Revista Dinero

Emilio Tapia, contratista de Bogotá.

| 7/4/2012 6:00:00 PM

“Estoy colaborando con la justicia”

Emilio Tapia, considerado el zar de la contratación en Bogotá durante la Alcaldía de Samuel Moreno, se destapa con Dinero y habla de por qué no está en la cárcel.

Emilio Tapia, considerado en zar de la contratación en Bogotá durante la Alcaldía de Samuel Moreno, vuelve a la escena pública y replica acusaciones. No se muestra como culpable sino como víctima. Sus ojos se humedecen cuando habla de sus hija de dos años, de la que tuvo que alejarse cuando se separó de su esposa. Emilio Tapia, conocido como el zar de la contratación en Bogotá, dice que una infidelidad de su mujer, que ahora vive con el ex concejal Rafael Escrucería, terminó en una maniobra extorsiva que ha desfigurado incluso la verdad sobre sus bienes. Dinero habló en exclusiva con él.

Casi todos los protagonistas del carrusel de los contratos en Bogotá están presos. ¿Por qué a usted ni siquiera le han imputado cargos?
Porque estoy colaborando con la Fiscalía y ya tenemos listo un preacuerdo. No es cierto entonces que yo esté eludiendo la acción de la justicia. Que quede claro: no estoy preso porque estoy colaborando.

¿Qué tan eficaz está siendo su colaboración? ¿Gracias a ella se han producido capturas y se ha recuperado dinero?
Estoy obligado a guardar reserva sobre esos detalles. La eficacia la evaluará la Fiscalía, pero puedo decir que gracias a ella se están produciendo buenos resultados que se reflejan en los expedientes.

¿Pero esa colaboración afecta al ex alcalde de Bogotá Samuel Moreno y a su hermano el senador?
Recuerde que no siempre se colabora para mal. Hay colaboraciones favorables. Por ahora solo puedo decir que la mía se refiere, por ahora, a los procesos que están a cargo de la Fiscalía.

Colaborar significa también aceptar culpas. ¿Cuáles aceptará usted?
Uno puede colaborar sin tener parte en la comisión de un delito. Uno puede enterarse de distintas maneras de hechos ilícitos y eso pudo haber ocurrido conmigo.

¿Su situación actual explica entonces por qué se le ha visto de rumba y comprando bienes? En su situación, estas pueden ser unas conductas agresivas
Aquí se han dicho muchas mentiras. Es cierto que la otra noche yo estuve con un grupo de amigos en la discoteca Matilde Lina. Pero personas de mala fe me atribuyen romances con la reina y actriz Eileen Roca. Ella estaba allí con nosotros, pero se encontraba con su novio Juan Pablo Silva. Las versiones engañosas sobre mis bienes hacen parte de una extorsión de mi esposa, de quien me estoy divorciando, y de su novio.

¿Cuál es la historia de esa posible extorsión?

Yo le abrí las puertas de mi casa a quien consideraba mi mejor amigo, el hoy ex concejal de Bogotá Rafael Escrucería. Él burló mi confianza y se dedicó a llenarle la cabeza de cuentos a mi esposa Astrid Sofía Hoyos. También me invitaba a rumbas y luego le enviaba las fotos a ella. Hoy viven justos porque yo tuve más alternativa que irme de la casa. Después ella, impulsada por Escrucería, empezó a pedirme mucha más plata de la que yo le daba mensualmente, casi $15 millones, y me dijo que si no lo hacía haría públicos documentos de mis bienes.

¿Y qué pasó entonces?
Yo no cedí al chantaje, entre otras cosas porque todos mis bienes son de origen lícitito. Ella cumplió su amenaza, pero lo hizo a su antojo. Por ejemplo, dijo que yo tenía un rancho que se llamaba Villa Sofía, en honor a ella. Jamás he tenido un predio llamado así. El rancho es en realidad una finca que ha sido de tiempo atrás de mi familia.

