| 3/1/1994 12:00:00 AM

¿Por qué te vas, chico?

DINERO estuvo en Caracas, dialogó con los actores de la crisis financiera y revela quíenes se quedan en Colombia y por qué.

Hender López, vicepresidente comercial del Banco Constitución de Venezuela, se aprestó a tomar la escala natural que debía hacer en Bogotá su vuelo procedente de Buenos Aires, enl donde había asistido a un curso de mercado bancario. Sin embargo, su sorpresa fue grande cuando anunciaron que la conexión hacia Caracas era imposible, pues el avión de Avianca había despegado un cuarto de hora antes.

Con natural molestia se aprestó a pernoctar en la capital de Colombia. Llamó a un viejo conocido, Carlos Iván Vargas, quien era vicepresidente de mercado del Banco Popular. Charlando de todo un poco se enteró que por esos días de junio de 1991- el gobierno colombiano se aprestaba a privatizar el Banco Tequendama. Fue al día siguiente a la Bolsa para averiguar sobre el mecanismo de venta del banco y demás detalles, y después contactó al Fondo de Garantías.

Con la información recogida, regresó a Caracas a proponerle a José Di Masse, número uno del Banco Construcción, de que estaban ante un regalo. El Grupo se hacia iniciado en los años 30 por el inmigrante italiano Giácomo Di Masse, quien en los 50 adquirió el Banco Construcción y había consolidado eI quinto conglomerado más grande de Venezuela. Eran además días de gloria para los banqueros venezolanos que creían tener al mundo en sus manos. Compraban a Raimundo y todo el mundo. Por eso en octubre siguiente cuando ganaron en oferta pública el poder en el BancoTequendama lo hicieron sobrados. Mientras el precio mínimo de venta era de $12.200 millones, ellos pagaron $18.581 millones, a través del Banco Construcción de Venezuela y del Intercon Financial Bank de Aruba. El hecho llamó la atención a propios y extraños, pero lo mejor estaba por venir. Los del Construcción empezaron a buscar otras empresas o entidades financieras en dónde invertir y pensaron en empresas del Sindicato Antioqueño, que según su información tenían muchos accionistas y no eran de "nadie en particular". Abandonaron la idea cuando supieron lo del "enroque" en su control accionario, lo que las hacía impenetrables, pero encontraron la perla del Banco Ganadero. Un establecimiento en el que el gobierno quería vender su participación y en el que el resto de los accionistas tenía un poder muy disperso.

Mientras al finalizar el 90 la acción del Banganadero valía $15, en agosto del 91 comenzó a subir cuando se supo que el gobierno vendería la participación que tenía a través de Finagro. Pasó de $23 en agosto a $37 en octubre. Se trataba de un banco regalo. Por lo general un banco debe valer dos o tres veces el valor intrínseco de su acción. En ese momento valía dos veces menos. Intentaron comprar por bolsa para llegar en posición fuerte al martillo de la parte de Finagro, pero lograron bien poco.

Entonces contactaron a un grupo independiente fuerte encabezado por los inversionistas Juan Gonzalo Angel y Nahim Bassil. Los dos habían consolidado un gran poder durante los últimos años, comprando muy barato. Se quedaron con grandes paquetes de emisiones de bonos convertibles en acciones, que financiaba el gobierno a través de la línea de democratización del sistema financiero. Bonos de $10 les habían salido a $1.70 cada uno. Lo demás había sido ir a la bolsa y ver subir el precio. Una jugada maestra por parte del dúo.

A comienzos de noviembre se cristalizó la operación a $56 por acción (lo que da una idea de las ganancias para los compradores) e incluyó un paquete de un 9% del banco. La acción culminó a $60.90 en noviembre y en enero de 1992 ya estaba a $120.03. En febrero 26 Finagro puso en venta su parte del 9.7% del banco y recibió en promedio $133 por acción. La mayoría fue adquirida por el Grupo Construcción que de esa forma alcanzó el 19% con otras adquisiciones que venía haciendo. En marzo siguiente consiguieron otro 6% con lo cual llegaron a consolidar el 25%.

