| 10/8/1999 12:00:00 AM

Un camino difícil

Las reestructuraciones de deuda de las empresas con las entidades financieras están en el orden del día. Pero el camino tiene muchas espinas.

Los bancos le están jalando a la refinanciación de pasivos con más agilidad de lo que muchos esperaban. Pero esa actitud no obedece simplemente a un acto de buena voluntad. Por lo menos el 20% de las 5.000 empresas más grandes del país está pasando por graves problemas de deuda y, de ellas, 500 incrementaron su pasivo financiero en 150% entre 1997 y 1998, según cifras de la Superintendencia de Sociedades.



Eso no es todo. No atender la cartera que empieza a tener problemas de mora le significaría al sistema una reducción en sus utilidades de por lo menos $100.000 millones en el trimestre que arrancó. Esa cifra representa la quinta parte de las pérdidas acumuladas por los bancos privados hasta agosto.



Sin embargo, detrás de esos ágiles arreglos se podrían estar acumulando una serie de fallas e incoherencias que tarde o temprano volverán a hacer crisis.



El primer vacío que podrían tener esas normalizaciones de crédito es la falta de piso jurídico para los acuerdos preconcursales. La decisión de echar atrás el decreto que reglamentaba los acuerdos, para presentar una Ley ante el Congreso, hace que el proceso se concentre en la normalización de los pasivos financieros de manera directa con el banco, en vez de mirar el problema de manera integral.



Por los vacíos legales, las empresas en dificultades no están reestructurando todos los puntos críticos de sus pasivos. Es decir, no llegan a acuerdos con proveedores, trabajadores y la DIAN, además de las entidades financieras que son solo una parte del problema. Esto indica que los procesos se están quedando en la mitad del camino.



Si a esto se agrega el estricto contenido de la circular 039 de la Superintendencia Bancaria, en materia de plazos y calificación de cartera, se podría correr el riesgo de presionar la realización de acuerdos con reestructuraciones poco efectivas. La posibilidad de tener que golpear los resultados de sus balances con más provisiones no es la mejor para los bancos en estos momentos de crisis.



Los resultados se verían en el mediano plazo cuando, a pesar de la reducción del capital y el mejoramiento de tasas-plazos, las mismas empresas tendrían que volver a la sala de urgencias a hablar de deudas, simplemente porque las reestructuraciones se están dando de manera incompleta.



Por lo pronto, las reestructuraciones con los bancos sí han tenido un efecto positivo en las tasas y los plazos para la cartera comercial. De créditos a 3 años y tasa DTF + 10 se ha dado paso a una generación de cartera comercial a 5 y más años con tasas DTF + 3. Esto, sin duda, ha representado un enorme alivio en el flujo de caja de las organizaciones, pero aún falta un camino largo por recorrer para encontrar un modelo que no solo alivie los flujos de ingresos, sino que viabilice los negocios.



Entre octubre y noviembre de este año se realizarán 40 audiencias para buscar acuerdos en concordatos.



Necesidad de resultados



Sin excepción, todas las entidades financieras que han refinanciado acreencias, tienen entre sus objetivos prioritarios la reducción del capital adeudado y la negativa a entregar recursos frescos.



¿Razones? El banco busca mejorar la calidad de su cartera; buena parte de las deudas con problemas no sería recuperable si no se redujera el saldo; es preferible reestructurar antes de que la deuda entre en mora y tenga que ser castigada; y, en algunos casos, hay necesidad de reducir la exposición al riesgo que implica tener plata prestada en un sector con problemas.



Otro motivo que estaría impulsando la realización de reestructuraciones rápidas es la primera gran revisión general de cartera (incluida la calificada con A), ordenada por la Superbancaria para noviembre. A finales de ese mes, los bancos deben examinar con lupa todos los créditos a su cargo, incluidos aquellos calificados en A.



Los resultados de ese examen serán cargados al balance de diciembre, que es uno de los más importantes para todas las entidades financieras porque muestra a sus accionistas y a la opinión pública los resultados de su ejercicio durante el año.



De tal forma que si se encuentran créditos en A que deben ser reclasificados como cartera vencida, el efecto de provisiones se reflejará en el último trimestre del año, algo fatal para cualquier banquero interesado en demostrar eficiencia en su actividad administrativa.







Entre líneas



Pero los bancos también han iniciado una carrera contra el concordato. Lo que está ocurriendo ahora es que se están evaluando y reestructurando rápidamente los créditos calificados con B, que tienen entre 1 y 3 meses de vencimiento. El objetivo es evitar que se inicien procesos concursales por el incumplimiento de pagos.



El primer efecto de un concordato es calificar toda la cartera de la empresa afectada en categoría E, lo que exige el 100% de provisiones sobre el valor de la deuda. También de manera preventiva, se examina la cartera A que tiene altas probabilidades de entrar en dificultades.



El lema es ganarle al concordato a pesar de que la misma Supersociedades ha agilizado bastante este tipo de procesos concursales. En octubre y noviembre se realizarán en promedio 40 audiencias para buscar acuerdos dentro de un número igual de concordatos. Sin embargo, la multiplicidad de bancos involucrados, la variedad de garantías y los efectos jurídicos no facilitan la tarea. Además, devolver una cartera de la categoría E a la B se tomaría al menos un semestre completo.



Vistazo a la banca



En esas condiciones, la reestructuración resulta ser la salida ideal, sobre todo si está avalada por el Gobierno y cuenta con el entusiasmo de los empresarios. Un análisis de la cartera vencida de los bancos permite intuir cuáles son los más activos en materia de refinanciación de pasivos. Gran parte de los bancos que tienen una baja cartera vencida con respecto al promedio del sistema son los más proactivos en la detección de riesgos de mora. Algunas entidades mantienen un nivel de cartera deficiente (con más de tres meses de vencimiento) inferior al 6,0%, que es el promedio del sistema, algo bastante difícil de lograr en una economía en crisis.



La percepción sería que las políticas agresivas en materia de refinanciación han evitado que los empresarios empeoren sus condiciones de crédito o que los bancos se volvieron tan estrictos para otorgar créditos que no se les dañó la cartera ni siquiera en las peores épocas.



Pero antes de sacar conclusiones, sería clave evaluar qué porcentaje de estos acuerdos ha requerido revisiones posteriores que generan una cadena continua de reestructuraciones.



Es probable que, aun sin los créditos de segundo piso del Gobierno (Bancoldex e IFI), el sistema financiero colombiano logre normalizar un alto porcentaje de su cartera comercial deteriorada. La pregunta que surgiría para los bancos que no hicieran la tarea con rigor es ¿cuándo volverá a estallar el problema? Por ahora, la Superbancaria se esmera en descubrir este tipo de acuerdos de poca profundidad para evitarle mentiras al mercado.



En el fondo, el proceso de reestructuración de deudas empresariales debe servir para que aquellas empresas que son viables puedan encontrar las condiciones para continuar y volver a crear valor para los accionistas y la sociedad en general. Y para que aquellas que no son viables sean liquidadas, absorbidas o fusionadas. De todo el proceso debe salir un sector empresarial fortalecido y más competitivo.



Entre octubre y noviembre de este año se realizarán 40 audiencias para buscar acuerdos en concordatos.
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