| 12/30/2014 2:15:00 PM

El mundo

Petróleo, tasas de interés y crecimiento del comercio, claves para el desempeño global del año entrante.

Barril sin fondo

Tras colapsar 40% desde junio hasta diciembre, el petróleo parece no tocar fondo. Por eso los expertos son cada vez más pesimistas sobre su panorama para 2015. La Agencia de Información de Energía de Estados Unidos redujo su pronóstico de precio para el año entrante y lo ubica ahora en US$62,75 por barril, en el caso del WTI, y en US$68,08 para el Brent.

El estimativo se basa en el anuncio de la Opep de no reducir su oferta de crudo, lo que le quita presión a los precios al alza. Esto ha desvalorizado aún más el petróleo y con ello no solo se afectan en la Opep (cartel que provee 40% de la producción global), sino también en Estados Unidos, cuya industria petrolera se podría desacelerar.

La Opep también redujo su proyección de demanda global para 2015, la cual calcula en 28,9 millones de barriles diarios, lo que implicaría el nivel más bajo desde 2002.

La hora de Yellen

Tras cumplir un año al mando de la Reserva Federal (FED) y luego de finalizar el programa de expansión cuantitativa con el que le irrigó montones de liquidez a la economía estadounidense, en 2015 Janet Yellen tendrá que pasar la prueba de fuego de subir las tasas de interés –cercanas a cero desde 2008–, sin golpear la economía de su país ni la del resto del planeta.

La expectativa de los expertos es que el alza se dé en el segundo trimestre, así los precios del petróleo reduzcan las presiones inflacionarias que vive el Tío Sam, y que serían un motivo para subir las tasas. Esta proyección se deriva del más reciente sondeo con analistas de la agencia Reuters. Los encuestados consideran que el ritmo de incremento de las tasas de interés será lento y que sus determinadores van a ser el desempleo y el crecimiento.

La desocupación se ubicó en 5,8% en noviembre y el PIB avanzó 3,9% en el tercer trimestre de 2014. Se espera que, al cierre del cuarto trimestre, la primera quede en 5,62% y el segundo crezca 2,4%. Para los primeros tres meses de 2015 los pronósticos son, respectivamente, 5,33% y 3%.

Los economistas estiman que la tasa de los fondos federales, que es la que se cobran los bancos entre sí por préstamos a un día, estará en 0,25% en el segundo trimestre del próximo año y llegará a 1,12% en el primer trimestre de 2016.

De acuerdo con Goldman Sachs, la normalización gradual de las tasas de política monetaria estadounidense, junto a una mejora de su economía, pueden llevar a episodios de volatilidad (como en 2004) y un aplanamiento de la tendencia alcista de las acciones, pero no lo ven perjudicial para los activos de riesgo como los emergentes. Ojalá así sea.

México: vientos de cambio

La situación económica de México ya no es la misma de hace un par de años, cuando era calificado como un país privilegiado en el contexto de los mercados emergentes. Las cifras de crecimiento de 2014 resultan mediocres y las perspectivas para 2015 no son halagadoras. En una reciente encuesta del Banco de México (Banxico), los analistas económicos ajustaron a 2,19% el estimativo de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para este año y a 3,5% el pronóstico para 2015.

En este panorama hay factores que juegan a su favor en el corto plazo. Por un lado, la recuperación económica de Estados Unidos –su principal socio comercial– será clave en los planes de desarrollo del sector exportador y, por el otro, gracias a la reforma energética que entrará en vigencia en enero, será posible que la base industrial mexicana gane competitividad importando gas, y se atraerá inversión para un sector que ha dependido de la estatal petrolera Pemex. También las reformas de telecomunicaciones, fiscal y educativa ofrecen un interesante potencial para fomentar la inversión y el crecimiento potencial, según la Ocde.

Sin embargo, los riesgos que generan los problemas sociales y la poca credibilidad política no les brindan tranquilidad a los inversionistas, quienes, además, demandan estabilidad jurídica para que sus recursos no corran riesgos.

Vacas flacas en la región

Latinoamérica no pasa por un buen momento en materia económica. Los pronósticos de crecimiento de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (Ocde) no son alentadores y sitúan la expansión de la región en 2,5% para el próximo año.

La razón de esta coyuntura, según la Comisión Económica para América y El Caribe (Cepal), es que los países no aprovecharon de forma adecuada el periodo de bonanza para despegar su crecimiento, por lo que la tabla de salvación hacia el futuro será la inversión, especialmente en sectores como la infraestructura.

Países como Brasil y Chile siguen bajando sus previsiones de crecimiento, no solo para este año sino para el próximo. En el primer caso, un sondeo divulgado por el Banco Central apunta a que el alza será de 0,73 % en 2015. Son varios los retos que tiene el equipo económico de Dilma Rousseff: levantar la actividad económica en Brasil, reducir el déficit fiscal y bajar la inflación.