Así los venezolanos estaban dispuestos a pelear dos puestos en la junta Directiva del Banco Ganadero. Debían enfrentarse entonces a los colombianos liderados por Roberto Gerlein Echeverría, Berideck y Royo por la Costa; Elíseo Restrepo por el Grupo Chaid Neme, Carlos Villa Navarro y Juan B. Echeverry por Antioquia, Oscar Villegas Salazar en el Valle y Alvaro Roca Michael en Bogotá. Pero cuando vieron que el ambiente no era el mejor, desistieron en su intento. Prefirieron esperar y durante la asamblea de accionistas del 92 dijeron que en un "acto de caballerosidad" no pedirían otro puesto en la Directiva. Aplicaron el adagio de que cuando no es posible vencer al enemigo, es mejor unirse a él.

Sin embargo, la situación siguió tirante. Tenían la sensación de que los colombianos les llegaban con todo ya preparado a las juntas. Creían además, que de tener la administración del banco, enfatizarían las áreas de mercadeo, pues consideraban que la banca colombiana a nivel de usuario era totalmente ineficiente. En Venezuela el sistema financiero tiene cubierto entre el 92 y el 93% de la población económicamente activa, mientras en Colombia apenas llega al 70%.

Según ellos el servicio se debía orientar más al cliente, lo que le daría muchas más ventajas sobre los demás bancos colombianos, pues en tecnología el Banco Ganadero es demasiado bueno. "Queríamos un mercadeo más agresivo pues percibimos que el banquero colombiano está muy por encima, casi inaccesible al cliente. Tratar de entrar al piso 11 del Banco Ganadero es como entrar al Vaticano. En Venezuela es al revés, nos peleamos al cliente", aclara Hender López.

Lo cierto es que los venezolanos intentaron entonces acudir al mercado bursátil y conseguir un 13% más de acciones que les daría un tercer puesto en la junta Directiva del Banco Ganadero y así el control casi absoluto de la entidad. Entonces la acción que valía en julio $115 se trepó a $145 en septiembre. Ante la miniguerra, en octubre hubo una reunión encabezada por el propio José Di Masse, mientras la vocería colombiana la tomó Eliseo Restrepo. Este último, después de largas disquisiciones sobre lo que venía sucediendo, propuso "les compramos o les vendemos a $160". En cuanto a la venta Restrepo cañaba, pues sabía que los venezolanos andaban mal de liquidez y no tenían con qué responder.

Sin embargo, la respuesta sorprendió. Di Masse dijo: "Les compro". Alguno de los asistentes tuvo que decir rápidamente "aquí nadie vende". Hubo confusión y discusión, hasta que se calmaron los ánimos. La verdad es que los venezolanos, airados, dijeron que iban a vender pero a otro grupo venezolano. Todo lo que sucedió posteriormente llevó a la conclusión casi certera que el nuevo comprador sería el Grupo Financiero Latino.

Hasta ese momento Construcción contaba con 580 millones de acciones, con lo cual tenían por cuociente de 290 millones, dos puestos. En cambio la táctica colombiana fue la de consolidar los cuatro puestos, cada uno con 291 millones de acciones. Los colombianos necesitaban 1.170 millones de acciones. Les faltaban entre 50 y 70 millones. A los venezolanos entre 50 y 60 millones. La cosa se iba a definir por voto-finish, lo que llevó a los grupos a buscar votos de grupos independientes, entre ellos Angel y Bassil que todavía tienen poder en el banco. Indudablemente la pérdida para cualquiera de las partes antes de la asamblea, le significaba casi salir del banco en un mes. La puja llevó la acción a $181 al finalizar el año. Durante el 93 se transaron 258 millones de acciones, sólo en Bogotá, y la valorización del año fue de 90.53%.

Sin embargo, llegó diciembre y vinieron coincidencialmente los problemas de liquidez del sistema financiero venezolano. Tras la crisis del Banco Latino, el pánico siguió con otros bancos, entre ellos el Construcción, y entonces los venezolanos decidieron vender. "Lo hicimos por tres razones: la velocidad de liquidez, por la oportunidad de precio para las partes y por la proximidad de la asamblea de accionistas", advirtió Hender López a los enviados de DINERO pocas horas antes de que el gobierno de su banco fuera asumido por las autoridades bancarias venezolanas.

