Revista Dinero

Nicolás Maduro, presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

| 7/12/2013 3:00:00 PM

En la mala con Venezuela

La economía de Venezuela pasa por su año más crítico y los empresarios colombianos están pagando los platos rotos. Con las relaciones diplomáticas en su punto más bajo, tras la visita de Henrique Capriles a Bogotá, no hay soluciones a la vista.

Venezuela se ha convertido en un fuerte dolor de cabeza para los empresarios colombianos en este año. El frenazo del crecimiento económico en ese país y sus oscuras perspectivas implican menos ventas y mayores atrasos en los pagos para las firmas colombianas. Para rematar, después de la visita de Henrique Capriles a Bogotá –el 29 de mayo– el gobierno venezolano decidió entrabar más el comercio y congelar los procesos que avanzaban para normalizar las relaciones económicas entre los dos países.

El presidente Nicolás Maduro se ha encargado de enviar un mensaje claro a través de sus actos: recibir a Capriles en Bogotá fue una ofensa del gobierno Santos y los empresarios tendrán que pagar las consecuencias. Tras la crisis diplomática entre Caracas y Bogotá, se ha hecho evidente la voluntad de introducir trabas y dificultades a los negocios con Colombia. La demora en la expedición de certificados de no producción para importar productos colombianos, el cierre del suministro de gasolina de Pdvsa en la frontera –desde fines de mayo– y la exigencia de visas a quienes se mueven por carretera, hacen parte de las medidas administrativas que reaparecieron en las últimas semanas.   

En los escasos tres meses que lleva en el poder, Maduro ha realizado 14 visitas oficiales a otros países, pero la normalización de los temas económicos con Colombia no aparece en su agenda por ninguna parte. Una comisión binacional que venía trabajando desde 2012 en un cronograma para agilizar los negocios estuvo a punto de llegar a una declaración conjunta en mayo. Pero ocurrió la visita de Capriles y los delegados venezolanos detuvieron el proceso e, incluso, dejaron de pasar al teléfono. El tema se ha vuelto de alta urgencia para el empresariado. De hecho, el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, dijo a Dinero que una de sus principales preocupaciones hacia el segundo semestre de 2013 es el comercio bilateral. “Me preocupa mucho Venezuela, que en el primer trimestre creció muy poco, apenas 0,7% y también me preocupa el tema de pagos, que ha estado un poco atrasado para los exportadores colombianos. Si uno suma la baja demanda que hay del lado venezolano y las demoras en los pagos, encuentra que este es un mercado que va a jugar menos positivamente para Colombia”, aseguró.

Como se esperaba, en 2013 la economía venezolana atraviesa uno de sus momentos más críticos en la memoria reciente. El crecimiento del PIB –de apenas 0,7% en el primer trimestre–, el desabastecimiento de productos –estimado en 23% por el Banco Central–, la inflación de mayo, de 6,1%, y la escasez de divisas para pagar las deudas por las importaciones son algunos de los problemas. En este escenario adverso, un grupo de empresarios colombianos envió al presidente Santos un documento de diez puntos hace unas semanas, donde describen los problemas que está viviendo la relación comercial con Venezuela y plantean posibles soluciones. La propuesta central pasa por la diplomacia: concertar una reunión con el presidente Nicolás Maduro para zanjar de una vez por todas los problemas y relanzar las relaciones binacionales.

Frío, frío
Sin embargo, el presidente Maduro se ha encargado de hacer evidente que no tiene deseos de hablar con Colombia, por ahora. Una prioridad central en los 80 días que Maduro lleva como presidente ha sido afianzar las relaciones internacionales. Ha realizado visitas oficiales a 14 países de América Latina, el Caribe y Europa. Lleva ya dos visitas a Cuba y otras dos a Nicaragua. Sus giras por Mercosur y Europa le han permitido estrechar lazos de unidad y cooperación con socios y aliados. La más reciente visita fue el sábado 6 de julio a Trinidad y Tobago. Respecto a Colombia, entre tanto, nada de nada. Magdalena Pardo, presidente de la Cámara Colombo-Venezolana, se queja de que casi tres meses después de la llegada de Maduro no ha habido encuentro presidencial con el presidente Santos. “Y eso hace falta, es importante para avanzar en el tema bilateral”, explica.

