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| 10/11/2012 12:00:00 AM

El otro novelón

Absuelta Valerie Domínguez por el caso AIS, las miradas se posan en el exministro Andrés Felipe Arias. Su proceso podría tomar un nuevo rumbo si se admiten grabaciones y correos como parte de una celada en su contra.

El juicio penal por la distribución de los subsidios de Agro Ingreso Seguro (AIS) –uno de los mayores dolores de cabeza para Álvaro Uribe durante su segundo mandato– se concentra por estos días en los personajes más mediáticos. La leve condena impuesta a Juan Manuel Dávila Fernández –exnovio de Valerie Domínguez– y su familia, y la absolución a la ex reina de belleza han acaparado la atención del público.

Sin embargo, en la trastienda del proceso permanecía escondida hasta hoy una historia ocurrida entre mediados de junio de 2009 y julio de 2010 cuando el exministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, actor principal del episodio, desplegaba su campaña política en busca de la candidatura conservadora a la Presidencia de la República.

Su exposición, nudo y desenlace podrían enviar nuevos actores de reparto a los estrados y poner a dar explicaciones a empresarios, lobistas y funcionarios próximos al sector agropecuario, entre ellos el actual presidente del Banco Agrario, Francisco Estupiñán. A partir de grabaciones y copias digitales de correos electrónicos obtenidas por sus reporteros, Dinero reconstruyó una historia en cuya trama se mueven tráfico de influencias, mensajes enviados anónimamente con la intención de generar fricciones y desprestigios y cobros de comisiones por controvertidas gestiones.

Todo comenzó un día en que Ángela Soto Trujillo, una periodista que había sido asesora de Comunicaciones de la campaña de Arias, le pidió a su jefe que recibiera a un empresario amigo suyo interesado en hacerle una propuesta. Se trataba de Francisco Estupiñán –actual presidente del Banco Agrario–, que por aquella época oficiaba como consultor de R&E Asociados, interesada en conseguir créditos blandos para apalancar sus proyectos de infraestructura.

En mayo de 2010, Soto y Estupiñán se reunieron con Arias en el restaurante La Bagatelle, en el norte de Bogotá, pero la presencia de un representante de la banca de inversión Structure, que había llegado con el exministro, inhibió a Estupiñán que lo consideraba su competencia. En julio siguiente, en una segunda cita en la oficina que había sido la sede de Arias, Soto y Estupiñán fueron al grano: necesitaban gestionar, de la manera más expedita posible, un crédito ante el Banco Agrario. Le dijeron que, tratándose de un hombre que conservaba un importante ascendiente en el gobierno de la época, el Banco no se iba a negar a desembolsar el crédito y que el favor le representaría una importante comisión.

De acuerdo con Arias, a quien Dinero buscó en la Escuela de Caballería para consultarlo sobre unas grabaciones que registran el incidente, él echó de su oficina a los interlocutores y les dijo que no se iba a prestar para ningún tráfico de influencias. Después se reunió de nuevo con Ángela Soto, con quien dice, sostuvo una acalorada discusión que transcurrió en medio de fuertes y mutuas acusaciones. Ella aceptó que buscaba ganar algún dinero por la gestión e intentó convencerlo de que era normal que un comunicador hiciera cabildeo como fuente de ingresos (escuche la grabación completa en Dinero.com).

Guerra de anónimos

Según Arias, el incidente le hizo recordar momentos de zozobra y tensión vividos durante su campaña. En esa época, correos anónimos que llegaban a los ordenadores de sus ejecutivos habían logrado generar choques entre ellos y un ambiente de inestabilidad. Las molestias habían afectado en especial a Beatriz Uribe, la gerente, y a Juan David Ortega, uno de los asesores de confianza de Arias, que más tarde se vería vinculado al proceso AIS.

Para documentar lo que ocurrió entonces, Dinero obtuvo también copias de algunos correos electrónicos que la asesora Soto se cruzó con varios de sus contactos para sus gestiones de cabildeo, entre ellos con el abogado Jorge Ignacio Calle, cercano amigo suyo. Su contenido no solo revela que ella estaba detrás de la campaña de los anónimos, sino que con Calle movían influencias para favorecer a sus “clientes” en gestiones ante el Ministerio de Agricultura y el Banco.

En uno de los varios correos entre Calle y Soto, hay evidencia de que ambos prosiguieron sus gestiones por comisión después de que Francisco Estupiñán, a quien llamaban “Pacho”, llegó a la presidencia del Banco. Supuestamente, ante él solían recomendar a sus amigos interesados en créditos para apalancar inversiones. “Te apuesto lo que quieras –le escribió Soto a Calle el 15 de septiembre de 2010– que Pacho no los recibe porque el gerente de Medellín se lo pida (…) ¿sabes por qué? Porque tiene líos y grandes y segundo porque no tiene en quién confiar… Está trabajando con la gente de Arias y por eso no ha podido hacer nada… Está buscando con el Ministro cómo reversar lo de la congelada de la nómina”.

Sus contactos fueron más amplios y le apuntaban a negocios en los que hubiese escándalo de por medio. En otro de los correos, Ángela Soto le pide a uno de sus contactos que le consiga una cita con los Nule para proponerles una estrategia integral de defensa y en otro más habla de sus gestiones para tratar de liberar de mayores entuertos a David Murcia Guzmán, dueño de DMG.

Estupiñán reconoce que, aunque sus gestiones como consultor privado lo llevaron a hablar con Arias en un par de ocasiones, no hubo nada irregular allí porque se trataba de un asunto entre particulares (ver recuadro).

Soto, a su vez, dice que en sus gestiones no hubo nada turbio y que estas se relacionaban con el hecho de que era amiga de Estupiñán, a quien había conocido de tiempo atrás en el Congreso de la República. Aseguró que no es cierto que Arias se hubiese sorprendido con la propuesta, ya que en ese momento él oficiaba como consultor en compañía de su exgerente de campaña Beatriz Uribe.

Admite, sin embargo, que después de que Estupiñán llegó al Banco, su amigo Calle le pidió ayuda para concertar una cita para unos palmicultores de Curvaradó, clientes suyos, que querían hacer un acuerdo de pagos para saldar una obligación financiera.

Arias iniste en que no le cabe dudas de que correos y grabaciones hacen parte de una vieja y tenebrosa campaña que incluyó la filtración selectiva y sesgada de documentos relacionados con el programa AIS. Así espera demostrarlo.
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