Lo cierto es que el caso Construcción también es complicado. Desde comienzos de enero había salido de la Cámara de Compensación del Banco Central, lo que quería decir que no podía cumplir compromisos por iliquidez, a la vez que afloraron las demás irregularidades propias de la banca del vecino país. Ante la falta de control y el apetito desproporcionado de los banqueros, en medio de una economía fuera de sí y en incertidumbre, sucedió casi calcado lo que vivió Colombia a comienzos de los 80 y que se reflejó en la crisis financiera de 1982 y 1983.

En ese entonces, los bancos habían servido para consolidar grandes grupos económicos. Al estilo Banco de Colombia y el Grupo Grancolombiano de los 70 y 80, a través de créditos accedieron al control de muchas empresas del sector productivo y encontraron la liquidez suficiente para expandirse al exterior. Al menos tres negocios tienen problemas para los Di Masse y el Construcción: adquirieron una flota pesquera en Perú (compuesta por 10 buques) y controlaban el 60% del mercado de harina de pescado, en un país en crisis. El hueco allí es de unos US$60 millones. Invirtieron en una bananera de Maracaibo unos US$50 millones y el banano está en veremos. Y mantenían inversiones en empresas de servicio y transporte petrolero en una Venezuela con un mercado en colapso y con los precios del crudo en baja.

A eso se sumaron los retiros masivos en el Banco Construcción entre diciembre y enero. El Banco Ganadero es la única inversión rentable en el extranjero en la cual no perderán sino que ganarán mucho. A propósito, el Ganadero se salvó de caer en la crisis del Construcción. El año pasado hubo un gran paseo al Perú, en aviones de Aerorepública, durante el cual los Di Masse quisieron convencer al banco colombiano de invertir en el negocio de harina de pescado. Precisamente el manejo ortodoxo que criticaban los venezolanos salvó a los nacionales de un lío mayúsculo. No por nada el Ganadero era el banco más grande del país, y su acción la estrella en la bolsa.

Sin embargo, algunos colombianos cayeron en otras tentaciones. Hender López viajaba constantemente a Colombia para ofrecer rendimientos hasta del 10% en dólares, a través de la filial del Banco Construcción N.V. en Curazao. Hoy se estima que la mayoría de las acciones del Construcción quedarían en manos del Fondo de Garantías venezolano, pues en los últimos días de crisis debieron entregarlas en aval a cambio de dineros que les otorgaran liquidez.

En primera instancia el Construcción vendió un paquete de 95 millones de acciones del Ganadero para tantear el mercado. Fue adquirido por Vestcorp, una sociedad de banca de inversión también de capital venezolano, del Grupo Consolidado y otros socios internacionales. El viernes 25 de febrero se realizó el martillo por casi 404 millones de acciones restantes (17.47% del banco). Los fondos de empleados del Ganadero, con ayuda del Citibank Fund, que recientemente compró todas la acciones preferenciales emitidas por la institución financiera, quedaron con una parte del poder. El paquete mayor fue a dar a antiguos accionistas.

Y aunque el grupo Construcción dice que no tiene en venta el Banco Tequendama, algunos inversionistas colombianos y extranjeros han recibido la propuesta de comprarlo por US$65 millones. Tiene la ventaja de poseer oficinas en Caracas y Curazao y una corporación financiera en trámite. La decisión, hasta antes de la crisis de liquidez, era dedicarse a penetrar en el mercado con el Tequendama, y conseguir otras inversiones a través de las posibilidades de la financiera. Lo que no está muy claro es cómo va a terminar de pagarle el grupo Di Masse al gobierno colombiano por la adquisición del Tequendama. De ahí la necesidad de la venta.

Pero si al Construcción le está yendo mal, al Grupo Financiero Latino le fue peor. El Banco Latino, el segundo en importancia en Venezuela, fue intervenido el 16 de enero de 1994. Había nacido en 1950 como el Banco Francés e Italiano para la América del Sur, y entre 1967 y 1974 había pasado a ser el Banco LatinoAmericano de Venezuela -Sudameris-. A partir de diciembre de 1974 cambió su denominación por la de Banco Latino y su presidencia fue asumida por Pedro Tinoco hijo, respaldado por nuevos accionistas, con quien inició un crecimiento sin precedentes en la historia de la banca venezolana.

