¿Y dónde está el crédito?

| 4/19/2002 12:00:00 AM

¿Y dónde está el crédito?

En momentos en que la disponibilidad de recursos del sistema financiero aumenta, el crédito sigue estancado. ¿Qué está pasando?

De nuevo, el sistema financiero está en el banco de los acusados. Según el Banco de la República, la cartera ajustada apenas creció 7,4% en términos nominales durante los últimos 2 años. Mientras Asobancaria asegura que este escaso dinamismo obedece a la baja demanda de crédito, gobierno y analistas dicen que los bancos --en vez de usar sus excesos de liquidez en dar crédito a las empresas-- optaron por el camino fácil de invertirlos en papeles de renta fija y bajo riesgo, como los títulos del Tesoro Nacional (TES).



En medio del contrapunteo de explicaciones técnicas, las entidades no se han quedado quietas. Durante el último semestre, los créditos hipotecario, de consumo y comercial repuntaron. No obstante, el panorama no es del todo alentador. Aún es demasiado pronto para hablar de una reactivación del crédito y el clima para la inversión luce complicado en el mediano plazo. De momento, una cosa queda clara: lo quieran o no, los bancos tendrán que aprender a funcionar en un contexto adverso, muy diferente al que venían acostumbrados.



La discusión



El argumento de Asobancaria es simple. "Si la economía no crece, nadie se endeudará", dice Patricia Cárdenas, su presidente. Según ella, el bajo dinamismo del crédito refleja la incertidumbre que atraviesa el país. Investigaciones recientes le dan la razón.



A juzgar por los resultados de la encuesta de expectativas del Banco de la República, hecha entre dirigentes y expertos de diversos sectores en enero pasado, el pronóstico sobre el futuro de la economía es reservado: el valor esperado del crecimiento del PIB para el 2002 se redujo trimestralmente durante el pasado año en 0,5 puntos porcentuales, al ubicarse en 2,1%. En los hogares, el pesimismo predomina. La más reciente encuesta de confianza de los consumidores de Fedesarrollo muestra que, para el 72% de los hogares, las condiciones económicas del país son peores que hace un año y el 61% cree que el desempleo aumentará en los próximos 12 meses.



Ante un 2002 poco dinámico, los empresarios también expresan su preocupación. Según un reciente sondeo empresarial de la Andi, más que el contrabando, la situación de orden público o los costos de financiamiento, lo que más desvela a los empresarios sigue siendo la falta de demanda de sus productos, que el 35% de ellos citó como su principal problema.



Así, para Asobancaria, no es extraña la aversión al crédito: Fedesarrollo encontró que de noviembre del 2001 a febrero del 2002, el porcentaje de hogares que se abstuvo de pedir préstamos creció de 74% a 78%.



Pero, para otros, este argumento no es tan lógico. En el No. 200 de Borradores de Economía, de marzo, Carlos Caballero Argáez, codirector del Banco de la República, concluye que el estancamiento de la cartera del sistema financiero obedece a un cambio en la actitud hacia el riesgo de las entidades que, en un intento por prevenir los problemas financieros a raíz del endeudamiento excesivo de hogares y empresas durante los años 90, sustituyeron créditos al sector privado con la inversión en TES. Para Caballero, esto explicaría los cambios en la estructura del balance del sistema financiero durante los últimos 3 años, en que la cartera con el sector privado redujo su participación dentro de los activos en 12 puntos porcentuales, mientras las inversiones en papeles del gobierno aumentaron su participación en 11 puntos.



El Banco de la República corroboró esta tesis en su informe sobre inflación de diciembre del 2001, en el que señala cómo la mayor disponibilidad de ahorro financiero alcanzada ese año, en vez de traducirse en un aumento importante de la cartera, se canalizó hacia la compra de TES.



A esas voces se unen analistas como Juan José Echavarría, director de Fedesarrollo, y Javier Fernández, de Prospectiva Económica, que cuestionan la excesiva aversión al riesgo de los bancos y su poca disposición a colocar créditos nuevos. Para muchos, la inversión en TES es poco costosa para los bancos, pues, dado su bajo riesgo, no necesita cubrimiento.



Para Asobancaria, estas apreciaciones se basan en un análisis incompleto, que no toma en cuenta las implicaciones de algunas políticas estatales sobre la composición de sus inversiones y los indicadores de cartera tradicionales.



El aumento de los TES



En el caso de los TES, Cárdenas opina que "la inversión en estos títulos es más una cuestión de necesidad que de conveniencia". Subraya que los TES no son un buen negocio: mientras los TES a 3 años rentan a una tasa cercana a 6% real, un crédito ordinario renta 11,5% y uno de consumo 22,6%.



Según este gremio, el alto crecimiento de la inversión en TES, más que una estrategia de inversión del sector financiero, es producto de ciertas medidas del gobierno en los últimos 5 años. A partir de la política monetaria con base en TES, la tenencia de estos títulos se hizo obligatoria para todo banco que desee tener acceso a recursos del mercado interbancario. Así mismo, mediante la creación de los market makers en 1996, se les permitió a las entidades adquirir títulos directamente del emisor y colocarlos en el mercado, con lo cual pueden ganar el diferencial. De este modo, un estudio de Asobancaria en julio del 2001, el más actualizado hasta hoy, muestra que el 27% del portafolio de inversiones de renta fija del sistema financiero, cuyo valor total ascendía a $11,7 billones, correspondía a TES de mercado.



