| 3/2/2017 12:00:00 AM

Urabá: La lucha por llegar a se un nuevo polo de desarrollo

Un grupo de empresarios, líderes sociales, dirigentes gremiales y autoridades dan la pelea por convertir a Urabá en un nuevo polo de desarrollo para el país. Reportaje de Oswaldo Vargas, Aldemar Moreno y Alejandro Acosta. Segunda y última entrega.

Para abrirse camino, los pueblos tienen que luchar arduamente contra su propia historia; no son solo los obstáculos que impone la geografía o la naturaleza los que deben ser salvados para avanzar; el atavismo se convierte en una pesada carga que es lo que más resistencia ofrece a quienes quieren cambiar su suerte.

La primera parte de este reportaje: La realidad del Urabá: más allá de las masacres

Es muy probable que eso sea lo que le ocurre ahora mismo a los urabaenses (que no urabeños) a quienes se les están abriendo nuevas puertas hacia el progreso, el bienestar y la convivencia, pero que deben hacer un gran esfuerzo en medio de la dura realidad de la violencia persistente y el estigma que ella genera.

Luego de la visita que hicimos a la zona, nos quedó claro que en este frente hay que tomar el toro por los cuernos. Los hechos de violencia no se pueden ocultar: la más reciente víctima de esta trágica tradición fue Porfirio Jaramillo, líder social y reclamante de tierras, que perdió la vida en el atentado que le hicieron a finales de enero pasado en Turbo; no es la primera víctima del año.

Sin embargo, el fenómeno está inscrito dentro de un terrible fenómeno nacional. Eder Mangones, Vicente Borrego, Luis Carlos Tenorio, Hernán Agámez, Samir López, José Abdón Hoyos, Aldemar Parra, Guillermo Veldaño, Anuar Álvarez, Yaneth Calvache, Olmedo Pito, Juan Mosquera, Nataly Salas, José Yimer Cartagena, Emilsen Manyoma y Joe Javier Rodallega son los nombres de dirigentes sociales que en los últimos cuatro meses han perdido la vida víctimas de la violencia por todo el país. Y los perpetradores tienen el objetivo claro de escamotearles a esta personas el derecho a tener un pedazo de tierra.

El gobierno nacional ya se comprometió a enfrentar el fenómeno y es necesario que tenga éxito en la tarea. Pero hay que insistir en que tal fenómeno es un problema nacional, no exclusivamente urabaense. La región sí ha tenido sus propias dinámicas de violencia. Uno de los colombianos más estudiosos y conocedores de la historia del Urabá es Juan Ricardo Aparicio Cuervo, profesor del Departamento de Lenguas y Cultura de la Universidad de los Andes, que nos recibió en su oficina para ayudarnos a comprender las razones de algunos de los problemas de la región.

Foto: Juan Ricardo Aparicio, profesor de la Universidad de los Andes. El profesor Aparicio ha estudiado las dinámicas de violencia presentes en la región.

“Urabá es una zona en permanente construcción”, explica al recordar varios de los más importantes acontecimientos históricos urabaenses. Según explica, durante los últimos siglos diferentes grupos se han disputado el poder y el territorio en esa zona. Los españoles llegaron allí en 1507 y fundaron Santa María del Darién, no sin antes tener que enfrentar la oposición de los indígenas. “No era un asentamiento, era más un sitio de entrada y salida”, afirma el catedrático. Años más tarde, la corona española pierde interés en la región e instala su centro de poder en Santa Marta. Por eso, algunos ingleses llegaron a la zona, tanto así que hay evidencia de que los indígenas del Atrato hablaron inglés y creían que la reina de Inglaterra era su monarca.

Las tensiones por el domino en la región también fueron entre antioqueños y costeños o entre trabajadores y terratenientes; por eso allí hubo mucha convulsión y luchas sociales. De hecho, el Partido Comunista y la UP encontraron una base social importante. Además, en estas tierras nació el quinto frente de las Farc, hoy desmovilizadas.

Luego, en 1997, con la llegada de los paramilitares provenientes de Córdoba, la UP fue eliminada. “La lógica en Urabá en 1980 era, como dice la canción de la Fania: quítate tú pa’ ponerme yo”, explicó el académico.

En esa zona también se registró una lucha sangrienta entre los sindicatos bananeros del EPL y las Farc. Una situación que el asesor del Centro de Memoria Histórica CMH, Andrés Suárez, denominó en uno de sus libros ‘exterminio recíproco’.

Así como ocurrió en muchas zonas de Colombia, los paramilitares, el EPL y las Farc fueron los protagonistas de uno de los capítulos más oscuros en esta novela llamada Colombia. La investigadora del CMH Silvia Monroy explicó que “en ese periodo se registró –en promedio– una masacre (más de 4 víctimas) por mes, pero entre 1995 y 1997 se registraba una cada 20 días ”, explica.

