| 8/1/1995 12:00:00 AM

Y ahora, ¿que hacer con su plata.

La crisis política ha propiciado una incertidumbre sin precedentes en el campo económico. Estrategias para beneficiarse de la situación.

Desde finales del año pasado se ha venido presentando una desaceleración de la actividad económica, inducida por una política monetaria contraccionista. La menor liquidez resultante se ha traducido en una elevación de las tasas de interés y en el inicio de un proceso de menor crecimiento en el gasto privado y público. En otras palabras, venimos de una situación de exceso de gasto (último año del gobierno Gaviria) a una de moderación en ese gasto (primer año del gobierno de Samper). Es como decir que estamos en medio de una resaca después de una buena fiesta.

Aunque la resaca era inevitable (niveles de gasto muy superiores a los niveles de ahorro interno), se ha producido más temprano que tarde por la mano dura de la junta Directiva del Banco de la República, empeñada, por

fin, en cumplir con su mandato constitucional de reducir la inflación. También la resaca se ha acentuado por la falta de capital externo para financiar los altos niveles de gasto, especialmente en lo que respecta a la ejecución de los importantes proyectos de infraestructura que el país está en mora de acometer. La displicencia de este gobierno con la inversión extranjera, su falta de acción y eficiencia para emprender los grandes proyectos de interés público, la incertidumbre en materia de impuestos, la carencia de políticas económicas claras y un empeoramiento de la situación de orden público, todo ello ha contribuido a frenar o postergar negocios e inversiones.

Pero lo que colmó definitivamente la copa fue la crisis de credibilidad política, que empezó prácticamente desde el mismo día en que fue elegido Samper presidente, pero que se acentuó dramáticamente a partir de este agosto, con las confesiones del tesorero de su campaña presidencial sobre vinculación de dineros de narcotráfico y con la renuncia y posterior arresto de Fernando Botero, su ministro de Defensa y director de la campaña. Actualmente hay serias dudas sobre la continuidad de Samper al frente de la Presidencia. Aun cuando no renuncie su autoridad moral está gravemente comprometida y su capacidad de maniobra política se encuentra significativamente deteriorada. Es difícil pensar que pueda sobrevivir políticamente y reponerse de los golpes sufridos.

En estas condiciones de alta incertidumbre política, los primeros en reaccionar fueron los fondos extranjeros, que resolvieron reducir su exposición en el país, ocasionando una caída en el mercado accionario. Otros inversionistas extranjeros y colombianos paralizaron sus decisiones de concretar negocios.

Los proveedores y bancos del exterior endurecieron las condiciones de sus créditos y algunos colombianos nerviosos empezaron, por primera vez en mucho tiempo, a cambiar pesos por dólares para sacar dinero del país. Se produjo, entonces, una devaluación del peso del 10% entre finales de julio y finales de agosto, llegando la tasa de cambio al tope de la banda establecida por el Banco de la República y creándose expectivas de crisis cambiaria.

El interrogante de fondo, el más importante para determinar qué hacer con su dinero, tiene que ver con la evolución futura de la tasa de cambio. No todo el mundo sabe que el Banco de la República sostiene el nivel de la tasa de cambio entre unos límites definidos en una banda cambiaria de intervención en el mercado de divisas. El tope máximo de la banda (tasa de cambio indicativa de venta de divisas) y el tope mínimo (tasa de cambio indicativa de compra) se determinan a partir de una trayectoria preestablecida por la junta del banco para cada año.

Esa trayectoria deseada, la actualmente vigente, es una línea recta entre $837.55 por dólar al iniciarse 1995 y $950.62 por dólar el último día del año. El máximo de la franja viene dada por un valor 7% superior al de la trayectoria deseada (multiplicando por 107) y el mínimo por un 7% inferior (multiplicando por 93). Así las cosas, el máximo en diciembre 31 sería $1.017.16 por dólar y el mínimo $884.08 por dólar.

