| 6/22/2007 12:00:00 AM

Wall Street mira a Colombia

Es tiempo de reducir el crecimiento económico y los desequilibrios fiscales haciendo un mayor ahorro público. Se debería pensar en aumentar los ingresos tributarios.

Hay una sola cosa clara: para Wall Street, 2007 será otro año de prosperidad generalizada. Sin duda hay riesgos como el de una crisis global propiciada por problemas con los fondos de cobertura altamente apalancados, o por algún asunto político inesperado, pero la probabilidad de que eso ocurra parece pequeña. Los factores favorables pesan mucho más que los desfavorables.

En ese entorno, ¿habrá también buenos tiempos en Colombia? Para establecerlo, Dinero, con el auspicio de Citibank y la Universidad de Columbia, entrevistó a un grupo de expertos internacionales en sus oficinas de Manhattan, el lugar desde donde definitivamente se aprecia mejor el panorama financiero global.

Las condiciones mundiales

Estados Unidos ya no es la locomotora del mundo. Sin embargo, el impulso de China y de otros países emergentes y la recuperación de Japón, garantizan el crecimiento mundial. Los estados financieros de las empresas están fuertes, la extraordinaria liquidez mundial ha conservado las tasas de interés relativamente bajas y las primas que se pagan por riesgo se han reducido sustancialmente.

No parece haber muchos problemas en el panorama. Incluso el aumento en las deudas hipotecarias vencidas en Estados Unidos no compromete el futuro de la economía mundial. "Vamos a tener problemas, pero no una crisis. La cartera hipotecaria morosa (la cartera subprime) es apenas un problema", aseguró David Wyss, economista jefe de la calificadora de riesgo Standard and Poor's.

Lo único que podría complicar la situación de los mercados es la volatilidad. Como lo señala Abby Joseph Cohen, socia y jefe de estrategia de inversiones de Goldman Sachs, lo que viene es un regreso de la volatilidad, después de un periodo de gran estabilidad. Para demostrar su punto recuerda que "la varianza del índice Standard & Poor's 500 en los últimos meses ha sido de 5% - 6%. El promedio histórico es de 16%".

De otra parte, el efecto de la liquidez ha sido verdaderamente excepcional. "Es el mayor aumento de liquidez que he visto en toda mi vida", asegura William Rhodes, vicepresidente senior del Citibank y banquero desde 1957. Por eso el costo del dinero se ha reducido dramáticamente. En los 80, las tasas de interés en Estados Unidos estaban cerca de 20%, hoy apenas superan el 5%.

Y cómo quedamos

En este ambiente extraordinariamente favorable, la macroeconomía colombiana parece saludable. "Se ve con mucha fuerza. Hay un gran interés en invertir. Los fundamentos muestran una economía estable", afirma Rafael de la Fuente, economista del banco francés Paribas en Nueva York.

Con todo, el crecimiento es, a la vez, una de las mayores dificultades de la economía nacional, porque exacerba la inflación. "El problema de Colombia es que está creciendo demasiado", explica Carola Sandy, economista directora de Renta Fija para Países Emergentes, de Credit Suisse Securities. Por eso, todos los analistas entrevistados coinciden en que conviene reducir el crecimiento del 7% - 8% actual, a niveles más cercanos a los promedios históricos. Por ello consideran que el Banco de la República hizo lo correcto al tratar de contener la demanda aumentando los encajes. Esta medida restringe el crédito y así reduce el crecimiento de la economía y las presiones inflacionarias.

"Colombia ha crecido demasiado rápido por tres años consecutivos. El reto para el Banco Central es bajar un poco la tasa de crecimiento para hacerlo sostenible", opina Alberto Ramos, economista para América Latina de Goldman Sachs. La mayoría de los entrevistados espera que después de la intervención del Banco, el PIB crezca cerca de 5,5% - 5,6% en el año.

Para ellos, el problema de mayor calado sigue siendo fiscal. "Hay un déficit estructural. Es natural que haya problemas por las transferencias, por la guerra y las pensiones, pero lo malo es que no se arreglen en los buenos tiempos. La sostenibilidad fiscal es el talón de Aquiles", afirma la caleña Marjorie Hernández, economista del HSBC. Con ella coincide Alberto Ramos. "El avance en el frente fiscal es descorazonadoramente lento. El déficit de 4% del PIB es muy alto cuando la economía crece tanto. Si algo pasa en el mundo, habrá una fuerte presión fiscal", sostiene.