Según Ángela María Hernández Peña, directora Territorial Urabá - Darién de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, sin lugar a dudas la región ha padecido este flagelo, que se explicaba por “la dinámica del despojo de tierras y el interés de los grupos al margen de la ley de hacerse con el dominio territorial de la zona, debido a su privilegiada condición geoestratégica, traducida en clave de corredor de drogas y armas”.

Por cuenta de esa historia, la región ha puesto 493.325 víctimas entre el 1 de enero de 1985 a la fecha. Este número representa prácticamente la mitad de la población actual de la región. Aunque es un indicador trágico, es necesario hacer énfasis en una clave: Urabá ha puesto ‘apenas’ 0,59% de las más de 8 millones de víctimas que ha dejado el conflicto en todo el país. De nuevo, Urabá es una región víctima de la violencia, no una región violenta. Si Urabá no produce violencia; entonces, ¿qué está produciendo? La respuesta a esta pregunta es sorprendente.

Un viraje posible

Por eso es necesario mirar con una perspectiva distinta los diferentes procesos que se están dando en este momento en la zona. Aunque es claro que hay otras actividades que están dando importantes retoños en la región, se debe empezar por el lugar común: el banano.

Foto: El banano de Urabá ha encontrado nuevos destinos internacionales en el último año.

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La importancia de este producto es innegable, pues ha generado riqueza y desarrollo y hoy parece estar atravesando una época de auge. El apetito por la fruta colombiana es tal que Maersk, la omnipresente naviera danesa, comenzó a operar este año una ruta entre el puerto de Turbo en la región de Urabá y Europa.

La empresa tiene una apuesta grande en la región y es un actor fundamental para pasar del transporte en estiba al contenedor refrigerado, una evolución logística que le puede representar a la fruta amarilla más mercados y ventas en otros países.

“En 2016, el protagonista fue el banano, cuyas exportaciones en contenedores crecieron 121% debido a tres factores: el aumento en la demanda desde Europa; un cambio en el tipo de barcos utilizados, gracias a la nueva operación de cargue de contenedores en el puerto de Turbo, Antioquia, y la apertura en diciembre de 2015 de una fábrica de contenedores refrigerados en San Antonio, Chile, que aumentó la oferta de esta innovadora tecnología para el transporte de perecederos, lo cual facilita el transporte del banano a nuevos mercados”, explicó Maersk.

No en vano, en 2016 los contenedores con bananos colombianos llegaron a 31 países, 12 destinos más que en 2015, entre los cuales se destaca la apertura de destinos como Eslovenia, Portugal, Francia, Malta y Ucrania. Así mismo, en 2016 Maersk reportó un gran crecimiento en el volumen de envíos a mercados como el Reino Unido, Italia, Holanda y Grecia. Por eso, en dialecto indígena Apartadó, nombre de una de las más importantes ciudades de la zona, significa ‘río de plátano’.

Foto: Navieras como Maersk están cambiando la estiba tradicional por el contenedor refrigerado, con lo cual el banano viaja más fresco y sufre menos golpes.

Juan Camilo Restrepo es el presidente de Augura, gremio de los bananeros de la región, y lleva dos años y medio en el cargo. El dirigente asegura que la región está experimentando un cambio generacional.

“El presente y el futuro de Colombia están en Urabá”, explica Restrepo, quien cree que son momentos importantes porque todos están alineados y comprometidos en construir una mejor sociedad en esta zona del país. Destaca, por ejemplo, que ya hay 2.800 hombres desmovilizados del EPL que trabajan de manera permanente en las empresas bananeras. Por eso, para el dirigente gremial Urabá es un laboratorio en temas de reconciliación.

Una prueba de ello es Eliécer Arteaga, actual alcalde de Apartadó. Se trata de un hombre nacido en Arboletes, hijo de una familia campesina que se vinculó a la labor en los cultivos de banano. Logró estudiar Administración de Empresas y se unió a uno de los sindicatos de trabajadores. Participó activamente en el ala política del EPL y en el proceso promovido durante el gobierno de César Gaviria se desmovilizó.

Según explica, la región tendrá una gran oportunidad si logra conectar a los empresarios con los sindicatos, las autoridades locales y los gobiernos nacional y departamental. A su juicio, es necesario darle un giro a la región hacia la industrialización, a la vez que se deben seguir fortaleciendo las actividades agrícolas. “Vamos por el camino indicado”, señaló el mandatario.

