| 7/8/2005 12:00:00 AM

¿Qué hacer con el crédito?

La cartera bancaria aumentó este año, pero para que despegue se requerirá revivir temas de una agenda olvidada. La reforma financiera es uno de ellos, pero no el único.

Hasta mayo de 2005, la cartera bruta de los bancos había crecido 13,2%, la tasa más alta desde 1998. Mejor aún, la recuperación fue impulsada por los créditos productivos a las empresas.

Con los nuevos negocios, el sector financiero destinó más recursos al crédito y restringió sus inversiones en TES, haciendo más saludable el patrón de recuperación de la cartera. "El endeudamiento del sector corporativo privado, que se expande a tasas superiores a 16% anual, es por fin más dinámico que la deuda del sector público que dejó de crecer a ritmos más acelerados que la cartera total", afirma Juan José Echavarría, codirector del Banco de la República.

Por su parte, la deuda de los hogares tiene un crecimiento muy reducido pues mientras la cartera de préstamos de consumo crece a una impresionante tasa de 32% anual, la hipotecaria cae 24%.

A pesar de la mejora en la situación del crédito, debido a la recuperación de la actividad productiva y a la gran liquidez de la economía, los montos de cartera en términos reales todavía son menores a los niveles anteriores a la crisis.

En otros términos, la profundidad financiera -que mide la relación entre el crédito y el PIB- sigue siendo muy baja, lo cual podría afectar la tasa de crecimiento del país. La cartera neta representa hoy el 23,2% del PIB cuando en 1997 equivalía al 36,9%.

Según Mauricio Cárdenas, director de Fedesarrollo, los avances en profundización financiera de los 90 se perdieron en los años recientes y apenas ahora comienza la recuperación. Señala que si el crecimiento de la cartera regresa a su tendencia histórica de largo plazo, en 2010 el indicador de profundización sería de 31,3% un nivel similar al de 1999. Este aumento tendría un impacto significativo sobre la inversión y el crecimiento económico.

Sin embargo, para alcanzar esas cifras hay trabajar en varios frentes. Los banqueros y algunos académicos hicieron un inventario de las tareas necesarias en la pasada Convención Bancaria. La lista la encabezan las medidas que disminuyen la 'represión financiera' -eliminación de encajes, inversiones forzosas e impuesto a las transacciones financieras-. También mencionan el fortalecimiento y la protección de los derechos de los acreedores y aumentar el uso de bases de datos de usuarios de crédito, entre otros factores.

El momento parece ser el apropiado para los cambios. De un lado, los bancos tienen una mejor situación patrimonial y de rentabilidad, con lo que podrían responder a cambios regulatorios fuertes y, de otro, el gobierno quiere promover una reforma financiera para modernizar el sector. Por eso, muchos de los temas que se han discutido por años volverán a estar en la agenda.



El diagnóstico

Eduardo Lora, economista en jefe del BID, señala que el crédito en América Latina es escaso y costoso. El diagnóstico colombiano es igual al de la región. La cartera bruta en mayo alcanzó los $62 billones, la misma cifra de diciembre de 2000 en pesos constantes, lo cual muestra que el crédito sigue siendo escaso para el tamaño de la economía. Las tasas de interés reales también son elevadas. Mientras las colombianas están cerca del 6%, las mexicanas, coreanas o polacas bordean el 1%.

Las razones para que esto ocurra son múltiples. Algunos trabajos estadísticos encuentran que la baja profundización financiera obedece a elementos típicos de la represión financiera (tasas de interés administradas, crédito dirigido, altos encajes, inversiones forzosas e impuesto sobre las transacciones).

Mientras tanto, los banqueros afirman que las tasas de colocación son elevadas porque el sector está expuesto a restricciones legales y operativas como el impuesto del cuatro por mil, las inversiones forzosas y la dificultad para recuperar rápidamente las garantías de un crédito.

La sobrerregulación podría explicar en parte el estancamiento de la cartera hipotecaria. No solo se trata de que los compradores de vivienda no quieran endeudarse. También se debe a que esa actividad no tiene mucho atractivo para los bancos, por la cantidad de restricciones que les impone: tasas de interés y sistemas de amortización regulados, límite para el uso de las garantías y la capitalización de intereses, entre otras.

Jorge Londoño, presidente de Bancolombia, sostiene que el microcrédito demuestra que la concertación es un instrumento valioso para remover las limitaciones a la profundización financiera. La cartera de microcrédito creció 70% en el año y superó el billón de pesos.

La receta para mejorar la disponibilidad y reducir el costo del crédito sería levantar las restricciones para facilitar el crecimiento del sector. Sin embargo, al observar los balances de las 5.000 empresas del sector real recogidos por Dinero, se encuentra otra parte interesante de esta historia. Las cifras muestran que el problema de la financiación en Colombia puede obedecer en parte a una desintermediación que se gestó en la crisis y que no se revirtió. Los bancos habrían dejado de cumplir su papel y no lo han recuperado aún.