El origen y desarrollo del Construcción y del Latino habían sido similares. Giacomo Di Masse había sido cofundador del Latino. Actualmente mantenían muchas imbricaciones y manejos de dineros de la colonia italiana que es muy fuerte en Venezuela. Con el transcurso de los años pasó del modesto puesto 26 en la banca al quinto en 1988 y en forma espectacular pasó al segundo lugar en 1993. Revolucionó la banca venezolana con el famoso "cheque Banco Latino" que aseguraba su pago inmediato en el comercio, sin confirmación telefónica, sin cargo alguno y válido en todo el territorio nacional.

Vinieron luego las chequeras para zurdos, las cuentas para universitarios, y la concentración indiscriminada de inversiones en el mismo sistema financiero. Conformó un conglomerado compuesto por Sociedad de Arrendamiento Financiero, Arrendamientos Financieros Arfinan, Latino Sociedad Financiera, Banco Hipotecario de Occidente, Latino Sociedad Financiera (inversiones) y vendió a finales del 93 dos bancos que controló, el Maracaibo y el Barinas, hoy también intervenidos administrativamente. El Latino invertía en publicidad un 35 por ciento más que su más cercano competidor. Serían unos 900 millones de bolívares en el 94 por ese concepto.

Muchas de las cosas se salieron de madre cuando Tinoco, enfermo, y quien había sido director del Banco Central de Venezuela entre 1989 y 1992, se retiró y murió hace unos seis meses. Su fortuna personal fue legada a una sociedad cristiana en Estados Unidos. Asumió las riendas Gustavo Gómez López, un hombre con amplia experiencia en el sistema financiero, pero para muchos un "aparecido" (casado con la hija del principal accionista del Latino, Siro Febres Cordero), en cuanto a que era muy grande la responsabilidad en sus manos. De hecho muchos de los males se los achacan a él y a mediados de diciembre fue obligado a renunciar al descubrirse los grandes líos.

Aplicando (lo dicen como chiste callejero en Caracas) una especie de realismo mágico maquilló sus balances "creativamente", contabilizando activos no por lo que valían sino por lo que podían llegar a valer. Algo idéntico a lo hallado en las cuentas de Michelsen en el Grupo Grancolombiano o de monseñor Gaitán Mahecha en la Caja Vocacional. Por ejemplo, una de las construcciones turísticas en Puerto de la Cruz, en la que había invertido US$20 millones, aparecía en el balance por US$80 millones.

A propósito, mantenía una concentración crediticia sin precedentes en el sector turístico. Concedió financiaciones, construyó o quiso quedarse con obras en 14 proyectos. El turismo está en crisis en Venezuela debido a las dos intentonas golpistas, la desestabilización política y el cambio de presidente. Es un país considerado como de alto riesgo turístico. La lista de inversiones del Latino es impresionante: Resort Cabo Real en Miranda, Hotel Margarita Sol en Pampatar, Maremares Resort, Puerto Vigía Hotel Resort y Hotel Balcones del Mar Resort en El Morro, Hotel Morichal Largo en Monagas, Isla Bonita Resort, Playa El Agua Beach Hotel, La Ceiba, Las Dueñas Beach Resort y Coro Coro Hotel Resort en Margarita, Port L'Mar Suites Hotel y Margarita Caribe Resort en Porlamar y Hotel Resort Puerto Banus en Puerto La Cruz.

Los balances no cuadraban por nada y menos cuando las tasas de interés volaban el año pasado. El Latino llegó a captar al 105% en diciembre, frente a competidores que lo hacían al 50%. Con esos "rendimientos" muchos cayeron. Se descubrió incluso que el mismo Fondo de Garantías de Depósitos, Fogade, tenía allí gran parte de los recursos con los cuales debía responder por el seguro de depósitos. También estaban en el Construcción y el Maracaibo. La directora del Fogade fue destituida. El banco encajaba en el Banco Central con papeles "hechizos" emitidos por el mismo. Cayó la municipalidad de Caracas, mientras más de 12 mil trabajadores y seis mil contratistas de la industria petrolera quedaron colgados en el Latino.

En sólo cuatro meses retiraron de sus taquillas 110 mil millones de bolívares, de los que 55 mil millones de "bolos" en sólo los últimos 30 días.

Las cuentas de ahorro totales sumaban 68 mil millones de bolívares, había más de 15 mil millones en cuentas corrientes y las cuentas corporativas (grandes empresas) pasaban de 12 mil millones. Resultaron afectados 1.300.000 ahorristas. A finales de enero se hicieron famosos los charter a Miami, en donde muchos venezolanos intentaron recuperar, sin éxito la mayoría, los dineros consignados en el Latino de la Florida.