Lo que es claro para todos es que se está desaprovechando el momento de ahorrar. Si no es fácil recortar en inversión, pensiones o seguridad, Ramos piensa que puede ser el momento para aumentar los ingresos.

Carola Sandy concuerda en la necesidad de aumentar los recaudos, pero ofrece más fórmulas. "Se puede controlar la inflación sin aumentar las tasas de interés, quitando los estímulos fiscales. Además se puede posponer algo del gasto", opina. Con todo, la respuesta de la administración Uribe ha sido bastante negativa a propuestas de este estilo.

Les parece bien lo que hace Hacienda, que concuerda con la recomendación de Rhodes a los países: en un escenario de liquidez deben reducir su endeudamiento, extender en el tiempo su repago y refinanciarlo a tasas de interés más bajas.

El recorte en la ayuda militar estadounidense a Colombia no preocupa a nadie. La reducción de US$150 millones en el total de US$600 millones que recibe en la actualidad no es significativo. El problema de la parapolítica tampoco les importa. "Hay una catarsis nacional. No es un asunto bonito, pero no es tan importante", dice Alberto Ramos. El frente comercial no los desvela. Consideran que el déficit comercial se reducirá con la desaceleración de la economía, sin necesidad de una política activa.

El dólar

Otro problema, quizás más vistoso, es el de la apreciación del peso. Sobre este aumento hay visiones divergentes. De un lado están quienes piensan que es un asunto doloroso pero inevitable.

Alberto Ramos opina que esto afectará naturalmente a los exportadores. Algunos sectores como los textiles y el calzado sufrirán más, pero afirma que con apreciación o sin ella, de todas maneras tendrían problemas porque no son competitivos. Les recomienda a los exportadores cubrirse contra la caída del precio del dólar con operaciones a futuro. "Especular en monedas no es su negocio. No son casas financieras, se tienen que cubrir", dice. También destaca que estos empresarios deberían aprovechar la época de apreciación para importar equipos baratos. No es partidario de intervenciones. Sostiene que un peso débil aumenta la inflación y las tasas de interés y por esa vía también afecta a los exportadores. Advierte que los subsidios no son una buena herramienta. "La economía crece al 8%, por eso necesita desacelerarse. Para que esto ocurra, algunos sectores deben parar y bajará el empleo. Eso es lo que tiene que pasar. ¿Por qué favorecer a los exportadores sobre los otros sectores?", se pregunta.

Del otro lado, en una posición opuesta, se encuentra el economista caleño José Antonio Ocampo, director del departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, también en Nueva York. Es partidario de una intervención fuerte del Banco de la República. "Los países en desarrollo tienen una asimetría básica. Tienen exceso de capital en los periodos de auge y nadie les presta en las crisis. El régimen cambiario debería tener un piso y flotar hacia arriba", propone.

Su receta es la de anunciar una 'devaluación piso', que el Banco debería estar dispuesto a defender. "Esto implica incluso sacar capitales", explica. Por ahora considera que falta un compromiso más claro para limitar la entrada de capitales, y está de acuerdo en que es equivocado resolver el problema con subsidios a sectores individuales.

Marjorie Hernández destaca que Colombia no es tan abierta a la inversión especulativa porque hay que pagar impuestos altos, y no hay una curva de swaps desarrollada y líquida. "En Colombia invertir US$15 millones no vale la pena. Es demasiado el trabajo", dice. Además, intervenir contra el mercado le parece imposible. "Decir que se va a hacer una intervención masiva es contraproducente, porque confirma la intuición del mercado y hace que las intervenciones sean cada vez menos sostenibles. Ciertos juegos se vuelven muy simples. Cuando el Banco de la República sale, se le van encima", dice.

Otros más, como Rafael de la Fuente, opinan que para contener la revaluación hay que hacer un mayor esfuerzo fiscal. "Las ganancias fiscales son cíclicas, y se debe hacer un ahorro especial en las épocas buenas. Eso es lo que falta", señala.

Por lo pronto, el peso es una de las monedas más volátiles de la región y la preocupación se centra en que la revaluación se revierta muy rápido, un riesgo difícil de cuantificar.

En resumen, los economistas de Nueva York ven que es el momento de desacelerar el crecimiento y de mejorar las cuentas del fisco. Ahora solo falta ver si habrá oídos en la Calle Séptima para los consejos de la Calle Wall.
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