Bajo la premisa que se mantiene la incertidumbre política durante el resto del año y que los colombianos y extranjeros siguen demandando dólares de manera "irracional", o sea en el peor de los casos, el valor máximo que alcanzaría el dólar en diciembre 31 sería el mismo del tope máximo de la banda cambiaria del Banco de la República, es decir, $1.017.16 por dólar. Dado que el dólar en 1994 cerró en $831.60, la devaluación con este máximo sería de 22.3%. Si la incertidumbre política se despejara totalmente y el dólar llegara a cerrar en el lado mínimo de la banda, la devaluación sería de 6.3%.

La devaluación del 22.3% sería la máxima permitida por el Banco de la República. Más adelante indicaremos el porqué y cómo el banco mantendrá a capa y espada este tope máximo. Por ahora lo interesante de señalar es que una vez que la tasa de cambio alcanza el tope máximo, el banco interviene vendiendo dólares (divisas). Al hacerlo recibe pesos a cambio y recoge circulante. Al recoger circulante hay una contracción monetaria y la falta de liquidez resultante puede, entre otras cosas, presionar al alza las tasas de interés.

Desde hace mucho tiempo no se había presentado una situación como la anteriormente descrita. Durante años anteriores a la actual crisis política, la tasa de cambio había estado bordeando el límite inferior de la banda cambiaria. La presión era hacia la revaluación del peso. El Banco de la República tenía que comprar dólares -demandar dólares- para evitar una indeseada revaluación. Al recibir los dólares entregaba pesos generádose así una expansión monetaria. Durante todo este tiempo anterior a la actual crisis, el sector externo fue expansionista con resultados favorables sobre las tasas de interés y la actividad económica.

A hora bien, ¿por qué la junta del Banco de la República se mantendrá firme en evitar que la tasa de cambio sobrepase el límite superior de la banda cambiaria? Para empezar, el banco dispone de las suficientes reservas internacionales. Al finalizar julio las reservas netas eran $8.600 millones, que representan casi seis meses de importaciones de bienes y servicios. Por otra parte, en una situación de alta incertidumbre los agentes económicos tienden a actuar "irracionalmente" y mal haría el Banco de la República en echarle leña a la hoguera, permitiendo que se vulnere su banda cambiaria y dejando que la tasa de cambio alcance unos niveles anormalmente altos, originados en factores especulativos de corto plazo antes que en factores estructurales de mediano y largo plazo. Solamente un deterioro significativo en los fundamentos macroeconómicos, que actualmente no se vislumbra, le daría la razón a los especuladores. Pero, además, al intervenir el Banco de la República en el mercado vendiendo divisas, está llevando a cabo una política monetaria consistente con la cura de la fiebre especulativa. Este es un punto difícil de entender y que merece explicación. En una situación en la cual todos los agentes económicos demandan dólares, se reduce drásticamente la demanda de pesos. Si la política monetaria es laxa hay más pesos para comprar dólares, y la fuga de capitales y la tasa de cambio pueden alcanzar magnitudes insospechadas.

El único freno posible al fenómeno especulativo, especialmente cuando no hay solución política al problema de desconfianza, es con "escasez de pesos". De todas maneras la economía viene creciendo a tasas superiores al 4% anual y requiere de un mínimo de liquidez para

seguir operando. En una situación monetaria restrictiva las tasas de interés suben y los agentes económicos ven aumentar sus costos financieros. Se empieza a volver menos atractivo mandar plata al exterior, ya sea porque los pesos para operar los negocios en Colombia se vuelven muy costosos, ya sea porque los rendimientos acá empiezan a volverse atractivos nuevamente.

En casos extremos, y si el gobierno mantiene las riendas del control monetario, la alternativa para aquellos agentes económicos que son presa del miedo y de la desconfianza en el futuro del país puede llegar a ser la de cerrar sus negocios en Colombia para comprar dólares. Pero esta alternativa parecería "irracional" en ausencia de expectativas de una verdadera catástrofe política. Lo menos costoso para los agentes económicos es continuar con sus negocios en Colombia para lo cual seguirán demandando pesos. Si ello es así la "corrección" se produce más temprano que tarde, con un ajuste hacia arriba en las tasas de interés. Qué tanto sacrificio en actividad o crecimiento económico dependerá en últimas de la magnitud y duración de la fiebre especulativa (de la "irracionalidad" de los agentes económicos).

