| 4/11/2017 6:00:00 PM

Hechizo verde: la nueva realidad del negocio esmeraldero en Boyacá

Aunque la zona esmeraldera de Boyacá todavía está lejos de convertirse en un remanso de paz y progreso, ya se empiezan a ver algunos cambios que podrían implicar una mejoría en la región. Crónica.

Es una fría mañana de marzo; el equipo periodístico de Dinero esperaba el helicóptero que lo llevaría desde el Aeropuerto de Guaymaral hasta un helipuerto de una mina de esmeraldas en Muzo, Boyacá. Son cerca de 35 minutos de viaje y, ya en vuelo, el capitán serpentea por los pocos espacios libres que deja un muro grande de densas nubes. Es plena temporada de lluvias.

En el helicóptero viaja Charles Burguess, presidente de la compañía Minería Texas Colombia (MTC), una filial de un poderoso conglomerado estadounidense integrado por cerca de 30 compañías, cuya sede principal está en Houston, Texas, y cuyas actividades principales son el petróleo, la minería y la agroindustria.

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Charles Burguess es un personaje central en esta historia, pues fue quien en 2009 protagonizó un acuerdo comercial entre el fallecido esmeraldero Víctor Carranza y una filial de esta compañía estadounidense. Dicho contrato preveía la modernización de las líneas de explotación de las minas a cambio de una participación en la producción de la gema verde. Años más tarde, en 2013, y acosado por su enfermedad, Carranza le vendió a esta compañía la totalidad de las acciones de la mina Puerto Arturo, una de las más importantes de la región. Pocos meses después de este millonario acuerdo, del cual no se conocen cifras, Carranza murió.

Para muchos en la región y el país ese fue un punto de inflexión para una región rica en minerales pero llena de pobreza y caracterizada por un abandono casi total del Estado. En el recientemente publicado libro La nueva guerra verde, Petrit Baquero explica cómo, a pesar del relevo generacional en la operación de algunas minas y las nuevas inversiones que provienen del extranjero, persisten graves hechos de violencia, aunque no en las dimensiones de otras décadas. De hecho, la publicación de Baquero le dedica todo un capítulo al ‘gringo esmeraldero’, en clara alusión a Charles Burguess y su activa participación en las negociaciones con Carranza.

Tal vez por eso, Burguess solo cruzó con Dinero un par de comentarios antes y después del corto vuelo en helicóptero de finales de marzo pasado; se le nota que no está cómodo con la exposición mediática. Ese hermetismo se evidenció una vez la aeronave pisó tierra boyacense, pues el experimentado empresario con amplia trayectoria en asuntos diplomáticos le cedió toda la vocería para este reportaje a su vicepresidente, Jaime González. Este ejecutivo nació en Medellín, pero a la edad de 4 años emigró a Estados Unidos en donde hizo su vida. González, o Jimmy, como le dicen los hombres de confianza de la mina, fue policía de Nueva York durante 3 años, luego diplomático estadounidense en varios países de América Latina, Irak y Afganistán. El año pasado el Departamento de Estado lo pensionó y ahora es la mano derecha de Burguess en Muzo.

Foto: Jaime González, vicepresidente de MTC, fue policía de Nueva York y diplomático antes de trabajar en las minas de Víctor Carranza.

¿En qué ha cambiado la mina desde este relevo? Si algunos pensaron que con la llegada de MTC se acabaría la pobreza y la miseria, o se aumentarían exponencialmente las regalías producto de la explotación de esmeraldas, estaban equivocados, porque una empresa no puede resolver todos los problemas de la comunidad; sin embargo, sí puede ser un catalizador de cambio.

Es necesario que el Estado vuelva a la región, si es que alguna vez estuvo. MTC mejoró los procesos de explotación minera y aumentó la inversión social en la zona de operación con algunos programas cuyo impacto se verá en los próximos años o, incluso, en generaciones futuras, pero seguramente esos esfuerzos serán insuficientes frente a las necesidades de la población.