Más que banano

Pero en el Urabá no todo es banano. Otra parte importante del desarrollo de la región proviene de productos y sectores diferentes. Hay proyectos interesantes en palma, piña, cacao y aguacate, entre otros. Así, la diversificación es uno de los caminos que está recorriendo esta zona del país.

Dentro del portafolio se encuentran también el comercio, la industria, la salud y la inversión inmobiliaria. Un ejemplo de ello es el Grupo Santa María: en casi todas las entrevistas sobre inversión que hacíamos ese nombre era mencionado, porque su sello está detrás de varios grandes proyectos como la Zona Franca. Esta compañía pertenece a la familia Henríquez Gallo.

Urabá tiene cultivadas unas 70.000 hectáreas de un total de un millón disponibles. Llenar esa área con banano y plátano no es el camino. Y eso lo tiene claro una generación emergente de empresarios. “Es necesario reinventar Urabá, porque esta región no es viable solo produciendo productos primarios”, dice Juan Esteban Correa, un hijo de empresarios bananeros de no más de 30 años y que estudió negocios internacionales para luego irse a trabajar al Puerto de Rotterdam. Volvió al país y a Urabá, porque confía en el futuro de la región y atraído por el potencial de la misma. Además, su familia lo necesitaba para poner a marchar una planta de palma de aceite. El joven empresario tiene planes grandes. Busca que la planta produzca el biocombustible que van a requerir los barcos que atracarán en los nuevos puertos que se están planeando, que sus gliceroles —otro derivado de este aceite— terminen en la crema dental, champú y otras decenas de productos y aplicaciones industriales.

Las grandes compañías colombianas también han visto allí una oportunidad. Fernando Navarrete, gerente de comunicaciones de Casa Luker, explicó que hoy la firma tiene la plantación de cacao premium más grande de Colombia en el municipio de Necoclí. El proyecto se inició en 2011 y busca sembrar 500 hectáreas con la variedad cacao fino y de aroma, producto que hoy ya representa 8% del mercado mundial.

En los últimos cinco años, la firma ha invertido $15.000 millones y logró pasar de 10 empleados a 110 y se espera que cuando la plantación esté produciendo al 100% podrá dar trabajo a por lo menos 250 personas. Adicionalmente, la firma invirtió $6.000 millones en la realización de un dique que le permite contar con un moderno sistema de riego por microgoteo.

“Vemos mucho potencial en la región; creemos que se van a desarrollar y a abrir muchas oportunidades. Lo que nosotros queremos es que nos unamos y busquemos aliados para el crecimiento y el fortalecimiento del proyecto y la región. Estamos convencidos de que en Necoclí podemos construir el sueño del chocolate”, señaló Navarrete.

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Otro de los grandes que ha apostado duro por la región es el Grupo Éxito. De acuerdo con Jorge Jaller, gerente de la marca Éxito, los almacenes llegaron hace más de una década a la zona. “Así hemos participado de la transformación que ha tenido la región en los últimos años. Cuando el Éxito llega a municipios como estos, la región se fortalece y nuestros almacenes ayudan a generar desarrollo, gracias al comercio y al empleo formal. Urabá se ha convertido en una esquina estratégica para el desarrollo del departamento”, comentó Jaller. Según él, actualmente Éxito tiene tiendas en Apartadó, Carepa y Turbo.

Foto: Jorge Jaller, Gerente de la marca Éxito

De otra parte, a través de la Fundación Éxito se apoya el programa Reagro, que busca recuperar los excedentes agrícolas durante el proceso de producción y transporte de alimentos. “En 2016 se vincularon municipios de Antioquia y Chocó, entre ellos Apartadó, con recuperación de banano; Chigorodó, con recuperación de piña; y Turbo, con recuperación de piña, coco, aguacate, guayaba, limón y auyama, entre otras. En total se recuperaron más de 3.100 toneladas de alimentos que beneficiaron a más de 42.100 personas”, señaló.

De la misma manera, muchas marcas han profundizado su presencia en Urabá: el sector financiero, los hoteles, los restaurantes, las aerolíneas, el transporte; para nosotros, es claro que Urabá está en auge y es muy difícil controvertir esa tesis.

Del EPL a las EPM

Una de las mejores noticias en los últimos años en Urabá fue la llegada de las Empresas Públicas de Medellín (EPM). La ampliación de redes de energía, la construcción de acueductos y de sistemas de alcantarillado le dieron un nuevo impulso a la actividad económica y mejoraron la salud pública. Es un viaje que apenas inicia debido a que es necesario ampliar las coberturas en algunas zonas urbanas y en casi todas las áreas rurales. El potencial es tan grande que EPM incluyó a Urabá como uno de los dos puntos estratégicos para crecer e invertir en los próximos años. Por eso, acaba de abrir una gerencia regional en Apartadó que también contará con edificio inteligente.

