| 12/15/2016 12:00:00 AM

10 factores económicos trascendentales de Colombia en 2017

Reforma tributaria, precio del dólar y del petróleo, inflación y consumo serán los factores que marcarán el ritmo de la economía en 2017.

Cambios en los impuestos

Al cierre de esta edición, todo indicaba que el Congreso iba a aprobar una nueva reforma tributaria. El contenido central del ajuste está asociado al aumento en la tarifa del Impuesto al Valor Agregado (IVA) que pasaba de una tarifa general de 16% a 19%.

Sin embargo, son muchos los temas técnicos que deberán implementar el gobierno central y los gobiernos locales. Por ejemplo, la eliminación de los sistemas de declaración que hoy existen, como el Imán y el Imás, implica expedir una nueva regulación con el fin de establecer las reglas del juego para que las personas naturales declaren renta.

Además, los cambios para las personas jurídicas en renta implicarán que las empresas tendrán que adaptarse a las nuevas condiciones de este impuesto, cuya base gravable sufrirá modificaciones, lo que implica que el impuesto a pagar también cambiará y esa será una tarea para el sector privado colombiano.

A esto hay que sumarle el impacto en los consumidores, que verán cómo muchos productos cambiarán la tarifa del IVA, lo que los llevará a modificar sus presupuestos y recalcular sus gastos.

Sin lugar a dudas, la implementación de la reforma tributaria será clave para los consumidores y para las empresas en 2017.

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El año de  las regiones

Tres factores van a incidir sobre el ritmo económico de las regiones: primero, su agilidad para contratar las obras que debieron haber planeado en el primer año de gobierno; segundo, la rapidez para aprobar proyectos con recursos de regalías y, tercero, el ritmo de avance de las 4G, obras que si bien son de carácter nacional, generarán empleo en los municipios.

Sobre el primer aspecto, la agilidad para contratar, hay mucha expectativa, pues ciudades y departamentos realizaron muy pocas obras en 2016, el primer año de las administraciones locales. Sin embargo, no se deben hacer cuentas alegres sobre el nivel de ejecución de 2017, pues muchos alcaldes y gobernadores apenas van a diseñar los proyectos antes de sacar adelante los procesos de contratación. Por ejemplo, en el caso de Bogotá, todavía falta la venta de la ETB y del 20% de la EEB, que  darán buena parte de los recursos para financiar el plan de gobierno del alcalde Peñalosa.

Lo que podría “salvar patria” en este frente es el elevado volumen de inversión a través del sistema de regalías: para las vigencias de 2017 y 2018 hay disponibles $12 billones. En este caso, aplicar esos recursos depende de la agilidad de los Ocads, órganos encargados de definir el destino de esos dineros. Actualmente hay mucho debate sobre la capacidad de estas instituciones para lograr niveles de ejecución adecuados.

En el tercer aspecto, en muchas regiones se sentirá el inicio de las obras de 4G, pues al menos siete proyectos ya hicieron sus cierres financieros y están empezando a mover máquinas.

Foto: Leonardo Villar, director de Fedesarrollo

Confianza en recuperación 

Entre enero y octubre de 2016, el Índice de Confianza del Consumidor –que mide mensualmente Fedesarrollo– registró resultados negativos que, aunque se fueron moderando en lo corrido del año, seguían mostrando que los hogares colombianos son pesimistas con respecto al futuro económico del país.

Leonardo Villar, director de Fedesarrollo, considera que en 2017 tres elementos serán claves para la evolución de este indicador: el impacto del aumento del IVA, que implicará un golpe en las finanzas de los hogares; la inflación, que se espera descienda en lo corrido del año, y el menor crecimiento económico.

Un factor que podría favorecer la confianza de los consumidores es la menor incertidumbre derivada del proceso de paz y de la reforma tributaria, temas que el año entrante deberían estar más claros.