De todo lo anterior se desprende que la junta del Banco de la República no tiene otra opción que seguir haciendo lo que viene haciendo. Por un lado, debe recoger circulante y contraer la oferta monetaria para lograr que la tasa de interés actúe como factor de corrección. Nada sería más descabellado en las circunstancias actuales que darle liquidez a la economía, por ejemplo, bajando los encajes. Por otro lado, la junta tiene que frenar las expectativas devaluacionistas manteniéndose firme en la defensa del peso, evitando que la tasa de cambio supere el máximo de la banda cambiaria. Finalmente los agentes económicos se darán cuenta que su especulación no rinde lo suficiente y que el peso no se devaluará en forma acelerada.

En el escenario muy probable de que la junta del Banco de la República se mantendrá firme en la defensa del peso, la devaluación entre septiembre y diciembre no superaría, en el mejor de los casos, 4.5%, lo que implica una rentabilidad baja del dólar en los próximos cuatro meses. En otras palabras, ya pasó la hora de especular con la devaluación del peso. El momento apropiado fue en junio o julio cuando la tasa representativa de mercado estuvo incluso por debajo de la trayectoria deseada de la banda cambiaria. Pero, ¿quién podía prever el desenlace que se presentó durante agosto en la actual crisis política?

La otra razón para pensar que ya no es el momento de la inversión especulativa en dólares corto plazo es el hecho de e un eventual esclarecimiento la situación política puede producir un movimiento hacia la reevaluación del peso, o por lo mes, el retorno hacia un valor consecuente con el ritmo de deluación previo a la crisis de agosto. La verdad es que en un entorno como el que existe, caracterizado por expectativas que pueden cambiar de un momento otro, es previsible una alta volatilidad o vaivenes de corto plazo en la cotización del dólar sin embargo, mientras la cotización del dólar esté en el límite máximo de la banda cambiaría ¡en busque una alta rentabilidad debe esperar momentos de baja y jugar a que nuevos desarroIlos en la crisis política eleven otra vez dicha cotización hasta el máximo de la banda. Pero este o es el juego de un inversionista serio.

Un inversionista serio debe pensar con un criterio de más largo plazo. En este sentido es aro que la aceleración prevista por DINERO para 1996 en el rito de devaluación del peso se annticipó unos meses por la crisis política. Si como resultado de esta crisis el gobierno queda en una situación de prolongada y no resuelta debilidad y en consecuencia, no puede acceder fácilmente a fuentes externas de financiación, y si adicionalmente los acreedores externos le cortan el crédito al sector privado colombiano y la inversión extranjera se ausenta por varios meses consecutivos, entonces no le quedaría otra salida al país que equilibrar su balanza de pagos devaluando más aceleradamente, particularmente en 1996. Solamente así aumentarían los dólares provenientes de exportaciones y se restringirían los egresos por concepto de importaciones.

Como se sabe, en 1995 el éficit en cuenta corriente de la balanza de pagos se aproximará a 4.7% del PIB, equivalente a más de US$3.000 millones. Un déficit similar se tiene estimado para 1996. Es cierto que una parte de tales déficit se financiará con inversión extranjera en proyectos de explotación de hidrocarburos (Cusiana), de carbón y de gas, pero de todas formas se necesita que las demás fuentes de financiamiento externo no contribuyan a desangrar la balanza de pagos.

El escenario de una mayor devaluación durante 1996 dependerá de la política macroeconómica. Es claro que aun si el próximo año se mantiene la incertidumbre política, el gobierno tendrá todavía campo de maniobra para evitar devaluaciones masivas. Pero en estas circunstancias la meta de devaluación de la junta Directiva del Banco de la República para 1996 sería más alta que el 14% de 1995 (la banda cambiaria se establecería con una pendiente más inclinada). ¿Qué tanto más? No parecería por ahora que fuera más que un porcentaje entre 18% y 20%, según sea el desenvolvimiento de la inflación.

