| 5/21/1999 12:00:00 AM

Una salida para la banca

Por fin, el gobierno sacó un salvavidas para las entidades financieras.Ahora, la pregunta es cuántas y cuáles harán uso de él.

Seis meses después de la declaratoria de una emergencia económica para controlar la crisis financiera, el Fondo de Garantías de Instituciones Financieras (Fogafin) ha diseñado el plan de acción para atacar el corazón del problema: el exceso de activos improductivos en los balances de las entidades financieras y la deficiente capitalización de éstas. El mecanismo que se va a utilizar es una línea de crédito a la cual tendrán acceso todas las entidades que lo soliciten y cumplan los requisitos. Fogafin calcula que sus recursos van a financiar cerca del 70% del monto necesario para la capitalización de nuestro sistema financiero.



Esta es la última línea de defensa para evitar los peores efectos de la crisis financiera. Si el plan funciona, se frenará el deterioro patrimonial del sector, la oferta de crédito volverá gradualmente a la normalidad (aunque algunas entidades desaparezcan, el sistema seguirá cumpliendo su misión) y será posible atender la demanda de crédito que vendrá cuando la economía se recupere. Si no funciona, los peores efectos de la crisis financiera se harán realidad y la recuperación de la economía se quedará entre el tintero.





La línea

Si bien los detalles de la línea de crédito pueden resultar complicados, la idea central es sencilla. Muchas entidades financieras llevan una carga de activos improductivos superior a la que pueden soportar. Lo mejor que podrían hacer las entidades es salir de esos activos improductivos, pero no les queda fácil. Una buena proporción de ellos todavía figura como activos productivos en el balance, pues si fueran registrados a su valor real, habría que asumir una pérdida. En muchos casos, el patrimonio quedaría tan pequeño que las entidades incumplirían las normas de solvencia de la Superintendencia Bancaria. Y habría que intervenirlas.



Aquí entra Fogafin. El propósito de la línea de crédito es prestar a las entidades una porción de la plata que les falta para poder recapitalizarse, cuando reconozcan el valor real de los activos improductivos. El mecanismo escogido consiste en dividir a cada entidad en un "banco bueno" y un "banco malo". El banco malo se convierte en un patrimonio autónomo, administrado por una fiducia, en el que se concentran todos los activos improductivos. La única misión de la fiducia es liquidarlos en el mercado. El banco bueno se queda con los activos productivos, se capitaliza con recursos de los accionistas y de Fogafin, y vuelve a tener una actividad normal. Fogafin ha estimado el costo de saneamiento del sector financiero en $7,4 billones, de los cuales $3,8 billones irían a los bancos del sector privado, $3,3 billones al oficial y $300.000 millones al cooperativo. En los bancos privados, la capitalización se hará en un 60% con recursos de Fogafin y en un 40% con recursos propios de los accionistas. En las CAV, la participación de Fogafin es mayor. Las provisiones sobre activos improductivos que exige la ley a las CAV son menores que en los bancos, de modo que la pérdida que reconocerán es proporcionalmente mayor. Además, tienen una relación de solvencia más baja que la de los bancos. Por estos motivos, sus necesidades de capital son proporcionalmente mayores que las de los bancos.



En el plan, los accionistas de las entidades tienen que aportar el capital que se necesita para llevar a cero la relación de solvencia, una vez que han reconocido los activos improductivos. Fogafin les prestará lo que se necesite para llevar la relación de solvencia desde 0 hasta 10%, que es la proporción necesaria para funcionar normalmente.



Quiénes van a jugar

Fogafin apoyará sólo a quienes cumplan unos requisitos estrictos para el acceso. El Fondo prestará $2 billones al DTF + 2. La idea es que sean usados por quienes los necesitan y no por bancos sanos que quieran hacerse a recursos baratos. Las condiciones son exigentes y difíciles de tragar para los administradores de cualquier entidad.



La primera condición es sincerarse: quienes aspiren a un crédito tienen que aclararle a Fogafin el verdadero monto de sus activos improductivos, es decir, tienen que reconocer que su banco no era tan bueno como habían dicho hasta ahora.



La segunda condición es aceptar una auditoría exhaustiva, realizada por entidades especializadas, en la cual se someten a una prueba ácida toda la cartera y los activos. La experiencia internacional enseña que hay que esperar grandes montos de cartera mal clasificada y que es indispensable que un agente externo examine rigurosamente los libros.

Jorge Castellanos, director de Fogafin, estableció la línea de crédito para las entidades financieras.



Como tercer requisito, los accionistas tienen que entregar en garantía el 78% de los derechos políticos de la entidad sana, lo que significa que perderían el control si no pagan. Por cada peso que reciban, deberán entregar $1,33 en acciones como garantía.



El cuarto requisito es el establecimiento de una oficina de control interno en la entidad, que hará seguimiento a un convenio de desempeño pactado con Fogafin. El convenio busca garantizar la solidez de la entidad, asegurar que los recursos se destinen a reestructuraciones y nuevos créditos, que no se otorguen créditos a vinculados y que los dividendos se usen para pagar a Fondo.



Se estima que 5 ó 6 bancos, los que actualmente están discutiendo provisiones sobre sus balances de diciembre, buscarán el acceso a la línea de crédito en el muy corto plazo. Respecto a los bancos grandes, pocos esperan que acudan a estas líneas de financiamiento, aunque no se descarta esta posibilidad.



El desenlace



La línea de crédito parece bien pensada en sus elementos fundamentales y ofrece una propuesta concreta tras seis meses de incertidumbre. Este hecho debe ser bienvenido. No había manera ya de gastar más tiempo en el diseño de opciones.



