| 11/11/2011 7:22:00 AM

Batalla sin cuartel

El grupo Nanetti, uno de los más poderosos de la industria de las flores, se ve forzado a defenderse ante acusaciones de favoritismo en el otorgamiento de un millonario crédito del Banco Agrario.

En los archivos de la United States Securities and Exchange Comission (SEC), el organismo que vigila el mercado de valores en Estados Unidos, están registradas las operaciones realizadas en 2009 por la familia Nanetti –símbolo de uno de los más grandes emporios del sector agrario colombiano– para hacerse al control del Grupo América Flor, un conglomerado del que hoy hacen parte doce empresas de exportadores de flores.

Los Nanetti consiguieron como aliados a una decena de inversionistas que, pese a la coyuntura difícil de los tres años, estaban dispuestos a apostarle al futuro de la recuperación de la floricultura colombiana y a asumir los riesgos que eso implicaba.

El representante legal del grupo, Nicolás Nanetti, exhibe hoy los documentos que dan fe de la operación que tuvo como punta de lanza a Dole Food Company Inc., una de las compañías más reputadas en el mercado. Solo que esta vez no lo hace para reivindicar un esfuerzo empresarial que admirarían los críticos más escépticos, sino con el ánimo de probar cronológicamente que ni él, ni su familia ni sus socios actuales gestionaron ante el Banco Agrario un crédito por $80.000 millones que ha sido públicamente cuestionado por la ausencia casi total de garantías ciertas para avalar su pago.

Por fuerza de las circunstancias, la suya es una preocupación relacionada con la inminencia de acciones judiciales en las que fiscales y jueces podrían presumir un tráfico de influencias lesivo para el banco, para al Estado y para los contribuyentes. Así, busca presentar, como él mismo lo dice, “un argumento fáctico incontestable”: el préstamo fue obtenido por antiguos dueños de América Flor por lo menos un año antes de que él, su familia y los coinversionistas se pusieran al frente del conglomerado.

Llevado por esa misma preocupación, aduce que los nuevos dueños de las empresas fueron conscientes desde el mismo momento en que hicieron la debida diligencia para la compra de que el crédito estaba mal respaldado y por eso se pusieron de inmediato en contacto con el banco para fortalecer las garantías a través de la constitución de hipotecas sobre las mejores fincas de las empresas e iniciaron un proceso de prepago de la obligación que ya supera los $8.000 millones.

Pero hay más. La punzante pluma del columnista Daniel Coronell denunció que ese no era el único beneficio –posiblemente indebido– recibido por empresarios que en momentos apoyaron política y económicamente la aspiración presidencial del ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, actualmente sub judice. De acuerdo con el periodista, los Nanetti hacen parte de una lista de empresarios ilustres que recibieron los cuestionados subsidios de Agro Ingreso Seguro (AIS), pensados sobre el papel para pequeños productores del agro. “El AIS –asegura el vocero del grupo– no fue hecho para los floricultores y, en consecuencia, nosotros no recibimos un solo peso de allí. Basta con revisar documentos que por ley son públicos para comprobarlo”. No niega, sin embargo, haber hecho un aporte económico a la campaña a través de la cual Arias buscó fallidamente su selección como candidato del Partido Conservador a la Presidencia de la República. En palabras de Nicolás Nanetti, “hubo un aporte personal de $5 millones y un crédito de $30 millones que fue reembolsado por la campaña, lo cual, sumado a la cronología de los hechos, descarta que se trate de alguna suerte de contraprestación”.

Es posible que la existencia de los documentos de la comisión estadounidense, que no son de acceso a medios de prensa, contribuya a aclarar las dudas que se ciernen sobre el caso. Pero también no pocos se preguntan por qué inversionistas tan avezados se arriesgan a la compra de empresas con una muy débil salud financiera, como lo prueba el hecho de que por falta de liquidez los pagos a los trabajadores se han visto retrasados. Y como lo demuestra la circunstancia de que su crisis económica hizo forzoso el proceso de reestructuración ante la Superintendencia de Sociedades.

Antes de que el tema llegue a los estrados, los afectados están dispuestos a pelear una batalla sin cuartel para ponerse a salvo de dudas y reproches.
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