| 6/23/2006 12:00:00 AM

Vida tras la crisis

Cómo algunos inversionistas se sobreponen a la crisis del mercado bursátil. Historias urbanas.

Saben dónde ocurrió con exactitud. Hay corredores de bolsa que cuentan con detalles el entorno aterrador que circundó su decisión de quitarse la vida y la cantidad precisa de dinero que había perdido. Lo curioso es que nadie conoce su nombre, y la forma en que ocurrió varía dependiendo de quién refiera el hecho. Sin embargo, la mayoría podría jurar que el dramático suicidio de un corredor de valores independiente acosado por las pérdidas, sucedió en Medellín a principios de mayo.

Esa historia no tiene ninguna confirmación, pero como esa, los jugadores del mercado de acciones que son maestros en inventar y difundir rumores, se encargaron de fabricar otras dos de muertes por suicidio, y la fuga del país de un corredor de bolsa que dejó tras de sí unas posiciones perdedoras enormes. Esas tal vez serán leyendas urbanas que perdurarán alrededor de uno de los desastres financieros más vistosos de los últimos años, la caída de 46% de la bolsa de valores de Colombia entre el 27 de enero y el 13 de junio.

Por supuesto, hay historias reales, quizás menos extremas, pero igualmente dolorosas. "Le recomendé a mi papá que pusiera sus ahorros en acciones. Ahora me llama todos los días desde Cali a preguntarme qué creo que debería hacer. No sé qué decirle", afirma con una angustia mal disimulada María Camila López, una profesional dedicada a las relaciones públicas.

Francisco Ayala*, a sus 45 años, vivía de sus acciones. Vendió su carro y su apartamento hace tres años, con lo que consiguió $300 millones que invirtió en la bolsa. "En enero tenía $3.000 millones y hoy le quedan $8 millones", dice un corredor que conoció el caso de primera mano.

Pero no solo perdieron su dinero los ahorradores ocasionales. Muchos inversionistas profesionales se pillaron los dedos en la caída estrepitosa. "Esta vaina era de verlo y cogerse la cabeza", dice todavía alterado Alfredo Cortés*, un corredor de bolsa, sobre el lunes 12 de junio, uno de los peores días de la crisis cuando el índice de la Bolsa cayó más de 10%. "Inicialmente se esperaba una simple caída por el proceso electoral, de pronto entre el 10% y el 15%. Yo había liquidado mis inversiones, pero cuando cayó 15% volví a cargarme de acciones porque pensé que ya estaban a niveles de precios buenos", relata. "Pero después vino una subida del dólar más allá de lo que esperábamos. Un día estuvo quieto, otro subió $0,40 y al día siguiente $45. Hasta abril, el dólar para nosotros había sido casi una constante en nuestros cálculos; no se movía".

"Ahí llegó el tierrero maluco. Las acciones cayeron y los que compraron con crédito, se reventaron", sigue. Cortés se salta un elemento crucial en su análisis. El 17 de abril se anunció el aumento sorpresivo de 0,6% del índice de inflación en Estados Unidos. Esa noticia disparó un aumento de tasas de interés en Estados Unidos, Europa y Asia, y los inversionistas se llevaron el dinero de los mercados emergentes, lo cual propició la caída de los precios en las bolsas de esas economías.

Muchos corredores le achacan la caída tan drástica de los precios de las acciones a la venta de personas desesperadas que no tenían con qué cubrir los préstamos con los que compraron esos títulos. Esa historia, a diferencia de la de los suicidios, tiene algo más de fundamento, pero muchas veces se pinta como si hubiera significado la ruina total de los inversionistas, lo que no siempre fue cierto.



En recuperación

Fernando Gómez vio evaporar el 70% del valor de su portafolio en 30 días cuando el mercado jugó en su contra. Antes de la crisis tenía un endeudamiento de 50%, es decir, por cada peso en acciones, tenía $0,50 en lo que los financieros llaman repos, que son préstamos respaldados en parte por las mismas acciones que iba adquiriendo. El porcentaje no era demasiado alto para los estándares del mercado en ese momento. Sin embargo, cuando el precio de las acciones bajó, se redujo el valor de la garantía y quedó endeudado por el 100% de su valor. Pero se ha podido rehacer. Desde la primera quincena de junio transa varias veces en el día. Compra cuando percibe que el precio toca un piso temporal y vende cuando piensa que llegó a su techo de la jornada y, de hecho, así hace una utilidad incluso cuando el índice general de la bolsa baja. "Es un buen mercado", asegura, mientras mira de reojo las cotizaciones para no perder alguna oportunidad de alzas. "La crisis nos dañó el Mundial. La idea era no venir estos días, pero con esta volatilidad, aquí estamos", dice entre serio y divertido.