En Kantar Worldpanel, firma que analiza el consumo, consideran que la caída de la confianza ya habría tocado fondo gracias a que la tendencia alcista de la inflación se está corrigiendo. No obstante, los altos precios de 2016 hicieron que los compradores ajustaran sus hábitos, visitaran menos los puntos de venta y acudieran más a comercios de gran descuento; es decir, D1, Ara y Justo y Bueno, donde ya compran 7 de cada 10 hogares.

Hasta septiembre, las cifras de Kantar muestran que los colombianos gastaron 8% más que un año atrás en su canasta familiar, pero acudieron 5% menos a los almacenes, y en volumen adquirieron 1% menos. El alza en gasto fue resultado de la inflación.

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Subsidios al banquillo

En 2015 Colombia destinó $72 billones a subsidios, que equivalen a 9% del Producto Interno Bruto (PIB). Si bien estos recursos –con los cuales el Estado transfiere beneficios económicos a personas naturales o jurídicas– han sido claves para reducir la pobreza, también son responsables del creciente gasto público del país, que vuelve necesario hacer consecutivas reformas tributarias.

Paralelamente, los subsidios no tienen los mismos efectos, pues mientras los que se dan a salud, educación y primera infancia están enfocados en la población de menores recursos, los que van a pensiones, vivienda y servicios públicos benefician más a los ricos que a los pobres.

Estimativos de Planeación Nacional indican precisamente que el subsidio a las pensiones (que en 2015 abarcó 26% del total, con $18,4 billones) es el más regresivo. Es así como los pensionados de mayores ingresos (los que ganan más de $2’800.000) reciben 50,8% del total de subsidios, mientras los de más bajos ingresos reciben tan solo 4,3%.

Así, por ejemplo, una persona con una mesada de salario mínimo recibe de subsidio al año $6,6 millones, mientras uno con pensión de $10 millones obtiene más de $58 millones al año en subsidios.

En Planeación calculan que, si los recursos de los subsidios se focalizaran mejor, se podrían atender unas 300.000 personas adicionales que verdaderamente lo necesitan.

Por eso, el Departamento Nacional de Planeación y el Ministerio de Hacienda radicaron un proyecto de ley en la Comisión Tercera de Senado que busca regular la política de gasto público en subsidios y hacerla más eficiente.

Entre la espada y la pared

La evolución y las perspectivas del crecimiento, la balanza de pagos y la inflación serán los dilemas de la política monetaria el año entrante, pues es probable que, al igual que en 2016, en 2017 no se cumpla la meta de inflación, que es de 3%, y los analistas prevén que terminará en 4,2%.

Es factible que el incremento del IVA propuesto en la reforma tributaria haga más difícil la convergencia hacia la meta de inflación y la realineación de las expectativas, que se postergarían para 2018.

Por otra parte, el crecimiento se desaceleró más de lo previsto y la expansión del crédito perdió brío en 2016.

El déficit en la cuenta corriente, otro tema que atañe al Emisor, viene disminuyendo, pero permanecerá alto en2017, comparado con estándares internacionales. Además, el riesgo emergente se incrementó  tras la elección de Donald Trump, por el temor a una aceleración del cronograma de alzas de las tasa de interés  de la FED.

En estas condiciones, los codirectores del Banco de la República enfrentarán la disyuntiva entre comenzar un ciclo de reducción de su tasa de interés para estimular la actividad económica; o mantenerla inalterada, para lograr una convergencia más rápida de la inflación y las expectativas hacia las metas.

Foto: Mohammad Sanusi Barkindo, Secretario general de la Opep

Crudo, con menor oferta

La creciente producción de petróleo no convencional de Estados Unidos fue una de las razones que llevaron al desplome en el precio del crudo, pues hizo que la oferta del combustible superara con creces la demanda y, como resultado, en febrero de 2016 el barril llegó a estar por debajo de US$30, llevándose por delante a economías productoras, como la colombiana.