Sin embargo, no hay interés del lado de Venezuela. Aunque Santos fue uno de los primeros en reconocer el triunfo del ‘heredero de Chávez’ en las elecciones del 14 de abril, la agenda de Maduro ha estado cerrada para un encuentro. No ha valido la empatía que de tiempo atrás se atribuía a la relación entre la canciller María Ángela Holguín y el entonces canciller Nicolás Maduro. Funcionarios del gobierno colombiano señalan que los esfuerzos diplomáticos desplegados para recomponer la relación no han tenido eco porque “una cosa es que uno pida una cita y otra que se la den”. El deterioro en las relaciones se refleja en un endurecimiento de la cartera comercial. Las empresas colombianas se quejan de la demora en el reconocimiento de pago de sus deudas y también de las nuevas trabas que deben enfrentar en las oficinas encargadas de expedir los certificados de no producción, las cuales frenan las importaciones de productos colombianos pues dilatan las solicitudes de divisas oficiales por parte de los importadores.

Algunos empresarios colombianos, ante el ambiente adverso, han decidido establecer sus oficinas de exportación en países vecinos como Ecuador y Perú –con los mayores costos que implican el transporte y distribución– para evitar bloqueos por parte de funcionarios y mandos medios. Otros han apelado a los buenos oficios de personas cercanas al gobierno venezolano para vender sus productos a entidades del Estado, eso sí, conservando un bajísimo perfil.

También están los que han abandonado. Alberto Galofre, presidente de Ciameril, decidió recoger sus inversiones, pues en su opinión “se ha perdido credibilidad en que Venezuela sea un mercado en el cual puedan tener negocios de largo plazo. Este es un mercado de coyuntura, de unas pocas oportunidades”.

Economía en la olla
El difícil momento, sin embargo, no obedece a las tensiones políticas. También pesa el desolador panorama económico de Venezuela. Hay consenso entre los analistas respecto a las difíciles perspectivas. La firma Econométrica asegura que la desaceleración podría continuar hasta 2014. Algunos economistas venezolanos, como Orlando Ochoa, atribuyen el lento crecimiento a la crisis fiscal como consecuencia del excesivo gasto de 2012, cuando la financiación de la campaña política para la reelección del presidente Hugo Chávez, en octubre, exigió la erogación de fuertes sumas de dinero.

The Economist Intelligence Unit estima que el crecimiento de Venezuela caerá de 5,6% en 2012 a 0,2% en 2013, mientras la inflación pasará de 21,1% a 38%. Incluso ha considerado la posibilidad de un golpe de estado si las dificultades económicas se traducen en mayor malestar social. Las calificadoras de riesgos tampoco son optimistas. A mediados de junio, Standard & Poor’s rebajó la calificación de la deuda venezolana de B+ a B, ante la “posibilidad de que un Presidente y una administración políticamente debilitados tomen políticas menos pragmáticas, que aumenten los desequilibrios de la economía y tengan como resultado una mayor inestabilidad”.

El bolívar es una lotería

Ante el desbalance macroeconómico, la escasez de divisas se ha convertido en un drama diario para los empresarios. El gobierno decretó una devaluación el pasado 8 de febrero, acompañada de recortes en las importaciones y otras medidas cambiarias para aliviar las fuertes presiones. La tasa de cambio –controlada por el gobierno desde 2003– pasó de 4,30 a 6,30 bolívares por dólar para las divisas asignadas por la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) a bienes de primera necesidad –alimentos y medicinas–. Esta devaluación, de 46%, provocó una ola especulativa que ha causado el feroz resurgimiento de la inflación. También acabó con el Sitme, un sistema de subastas diarias que permitía la compra de cerca de 20% del total de importados en 2012.