Las medidas de choque tomadas en medio de la recesión, como la Ley de Vivienda y las capitalizaciones de Fogafin, también forzaron a los bancos a adquirir títulos de deuda pública. Según el estudio, esto explica el que el 53% del portafolio constara de inversiones forzosas y de saneamiento financiero como títulos de reducción de deuda (TRD), títulos de desarrollo agropecuario (TDA), bonos de capitalización de la banca pública, títulos de Fogafin para la capitalización de la banca privada y títulos de alivio a deudores hipotecarios.



El estado actual del crédito



En medio de la controversia, la cartera del sistema financiero tuvo una leve recuperación en el 2001. A finales de ese año, la cartera bruta del sistema creció a tasas positivas, lo que no sucedía desde junio de 1999. Según la Superbancaria, esta cartera en diciembre creció 0,4%, cifra muy superior a la del mismo mes del 2000 (-7,7%), al ubicarse en $48 billones. Esta recuperación se debió al menor ritmo de contracción de la cartera hipotecaria, que pasó de -20,3% a -5,2% en el 2001, y al repunte de la cartera de consumo, que a diciembre crecía 12% frente al año anterior.



Los desembolsos de cartera a febrero del 2002 también muestran una tendencia positiva. El buen comportamiento de los créditos ordinarios, que aumentaron 61%, y el de la cartera hipotecaria, de consumo y preferencial, que crecieron a tasas cercanas a 35% nominal jalonaron su crecimiento anual (9%). La gran excepción fueron los créditos de tesorería, que decrecieron 14%.



Para Cárdenas, el repunte de estos indicadores obedece a las agresivas estrategias comerciales de las entidades, que agilizaron la solicitud y aprobación de los préstamos, así como a la incursión de grandes participantes en el segmento pyme. Al parecer, el mercado ya está notando los efectos de esta tendencia. Según la más reciente encuesta de expectativas del Banrepública, el 45,7% de los entrevistados percibió la disponibilidad de crédito como alta, la mayor cifra desde abril del 2001.



Las entidades que más recursos desembolsaron durante el último año fueron los bancos Caja Social y Bancolombia, en la cartera de consumo; Bancolombia y Citibank, en la ordinaria; Conavi y Davivienda, en hipotecaria; y Santander y Occidente, en tesorería.



El caso de los créditos de tesorería es interesante. A pesar del descenso del último año, siguen representando más de la mitad de los desembolsos del sistema. En opinión de Gonzalo Toro, vicepresidente de banca empresarial de Bancolombia, esto se explica por la configuración actual del mercado. "Ante las expectativas de menores tasas de interés, las empresas prefieren endeudarse a corto plazo mediante créditos rotativos, esperando el momento propicio para aprovechar un punto mínimo en el que consideren que vale la pena endeudarse a mediano plazo". Al parecer, algunos sacan partido de esta coyuntura. En bancos como Santander, Occidente y ABN Amro, los créditos de tesorería representaron más del 90% de sus desembolsos en el 2001.



A pesar de estos resultados, aún no se puede hablar de una recuperación definitiva en la cartera bancaria. Las cifras de desembolsos, que suelen ser bastante volátiles, aún están lejos del nivel anterior a 1998, cuando empezó la crisis financiera. De hecho, los datos preliminares a marzo de la Asobancaria sugieren un ligero retroceso. Del mismo modo, el crecimiento de la cartera bruta del año pasado, que apenas superó el 0%, lejos de ser satisfactorio, siembra más dudas que respuestas.



Por ahora, lo único cierto es que el crecimiento económico será moderado y, como muestran los sondeos, la incertidumbre de los agentes económicos seguirá pesando en sus elecciones de endeudamiento e inversión. Este contexto implica nuevas reglas de juego para los bancos, que deben adaptar su política de crédito, estrategia, organización e instrumentos de ejecución a los requerimientos de un mercado estático con baja inflación. Algunos ya lo están haciendo. Habrá que ver cuánta ventaja se dejan sacar los demás.



El indicador de cartera ajustada

Un análisis desprevenido de la evolución reciente de la cartera bruta del sistema financiero muestra que, según datos de la Superintendencia Bancaria, esta cayó casi el 10% en 1999. Esta abrupta caída no correspondió en su totalidad a una disminución en la cartera del sistema sino al efecto contable de los castigos de cartera, ventas de cartera a entidades no bancarias, titularizaciones y alivios a deudores hipotecarios realizados en el marco del proceso de saneamiento del sector que se llevó a cabo durante los últimos 3 años. La contabilización de estas medidas implicó retirar de los balances de las entidades cuentas por valor de $13 billones. El retiro de estas cuentas no significa que la cartera que representan haya desaparecido. Esta simplemente pasó a gestionarse en otras entidades, como encargos fiduciarios o a la Central de Inversiones S.A., CISA, o a registrarse en reportes contables no incluidos en los balances generales. Según Asobancaria, cerca del 85% de ese monto corresponde a cartera que sigue siendo gestionada, por lo que se debe tener en cuenta para el análisis del financiamiento total de la economía. Para tal fin, el Banco de la República diseñó el indicador de cartera ajustada, que incorpora la cuantificación de esta distorsión.
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