Hechos concretos. MTC mejoró los salarios de buena parte de los trabajadores de la mina, aunque tampoco hay que exagerar, no son remuneraciones que llevarían a un trabajador australiano a migrar a Boyacá para trabajar en una mina de esmeraldas, pero sí representan un avance sustancial en la manera como se vivía o sobrevivía en estos oscuros socavones. “El problema es que acá la gente no está acostumbrada a recibir un salario mensual. Por generaciones la gente venía a las minas con la esperanza de ‘enguacarse’. Había días en donde la alegría era extrema por el hallazgo de una piedra y semanas en donde no se conseguía nada y se aguantaba hambre”, comenta uno de los profesionales del yacimiento.

Foto: Las minas de MTC tienen iluminación, ductos para oxigenar el interior y estructuras de madera o acero, cuando es necesario.

Ese problema cultural ha llevado a que más de un trabajador que cuenta con buen salario, seguridad social y otras ventajas económicas decida ocultar en su cuerpo o equipo minero alguna de estas preciadas piedras. “Casi todas las semanas detectamos personas que deciden quedarse con algo. Por ello, tenemos un seguimiento especial en la mina con cámaras de video y personal de seguridad”, comenta González.

Ante esa realidad, el equipo de Dinero viajó al interior de una mina a bordo de una jaula metálica diseñada para transportar a varios mineros a la vez. En total, el descenso fue de unos 120 metros. Una vez terminado este recorrido vertical, es necesario prender la luz acondicionada en cada casco para ver al menos lo que está en frente. Inicialmente se puede llegar a creer que a tal profundidad escasea el oxígeno, que el calor es infernal y que aparecerá una sensación de ahogamiento. Sin embargo, unos ductos especiales inyectan desde la superficie una buena cantidad de aire fresco en toda la mina; entonces se siente cierto alivio, un respiro, pues para el novato en estas lides es imposible evitar la sensación de claustrofobia.

Para llegar al punto cero de explotación es necesario caminar levemente agachado unos metros por unos túneles en donde gotea agua de manera permanente. El estrés disminuye un poco al ver que el túnel tiene un revestimiento de madera y acero que brinda cierta seguridad. En los túneles de antes no era común ver este tipo de seguridad e ingeniería. Muchos morían. Uno de los ingenieros saca de un bolsillo de la camisa un aparato más pequeño que un celular; se trata de un detector especial que mide la cantidad de gas carbónico y oxígeno en la mina. Si no hay suficiente aire respirable, se dispara una alarma de manera inmediata. “Es mi canario electrónico”, dice el profesional, haciendo alusión a los pájaros que usaban algunos mineros para saber si había suficiente aire. Si el ave moría o se desmayaba, era hora de salir. Algunos no lo lograban.

Al llegar al final de uno de los túneles, cuatro mineros están en plena acción. Tienen casco de seguridad, luz y radio de comunicaciones. Uno de los trabajadores sostiene un pequeño pico metálico y mientras nos saluda va arañando la frágil roca que tiene en frente. A diferencia de lo que muchos creen, este no es un cargo o función de bajo perfil. En MTC los encargados de raspar o picar son geólogos titulados, con salarios que inician en los $4,8 millones y que por su experiencia y conocimiento en formaciones rocosas pueden llegar a inferir dónde hay una veta con cierto potencial. “Según el aspecto o color de la formación, uno ya sabe que puede encontrar algo”, nos comenta uno de los mineros. Otra persona, a quien le dicen ‘Fares Fares’, llegó hace unos años desde Valledupar a Boyacá en busca de oportunidades laborales. ‘Fares Fares’ es el encargado de seguridad en este grupo y quien porta una pequeña cámara que graba en video constantemente la operación. “Si el picador encuentra esmeraldas, procedemos a reportarlo por radio y la roca es guardada en una tula de seguridad para luego sacarla a la superficie”, explica el trabajador vallenato.

