| 7/2/1999 12:00:00 AM

De vuelta a clases

El número de estudiantes de posgrado mayores de 40 años va en aumento. Las instituciones educativas se adaptan para satisfacer sus necesidades.

El viejo adagio según el cual nunca es tarde para aprender tiene hoy pleno valor. Así lo demuestra la nueva clase estudiantil que ingresa a los posgrados en las distintas instituciones educativas. Se trata de los veteranos, es decir, los alumnos mayores de 40 años que han decidido volver a la universidad. Son numerosas las razones que los atraen a las aulas después de 10 ó 15 años de haber terminado sus estudios de pregrado. La mayoría coincide en la necesidad de actualizar sus conocimientos, en una época en la cual el cambio es la regla y la información se hace obsoleta en poco tiempo.



La motivación que lleva a los veteranos a volver a las aulas no es necesariamente igual a la de los más jóvenes. Los recién egresados van a clase empujados sobre todo por las exigencias del mercado laboral, que los hace pensar de inmediato en una especialización.



Muchos mayores de 40 también se preocupan por este motivo, pero además lo hacen por el interés en actualizarse, por ocupar el tiempo, por afrontar nuevos retos y también por compartir lo que han aprendido en su experiencia laboral.



Hablan los veteranos



Los expertos coinciden en que más del 50% de la población mayor de 40 años que ingresa a los posgrados tiene un interés académico y de realización personal. Un ejemplo de ello es Edgar Osorio, administrador de empresas en la Universidad Javeriana graduado en 1967 que, después de dedicar su vida a la docencia, decidió realizar una Maestría en Relaciones Internacionales en la misma universidad en 1995.



"Se debe superar la falacia de que el estudio es sólo para jóvenes. Todos los días se debe aprender, sin importar la edad", dice Osorio, quien obtuvo calificaciones promedio de 4,5 en sus estudios de posgrado.



Tal y como están diseñadas las cosas, la edad limita el acceso al estudio. "En el mercado no hay fuentes de financiación para mayores de 35 años, incluyendo las becas que otorga el Icetex, por ejemplo", afirma. "Pero los obstáculos se pueden superar si se imponen la motivación y la convicción personal de alcanzar nuevas metas".



Para Osorio, la única desventaja que pueden tener los mayores frente a los jóvenes está en que a estos últimos les cuesta menos trabajo recuperar los hábitos de estudio. "Pero también es posible recuperarlos rápidamente", afirma.



Los treintones y cuarentones enfrentan más obstáculos. Por ejemplo, les resulta más difícil encontrar el espacio y el tiempo para estudiar. Además, el sacrificio de dinero es grande. Para ellos es fundamental contar con el apoyo familiar. En el caso de los estudiantes que superan los 50 años, las circunstancias cambian, pues la atención a los hijos requiere menos tiempo. Parte de esta nueva población que ingresa a los posgrados es de jubilados y, para ellos, el estudio se convierte en una forma de explorar nuevos horizontes y posibilidades que, debido a sus obligaciones, habían tenido que dejar a un lado durante años.



Los mayores de 40 vuelven a clases para actualizarse, para ocupar el tiempo, por afrontar nuevos retos y para compartir lo que han aprendido en su experiencia laboral.



Hablan los académicos



También hay programas especiales y exclusivos para profesionales con vasta experiencia, como el de Alta Gerencia de la Universidad de los Andes, para el cual la edad mínima de inscripción es de 30 años. El promedio de edad de la promoción actual es de 45 años, que contrasta con el promedio de edad de la Maestría en Ingeniería de la misma universidad, que es de 24, e incluso con el de la Maestría en Administración, de 35 años.



"Sin duda, los programas en ciencias sociales son los que más atraen a los estudiantes mayores y los de ciencias exactas, los que menos", dice el psicólogo Gustavo Gómez, director del programa de Gestión para el Desarrollo Humano en la Organización de la Universidad de la Sabana.



Para Gómez, los mayores deberían perder el miedo de reingresar a la universidad. "Muchos de ellos se abstienen al leer los requisitos, pero olvidan que su experiencia es muy valiosa para los demás estudiantes y la mayoría de los programas de posgrado valoran eso".



Para los compañeros de Edgar Osorio en el posgrado, sus intervenciones siempre se escuchaban con atención, pues su gran experiencia profesional y de vida se convertía en un valor agregado a la clase. Esta es una constante en las apreciaciones de los especialistas en el tema: la experiencia de estos estudiantes enriquece a los demás alumnos. Como afirma Dina María Daza, coordinadora académica de la especialización en Gerencia de la Comunicación Organizacional de la Universidad de la Sabana, "las discusiones cuando hay estudiantes mayores son de un nivel superior y ambas generaciones aprenden de ellas".



Tanto Gómez como Daza coinciden en que los grupos de estudiantes en los que hay personas mayores son mejores y más aplicados que aquellos en los que no hay, y en la mayoría de los casos los veteranos son los que obtienen mejores calificaciones y los líderes del curso. Tienden a hacer los trabajos a tiempo, ir más allá de lo que los profesores enseñan y son muy aplicados.



Gloria Isabel Zuluaga, directora de los programas de Educación Continuada de la Universidad Javeriana, afirma que "han cambiado las dinámicas de la enseñanza y las edades ya no son un limitante. El aporte de las personas maduras es enriquecedor". Y agrega: "Sólo deben olvidar la pena por volver a estudiar a esa edad". La moraleja para los mayores, entonces, es clara:

El refrán dice que nunca es tarde para aprender.

Los mayores de 40 años decidieron volver a las aulas a actualizar sus conocimientos.



quienes han pensado en retornar a las aulas, no deben dudarlo. Puede ser una excelente oportunidad para aumentar la confianza en sus capacidades personales.



Los profesores y los compañeros los esperan.
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