| 11/24/2006 12:00:00 AM

Tras el crédito empresarial

La banca está cambiando la estructura de su balance. En su afán de aumentar la cartera de créditos, está desplazando a los bonos empresariales.

La reciente dinámica de la economía, la mayor confianza de los inversionistas y consumidores, la necesidad de modernizar las empresas para mejorar su competitividad y atender la internacionalización, y el TLC dinamizaron el crédito empresarial. La cartera comercial de la banca pasó de cerca de $31 billones a $49 billones en los dos últimos años y alcanzó valores muy superiores en términos reales a los niveles máximos que tenía en 1998.

Con este favorable entorno económico y empresarial, muchos bancos aprovecharon para recomponer sus activos aumentando su cartera. La volatilidad de los mercados financieros en el segundo trimestre produjo grandes pérdidas en su portafolio de inversiones. Además, el cambio en las normas para calcular el índice de solvencia hizo que se requiera más capital para mantener la misma cantidad de inversiones en títulos del gobierno. Por eso, los bancos aceleraron el desmonte de sus posiciones en TES y yankees y el portafolio de estos papeles en manos del sector financiero cayó cerca de 16% este último año. Las entidades que más liquidaron sus inversiones en papeles de deuda pública fueron el Banco de Bogotá, Bancolombia y el BBVA (ver tabla y gráfica).

La renovada agresividad de los bancos por aumentar su cartera los llevó a modificar sus condiciones de plazos y tasas de manera tan fuerte, que incluso desplazaron otras alternativas de deuda que tienen las empresas, como los bonos.



Estrategia de la banca

El gran crecimiento de cartera bancaria este año vino por el lado de las empresas. Si bien la cartera de consumo —que usualmente son préstamos de personas naturales— crece a tasas anuales cercanas al 49,5%, a septiembre, según cifras de la Superintendencia Financiera, y la guerra comercial en este segmento es la más evidente, la cartera comercial —que crece al 24,7%— responde por casi la mitad del crecimiento de la cartera total, dado su mayor peso, y la competencia en este segmento de mercado es igualmente intensa.

Las entidades financieras están cada vez más conscientes de la necesidad de diferenciar sus productos y lo hacen no solo con tasas de interés y plazos, que siguen siendo argumentos importantes, sino acercándose más a las empresas para entender sus necesidades y llegarles con ofertas novedosas y a la medida. Así, la segmentación hoy es más importante y afinada que hace unos años.

Esto se puede ver en el perfil de crecimiento de las entidades. En la cartera comercial, los sectores de más alto crecimiento corresponden, para el Banco de Bogotá, al comercio en general, la construcción, obras civiles y a la industria. Mientras tanto, para Bancolombia son empresas de los sectores de recursos naturales, servicios públicos, gobierno, obras civiles, edificaciones y transporte. Por su parte, el segmento más importante para el BBVA son los contratistas de las concesiones de carreteras, aeropuertos, mallas viales y puertos, y los siguen los sectores automotor, comercio, industria, petroquímica y transporte.

Según María Soledad Mosquera, analista del sector financiero de la calificadora de valores BRC Investor Services, muchos bancos han migrado hacia un concepto de negocio más amplio al que tenían hace cuatro años, para llegar a otro tipo de clientes. Por ejemplo, si antes solo se dedicaban a compañías grandes y exportadoras, hoy ponen en su mercado objetivo a firmas mucho más pequeñas.

De hecho, algunos bancos que vendieron porciones de su cartera de clientes más pequeños, están volviendo a buscar sus viejos clientes pero esta vez en nichos más específicos. "La banca está bajando hacia empresas medianas pues los márgenes son más altos y hay menos competencia entre bancos, que la que se presenta con las grandes corporaciones (empresas con ventas superiores a $100.000 millones), que tienen un gran poder de negociación", afirma Rodrigo Arango, vicepresidente de banca empresarial del Granbanco (Bancafé). "Además, ha recompuesto parte de su cartera para que los créditos rotativos pierdan peso relativo frente a los de largo plazo, lo cual la dejará mejor preparada para cuando se estreche la liquidez", añade.

De otra parte, aunque la mayoría de los créditos sigue siendo para capital de trabajo, la mejora en la economía hizo reaparecer los créditos para ampliar capacidad instalada, que tienen un mayor plazo. "Por la experiencia que dejó la pasada recesión, las empresas están tendiendo a igualar los plazos de retorno de sus inversiones con los plazos de financiación y por eso, vemos cada día un creciente número de solicitudes de créditos de mediano y largo plazo", explica Luis Juango, presidente del BBVA.

Incluso, los bancos cambiaron sus condiciones financieras para competir contra los bonos. "Los bancos han flexibilizado sus plazos, períodos de gracia, garantías y tasa de interés para poder competir con esta fuente alterna de financiación", agrega Juango.