Los expertos creen que justamente una menor producción de petróleo estadounidense, que a los precios actuales no resulta rentable para los productores no convencionales, sumada a un acuerdo de la Opep para reducir la producción en 1,2 millones de barriles diarios (mbd) hasta un total de 3,2 mbd, así como posibles choques temporales de oferta, como los que se observaron en 2016 (ataques a la infraestructura petrolera o incendios) harán que en 2017 el precio del crudo se mantenga por encima de US$45.

En Corficolombiana estiman un valor promedio de US$47 para la referencia WTI y US$52 para el Brent.

Trump y calificadoras

En los últimos años la tasa de cambio peso-dólar se ha movido principalmente por factores externos, que están fuera del control de las autoridades locales –como las tasas de interés de Estados Unidos–, y 2017 no será la excepción.

Según Alberto Bernal, jefe de estrategia macroeconómica de XP Securities, el precio del dólar en Colombia dependerá mayoritariamente de la forma como el nuevo presidente de Estados Unidos asuma su gobierno. Si Donald Trump no cumple con sus promesas de campaña y opta por políticas moderadas, Bernal estima que al cierre del año la TRM será de $3.200, pero si lo que ocurre es que Trump ejecuta todo lo que prometió y, en especial, su amenaza de no comprar más productos chinos o ponerles elevados aranceles, el precio del dólar en el país fácilmente puede subir a los $4.000, debido a que la mala relación entre Estados Unidos y China puede llevar a una guerra comercial.

Bernal aclara que bajo cualquier escenario (Trump moderado o cumplidor de sus promesas) no ve el precio del dólar por debajo de $3.000, pues es factible que el comercio global no crezca en los próximos años, ante las crecientes tendencias proteccionistas, y esto llevará a una menor inversión extranjera directa.

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Otro factor, este sí interno, que será determinante para la tasa de cambio es la reforma tributaria. Si esta no es aprobada, no solo se dispara el dólar, sino que el Banco de la República no podría bajar sus tasas, aumentaría la inflación y hay una alta probabilidad de recesión.

Foto: Humberto de la Calle, Jefe del equipo negociador

Lo que falta para la Paz

Si bien el Gobierno sacó adelante el acuerdo con las Farc a través del Congreso, aún quedan muchos desafíos por sortear para consolidar la paz.

La implementación de los acuerdos, que incluye el proceso definitivo de dejación de armas de los miembros del grupo subversivo, enfrenta enormes retos logísticos, políticos y jurídicos. Así, es claro que en 2017 el tema seguirá estando en juego. De la implementación depende que el nuevo estado de cosas se consolide; es decir, que las Farc puedan incorporarse a la actividad política.

Aun así, se debe dar el otro año el estartazo para el proceso de reformas necesarias para cumplir con lo pactado: implementación de la justicia transicional, creación del fondo de tierras, el desminado y la erradicación de los cultivos ilícitos son apenas algunos de los objetivos pendientes de desarrollar. 

Otro tema clave es el llamado dividendo de la paz, que se refiere al crecimiento extra que tendría la economía por el fin del conflicto con las Farc. Muchos expertos han hecho cuentas basados en análisis comparativos con países que finalizaron conflictos armados en condiciones similares y sus cuentas les dan que el dividendo económico estaría en un rango entre 1,1% y 1,9%, liderado por una mayor confianza tanto interna como externa. No obstante, los  mayores beneficios económicos no se observarían en 2017 sino hasta 2020.

Otros, por el contrario, consideran que no hay tal dividendo, pues ya la economía se habría ajustado al cambio en las condiciones del conflicto. En resumen, en materia de paz aún queda mucha tela por cortar.

El impulso de la inversión

La expansión decepcionante de la economía en el tercer trimestre (1,2% anual) plantea la duda de si el crecimiento habrá tocado fondo en 2016 (a una tasa de 2%), de tal forma que repuntará en 2017 (a 2,5%), como proyecta el promedio de los analistas.

