| 6/14/2014 7:00:00 PM

El ilusionista

Un excomisionista de InterBolsa y reputado profesor universitario logró captar de forma ilegal cerca de $10.000 millones. El asunto lo llevó a la muerte y hoy sus víctimas solo claman justicia.

La muerte sorprendió a Gustavo Alonso Penagos Barrera justo cuando atravesaba por el momento más espinoso de su vida. Fue una etapa en que al ritmo de complejas circunstancias ocurrió lo inimaginable: su empresa, ValueMakers S.A., terminó imbuida en el oscuro negocio de la captación ilegal de dineros. Mediante un esquema piramidal, aquel hombre que aún muchos recuerdan como un apacible superdotado de las finanzas, logró hacerse a los ahorros de casi un centenar de inversionistas y, de paso, amasar en medio de atractivas promesas una fortuna cercana a los $10.000 millones.

Hoy, tras dos años de su desaparición, quienes cayeron en la maraña de Penagos siguen dando la batalla para recuperar el dinero perdido. Lo preocupante del tema, sin embargo, es que a la luz de un reciente informe preparado por María Isabel Ballesteros Beltrán, agente interventora de Value Makers, los activos de la compañía a lo sumo alcanzan los $2 millones.

Con ese desalentador panorama por delante, las esperanzas de los afectados están cifradas ahora en lo que puedan tener entre manos quienes conformaron en algún momento la junta directiva de la non sancta empresa, actualmente intervenida por la Superintendencia de Sociedades.

Pero, ¿quién era exactamente Gustavo Alonso Penagos? ¿Cómo operaba su organización? Y, ¿por qué un respetado comisionista de bolsa y catedrático universitario como él sucumbió ante la tentación del dinero fácil? Su historia, siempre ligada a los números y las finanzas, se remonta a épocas de colegial en su natal Sogamoso. Allí, mientras estudiaba en el Colegio Evangélico Luterano de Colombia (Celco), descubrió una asombrosa facilidad por las matemáticas y los negocios que, a la postre, lo inclinarían a estudiar Administración de Empresas en la Universidad Javeriana.

Ya con su diploma bajo el brazo, no vaciló en especializarse en finanzas en la Universidad Eafit de Medellín. El momento de iniciar una carrera profesional había llegado. Por eso, en la primera mitad de los 90, por allá en 1994, debutó en la arena laboral como director de inversiones del Banco Central Hipotecario. De ahí pasó, en 1997, a conducir el área técnica y de análisis financiero de Profesionales de Bolsa hasta que en 2004 decidió convertirse en un comisionista más de la hoy tristemente célebre InterBolsa.

Mientras su nombre cobraba notoriedad en el universo de las finanzas, la Bolsa y los grandes negocios, Penagos no escatimaba esfuerzos en alimentar otra de sus grandes pasiones: la cátedra. En esta faceta, por ejemplo, fue conferencista y profesor de Universidades como la Javeriana, la Sergio Arboleda y la San Martín, por mencionar tan solo un manojo. En todas ellas siempre dictó materias relacionadas con el mercado de capitales y la banca. “Era, sin duda, un ratón de biblioteca”, recuerda uno de sus mejores amigos.

El tiempo incluso le alcanzaba para brindar asesorías financieras a entidades como Granahorrar, Colseguros, Findeter, Ecopetrol, Bolsa de Valores de Colombia, Bolsa Nacional Agropecuaria, Fondo Nacional del Ahorro o el Ministerio de Hacienda, entre otras.

Sus demandantes actividades y la ajetreada rutina que a diario lo acompañaba no fueron impedimento para que Penagos decidiera además de todo esto crear su propia empresa. Tal y como lo hizo en el año 2000, cuando abrió las puertas de Value Makers S.A. Lo que nunca sospechó fue que desde ese preciso instante su prometedora y sólida carrera empezaría a derrumbarse como un castillo de naipes, al punto de cobrarle la vida.

La tramoya

A comienzos de la década pasada, finalmente Penagos cumplió dos grandes sueños: convertirse en su propio jefe y poner en pie Value Makers S.A., una compañía inscrita el 1 de marzo de 2000 en la Cámara de Comercio de Bogotá y que en principio concentraba esfuerzos en la compra y venta de TES y divisas, y al fondeo de las mismas por una cuantía total de $1.000 millones mensuales.

En esencia, lo que tenía en esa oficina –ubicada en la calle 119 con carrera 14, en el norte de la capital– era una suerte de mesa de dinero en la que atraía buena parte de los clientes que, durante años, cultivó en InterBolsa. “Eran personas que conocían de sobra las calidades profesionales y la seriedad de Penagos y por ello nunca dudaron en confiarle el manejo de sus ahorros”, apunta Giovanni Gutiérrez, apoderado de una decena de afectados.

Si entonces era un hombre sin tacha, ¿por qué terminó estafando a casi un centenar de personas? La respuesta es simple: su fluidez económica era tal que en algún momento consideró la posibilidad de atraer nuevos inversionistas mediante el ofrecimiento de tasas efectivas mensuales de hasta 3%. Y así lo hizo.

Esa decisión sería el caldo de cultivo de lo que en poco tiempo se transformaría en una captadora ilegal de dineros. Tal y como puede leerse en una extensa resolución de la agente interventora de la compañía, esta logró captar de forma ilegal $9.132’297.067. Y, aunque los reclamantes del para nada despreciable monto son a estas alturas 66 personas, cálculos oficiales señalan que el número real de afectados supera los 100.

Todo esto fue argumento de peso para que la Supersociedades optara por intervenir la firma. En el auto radicado con el No 2013-01-195732, el órgano de vigilancia concluye que “está probado que Value Makers S.A. (…) cometió fraude, así como una violación al ordenamiento jurídico al no contar con autorización debida”.

Por lo pronto, la única certeza que tienen las víctimas de Penagos es que una penosa enfermedad lo condujo a la muerte. Es por eso que todos ellos se preguntan al unísono lo mismo: “¿se habrá llevado nuestra plata para el más allá?”.
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