| 9/1/1993 12:00:00 AM

Petróleo y enfermedad holandesa

Algunos creen que se puede evitar la enfermedad holandesa. No hay vacuna para ese mal.

Recientemente el gobierno organizó un seminario acerca de las perspectivas de la economía ante la inminencia del desarrollo del proyecto Cusiana. Aunque sería incorrecto sugerir que hubo absoluto consenso entre los técnicos, no resulta exagerado afirmar que se presentó un gran acuerdo en tomo a dos aspectos: primero, que el boom petrolero inevitablemente apreciará la tasa de cambio real; segundo, que la magnitud de dicha apreciación será función del manejo de las finanzas públicas, tanto a nivel nacional como a nivel regional.

¿Por qué es inevitable que una bonanza externa produzca una apreciación real de la tasa de cambio, y por esa vía una "enfermedad holandesa" (es decir, un retroceso relativo de los sectores que producen bienes e exportación y sustitutos de las importaciones)? En Colombia nos hemos familiarizado con el hecho de que la evolución de la tasa de cambio real resulta de tomar la devaluación nominal, y corregirla por el diferencial de inflaciones entre el país y sus socios comerciales. En períodos largos, dicha medida de tasa de cambio real se mueve exactamente en el mismo sentido que el precio relativo de los bienes que se comercian internacionalmente. Por ejemplo, la apreciación real que se ha dado desde finales de 1991 hasta la fecha, y que generalmente entendemos como el resultado de que la devaluación nominal ha sido muy baja comparada con la inflación, también se puede ver de otra forma: el precio de los bienes comerciables (flores, manufacturas, alimentos procesados) ha crecido menos que el de los no comerciables (finca raíz, mano de obra, servicios públicos).

En una economía abierta a la competencia internacional, los precios de los bienes comerciables están en gran parte determinados en los mercados internacionales. Por el contrario, los de los no comerciables son función de las condiciones económicas domésticas. A saber, suben cuando se incrementa su demanda. Un boom exportador aumenta la capacidad de gasto de la economía. El mayor gasto se va tanto a bienes comerciables como a no comerciables, lo cual aumentará el precio de los segundos, pero no el de los primeros, el cual es determinado en los mercados mundiales. El que aumenten unos precios y otros no es lo que constituye la apreciación real.

Ese fenómeno es inevitable, no obstante que algunas personas juren y rejuren que se debe y se puede evitar que Cusiana produzca una apreciación de la tasa de cambio real. Esto sólo es posible si no aumenta el gasto en bienes no comerciables; es decir, si la bonanza se ahorra por completo o si sólo se gasta en importaciones. Nótese que no basta con que se gaste en bienes comerciables producidos domésticamente, ya que ello traslada la bonanza a quienes los producen, individuos que gastarán parte de su ingreso extra en bienes no comerciables.

Por lo tanto, el que Cusiana no resulte en una apreciación de la tasa de cambio real no depende del manejo cambiario que haga el Banco de la República. Depende de los niveles y el tipo de gasto que se vayan a financiar con los mayores ingresos. Si la totalidad de éstos fuesen para el gobierno, sería razonable pensar que los recursos serán ahorrados en gran parte con algo de gasto muy selectivo. Dado que la Constitución determina que una alta proporción de los ingresos se irá, por derechas, a las regiones, parece poco probable creer que Colombia se constituirá en excepción al hecho de que toda bonanza externa aprecia la tasa de cambio real.

A manera de resumen, digamos lo siguiente: (i) si toda o parte de la bonanza se gasta en bienes no comerciables, la apreciación de la tasa de cambio real es inevitable; (ii) la tasa de cambio real que usualmente utilizamos en Colombia naturalmente también se apreciará; (iii) esta apreciación puede suceder por una de dos vías: o se presenta una apreciación de la tasa de cambio nominal, o se da una inflación mayor a la tasa de devaluación, y en esa disyuntiva sí juega un papel clave el Banco de la República; (iv) tratar de evitar la reevaluación real devaluando más rápido deja como única alternativa de ajuste una mayor aceleración de la inflación; (v) la minimización de la inevitable apreciación real dependerá no de lo que haga el Banco de la República sino de lo que se haga con el ingreso extraordinario.

En el seminario muchos sugirieron crear un fondo en el exterior con los recursos de Cusiana. Eso sería lo ideal. Sin embargo, entendemos que bajo la normatividad actual, eso sólo se podría hacer después de trasladarle a las regiones una parte importante de los mismos. Si esto último es correcto y no se modifica, tomamos partido por lo expresado por un catedrático extranjero quien, al escuchar el discurso del Presidente Gaviria y enterarse de lo de las transferencias a las regiones, dijo, palabras más palabras menos:

"Ustedes se han reunido para ver cómo evitar una enfermedad holandesa, cuándo es obvio que ya la tienen".
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