permitió, por ejemplo, que Antioquia viera el surgimiento de una poderosa industria textil. El aumento de aranceles, junto con numerosas exenciones para la importación de maquinaria y materias primas, el establecimiento de subsidios, la celebración de contratos de privilegio, entre otros factores, permitieron consolidar el andamiaje industrial del país.

Para Carlos Dávila, experto en historia empresarial y profesor de la Universidad de Los Andes, el mayor auge de la industria en Colombia se logró básicamente por dos factores: la acumulación de riqueza por cuenta de otras actividades como la minería del oro y el cultivo del café, y la decisión del Gobierno de crear políticas para favorecer el desarrollo de ciertas industrias clave.

A partir de 1910 las industrias pasaron de ser esfuerzos aislados a generar una nueva élite de emprendedores y visionarios de negocios -tanto nacionales como extranjeros-, que hicieron sus apuestas por el desarrollo de bienes que hasta el momento se importaban. La innovación trajo por la vía de maquinarias, equipos y procesos industriales un cambio radical en el empresariado colombiano.

Las políticas proteccionistas desarrolladas por el Estado durante buena parte del siglo XX permitieron consolidar industrias de textiles, vehículos, cueros y calzado, electrodomésticos, químicos y plásticos, papel e industria gráfica, confitería, ensambladoras de vehículos y construcción, entre otras. El manejo de la tasa de cambio a favor de los industriales, el uso de aranceles para proteger la producción nacional, así como el desarrollo de instrumentos para promover y financiar la creación de nuevas industrias fueron herramientas de política que operaron hasta finales de la década de los 80.

Pero, al mismo tiempo que promovió la industrialización, la política proteccionista creó límites para el desarrollo de las empresas, pues muchas basaron su rentabilidad en las prerrogativas del gobierno y no en su propia competitividad. Según Carlos Dávila, esta estructura llevó a una parte importante de las innovaciones de la industria colombiana provinieran de la maquinaria, los productos o los procesos desarrollados en el exterior y que fueron incorporados con éxito en Colombia.

Cuando en la década de los 90 el gobierno optó por cambiar el modelo y virar hacia una apertura económica, muchas de las empresas que antes parecían exitosas quedaron al descubierto y no resistieron o tuvieron que transformarse para enfrentar el libre mercado.

La innovación volvió a jugar un papel determinante para aquellas industrias que decidieron acomodarse al nuevo modelo y hoy muestran sus resultados, pues tras dos décadas de apertura económica, ha quedado en evidencia que solo las más preparadas y las más innovadoras han podido enfrentar el desafío.

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