De todas formas, el esquema suscita interrogantes. El mayor de todos es qué va a ocurrir con los bancos públicos. El Gobierno debe asumir el problema de los bancos oficiales. Pero no se ha aclarado de dónde va a salir el espacio fiscal para acomodar el costo que esto implica, que según el propio Fogafin es de $3,3 billones.



¿Son suficientes los recursos de la línea? El Fondo cree que se necesitan $7,4 billones para recuperar la solvencia del sistema. Dinero estima (ver edición 82) que en este momento la suma se acerca a $9,5 billones. No hace falta profundizar en esa discusión, pero hay que tener en cuenta que el debate está abierto.



Los recursos podrían resultar insuficientes también por causa de un exceso de demanda. La tasa de interés de DTF + 2 es atractiva ahora, pero se volvería irresistible si la tendencia a la baja de las tasas se revirtiera en el futuro. El sistema podría embotellarse y habría que conseguir recursos nuevos, provenientes de un crédito externo.



Por último, el gobierno no debe perder de vista que habrá bancos que no entrarán en la línea de crédito, porque están sanos después de castigar los activos improductivos y mantienen un nivel de solvencia superior al 10%. Ellos quedan marginados de esta solución y seguirán pidiendo fórmulas que se adapten a su caso, como la capitalización de deudas y la flexibilización de las normas sobre provisiones.



El plan tiene varias implicaciones para los negocios. Los bienes recibidos en pago comenzarán a crecer porque, al contrario de lo que ocurre ahora, a las entidades les resultará conveniente recibirlos (mayores activos improductivos representan mayor crédito de Fogafin). El aumento del stock de estos bienes genera una gran oportunidad para el surgimiento de las sociedades colectoras de activos. Es probable que capitales privados nacionales y extranjeros se le midan a crear entidades de este tipo.



Finalmente, el "sinceramiento" de los balances tendrá también consecuencias para el sector real. Una de las más importantes es que los bancos que venían haciendo refinanciaciones a empresas inviables tan sólo para evitar castigar los balances, dejarán de hacerlo. En muchos casos, eso representará el cierre del acceso al crédito de esas empresas y su probable quiebra. El gobierno debe prepararse para manejar este problema, que podría adquirir grandes dimensiones. Independientemente de la forma como lo haga, no tendría justificación mostrarse sorprendido cuando esto ocurra.



"Necesitan plata nueva y gente nueva"

Steve Weinsbroad, experto internacional en crisis financieras, habló con Dinero sobre lo que la experiencia mundial puede enseñarle a Colombia para superar el mal momento del sistema bancario.



¿Qué opina del esquema de recuperación financiera que se acaba de aprobar en Colombia?



Pienso que el esquema está bien diseñado, pero me preocupan dos puntos. Primero, muchos bancos no van a querer meterse en el juego. De éstos, algunos son viables y podrán sobrevivir, pero otros no. Entonces, ¿qué podría pasar si alguno de los que no jugó llega a fallar? ¿Cómo podría controlarse eso?



Segundo, no veo muy clara la manera en que se le va a dar liquidez al esquema, pues no es evidente que esté entrando plata nueva. Esto es algo fundamental. Cuando se invierte en recuperar al sector financiero, es muy importante que el resultado final sea un sector verdaderamente renovado, sin las mañas de pasado. Para esto se requieren recursos nuevos y gente nueva. El esquema de una élite que le presta únicamente a miembros de esa misma élite tiene que desaparecer. El ejemplo es Chile, donde los recursos nuevos que lograron atraer tras la crisis de los 80 fueron usados para el desarrollo del sector exportador.



¿Usted ve una relación estrecha entre la política y las crisis financieras?



Así es. Yo creo que siempre hay formas para obtener recursos y volver a mover una economía. Pero los políticos creen que la solución tiene que dejar a todo el mundo en el mismo lugar en que estaba. Un aspecto interesante del caso chileno es que cuando se presentó la salida a la crisis financiera, parecía que los mismos ricos de siempre iban a recibir los beneficios. Pero se las ingeniaron para que eso no fuera así y, sin llamar mucho la atención, el dinero se usó para financiar sectores nuevos.



¿Cómo es posible resolver ese conflicto entre política y manejo económico?




Hay que generar un sistema en el cual la política, los negocios y las finanzas mantengan una relación distante y vigilante. Si Estados Unidos está triunfando no es porque sus ciudadanos sean más inteligentes o mejor capacitados, sino porque hay un sistema político que pondrá el grito en el cielo cuando se cometa un abuso. Cualquier político es capaz de arruinar un país, pero cuando el sistema político estimula la protesta inteligente, nadie puede ir demasiado lejos con el abuso del poder.



Ese sistema político existe porque es un país muy grande, donde nadie puede aspirar a controlar. Lo mejor que pueden hacer los países pequeños para lograr el mismo efecto es buscar la integración y la apertura internacional. El Nafta ha ejercido ese efecto sobre la vida política de México, por ejemplo.



Imagine que no estamos en 1999, sino en el 2001. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo podemos evaluar el esquema que adoptamos?



No sé lo suficiente acerca de Colombia como para decir qué tienen que hacer, pero les diré lo que pienso. Tuvieron una crisis hace 14 años y ahora tienen otra. Posiblemente, hoy tienen los mismos jugadores de antes y el mismo estilo estructural de banca. Tienen que hacer algo al respecto. Creo que el país tiene los medios para encontrar nuevos clientes, pero no sé si pueden hacer lo que hay que hacer, o si quieren lograrlo, o qué tan difícil sería. Lo único que puedo decir es que estoy convencido de que ése es el camino.
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