Y es que hay muchas historias diferentes, que no dependen solo del tamaño de las pérdidas, sino de las expectativas del inversor. Frente a cuatro pantallas gigantes del centro de inversionistas de la Bolsa de Colombia, Giovanni Rojas apenas parpadea. Es un inversionista profesional que transa todos los días. Está muy tranquilo, porque se define como un inversionista de mediano y largo plazo y pudo esperar sin vender sus acciones en la época de bajas. Su estrategia para el resto del trimestre seguirá siendo comprar en empresas del sector real con balances sólidos y que tengan posibilidades de dar utilidades este año. No compra bancos. "El sector financiero se va a dar duro, aunque tiene un gran colchón en las utilidades del primer trimestre", señala. La Asobancaria calculó que los establecimientos de crédito dejarían de ganar cerca de $650.000 millones por efecto de la baja en la rentabilidad de las inversiones que manejaban.

Así, con ese criterio en mente, Rojas invierte sin detenerse. "Sin miedo. Siempre siendo responsable con el manejo del capital", concluye, y regresa a su asiento donde lo esperan su calculadora y una hoja llena de cifras, tal vez de precios de las acciones que componen su portafolio y que sigue con un interés apasionado.

Rojas está de suerte ese día. El miércoles 14 fue una de las primeras sesiones en las que la aporreada Bolsa mostraba de nuevo signos de resucitar. "Mire, le acaban de pegar para arriba", dice uno de los inversionistas que van todos los días a la Bolsa, con la misma emoción con la que en otra oficina dos pisos arriba celebraban un pase de la selección española que casi acaba en gol contra Ucrania.

Pero no es que las pérdidas entre los más expertos no duelan, sino que se explican. "Uno entiende que son las reglas del mercado. A veces uno gana, a veces uno pierde", dice Pedro Antonio López. Y aunque pueda parecer, su comentario no es resignado. Opera en bolsa todos los días desde enero y aunque no esperaba pérdidas tan grandes, no se lamenta sino que sigue en el juego con el interés del primer día. Al igual que Cortés, vendió a tiempo su portafolio al inicio de la primera caída de los precios, pero volvió a comprar cuando creyó que la baja se había detenido y se fue con el desplome vertical de los precios. Ahora trata de rehacerse de sus pérdidas, que de todas maneras fueron mucho menores que las de las personas que no siguieron una estrategia como la suya. Pero además se siente cómodo en la turbulencia. "La volatilidad da las oportunidades", dice y todos los profesores de finanzas del mundo estarían de acuerdo con él. Por eso, sigue las pantallas y mantiene su celular cerca para dar alguna orden de compra o venta, como el surfista que espera con una mezcla de paciencia y tensión la llegada de la ola perfecta.

Los nuevos aires

Ahora parece que los tiempos de desastre pasaron. Para todos está claro que podría haber más réplicas del terremoto y que los que optaron por quedarse en el juego de acciones, están dispuestos a seguir a bordo de un vuelo movido, en el que incluso no hay garantía de llegar a salvo al destino final. Pero indiscutiblemente los cielos parecen más despejados.

Para Marcela Giraldo, analista de acciones de la firma de corretaje Correval, las acciones colombianas están baratas frente a las de América Latina. "Tarde o temprano, algún fondo de inversión o incluso los mismos colombianos que pusieron su plata en dólares en febrero, descubrirán que son un buen negocio", dice.

Aunque muchos de los 27.000 inversionistas personas naturales que había en acciones no lo puedan creer, ya hay gente dispuesta a entrar. Es el caso de la politóloga recién egresada Jennifer Franco. "Es un mercado cíclico que si está mal hoy, un mes después se puede recuperar", explica convencida. Lleva una semana siguiendo el mercado en tiempo real y comienza a urdir su estrategia para entrar con dinero después. "Es un juego chévere en el que se tiene que estar actualizado", dice. "Hay que entender cosas que pasan en el exterior y cómo influyen en los precios de las acciones".

El balance no es bueno, aunque no tan malo como el de la crisis del Upac, en la que 800.000 familias deudoras recibieron directamente los golpes de un aumento en las tasas de desempleo y de interés casi de un día para otro. Pero con el episodio de abril y mayo, Colombia se ganó el dudoso honor de tener la bolsa más volátil del mundo con lo que será más difícil moverse allí.

Así, con todo esto van quedando dos cosas claras: ni el mercado es tan seguro, ni tantos los muertos.
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