En cuanto a Chile, la situación no es más halagüeña. Las previsiones apuntan a un crecimiento de 2,6% en el PIB de 2015, pero los analistas creen que para alcanzar una tasa de crecimiento potencial de 4% se requieren reformas que incrementen los niveles de productividad, especialmente la laboral.

Otra es la historia de Perú, que se espera crezca por encima de 5%, sustentado en una política de educación, prácticas de buen gobierno, reducción de la informalidad laboral y acceso a servicios para millones de pobres.

La desinflada china

Los crecimientos de 15% y 14% registrados por la economía china en 1984 y 2007, respectivamente, son literalmente cosa del pasado. Este año el alza del PIB del país asiático no alcanzará el 8% previsto por el Gobierno y para 2015 se espera que no supere el 7%.

Los buenos desempeños de la economía que permitieron que millones de chinos salieran de la pobreza no están en las cuentas de ningún experto y, por eso, la estrategia de las autoridades monetarias se centrará en impulsar una política monetaria prudente y en dinamizar la demanda interna.

Pero las malas noticias para China lo son también para el resto del planeta. Se prevé que el mayor exportador mundial siga afectado por una caída en sus ventas externas, a lo que se suma un mercado inmobiliario en baja y la reducción en los niveles de inversión doméstica, lo que generará un enfriamiento.

Ya se anticipa que las autoridades deberán ajustar la meta de crecimiento a 7% para 2015. Si bien esto supone asumir ciertos costos, como la potencial quiebra de algunas empresas o una menor creación de empleo, también llevará al país a una economía más sostenible, con una menor necesidad de estímulos en el futuro.

Todos miran a Draghi

En 2015, Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, podría salir de esta institución y regresar a Italia para liderar las reformas que conduzcan a la recuperación económica del país mediterráneo. Este escenario lo plantea un análisis que realiza Saxo Bank con lo que denomina los principales “cisnes negros”, o amenazas mundiales para el año siguiente. Esta decisión es fundamental, pues está en la mira de inversionistas del mundo, ante la posibilidad latente que tiene el Banco Central, que preside el líder italiano, de iniciar un programa de relajamiento cuantitativo similar al de los Estados Unidos, el cual incluiría compras de bonos soberanos de baja liquidez. Las apuestas dicen que los anuncios se harían en el primer semestre del próximo año.

Tensión soviética

Entre los rusos se escucha un chiste sobre quién llegará primero a los 63: el petróleo (que al cierre de esta edición ya había tocado ese nivel), el rublo (que iba en 55,60 por cada dólar) o su presidente, Vladimir Putin, quien cumple esa edad en octubre de 2015.

Y más que risas, el chiste produce tensión nerviosa en una economía al borde de la recesión. A la fuerte caída del petróleo –uno de sus mayores productos de exportación–, se suman las sanciones económicas impuestas por Occidente tras la invasión de Ucrania. Aunque en un comienzo los rusos apoyaron el ingreso de tropas al país vecino, ese respaldo se ha desvanecido y de 74% de hace nueve meses, se pasó a 23%, según The Economist. Esto se explica porque las sanciones no han resultado tan inocuas como pregonaban en el Kremlin, y están complicando aún más la frágil economía rusa.

Los soviéticos no están dispuestos a apretarse más el cinturón, solo por cuenta de una confrontación patriótica, explican los expertos. Esto porque además del duro golpe que les implica el crudo barato, sufren por la inflación (se prevé que termine 2014 en 10%) y la segunda mayor devaluación del mundo (el rublo ha bajado 51% este año). Como respuesta, su banco central ha subido cinco veces las tasas de interés este año, pero no ha sido suficiente y la expectativa es que en 2015 el país se contraiga 0,8%.

La cruda venezolana

Después de vivir por varios años la fiesta de los altos precios del petróleo, Venezuela empieza a sentir el guayabo, tras la abrupta desvalorización de su principal generador de ingresos. La caída del crudo ha puesto a tambalear la economía vecina y se ha convertido en la gran amenaza para 2015, al punto que agencias calificadoras como Moody’s, anticipan que una caída del barril por debajo de US$60 podría ‘quebrar’ a ese país.

Las malas noticias llegan además cuando el país se ha visto azotado por una inflación que alcanzó 63,4% anual a noviembre; una escasez de más de 20% en productos de la canasta familiar y un déficit fiscal que algunos analistas económicos estiman por encima de 15%.

Pero, como si esto no fuera suficiente, en materia política los desafíos serán mayores. El gobierno del presidente Nicolás Maduro tendrá un año complejo: por un lado, porque habrá de medirse en las urnas con la oposición para elegir la nueva Asamblea, con un presupuesto más austero. Por otro lado, porque en 2015 empezarán a hacerse efectivas las sanciones que aprobó el Congreso de Estados Unidos y que afectarán las cuentas bancarias –y hasta la visa– de altos dirigentes del Psuv, el partido político del presidente, a quienes el gobierno Obama busca castigar por atentar contra la democracia y los derechos humanos de los integrantes de la oposición.
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