| 11/10/2016 12:00:00 AM

Las mejores IPS de Colombia en 2016

En medio de una difícil coyuntura por un creciente problema de flujo de caja, los hospitales y clínicas de mayor reputación siguen apostando por la calidad e inversión como eje del servicio. 

Los hospitales y clínicas en el país no pasan por un buen momento. Aunque han venido expandiéndose progresivamente de la mano del incremento de la cobertura y de la demanda de servicios y algunos han hecho apuestas importantes en materia de acreditaciones e infraestructura, esos esfuerzos chocan con la administración de los recursos correspondientes al giro ordinario de la operación.

De acuerdo con un análisis de la Asociación Colombiana de Clínicas y Hospitales, en una muestra de 146 instituciones, de las 320 afiliadas que tiene, se reportó a junio de este año una cartera de $7,1 billones. 63% de esa cifra corresponde a cartera vencida –por encima de 60 días–. Si se lleva esa cifra a todo el sector, el monto podría superar los $12 billones. 

Según Juan Carlos Giraldo, presidente del gremio, esto demuestra que, si bien la venta de servicios crece, “se viene envejeciendo más rápido en la cartera de las entidades”. En el top de las entidades que más demoran los pagos, de acuerdo con el gremio, figuran las que están más vinculadas con el sector público o porque esa es su naturaleza, o son mixtas o están intervenidas.

Para las clínicas y hospitales es fundamental que fluyan los recursos, porque la mayoría de sus gastos son de corto plazo y recurrentes, como la nómina o el pago de insumos o medicamentos. 

En el país existen cerca de 1.800 hospitales y clínicas, y de ellas casi 52% corresponde al sector público y el restante a instituciones privadas. En total suman unas 80.000 camas hospitalarias; es decir, que Colombia está entre 1,6 y 1,7 camas por cada mil habitantes, por debajo de la media de la región, cuyo indicador por el mismo número de habitantes se ubica en cerca de dos.

Es una situación paradójica: un sector con gran potencial en muchos frentes como innovación, generación de conocimiento, empleo, prestación y exportación de servicios, pero que en el corto plazo depende de la evolución del sistema y del acceso oportuno a los recursos.

Sin embargo, mientras se ajustan las cargas y se analizan los modelos, algunas instituciones –que no son ajenas a los problemas– han venido consolidándose como referentes en la calidad de sus servicios, en nuevos desarrollos y en acreditaciones. 

En este estudio de Merco Salud, en lo referente a IPS –clínicas y hospitales– el ranking se mantiene estable frente al año pasado en los tres primeros lugares: la Fundación Valle de Lili, en Cali; la Fundación Santa Fe de Bogotá y el Hospital Pablo Tobón Uribe, en Medellín, encabezan el listado de 25 instituciones que, a pesar de la coyuntura, han logrado ser reconocidos como ejemplos en el sector como las IPS más reputadas del mercado nacional.

La Fundación Valle de Lili en Cali tiene varios soportes. Por un lado, contar con una tecnología inteligente manejada por un grupo de expertos profesionales que mejora la capacidad de diagnóstico, reduce los riesgos de error, maximiza los efectos curativos, disminuye los costos y optimiza el uso de los recursos. Además, su compromiso los lleva a renovar los equipos constantemente y a actualizar su personal con programas de capacitación permanente. Cuenta con un cuerpo médico de más de 150 especialistas de tiempo completo y dedicación exclusiva.

Por su parte, la Fundación Santa Fe de Bogotá busca enfocarse en el valor que les genera al paciente, a su familia y al pagador de los servicios. “Queremos mejorar la tecnología y el conocimiento que aplicamos para servir mejor y queremos ver eso reflejado en pacientes y familias más satisfechos, con mejores resultados clínicos, mejores indicadores de salud y en un uso responsable de los recursos económicos que invertimos para alcanzar esas dos metas”, dice Juan Pablo Uribe, director general de la Fundación.

Al cierre de esta edición, la Santa Fe ponía en funcionamiento una moderna ampliación de su infraestructura que le permite aumentar la capacidad instalada en 60% en distintos servicios. La inversión asciende a $150.000 millones, alcanzados con créditos del sector financiero colombiano. Además, en el segundo semestre del próximo año entrará a operar un hospital general y de alta complejidad en Cartagena, en medio del desarrollo inmobiliario Serena del Mar. De otro lado, cuenta con acreditaciones nacionales del Icontec e internacionales de la Joint Commission, herramientas de valor agregado. Ya tienen acreditaciones de talla mundial como, por ejemplo, en trasplante hepático, en manejo de tumores peritoneales y en reemplazos articulares.

Pero uno de sus ejes fundamentales, y del que Uribe está muy orgulloso, es la formación de talento humano. “En la fundación se forman cerca de 1.500 profesionales en salud anualmente”, dice el director.

A su vez, el Hospital Pablo Tobón Uribe, en Medellín, es uno de los más icónicos y tradicionales de la región, con más de 46 años de operación. Ha alcanzado la certificación Joint Commission International’s Gold Seal of Approval para la acreditación como centro médico académico. Además, hace unas semanas inauguró su nueva torre hospitalaria. Andrés Aguirre Martínez, director de esta institución, dijo, en la inauguración de la torre, que esta nueva infraestructura tiene 15 pisos, 72.000 m2 y 300 camas adicionales, llegando a casi 670. La inversión alcanzó los $270.000 millones.

Para Giraldo, del gremio de clínicas y hospitales, es importante que en la reforma tributaria algunos impuestos como al tabaco o las bebidas azucaradas tengan destinación específica para salud, en especial para un presupuesto que para el año entrante está desfinanciado. “Pero nuestra reflexión es que, si no se hace un cambio en la estructura del sistema que toque el uso, la tenencia y la destinación de los recursos de salud, más temprano que tarde vamos a estar pasando la ponchera”.

Aunque no son ajenos a la compleja coyuntura del sector y a las dificultades por la estrechez financiera, los hospitales y las clínicas, como lo mencionó el directivo de una de las más importantes instituciones del país, “tendrán que ser capaces de reconocer los dolores del presente, intervenir sobre ellos y así generar un mejor futuro en salud para los colombianos. Y entre esos dolores uno que nos preocupa en particular es que no estamos centrados en darle lo mejor al ciudadano y en competir por mayor calidad, seguridad y efectividad asistenciales, que es lo que la sociedad espera de nosotros como prestadores. Si no cambiamos eso y no empezamos de nuevo a invertir de manera agresiva en ese mejor futuro en salud, no lo vamos a construir”.

Lea también: Sistema de salud estaría “al borde del colapso” por deudas de ciertas EPS

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