Al mismo tiempo, la política monetaria sería todavía más restrictiva de lo anticipado, con consecuencias negativas sobre el consumo privado y el gasto público. Sería un entorno de altas tasas de interés y de descenso en el ritmo de la actividad económica. El crecimiento del PIB de 1996 ya no sería el 4.2% estimado por DINERO hace unos meses, sino que podría aproximarse al 3%. Si bien las actividades exportadoras recibirían un impulso, la demanda interna estaría demasiado restringida como para permitir un crecimiento importante en la industria, el comercio y la construcción. La inversión pública, con excepción de Cusiana, se estancaría y el desempleo tendería a aumentar. El sector financiero sufriría las consecuencias de un deterioro en la calidad de su cartera.

No hay que olvidar que desde finales de 1994 la tendencia es la de una desaceleración de la economía. La crisis política y su secuela devaluacionista agudizaría el ciclo recesivo. Pero, de nuevo, si se despeja el frente político podría presentarse una especie de "euforía" entre los agentes económicos. En este último caso, las expectativas optimistas que se despertarían podrían incluso frenar o amortiguar la fase descendente del ciclo económico. Ello sería más cierto aún si con la solución de la crisis política retornara la confianza de los inversionistas y acreedores externos, y el gobierno recuperara su iniciativa en materia de la promoción y ejecución de los grandes proyectos de infraestructura que necesita el país. Para ello se requeriría, sin embargo, de un gobierno mucho más agresivo, eficiente y organizado que el de Samper en sus mejores momentos antes de la crisis.

todas éstas, ¿qué significa este confuso y contradictorio panorama para el manejo de su dinero? Hay una serie de consideraciones que se debe tener en cuenta:

- La primera es la de ser prudente y no dejarse llevar por olas especulativas. No crea en devaluaciones masivas. Es más, la situación cambiaria se estabilizará en los próximos meses gracias a la intervención del Banco de la República. Tampoco crea en devaluaciones masivas para el año entrante, aun cuando no se despeje del todo la situación política. El Banco de la República tiene cuerda para administrar durante dos años una situación cambiaria difícil.

- Apueste por ahora a que en los próximos meses habrá una salida a la actual crisis política, a menos que esté hasta la coronilla del país y haya tomado la decisión de irse a vivir a algún paraíso extranjero. Tenga en cuenta que la situación está tocando fondo y cuando eso sucede la probabilidad es que haya un desenlace hacia lo positivo. Toda situación es susceptible de empeorar, pero cuando el empeoramiento es grande llega el momento en que se voltea la torta.

- "tenga su portafolio en los activos más líquidos posibles. Acuérdese que en una situación rneuativa la liquidez vale oro. No debe perder de vista que la situación política puede cambiar abruptamente de un momento para otro. Hay que tener la suficiente capacidad de respuesta para ajustar su portafolio a nuevas situaciones y oportunidades.

- Aun en el más negativo (le los entornos hay oportunidades para negocios. Por ejemplo, pueden fácilmente presentarse alternativas para comprar acciones y bienes raíces a precios favorables. Si usted es amante del riesgo, el momento no puede ser más propicio. Pero si usted es un inversionista timorato que aborrece la inseguridad, no se precipite a vender a cualquier precio sus activos.

- Si posee un negocio, no se embarque en nuevas inversiones o expansiones, a menos que tenga una financiación suficiente y a largo plazo. En otras palabras, no corra el riesgo de perjudicar el presente (le su empresa por comprometarse con proyectos futuros.

- No se desanime. Sea lo más agresivo posible en sus políticas comerciales, pues de lo que se trata es de superar a sus competidores en un mercado menos dinámico. Debe enfilar todas las baterías y presupuestos hacia aumentar su participación en el mercado.

