| 6/24/2011 10:05:00 AM

El ángel de la guarda de la Constitución

Con motivo de los 20 años de la Carta Magna, Dinero habló con el ex presidente César Gaviria sobre los aciertos y desatinos de las reformas económicas que introdujo la Constitución del 91.

D — ¿De qué se siente más satisfecho y de qué se arrepiente?

Me siento satisfecho de las cosas que se hicieron en justicia, en derechos, en descentralización en principios económicos. Todas ellas son pasos adelante que han sido tremendamente importantes, como la tutela, la extensa cobertura en salud a los más pobres o la creación de la Corte Constitucional. Han pasado 20 años y distintos gobiernos han usado los mecanismos de estados de excepción, de subsidios directos a la gente, se han superado crisis financieras, crisis de orden público, pero la Constitución ha resistido la mayoría de embates. Obviamente hay fallas, como en todo proceso, pero creo que al final el saldo es positivo.

D — ¿La Constitución se desmadró en gastos?

—Pero el Estado colombiano los pudo asumir. Había que crear, por ejemplo, un aparato de investigación como la Fiscalía, a pesar de los costos que acarrea. Sé que hay gente que le echa la culpa a la Constitución de que haya mucho gasto público, pero yo creo que eso es un tema ideológico que depende de la concepción que cada quien tenga del Estado. Además, yo no veo que se haya quebrantado ningún acuerdo esencial en términos de gasto público.

D — Los escándalos de la salud, ¿son reflejo de que la Ley 100 no funcionó?

— No, eso no es verdad. La Ley 100, cuyo fundamento legal es la Constitución del 91, como el Sisben, como familias en acción, han permitido un aumento impresionante en la cobertura y en la calidad de la salud para los más necesitados, lo que se debe a un mejor sistema. Obviamente hubo fallas, como que se aceptó la integración vertical, algo que nunca se discutió, sin tomar la más mínima previsión. A los gobiernos que me sucedieron les faltó voluntad para decirles a las EPS que no pueden obligar a los ciudadanos a que los atiendan en el hospital que les ordenen, sino en el que la gente quiera, como es su derecho constitucional. Tampoco es culpa de la Ley 100 que no haya una Superintendencia de Salud capaz de resolver los problemas de los ciudadanos con las EPS y de vigilar adecuadamente el sistema, o que nunca se haya definido el POS de una manera totalmente clara. Entonces ha sido la incapacidad de administrar el sistema, no el sistema. Y por eso les ha tocado a los jueces meter la mano en este asunto. Falló la gerencia del Estado, no la ley.

D — ¿No se extralimitó el uso de tutelas?

— No. Las tutelas están allí y funcionan. Gracias a ellas, el país ha avanzado mucho en términos de protección de los derechos fundamentales y derechos sociales. Hoy los ciudadanos se sienten más protegidos gracias a la tutela y a que la Corte Constitucional ha hecho respetar sus derechos.

D — La reciente reforma de estabilidad fiscal, ¿va en contra de la Constitución del 91?

— Esperemos a ver cómo se materializa. No sería deseable que la gente no fuera atendida porque no hay recursos presupuestales inmediatos. No se puede buscar una excusa para eludir las obligaciones del Estado. La estabilidad fiscal es necesaria, lo clave es cómo funciona la nueva norma en la práctica.

D — Frente al desempleo, ¿fracasó la Ley 50 de flexibilización laboral?

— La Ley 50 era necesaria por la globalización y la rotación de trabajos de la gente. Nadie puede decir que por su culpa haya más desempleo en Colombia. Lo que pasa es que el tema de la informalidad hay que atacarlo de una manera mucho más agresiva, como aumentar el acceso de la gente a recursos de capital y mejorar la capacitación de las personas. Fíjese que aquí las tasas de desempleo entre gente calificada son muy bajas, en cambio, son altas entre las personas con escasa preparación. Hasta que no se eduque con calidad a la gente para que tenga capacidades y competencias, no va a bajar significativamente la tasa de desempleo.

D —Hablemos de lo bueno, como la Ley 142 de servicios públicos que es ejemplo en el mundo entero...

— Si no tuviéramos hoy inversión privada en servicios públicos tendríamos unas deficiencias enormes. Haberle dado garantías al sector privado para que pudiera invertir en esta materia fue un gran avance. Nuestro sector eléctrico es hoy en día de talla mundial. Las concesiones viales son el mecanismo amparado en la Constitución para construir carreteras. No obstante, algunas privatizaciones quedaron mal hechas, pero eso no fue culpa de la ley.

D — Otro tema que fue un hit de la Constitución del 91 fue la creación del Banco de la República independiente. ¿Qué balance hace de esto?

— No tendríamos la inflación actual si no tuviéramos un Banco de la Republica independiente. Anteriormente, en el país había compromiso de emisión para determinados sectores que hacía muy difícil controlar la inflación. Este era el impuesto más retroactivo que pesaba sobre la gente de salarios bajos y medios. Afortunadamente eso se acabó con la Constitución y hoy en día tenemos un banco central completamente independiente y que goza de una enorme credibilidad.

D — ¿Hasta qué punto la reelección presidencial amenaza la independencia del banco?

— Nosotros presentamos un proyecto en el gobierno anterior pidiendo que, si hubiera reelección, el presidente reelegido no intervendría en la escogencia de órganos de control. Yo creo que sería conveniente dar ese paso para asegurar la independencia, entre otras cosas, de instancias como la Junta del Banco de la República, cuyos miembros son elegidos por el Presidente de turno.

D — Hoy el Emisor es duramente criticado por no tomar medidas contra la revaluación. ¿Qué opina al respecto?

— Pensar que el Banco de la República pueda responder por la tasa de cambio me parece difícil. Colombia ya ha ensayado los controles de cambio y eso funciona solo por un tiempo, pues tarde o temprano terminan volviendo de una u otra manera esos flujos. Cuando uno ve lo que ha sido la inversión extranjera en estos cuatro meses, se da cuenta de que no se le puede atribuir la culpa al Banco de la República. Si se quiere una tasa de cambio más estable hay que conseguir que se importe más.

D — ¿Cuánto tiempo más nos aguanta esta Constitución?

— Mire, la Constitución es fácil de cambiar. No es intocable. Si se necesitan cambios, se pueden hacer reformas, que es lo que ha venido sucediendo hasta el momento. Así sucedió con las reformas de 2003 sobre nuestro sistema político, a la extradición, a la repartición de recursos para la descentralización.

D — Es cierto que la Corte Constitucional ha jugado un rol muy importante. ¿Pero no se le fue la mano en sentencias como las del Upac?

— Hubo fallos sobre el sistema de Upac que no fueron afortunados. Eso pasa cuando el Estado no ejerce bien sus funciones de supervisión, de control, de regulación y la Corte termina asumiendo problemas que en teoría nunca le debieron haber llegado. Los hogares con deuda hipotecaria no se quebraron de un día para otro: el Estado no los escuchó y no se movió con la diligencia a la que estaba obligado.

D — Si tuviera que plantear hoy una reforma a la Constitución, ¿cuál sería?

— Creo que en control político todavía se puede hacer mucho. Hay instituciones como la moción de censura que no han funcionado como deberían. Los informes que presentan los Ministros y el Presidente cada año deberían ser un gran instrumento para hacer control político, pero hoy no tienen mayor valor. Lo mismo pasa con los debates que hace el Congreso, que son tan desordenados. Hay que mirar una cosa mas ágil como en el sistema parlamentario, en donde los Ministros van a que les hagan preguntas a lo largo de unas horas señaladas previamente.

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