| 6/26/2014 5:00:00 AM

La hora del veredicto

Esta es la historia del trance vivido por los clientes defraudados de Su Inversión, la primera de las firmas captadoras a gran escala cuyos socios están a punto de ser condenados a prisión.

Antonio Abad está siempre bien dispuesto para evitarles a los deudos el trauma que les implica retirar los restos de sus seres queridos del viejo cementerio San Camilo, cuando se han cumplido los cinco años de sepultura y la administración necesita abrir nuevos espacios en las criptas. Sabe que solo los difuntos ilustres pueden permanecer en los panteones para siempre, pero se encarga de atenuar la discriminación consiguiendo cofres, donde reposarán las cenizas, e iglesias u otros lugares dignos para depositarlas.

Aunque su tarea es más espiritual que material, esos servicios le representan un ingreso adicional a la pensión equivalente a los dos salarios mínimos con la que hoy se sostiene. Como tiene en toda Pereira una fama bien ganada de hombre honrado, también hace vueltas en los bancos o cuida las casas de los ricos cuando se van de vacaciones al exterior.

Es feliz, aunque sabe que su suerte sería distinta si no hubiera perdido el capital de toda una vida de trabajo como dueño de la Casa de Banquetes Toño, la más tradicional de la ciudad. Ese dinero, que en los tiempos de auge le permitió diversificarse en varias áreas comerciales, se esfumó cuando lo confió a Su Inversión, una firma comisionista creada en 2006 por Luz Marina Vélez Londoño, dama prestante de la sociedad risaraldense.

No había razón para desconfiar de ella, la hija de ‘el Plumón’ Vélez, congresista y durante años el dirigente político con mayor ascendiente en el Eje Cafetero. Tampoco de sus hijas y socias del negocio, Liliana y Tatiana Ángel Vélez, visitantes asiduas de los clubes sociales Rialto y Campestre, la mayoría de cuyos socios se hicieron clientes de la naciente comisionista.

La compra de acciones de Ecopetrol, cuando se inició su democratización, era un buen punto de arranque de sus inversiones. De ello daban fe Clemencia Mejía, inversionista amiga de los Vélez desde la infancia, y la odontóloga Luz Marina Alzate, quien había conocido a Luz Marina Vélez desde la época en que esta trabajó para un puesto de bolsa abierto por el exalcalde de Pereira César Castillo (vea los videos con estos testimonios en Dinero.com).

Fabio Cuervo Parra, maître del Rialto, y Héctor Javier Orozco Ruiz, durante 43 años responsable de la zona húmeda del club, –inversionistas defraudados ambos– devuelven la película para recordar que se convencieron de que su plata estaba respaldada por un buen augurio, el día que fueron invitados al coctel oficial de lanzamiento en Su Inversión. La firma fue presentada en sociedad nada menos que por ejecutivos de Global Security que llegaban de Medellín para informar que la nueva empresa se encargaría de captar a sus clientes en el Eje Cafetero.

Desplome sin anuncio previo

La relación comercial que se iniciaba con los vientos a su favor no tuvo sobresalto alguno durante casi tres años. Los rendimientos de las inversiones eran pagados cumplidamente, mientras Su Inversión crecía en términos de activos y clientes. Reinvertir las ganancias comenzó a ser la consigna general entre los inversionistas.

Los gozosos terminaron el 18 de mayo de 2009. La fecha la tiene bien presente una de las clientes que habló en Pereira con los enviados de Dinero, pues ese día recibió dos noticias terribles: el fallecimiento de su padre y el cierre de las oficinas de Su Inversión, seguida por la huida de sus dueños de quienes nadie volvería a dar razón. También a ella se le iba el grueso de su capital y de una inversión que le había encomendado su madre.

Antes de apagar las luces de las oficinas abandonadas, alguien –a lo mejor por guardar las apariencias– imprimió y colgó en la fachada de las oficinas un letrero que rezaba: “Operaciones suspendidas por balance”.

Frente al muro imaginario de las lamentaciones, no pocos clientes se dolieron de no haber prestado atención a rumores, incluso a los más terribles que decían que Luz Marina Vélez había perdido no solo el dinero de sus clientes visibles sino también mucha plata que el jefe paramilitar Macaco proyectaba blanquear a través de la comisionista.

Mal contado, el dinero de los clientes que hicieron sus reclamaciones formales llegaba a los $17.500 millones. Sin embargo, más de cuarenta inversionistas se abstuvieron de reclamar porque no le habían reportado a la Dian sus inversiones y temían sanciones fiscales. Un funcionario del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía, que ha trabajado desde entonces en las pesquisas, cree que si se sumara “la plata buena con la plata mala” las cuentas podrían superar los $200.000 millones.

Ecuador, ¿el nuevo destino?

Luz Marina Vélez y sus hijas nunca volvieron a aparecer. Solo por atender los protocolos, un grupo de detectives las esperó en vano a comienzos de junio cuando su madre y abuela falleció en Pereira y no era descartable que ellas buscaran asistir, así fuese de incógnito, a las exequias. Eso no ocurrió.

Las especies, según las cuales ellas hicieron una nueva vida en Ecuador, han ido cobrando forma. Un yerno de Luz Marina Vélez –al parecer ajeno a sus manejos– es hoy en día ejecutivo de un club social en Guayaquil y directivo de la Federación de Golf de ese país. César Ricardo Ángel Ángel, esposo de la señora Vélez, fue capturado el 12 de enero de 2012 cuando pretendía pasar la línea fronteriza por Ipiales para venir a Colombia a gestionar su pensión. Y aunque está privado de la libertad, no parece ser en absoluto la memoria viva del caso porque el grueso de sus negocios los manejaba su señora.

El caso sale hoy de los anaqueles del olvido, pues al cabo de un largo proceso de dilaciones parece que, por fin, habrá sentencia. El pasado 10 de junio la Procuraduría le pidió al Juez Penal de Pereira encargado del proceso que emita fallo condenatorio por los delitos de captación masiva y habitual, lavado de activos, administración desleal y enriquecimiento ilícito.

Las víctimas creen que la hora de obtener justicia ha llegado.
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