Buena parte de la respuesta depende del comportamiento que tenga la inversión. En caso de aprobarse la reforma tributaria, esta recibirá el estímulo de una menor tasa de impuesto a las empresas. Es posible también que se incremente, como consecuencia de la mayor ejecución de las obras civiles de los gobiernos regionales y locales, que no fue muy dinámica este año, así como de la puesta en marcha de un número mayor de proyectos de construcción de obras de infraestructura vial bajo el esquema de concesiones de cuarta generación.

Se espera además que la construcción de edificaciones, estimulada por los programas públicos de vivienda de interés social y prioritario y los subsidios para adquirirla, contribuya a la expansión de la inversión el año entrante.

Según Camacol, gremio de los constructores, si se cumple la meta de asignación de subsidios de vivienda para 2017, la inversión pública ascenderá a más de $3 billones y la de los hogares llegaría a los $11,7 billones.

De esta manera, la inversión pública en vivienda tendría un efecto multiplicador sobre el gasto de los hogares en las diferentes regiones. En Cundinamarca representa 89%, para Bogotá es de 47% y en Norte de Santander llega a ser de 39%.

Además, si se logra comenzar la implementación del acuerdo de paz entre Gobierno y Farc, es factible que una mayor confianza de los inversionistas internacionales incentive la inversión extranjera.

Foto: Bruce Mac Master, Presidente de la Andi

¿Arranca la industria?

En 2016 el sector manufacturero colombiano parece revivir. Después de varios años de estar prácticamente en recesión, la industria empezó a mostrar cifras positivas. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), al cierre del tercer trimestre de 2016 la industria manufacturera registró un crecimiento por encima de 4% en producción y ventas, pero básicamente impulsado por Reficar.

Por ello, son muchas las dudas que se ciernen sobre el sector, especialmente en lo relacionado con su capacidad para competir en los mercados internacionales. El asunto es que los productos colombianos aún no logran hacerse a nuevos mercados en otros países. Hasta el momento la reacción de la industria ha sido por cuenta del aumento en el tipo de cambio, lo que le ha dado una mejor competitividad en precio.

Queda aún pendiente que las políticas de diversificación de la canasta exportadora de Colombia empiecen a mostrar resultados. Cabe recordar que la meta es llevar las exportaciones no tradicionales a más de US$30.000 millones en 2018. Así que en 2017 debería mostrarse que el país va rumbo al cumplimiento de este objetivo.

La industria habría de convertirse, ahora que el petróleo muestra un panorama gris, en el gran motor de la economía colombiana. 2017 debería ser el año en que se consolide esta tendencia.

Sigue la vulnerabilidad

El déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos ha venido disminuyendo –desde 6,5% del PIB que alcanzó en 2015, a 5% con el que se espera termine 2016–, y se prevé que en 2017 siga bajando (a 4% del PIB), pero que se mantenga en un nivel alto, comparado con los estándares internacionales y con los de los países que tienen la misma calificación de Colombia.

Así las cosas, el déficit de cuenta corriente seguirá haciendo a la economía nacional vulnerable a las paradas súbitas en los flujos de capital y a los cambios en el sentimiento de los inversionistas, debido a la alta necesidad de recursos externos para financiarlo.

Esa necesidad de inversión extranjera y de crédito externo impone a las autoridades el reto de mantener la confianza de los inversionistas.

Por eso, para ajustar la expansión de la demanda interna a la del ingreso nacional, que se tornó menos dinámica por el descenso de los términos de intercambio, el Banco de la República incrementó su tasa de interés, de forma que disminuyó el déficit en la cuenta corriente.

A su vez, el Gobierno redujo el gasto público, pero también incurrió en un mayor déficit. Además, tramita una reforma tributaria para aumentar sus ingresos a partir del año entrante, disminuir su déficit y la deuda pública, de acuerdo con las metas establecidas por la regla fiscal.

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