El problema aparece cuando el grupo de mineros se pone de acuerdo con sus colegas para ocultar rápidamente alguna de las preciadas piedras. “Solo basta con un guiño o una señal previamente acordada, eso es suficiente para consumar el hurto”, dice una de las personas encargadas de la seguridad. El tema es tan frecuente en la mina que casi todas las semanas se detecta este tipo de intentos de robo, ante lo cual se realiza una investigación que puede terminar en despido.

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Sin embargo, las inspecciones y requisas parecen insuficientes. Las gemas hurtadas suelen ser guardadas en la boca, los dobladillos de la ropa o cualquier otro sitio disponible en el atuendo o el cuerpo. El robo es tan frecuente que MTC entrenó al único perro del mundo capaz de olfatear las esmeraldas. Sí, al parecer huelen a algo, pero solo un perro podría detectarlas. Se sabe que la Policía Fiscal y Aduanera usa en aeropuerto El Dorado perros entrenados para detectar dólares ocultos, pero poco se ha documentado sobre la detección canina de esmeraldas. Este animal es tan valioso para los intereses de la compañía que es celosamente cuidado y alimentado por un reducido grupo de exmarines de Estados Unidos, contratados por MTC para esa y otras labores de seguridad en la mina. El perro se llama Vor y ha tenido mucho éxito en estas labores.

Foto: Silvana Habib, presidente de la ANM.

Otra crítica que se escucha con frecuencia en la región está relacionada con las reducidas regalías que dejan este tipo de empresas. La presidente de la Agencia Nacional Minera, ANM, Silvana Habib, explicó que el año pasado se recibieron un total de $8.422 millones por regalías de esmeraldas en el país. La cifra parece muy baja, teniendo en cuenta que la producción total superó los 2 millones de quilates. Sin embargo, es muy difícil precisar el valor de una esmeralda. Es muy subjetivo. Un experto puede afirmar que una gema vale $100 millones, otro con igual experiencia puede concluir que cuesta $200 millones. Eso no sucede con el oro u otros commodities.

Solo se pueden citar algunas referencias. Los quilates (que equivalen a 0,2 gramos) más costosos pueden llegar hasta los US$50.000 en los mercados internacionales. Pero son muy escasos y se refieren a las gemas más raras, como las lágrimas que están en la foto de la página 47.

“El tema es que la regulación actual establece que el precio base de liquidación de las esmeraldas es fijado por el mismo exportador. En otras palabras, el exportador, que muchas veces es el mismo explotador de minas, es el encargado de definir el precio de la piedra y, por ende, de las regalías”, explicó uno de los funcionarios de la ANM.

La Agencia explicó que durante las negociaciones que se llevaron a cabo el año pasado para renovar la licencia a la mina de MTC, se incluyó una serie de exigencias entre las que se cuentan la cofinanciación de una obra de alto impacto en la región y la inversión de 1% de las utilidades netas en la comunidad. Ahora la licencia va hasta el año 2040.

En la visita que hizo Dinero a la mina pudimos constatar que se están haciendo algunas cosas que pueden tener un impacto en el mediano y largo plazo. Luisa Durrance es la gerente del área social de MTC. Ella explica que todos los días se entrega un almuerzo a cerca de 200 mineros de la tercera edad que todavía hacen ‘guaqueo’ informal en la zona. Algunos tienen más de 90 años de edad. También hay un programa de danza, incentivos para huertos de hortalizas, aguacate y cacao en donde se les enseña a algunos jóvenes que la agricultura es una opción de vida y que su vida no debe girar siempre en torno a una esmeralda. “Hace 3 años, cuando llegué acá, no nos querían ni ver y se imponía una cultura muy individualista. Nos pedían dinero, viáticos, plata para el colegio de los niños, en fin, de todo. Entonces, lo que hicimos fue iniciar este tipo de proyectos colectivos que le han dado un nuevo sentido a la región”, comentó Durrance, quien agrega que la gente ahora no pide cosas sino que propone proyectos. MTC explica que por ley la firma estaba obligada a invertir $300 millones en temas sociales, pero que la inversión en el ejercicio superó los $900 millones.

