| 5/3/2014 5:30:00 PM

Más y más peleas

El dolor de cabeza en torno al mal uso de la compraventa de libranzas no amaina. Dinero revela el millonario enfrentamiento entre una empresa dedicada a esta actividad y sus clientes.

Incluso hasta para el más desprevenido de los ciudadanos de a pie, el negocio de la compraventa de títulos valores –representados en pagarés libranzas– comienza a adquirir tintes de cotidianidad. El fenómeno no resulta extraño pues, como espuma y cada vez más, nuevas compañías crecen alrededor de esta actividad financiera. Todos los días, mediante el ofrecimiento de atractivos rendimientos anuales –muy superiores a los manejados por cualquier entidad bancaria– quienes se mueven al ritmo del mercado de las libranzas se la juegan por seducir personas dispuestas a invertir bajo este esquema alternativo. 

Conscientes de que se trata de una operación amparada por la ley, centenares de colombianos han decidido confiar sus excesos de liquidez a este tipo de empresas. Muchas de ellas serias y cumplidoras de sus obligaciones. El gremio, sin embargo, ha venido sufriendo una paulatina y contundente avería de su imagen por cuenta de un variopinto grupo de organizaciones que, tal y como lo ha revelado sistemáticamente Dinero, burlaron la buena fe de sus clientes. Así, durante los últimos años lograron captar de forma ilegal por lo menos $100.000 millones (ver ediciones 430, La gran estafa; 431, La gran estafa 2 y 443, Líbranos señor y El engaño). 

Bajo el tinglado que guarece a esas compañías especializadas en la compraventa de libranzas y que son señaladas de incumplir con sus compromisos, aparece el caso del Grupo Global Corporativo S.A.S., hasta hoy inédito. Una firma legalmente constituida en torno a la cual se ha desatado una verdadera batalla, al mejor estilo de las libradas entre aqueos y troyanos. 

El bando de las ‘víctimas’, por un lado, asegura al unísono que el peor error de sus vidas fue creer a pie juntillas en los ofrecimientos del Grupo: rendimientos efectivos anuales cercanos a 15%, a cambio de invertir en la compra de pagarés-libranza. Su arrepentimiento radica en el hecho de que, según ellos, la empresa no solo faltó a la verdad sino que “embolató” buena parte de sus dineros. A la luz del jurista Giovanni Gutiérrez Sánchez, apoderado de un puñado de damnificados, la suma que permanece actualmente en el limbo podría acercarse a los $2.000 millones y los afectados serían más de 20.

Desde la orilla de Global Corporativo, por otra parte, su equipo jurídico señala sin vacilaciones que la empresa nunca captó recursos del público de forma ilegal y mucho menos estafó a sus inversionistas. Lina Chavarro, una de sus abogadas, reconoció no obstante que en efecto pudo haber incumplimiento contractual de buena fe ya que, a su juicio, “se nos siniestró la cartera”. De hecho, según sus propias palabras, hoy por hoy la organización trabaja en un plan de pagos para devolver hasta el último centavo.

¿Quién está diciendo la verdad? La respuesta solo podrá salir de los órganos de control y vigilancia. Pero mientras eso ocurre, lo cierto de esto es que Dinero accedió a casi una veintena de contratos suscritos entre el representante legal del Grupo Global, Julio Tito Carrillo Hernández, y ciudadanos del común que, al sumar sus montos, superan con creces los $2.000 millones.

En sus pesquisas, reporteros de esta revista también accedieron a un listado en donde aparecen las más de 20 presuntas víctimas y los montos que invirtieron (ver facsímil). Los periodistas, además, hablaron con una decena de afectados y, luego de contrastar sus testimonios, evidenciaron una coincidencia generalizada: todos afirman que el Grupo Global Corporativo, “se burló de nuestras buenas intenciones, nos incumplió lo pactado y se quedó con nuestros ahorros”.

Tal es la dimensión que ha adquirido el enfrentamiento entre unos y otros que la Fiscalía 68 y las superintendencias de Sociedades y Financiera tienen el caso en sus manos. Cada organismo está revisando desde su área si en efecto acá se configuró una estafa, una captación ilegal de dineros o simplemente un incumplimiento contractual.

De la vida real

Desencanto, frustración y enfado. Esos son los sentimientos que, desde hace varios meses, se han apoderado de Vivianne Martínez Devia. Una publicista que a mediados de 2012 empezó a preguntarse qué hacer con los $280 millones recibidos tras la venta de un apartamento. Casualmente, cuando el enigma no paraba de rondarla, conoció a María Margarita Escallón, una asesora financiera que pronto encontraría respuesta a su interrogante.

“Lo mejor que puedes hacer con esa plata –me dijo la asesora– es comprarle al Grupo Global Corporativo un pagaré libranza a cambio de recibir rendimientos anuales de 14%. Tristemente le hice caso y hoy me doy golpes de pecho”, cuenta con tono de enojo Martínez Devia. Molestia que hoy –dos años después– ha llegado a punto de ebullición porque, tal y como relata, a estas alturas la empresa le sigue debiendo más de $50 millones. 

A Arturo (nombre cambiado por petición del afectado) su exceso de confianza también le jugó una mala pasada. Al igual que Vivianne, compañera de desventuras, desembolsó $638 millones y US$500.000 en las arcas del Grupo Global a la espera de cosechar jugosos rendimientos. En extensa charla con Dinero, señaló que al principio recibió lo acordado pero que de unos meses para acá no solo perdió el rastro de su plata sino que nadie le da razón alguna.

Casi idéntico es el relato –respaldado por tres contratos– de Mary Niño Molano. Una mujer que en tres tandas entregó $150 millones al famoso Grupo Global y hoy dice a voz en cuello que perdió cerca de $18 millones. “Hace más o menos un año se perdieron y se quedaron con parte de mi plata”, rememora con angustia Niño.

Los testimonios son interminables y parecen calcados. En ese orden de ideas, salta a la vista que el enfrentamiento entre el Grupo Global y las decenas de afectados apenas va en sus primeras escaramuzas. Por lo pronto, resta esperar que los órganos de vigilancia entren cuanto a antes a dirimir este conflicto que, a todas luces, es una muestra más del preocupante y creciente mal uso que viene rondando al mercado de las libranzas.
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