¿Pero por qué hubo que esperar que en el proceso de divorcio que está en curso se supiera cuáles eran sus bienes, mientras que usted no había hecho una relación de ellos ante la Fiscalía?
Eso no es así. Nunca los he ocultado. Otras mentiras que se han dicho es que yo compré un apartamento en Cartagena y otro en la circunvalar en Bogotá. El de Cartagena lo tiene mi familia desde antes de que Samuel Moreno fuera alcalde de Bogotá. Ustedes pueden revisar en las tres oficinas de instrumentos públicos en Bogotá y no encontrarán ningún apartamento de lujo en la Circunvalar a mi nombre.

¿Y qué puede decir de sus cuentas bancarias en Suiza y Estados Unidos y de sus empresas en Miami?
Ustedes tienen que leer bien los documentos. Las cuentas en el exterior no son mias. Yo simplemente fue mandante de unas empresas que me pidieron gestionarlas, como lo hace cualquier compañía con un gerente, sin que eso implique que él sea el dueño de los depósitos.

¿Qué empresas le hicieron ese encargo?

Por razones que más adelante comprenderán no puedo dar todavía sus nombres. En cuanto a lo de Miami, de dos empresas que tenía allí, solo me queda una y la he dedicado, cuando me queda tiempo, a prestar servicios de consultoría pero no hacer las mega inversiones inmobiliarias de las que hablan.

A propósito de Miami, ¿qué participación tuvo usted en una reunión en un restaurante de Coral Gables con funcionarios de la Alcaldía de Cartagena para hablar sobre contratos públicos?

Soy amigo de Saúl Campanella y de Luis Cárdenas Gerlein, dos de los asistentes a esa reunión. Pero yo no estuve y ninguno de ellos actuó en mi representación. Yo no conozco a ningún funcionario de Cartagena y no es cierto que pretenda montar allí un carrusel como el que, según la prensa, operaba en Bogotá.

¿Sabe usted quién es el verdadero dueño del criadero de caballos La Equis, en Córdoba? ¿Es cierto es su real propietario es un ex director de la Empresa de Renovación Urbana de Bogotá (ERU), muy cercano a usted?
Hasta donde yo sé, ese criadero es de un empresario costeño. Lo que no recuerdo en este momento es la razón social de su compañía. Conozco el criadero porque siempre he sido un enamorado de las actividades equinas, pero no tengo ningún interés en él. Tampoco tengo conocimiento de que al algún ex funcionario del Distrito de Bogotá lo tenga.

¿Qué otras propiedades o inversiones tiene usted que la justicia no sepa?

Le aseguro que ninguna está oculta. Tengo un patrimonio que permite vivir bien y lo he conseguido con esfuerzo. Algunos se han inventado el mito de que yo me levanté de la noche a la mañana y que era un vendedor de electrodomésticos en Sahagún. Si así hubiera sido, no tendría porqué negarlo. Ojalá tuviera la habilidad para vender neveras o televisores y ganarme así una platica extra.

Pero fíjese que desde el comienzo usted no ha dicho toda la verdad sobre sus negocios. Por ejemplo, negó ser el propietario de la empresa Geos Consulting que jalonó jugosos contratos en Bogotá, y la revista Dinero divulgó un video en el que usted se presenta como dueño de la empresa y les dirige un emotivo mensaje a sus empleados…
No, yo no era el dueño de Consulting. El video se explica porque yo fui presidente de la compañía. Yo asesoré a unos paisanos míos para que se la compraran al empresario Julián Gómez. Pero de ahí a afirmar que yo era el dueño, hay mucho trecho.

Algunos implicados en el carrusel de la contratación ya han resuelto, bien o mal, su situación con la justicia: han pagado un dinero y han conseguido penas cortas. ¿Esta usted en esa misma línea?
Cada caso tiene sus propias particularidades. Yo tengo suspendida la audiencia de imputación y eso obedece a que estoy colaborando con la Fiscalía. Confío plenamente en el criterio de esa institución para valorar el alcance de tal colaboración. Pero no puedo anticiparme a los hechos.

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