D icho lo anterior, la pregunta que queda por responder es precisamente la de dónde poner su dinero. Estas son algunas recomendaciones:

1. Las perspectivas cambiarias del país son menos claras ahora que en el pasado. El dólar, que ha estado en un punto bajo frente a otras monedas fuertes, muestra signos ele empezar a fortalecerse. Por estas consideraciones, y mientras dure la incertidumbre política o la presencia de un gobierno débil e ineficaz mino el de Samper, es razonable invertir en Estados Unidos una parte del portafolio (en certificados de depósito, finca raíz y acciones, basi-camente). Los negocios de exportación serán favorecido.,, en tanto que los de importación sufrirán restricciones.

2. Otra porción de su portafolio debe invertirse en CDTs de tasa flotante DTF o TBS y a corto plazo (incluso a menos (le 90 días). Mientras haya especulación sobre el peso la tendencia de las tasas de interés será la (le aumentar. Pero esté atento a un cambio en las expectativas. En el momento en el cual la situación política empiece a despejarse, las tasas (le interés pueden comenzar a caer, en cuyo caso hay que aprovechar la ocasión para cambiar de tasa flotante a tasa fija.

3. Y atento llay que estar a las posibilidades de inversión en acciones. Estas llevan mas de un .ttig (le disminución o -corrección- y sus precios están actualmente por debajo de los niveles internacionales, y muchas por debajo de su valor patrimonial. Incluso las caídas más recientes se han debido al nerviosismo de los fondos extranjeros ante la crisis política. Si el panorama político mejora es previsible un retorno de los fondos extranjeros. Incluso no parece mala idea invertir desde ya en acciones aprovechando el bajonazo actual. Si usted no es un experto en la materia lo puede hacer fácilmente a través de los fondos de inversión (Suramericana, Crecimiento, Seguros Bolívar, Bolivariano, Colseguros y Patria) o de los fondos de valores (Corredores Asociados, Suvalor, Comisionistas de Colombia, Sarmiento Lozano, Colbolsa y Corredor & Albán). Pero recuerde: la inversión en acciones debe ser realizada con criterio de mediano o largo plazo (a por lo menos seis meses vista).

4. El negocio fácil de finca raíz se terminó, pero eso no significa que se hayan acabado las buenas oportunidades de inversión en esta actividad. Llegó el momento de los profesionales inmobiliarios. Por ejemplo, puede ser buena idea en las actuales condiciones del mercado no jugar a experto e invertir en títulos de inversión inmobiliaria Oikos, escogiendo uno de sus proyectos y aprovechando que próximamente abrirá oficinas en Cali, Medellín y Bucaramanga. Sea como fuere, sea selectivo, asesórese bien y no dudé en mantener un componente de su portafolio en negocios inmobiliarios, pues hay proyectos que han conservado altas rentabilidades. De otra parte, es conveniente tener en cuenta que el momento de iniciar nuevos proyectos es precisamente cuando se ha tocado fondo en el ciclo descendente, lo cual puede suceder en 1996, dependiendo obviamente de la evolución de la crisis política.

5. La adquisición de vehículos de lujo antes de la aprobación de la reforma tributaria, en la cual se ha planteado subirles el IVA, puede ser otra alternativa de inversión interesante a corto plazo.

6. Si logra hacerse a bonos o títulos de deuda externa del gobierno colombiano con un descuento, no lo piense dos veces. Es posible que haya vendedores extranjeros nerviosos debido a la actual crisis política. En épocas normales la deuda externa colombiana ni siquiera se cotiza porque no se encuentran vendedores. Ahora hay oferta.

7. Pase lo que pase con el gobierno de Samper, recuerde que las perspectivas macroeconómicas a largo plazo del país son relativamente halagüeñas y que siempre podrá obtener mejores rendimientos en Colombia que en el exterior. No le crea a escenarios apocalípticos. Mientras se mantenga la independencia de la junta Directiva del Banco de la República, la política macroeconómica será predecible y el gobierno no dará palos de ciego. Por algo en el económetro de DINERO el 90% de los encuestados defiende la independencia de la junta, en contra de lo planteado por Ernesto Samper.
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