El gobierno creó un nuevo sistema de venta de divisas, denominado Sicad, cuya primera subasta se realizó a mediados de marzo, sin mucho éxito, lo que llevó a una revisión. A partir de febrero, cuando se anunciaron medidas cambiarias, los empresarios volvieron a quedar sin dólares y los pagos de deuda en divisas se acumularon nuevamente. Eduardo Garmendias, presidente de Conindustria, uno de los principales gremios venezolanos, asegura que el desabastecimiento de dólares durante el primer semestre de este año ha generado una acumulación de deudas por importaciones estimada en US$9.000 millones. De esta cifra, cerca de la mitad es la deuda pendiente de pago de la industria.

Como consecuencia de esta escasez de divisas, el dólar paralelo está disparado. Mientras en febrero alcanzaba una cotización de 20 bolívares, en los últimos días ha llegado hasta 32 bolívares. El presidente Maduro reconoció públicamente que hay corrupción y que algunas empresas ‘de maletín’ estarían aprovechándose del control de cambios para sobrefacturar y hacer un gran negocio cambiario con las divisas obtenidas a través de Cadivi, a un precio preferencial de 6,30 que luego revenden en el mercado negro con enormes ganancias.

Los recortes en cupos de importación no han sido afortunados para los colombianos. Tras diagnosticar un uso desbordado de divisas –las importaciones del año pasado alcanzaron los US$60.000 millones–, el gobierno anunció que ‘cerraría la llave’ para las compras al exterior, con un recorte aproximado de 19%. Las medidas discrecionales han afectado particularmente a los colombianos, mientras benefician a las de otros países. Colombia sigue perdiendo participación frente a países como China, Brasil y Argentina. A esto se suma que, por el diferencial cambiario, en la frontera se ha disparado el contrabando, con graves consecuencias para la economía. Magdalena Pardo, reconoce que a su entidad han llegado quejas de compañías que han encontrado en el interior del país marcas y productos que solo comercializan en el mercado venezolano y que entran a precios irrisorios, producto del contrabando.

El Sicad, ¿la solución?
El pasado 2 de julio se conoció la expedición de un nuevo convenio cambiario que busca agilizar la entrega de divisas para la importación de bienes no básicos mediante un mecanismo de subastas denominado Sicad, el cual ha generado expectativa entre los empresarios. Para el presidente de Conindustria, aunque no es una solución definitiva, permitirá aliviar el cuello de botella generado por la falta de provisión de divisas por parte del Banco Central. “Estamos a la expectativa, pero somos optimistas porque la puesta en vigencia del Sicad permite una salida a un mercado bloqueado desde hace varios meses, cuando se cerró el Sitme y dejó sin divisas a las empresas. Muchas tuvieron que reducir su producción por el desabastecimiento de divisas. Ahora, si se incrementan los volúmenes de ventas de dólares, podremos mejorar la producción”, le dijo Garmendias a Dinero.

De acuerdo con el convenio expedido por el gobierno, el Sicad permitirá a empresas y personas naturales comprar dólares de manera legal, a una tasa superior a la que tiene Cadivi, de 6,30 bolívares.

Funcionarios del equipo económico venezolano aseguran que se harán por lo menos dos subastas al mes. Hay una novedad: a través del Sicad los empresarios podrán vender también dólares, a una tasa más atractiva de la que actualmente les paga el gobierno. Esto estimularía la exportación de productos desde Venezuela. Para los colombianos que venden a Venezuela, entonces, no hay mucha esperanza. El deterioro de la economía venezolana continuará y la relación diplomática seguirá en problemas, pues el papel de nuestro país como el malo de la película en el discurso de Maduro se mantendrá.

Habrá que esperar para ver qué pasa en 2014 y más allá, confiar en que las cosas mejoren y que nuestro país pueda dejar de ser el chivo expiatorio cada vez que la jugada le sale mal al gobierno de Caracas.

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