Foto: La explotación sin control por décadas ha cambiado la forma y estructura de las montañas y el trazado de algunos ríos.

Desafortunadamente, MTC no suministró información sobre producción de las minas y mucho menos de las utilidades. Sin embargo, el vicepresidente González señala que, una vez MTC tomó el control de estos yacimientos, se ha incrementado progresivamente la producción de esmeraldas y que es difícil determinar unas proyecciones de producción o de reservas.

Incrementar las regalías, contraprestaciones o demás derechos es una responsabilidad del Gobierno. Si se crearon estímulos para atraer inversión, hay que ver si ya cumplieron su propósito y si es conveniente desmontarlos. ¿Qué tal si la liquidación de la regalía está atada a un promedio o al precio de venta en Hong Kong, Suiza, París o Nueva York?

Tecnificación

La clave sí está en la tecnología y la eficiencia. Para el tema de exploración se realizan todo tipo de estudios y pruebas de laboratorio que pueden llegar a determinar dónde es posible el hallazgo de vetas. También se realizan pruebas en donde se aplica electricidad en la tierra para determinar densidades del subsuelo y otras características. “Entre más fallas geológicas más probabilidades de encontrar algo bueno”, cuenta Wilfredy Morales, geólogo de la mina.

La adecuación de túneles con estructuras de acero, la oxigenación de las minas, el entrenamiento del personal, la compra de maquinaria especializada para la excavación y hasta pequeños detalles como la alimentación, el transporte de trabajadores y la indumentaria hacen la diferencia frente a la minería de subsistencia que se evidencia en el vecindario. Los trabajadores en la mina laboran 20 días de corrido y tienen 10 días de descanso al mes.

Este tipo de cambios en la eficiencia ha llevado a que otros reconocidos esmeralderos de la zona se hayan acercado a MTC para conocer un poco de estos esquemas de producción tecnificada.

Foto: En un resguardado edificio de la Zona Franca de Bogotá se tallan y procesan las piedras dignas de exportación.

Otro tema llama poderosamente la atención: MTC ya tiene un sindicato. Algo que era impensable hace unos años cuando la región era dominada por grupos paramilitares. El mismo Jaime González, vicepresidente de la compañía, será el encargado de negociar las peticiones que traerán a la mesa. En el sindicato hay 200 miembros, pero en la mina hay unos 800 trabajadores.

El regreso a Bogotá del equipo de Dinero fue en una camioneta para conocer los paisajes y la vía, que se encuentra, en algunos de sus segmentos, en muy malas condiciones. No es posible desarrollar una región o una actividad económica con una carretera en ese estado.

¡Qué tallas!

‘No todo lo que brilla es esmeralda’, dice Baquero en su libro de Editorial Planeta. Y la frase aplica muy bien en este negocio. Según González, del total de material rocoso que es extraído en las famosas tulas, solo 15% termina en un proceso de tallado o pulimiento de la roca. El resto de la producción se subasta en Colombia o termina en las ventas callejeras de la Avenida Jiménez de Bogotá.

Las piedras con un buen potencial son trasladadas a la Zona Franca de Bogotá, en donde MTC tiene un moderno edificio para el tallaje y embellecimiento de las piedras, que salen Boyacá en bruto y solo en Bogotá se vuelven preciosas.

Clara Corredor es la gerente de este centro de tallado y tratamiento de MTC. Comenta que este sitio es único en el país debido a su alta tecnología, protocolos de trazabilidad de la piedra y entrenamiento del personal.