Ese avance en los servicios públicos incrementó el interés de inversionistas del sector turismo.

En una reunión celebrada en el recién inaugurado edificio de la Cámara de Comercio de Urabá, nos contaron muy animosamente que poblaciones como Necoclí, Arboletes y Nuquí colapsaron en la pasada temporada de diciembre. “No se conseguía un hotel o una cama, todo estaba lleno”, nos dijo Rebeca Pineda, directora de la Corporación de Turismo de Urabá. La llegada de visitantes, empresarios y profesionales viene creciendo de manera acelerada, tanto que la cadena internacional Ibis construye un hotel en la zona.

Esto ha llevado a que la oferta gastronómica de la región suba su nivel, pues la llegada de más turistas implica el desafío de ofrecer productos alimenticios de calidad. Así lo ve Ángela Montoya, gerente de una cadena de comercio de alimentos llamada “Las mazamorras de Urabá”; el negocio está en plena expansión y va a abrir varios puntos nuevos en los próximos años y ya cuenta con presencia en Apartadó, Carepa, Chigorodó y Necoclí. Montoya destacó todo el movimiento que se está dando en torno al turismo.

Otra prueba de ello es el alto impulso que tiene hoy la operación aérea. Los 212.000 pasajeros que se movilizaron desde y hacia el aeropuerto de Carepa viajaron a través de las aerolíneas Satena, Easyfly y ADA. Viva Colombia realizó algunos vuelos a finales de 2016, pero no le fue muy bien y tuvo que abandonar esta ruta, porque sus frecuencias no eran las ideales, debido a que buena parte de los ejecutivos que viajan desde Medellín quieren ir y volver el mismo día.

Según Alfonso Ávila, presidente de Easyfly, esperan que ese dinamismo del transporte aéreo se mantenga en los próximos años, cuando se inicien las obras de los nuevos puertos sobre el Golfo de Urabá, pues entonces la región va a tener mayor dinámica, inicialmente por cuenta de los trabajos de construcción y después por el mayor movimiento de toda la economía que se espera por el aumento en el comercio exterior.

Foto: María Isabel Sierra, gerente de la Zona Franca de Urabá y Alfonso Ávila, presidente de Easyfly.

Pero no solo son turistas o ejecutivos de negocios. También hay estudiantes que van y vienen, agrónomos y otros profesionales atraídos por una intensa actividad.

No en vano la oferta universitaria es alta. La Cámara de Comercio habla de 18 sedes universitarias, entre las que se destacan la Universidad de la Salle, Politécnico, Universidad Nacional y Universidad de Antioquia; esta última tiene programado un plan de expansión en la zona que incluye la construcción de varias nuevas sedes, con el objetivo de ofrecer sus programas directamente en Urabá.

Más salud

Uno de los aspectos más sorprendentes en este recorrido fue la Clínica Panamericana, pues sus estándares son muy altos. El edificio cuenta con salas de quirófanos de última tecnología, unidad renal, considerada una de las mejores del país, salas de neurocirugía, radiología y hasta helipuerto. Como si fuera poco, hay planes para una segunda etapa que podría incluir servicios de oncología.

Foto: Adolfo Zapata, gestor de la Clínica Panamericana. Adolfo Zapata nos mostró con orgullo las instalaciones de esta clínica , que nada tiene que envidiar frente a las mejores de Medellín y el país.

Justo al lado de esta clínica está la Zona Franca de Urabá. Es un proyecto relativamente nuevo que está en la fase de consolidación. La gerente, María Isabel Sierra, nos contó que por allí entran todas las Harley Davidson al país, camiones de Navitrans y hasta motos de Japón. El futuro parece prometedor en ese frente. Hace un par de años había dos navieras operando, hoy ya hay 7. Sin que se hayan mejorado las facilidades portuarias, ya la zona mueve 2,2 millones de toneladas.

Todos estos datos son prueba de que algo cambió en Urabá y de que algo grande se está moviendo en la región. Es necesario superar los estigmas para superar el atavismo respecto de la violencia: Urabá hoy está produciendo banano, cacao, aguacate, productos industriales, y se va a convertir en el camino de entrada y salida para una parte importante del comercio internacional colombiano. Además, están creciendo los servicios turísticos, el comercio, los restaurantes, los servicios públicos y muchas otras actividades. Nadie puede poner en duda que son tiempos de auge para la región. Es hora de dejar atrás los prejuicios sobre Urabá para facilitar que estos procesos se consoliden y den sus frutos de bienestar y desarrollo. Urabá realmente está en marcha.

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