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Miguel Nule Velilla, Manuel Nule Velilla, Mauricio Galofre y Guido Nule Marino.

| 5/25/2012 4:00:00 PM

El eslabón olvidado

El asesor financiero de los Nule se libra de ir a la cárcel con la promesa de destapar una nueva caja de pandora. Mientras tanto, disfruta de una enorme fortuna que hizo a su amparo.

Vive cómodamente en Macadamia, un conjunto residencial que se levanta entre los cerros orientales de Bogotá, sobre la vía a la Calera. Se mantiene en libertad respaldado en una versión oficial según la cual está negociando con la Fiscalía a la que le promete destapar la caja de pandora que le permitiría al país conocer la parte que no se ha contado sobre el descalabro del Grupo Nule: la de los contratos con el gobierno nacional y con entidades territoriales de todo el país.

Su nombre es Rafael Francisco Hernández Ruiz y bien podría tener la condición del eslabón olvidado en la cadena de descalabros en la contratación que afectaron recientemente a Bogotá. Cuenta con millonarios recursos y, según viejos socios y amigos, ha aprovechado la tregua que le ofrece la justicia penal para simular insolvencia.

Documentos inéditos obtenidos por Dinero demuestran que cuando se desempeñó como gerente de Transvial, firma responsable de los daños fiscales generados por el retraso de las obras de Transmilenio de la calle 26, este hombre manejó a sus anchas por lo menos uno de los anticipos por $81.000 millones girados por el Distrito el 18 de diciembre de 2008.

Recién posesionado en la gerencia, aceptó una oferta mercantil de la firma Espacios y Conceptos y mantuvo oculto el hecho de que él era socio de esta empresa, con una participación accionaria de 50%. El 22 de julio de 2009, él mismo le giró a su firma particular un cheque por $6.170’415.452, respaldado en el anticipo. Fuentes del sector financiero le confirmaron a la Revista que el cheque es el número 8679773 y fue consignado en la cuenta corriente 008380313 del Banco de Crédito (ver facsímiles).

Su efectividad en la obtención de anticipos llevó a Hernández a convertirse en la mano derecha de Manuel Nule Velilla, quien le dio autonomía para manejar otros contratos millonarios para la administración.

El propio Hernández ya tenía experiencia como contratista, actividad en la que aplicó el mismo modelo que replicaría en los negocios de los empresarios costeños: anticipos jugosos y pobre cumplimiento. En septiembre de 2006, La Unión Temporal Dian le confió a su empresa Espacios y Conceptos la gerencia del proyecto de remodelación y dotación de oficinas de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales en varias zonas del país.

Llenando sus arcas

Espacios y Conceptos cobró por gerenciar el proyecto $629 millones. El contrato tenía un valor de$50.070’636.725, pero las obras, que debían estar concluidas el 22 de julio de 2009, fueron ejecutadas a medias.

También fue gerente de Aguas Kpital, cuando la empresa era considerada uno de los más preciados activos del grupo. Desde este cargo también contrató con su empresa particular. Por ejemplo, le pagó a esta $3.021’818.181 por estudios de diseño y reformas al edificio Torre Empresarial.

El poder que acumuló le permitía manejar con un dedo las finanzas del grupo desde una oficina situada en la carrera 16 con calle 35. También le permitió salir bien librado de la prueba de fuego que se le presentó cuando los Nule comenzaron a advertir el desvío de recursos de los anticipos. Aunque fue despedido por ellos, su reenganche se produjo cuando él convenció a sus jefes de que los responsables de la pérdida de dinero eran subalternos.

Caída de pie

Este episodio se relaciona en concreto con un encargo que sus jefes le hicieron para que dirigiera la construcción de Casa Grande, un conjunto de viviendas exclusivas que estaría situado cerca al club Payandé en Villavicencio. Pronto el proyecto se vio desfinanciado por malos manejos. El despido fue inmediato, pero el gerente consiguió convencer a los Nule de que los responsables de la pérdida de los recursos eran los arquitectos e ingenieros y recuperó su posición dentro del conglomerado.

Cuando la Fiscalía acopió información sobre su condición de pieza clave dentro del engranaje de negocios del Grupo Nule, citó para el 5 de abril de 2011 una audiencia en la que esperaba imputarle los cargos de peculado por apropiación, fraude procesal, cohecho, falsedad y concierto para delinquir.

Sin embargo, la audiencia ha sido aplazada varias veces y la justicia conserva hoy la esperanza remota de que este eslabón ignorado se convierta en un colaborador eficaz en la misión de terminar de desenredar la madeja del caso Nule.

Otros colaboradores de los Nule, de menor nivel que él, fueron ya condenados por el simple hecho de haber firmado algunos documentos y purgan penas superiores a la negociada con la justicia por el contratista Julio Gómez, quien cumplirá una sentencia de cinco años de cárcel y le pagará al Estado una pequeña multa de $279 millones, después de haber logrado “legalizar” más de $1.400 millones que recibió por concepto de anticipos y coimas.

Mientras su caso sufre una y otra dilación, Hernández sigue disfrutando de los réditos de su boyante empresa.

Por lo pronto, ha conseguido demostrar que su poder es superior al de los Nule, bajo cuyo amparo hizo su fortuna.

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