Así, por ejemplo, el Banco de Bogotá extendió hasta 7 años el plazo para los créditos para proyectos nuevos, que normalmente era de 3 a 5 años. Además, las tasas se redujeron. "Los márgenes bajaron cerca de 2% en un período de 2 años, además de la disminución inherente a la caída de la DTF", afirma Rafael Arango, director de banca empresarial de la entidad.



Efecto capital

El crecimiento de los préstamos está amenazando el desarrollo del mercado de valores nacional. Frente a las nuevas condiciones de la banca, muchas empresas que habían iniciado el proceso para ingresar al mercado de valores y estaban a punto de realizar emisiones de bonos, optaron por tomar un crédito.

Con los préstamos, las empresas se evitan un proceso que en el corto plazo es más engorroso. Para colocar bonos en el mercado, las empresas deben inscribirse en el Registro Nacional de Valores y en la Bolsa de Valores de Colombia, deben contratar la calificación de la emisión con una firma especializada, la administración y custodia de los títulos en el Depósito Central de Valores, la estructuración y distribución de la emisión, entre otros detalles y trámites, lo cual implica entenderse con muchos agentes y pagar costos elevados.

Sin embargo, algunos analistas advierten que en este movimiento hacia el crédito, las empresas están sacrificando los beneficios de acudir al mercado de valores, como los mayores plazos, las mejores condiciones de amortización —pues acepta que la mayoría de los pagos se hagan hacia el final del plazo, lo cual mejora el flujo de caja— y los menores costos. Las simulaciones hechas por la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, Anif, indican que los costos efectivos entre las dos alternativas pueden ser de 230 puntos básicos a favor de los bonos privados cuando el plazo del endeudamiento es de 5 años, y de 420 puntos básicos cuando se amplía a 10 años. Curiosamente, en 7 años, la diferencia se estrecha a 80 puntos básicos.

Naturalmente, los bonos no son para todos. Si bien es imposible hacer una recomendación genérica para ir a un mercado o al otro, pues esto depende de muchos factores como las necesidades de liquidez, el monto y plazo requeridos, la mayoría de los analistas coincide en que para montos pequeños, los costos fijos de una emisión de bonos son muy altos. Por esto, el mercado de valores debería ser para firmas que quieran salir con montos superiores a los $30.000 millones y más de 3 años.

En su agresividad, los bancos le están prestando a una buena empresa a 3 y 5 años a tasas entre el 3,5% y 4,5%, un costo financiero que podría batir el de un bono. Pero los expertos advierten que un préstamo para inversión a 3 años tiene riesgos, porque al final de ese lapso habría que negociar de nuevo el préstamo en condiciones que hoy no se pueden prever con certeza. Por el contrario, al salir al mercado de valores se consigue estabilidad para su estructura de capital. "Hoy, con mercados tan líquidos, la gente no ve esta diferencia. Pero si la liquidez se estrecha, las empresas que emitieron a largo plazo van a sacar ventaja frente a sus competidores", afirma Rafael Pardo, de Helm Investment Advisors.

La competencia de los bancos sirvió de todas maneras para mostrar que, a pesar de los avances, en el mercado de valores aún hay problemas estructurales por corregir tanto por el lado de la demanda —pocos inversionistas muy conservadores—, como por el de la oferta —empresarios que no quieren emitir por temor a tener que aumentar su transparencia y asumir trámites lentos y costosos para las emisiones—. Al Ministerio de Hacienda y a la Bolsa de Valores, con su programa Colombia Capital, les queda la tarea de corregir estos factores. Además, tendrán que buscar un balance que permita que estos mercados sean más complementarios y menos competencia uno del otro.



Aún falta

A pesar de la competencia entre entidades, las condiciones actuales del sector financiero pueden durar hasta cuando los bancos acomoden la estructura de su balance a un nivel de cartera mayor. Pero en el mediano plazo, las cosas cambiarán. El Banco de la República está subiendo sus tasas de interés, lo cual hará que la cartera crezca a menor ritmo, salvo que los bancos sean capaces de reducir sus márgenes.

Si las tasas de los préstamos suben de nuevo, se demorará más el importante proceso de incrementar la participación de la financiación bancaria en la economía. Los niveles de crédito al sector privado como porcentaje del PIB en el país son muy bajos (17%) comparados a los de los países industrializados (76%). Además, la cartera sigue altamente concentrada en un número bajo de empresas.

Para que el crecimiento sea sostenible a mediano plazo, los bancos tendrán que ganar en eficiencia para reducir los márgenes de intermediación, un negocio que favorece a los accionistas de la banca y a sus clientes.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?