Una prueba amarga

Las obligaciones de las 5.000 empresas con el sector financiero llegaban a $39 billones a final de 2004, una suma casi igual a los $38,2 billones de cartera comercial bruta que reportaron los bancos en esa fecha. Esto permite afirmar que los préstamos comerciales de los bancos se reflejan en los balances de las empresas que Dinero utilizó en este análisis.

Esas cifras reflejan también la reducción del crédito. Las obligaciones financieras pasaron de ser el 40% de los pasivos totales en 1998, al 32% en 2004. Ese recorte fue más pronunciado en las pyme (ver gráfico).

Se podría pensar que la reducción del endeudamiento fue sana. Muchos estudios demuestran que las empresas antes de la crisis tenían un nivel de deudas superior al recomendable. Sin embargo, los datos de los pasivos con proveedores mostrarían que las empresas realmente necesitan más dinero prestado para operar normalmente. La participación de los créditos de proveedores pasó de 10% de los pasivos en 1998 a 13% en 2004. Esto podría interpretarse como que los proveedores se volvieron banqueros de las empresas. Los vendedores de insumos tienen una cartera de crédito de $16 billones en las empresas, una suma equivalente el 41% de los $39 billones que les adeudan a los bancos.

Pero en este tiempo no solo se redujo la participación de los bancos en la financiación corporativa, sino que cambió la composición de los préstamos. Las obligaciones financieras de corto plazo que equivalían al 24% de los pasivos en 1998, bajaron ligeramente su participación hasta el 23% en 2004, pero las de largo plazo se recortaron de forma dramática: del 16% pasaron al 9% en ese lapso.

Esta situación muestra que las necesidades de capital de trabajo aumentaron y las de inversión decrecieron. De hecho, el capital de trabajo en las empresas creció a una tasa real de 8,7% anual entre 1998 y 2004, mientras que el renglón de 'propiedades, planta y equipo', que puede reflejar la inversión, decreció anualmente 0,5%. Pero la recomposición también esconde el fenómeno bien conocido de que las empresas más grandes financian sus inversiones de largo plazo con créditos de tesorería de corto plazo, una posición financiera bastante riesgosa.

Hay que recordar que los créditos de tesorería, que generalmente les otorgan los bancos a sus clientes preferenciales, no pagan el impuesto de timbre que se cobra en las operaciones de largo plazo y que las bajas tasas actuales hacen más atractivos los préstamos de plazos cortos.

Así vistos, los datos indican que los bancos tienen por explorar un mercado de $16 billones que hoy llenan los proveedores de las empresas. Además, por el bien de sus clientes, deberían tratar de que las inversiones se financien con préstamos de plazos largos. Quizás deberían apecharse con la tarea de cambiar las normas tributarias en materia de timbre.

Por último, los datos de las empresas muestran que se debería hacer algo en materia de costo de crédito. La razón de gastos financieros a obligaciones financieras puede dar una idea burda del costo que pagan las 5.000 empresas por sus créditos bancarios. Ese indicador pasó de 30% en 1998 a 23% en 2004. A pesar de la baja de siete puntos porcentuales, que concuerda con la tendencia decreciente de las tasas de interés, todavía parecería un interés real muy elevado. Por supuesto, en este cálculo puede haber imprecisiones generadas por problemas contables; los planes de cuentas de los bancos son mucho más precisos.



La reforma y su alcance

Por lo general, los banqueros están de acuerdo en que en Colombia el desarrollo del sector financiero es insuficiente y en que esto ha afectado negativamente la tasa de crecimiento económico.

Por esto, les entusiasma el anuncio de una reforma financiera que mejore la competitividad del sector. Este ambicioso proyecto se presentará el próximo año y cuenta con la ayuda financiera y técnica del Banco Mundial.

Para Andrés Flórez, director de Regulación Financiera del Ministerio de Hacienda, esta es una gran oportunidad para emprender una serie de reformas legales y administrativas que garanticen una mejor calidad de la supervisión y una racionalización de las normas del sector financiero.

La agenda de la reforma y de otras normas que la complementen todavía está cruda. Pero se piensa que incluirá disposiciones para disminuir los costos de las inversiones forzosas, los encajes y el impuesto a las transacciones financieras; facilitará el paso hacia una banca universal; mejorará la protección a los derechos de los acreedores, la ejecución de garantías y el tema de las bases de datos de registro crediticio y resolverá situaciones complejas como la que enfrenta el Ministerio de Hacienda al ser al tiempo regulador del sector y emisor de los títulos valores que se manejan con intereses fiscales.

La prueba real para los cambios normativos será que la profundización financiera del país aumente. Pero al lado de la discusión legal, no sobra que los bancos revisen sus estrategias de crecimiento y su eficiencia por si encuentran nichos y actividades que deberían hacer y no están haciendo.
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