Aunque algunos ex directivos aseguran que hay dinero suficiente para cubrir las deudas, nadie lo cree posible pues se tiene la certeza que las cifras de los activos en el balance están infladas. Se venderán los intereses turísticos, la Bananera Sur del Lago, las arroceras en Guárico, el periódico económico Reporte y el porcentaje que controlaba de la cadena de televisión Televen. Sin embargo, hay quienes consideran que como el gobierno decidió salvar el Latino y no liquidarlo, deberá meterle unos US$500 millones.

En Colombia el Latino fracasó en los dos intentos que hizo por quedarse con los Bancos de los Trabajadores y Tequendama. Por eso decidió crear el Banco Latino de Colombia, la primera entidad bancaria nueva en el país en décadas. Por su tamaño y por el alto capital de trabajo inicial no afrontó inconvenientes. Hoy está en venta y quedaría en manos de un grupo de inversionistas encabezados por Guillermo Sarmiento Angulo del grupo Selfin. Es casi la compra de una licencia, pues el Latino apenas estaba en pañales.

Hoy en Venezuela aún no se respira tranquilidad. Después de la intervención al Latino y los controles gerenciales y financieros al Construcción, Maracaibo, Barinas y La Guaira, la lista seguía agrandándose con el Banco Metropolitano, del Grupo Confinanzas, que pertenecía a David Brillembourg, quien murió hace dos o tres meses. Los problemas en éste último eran mala cartera crediticia. Hay al menos otros dos en la fila. Y cuando vuelva la calma, todos deberán pensar en acogerse a los mecanismos de saneamiento de la nueva ley financiera, muy parecida a la colombiana, basada en los parámetros de los acuerdos de Basilea.

Los que sí se quedan en Colombia son el Grupo Mercantil y el Latinoamericana Progreso. El Mercantil es uno de los más sólidos de Venezuela y de hecho el que más ha visto crecer sus captaciones, pues muchos ahorradores que han escapado de los bancos problema han acudido a sus servicios. El Mercantil ha visto crecer sus depósitos en más de 15 mil millones de bolívares en los últimos dos meses. El Provincial, el Citibank y el Venezolano de Crédito, los otros más sólidos, incluso han debido alegar que se les acabaron las chequeras, bajar las tasas a cifras ridículas o exigir determinados topes de depósitos para detener a miles que golpean sus puertas. Ya hubo un acuerdo entre todos los bancos de no dar más publicidad a las tasas sobre depósitos, para evitar lo sucedido a finales del 93.

El presidente del Banco Mercantil Colombia, Gustavo A. Sintes Ulloa, advierte que el establecimiento vino a quedarse. Tiene 11 oficinas en todo el país, activos por más de $106 mil millones y en enero pasado culminó su primera etapa de desarrollo en Colombia: "Actualización, reconfiguración del banco, actualización tecnológica y mejoramiento de la infraestructura de recursos humanos. Empieza la segunda etapa de transformación, hacia la competitividad que requiere en el mercado colombiano", aclara Sintes.

Por su parte, Orlando Castro, presidente del Grupo Financiero Latinoamericana Progreso, sostiene que no sólo se quedará sino que ampliará sus inversiones en Colombia. Actualmente posee Latinoamericana de Seguros y Latinoamericana de Vida (antes Seguros del Comercio), Leasing del Comercio, Leasing Arfin y Latincorp, antes Corfioriente. Cierra negocios con una administradora de fondos de pensiones y cesantías para entrar a ese mercado en el país y se asociará con una casa de bolsa. "Lo que pasó en la banca venezolana es apenas un episodio que no puede frenar las oportunidades de los dos países. No nos vamos y estamos muy contentos como para vender", afirmó el ingeniero Orlando Castro a DINERO.

Uno que prepara maletas para llegar a Colombia es el Grupo Banesco, del financista Juan Carlos Escotet, experto corredor de bolsa, muy temido cuando se decide por la toma de control de alguna empresa o como intermediario de la operación. Fue uno de los actores principales en la toma que Orlando Castro hizo del Banco de Venezuela en 1990.

La cosa se pone buena.
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