Foto: Un grupo de unas 200 personas de la tercera edad siguen llegando a la zona todos los días a realizar el popular ‘guaqueo’.

En el edificio hay unos 34 talladores, algunos con 18 años de experiencia. Una vez llegan las gemas de Muzo, un grupo de expertos se encarga de revisarlas y determinar cuál es la forma más adecuada para incrementar el valor. Luego se inicia un proceso de ‘faceteado’, que es darle varias caras a la piedra con unos discos diamantados. Es necesario tener especial cuidado para no generar fracturas o pasarse con el limado. “El proceso de tallaje puede durar desde un par de horas hasta dos días, según la complejidad o tipo de piedra”, afirma Corredor.

Una vez se le da forma y es pulida la piedra, se inicia la etapa de valoración, que incluye un completo y tecnificado proceso fotográfico. Estas imágenes le permitirán al potencial cliente conocer detalles de la esmeralda que a simple vista se escapan. Entre 2010 y 2016 se han tallado en esta sede al occidente de Bogotá unas 20.000 piedras y solo el año pasado unas 3.500 unidades. A algunas de las esmeraldas se les agrega aceite de cedro para resaltar ciertas propiedades.

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Hay mucha variedad en forma, color y tamaño. En Europa prefieren las gemas oscuras, mientras en India las claras. Los clientes italianos enloquecen con cristales brillantes, en Hong Kong las prefieren sin aceite. En Estados Unidos se vende de todo.

“En los últimos años se ha incrementado el apetito por este tipo de joyas. Además es el único commodity que no pierde valor”, afirma la gerente.

Foto: Chivitas fue hombre de confianza de Víctor Carranza. Ahora trabaja con MTC en oficios varios.

Entre los principales clientes de este tipo de esmeraldas están varias actrices de Hollywood, miembros de la realeza y clase alta de Asia, Europa y Estados Unidos. La esmeralda es tan apetecida que MTC está trabajando para posicionar la marca Muzo Emerald, algo parecido al Juan Valdez del café, pero con las piedras colombianas. Estos esfuerzos en branding se extienden a cadenas grandes y famosas de joyería.

Es muy difícil ver las cosas positivas en una región ancestralmente cooptada por la violencia, pobreza, lavado de activos y paramilitarismo. En Muzo, Boyacá, están pasando cosas buenas, aunque insuficientes para revertir una tendencia de años. La región está trabajando para abrirle paso al desarrollo; las esmeraldas siguen siendo la esperanza para casi todos en esta zona.

Glosario:

  • Tallador: experto encargado de darle forma y valor a la piedra en bruto.
  • Faceteado: proceso que permite darle varias caras a una piedra.
  • Morralla: piedras de baja calidad.
  • Puerto Arturo: mina principal del extinto esmeraldero Víctor Carranza.
  • Enguacarse: encontrar una esmeralda de gran valor.
  • Perforación diamantina: excavación que se hace en un terreno con una máquina que tiene en uno de sus extremos un diamante capaz de perforar el terreno.
  • Tambreo: actividad informal que se realiza en la vera de un río para enguacarse.
  • Picador: trabajador encargado de raspar o martillar la roca.
  • Casquinegro: trabajador responsable de la cámara de seguridad y la tula.
  • Esmeralda: es la variedad verde del berilo (mineral), que además puede contener pequeñas cantidades de cromo y vanadio. Se formaron hace 65 millones de años.
  • Chivitas: apodo que recibió una de las personas de confianza de Víctor Carranza y que ahora trabaja para MTC. Le pusieron chivitas porque era el encargado de avisarle al ‘patrón’ cuando llegaba a la mina su esposa. Generalmente ‘don Víctor’ estaba acompañado.
  • Muro de los lamentos de Muzo: pequeño muro en donde la gente iba a pedirle plata o favores a Víctor Carranza. El propio esmeraldero fue el encargado de bautizar ese sitio.
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