| 5/13/2005 12:00:00 AM

Nuestra deuda en wall street

Cómo se ve desde Nueva York el futuro para el mercado de los bonos globales colombianos. La reelección, un tema crucial.

Cada mañana, desde sus oficinas de Nueva York, un grupo de tesoreros y analistas financieros repasa la situación económica y política de Colombia. Están en Park Avenue, cerca de Wall Street, o en Greenwich Street, en algunas de las entidades más prestigiosas del mundo como el UBS, Deustche Bank, CSFB, Citibank o en fondos como Alliance y Pimco.

En su ronda matutina, todos ellos se preocupan por determinar el efecto que tendrán, por ejemplo, una revaluación del yuan chino o una nueva alza de las tasas de interés en Estados Unidos sobre los rendimientos de los bonos colombianos que están en circulación y con eso diseñan sus estrategias de negociación, en este mercado que mueve entre US$80 millones y US$100 millones diarios.

Sin embargo, los mejores compradores de papeles de deuda pública colombiana en esa ciudad saben que las utilidades o pérdidas en los bonos de cualquier país emergente se hacen realmente en dos o tres días cada año. Nada más.

Por eso esperan, con ansiedad de cazadores, lo que la Corte Constitucional diga sobre la reelección del presidente Uribe. Ese podrá ser el evento más importante de 2005 para los poseedores de los títulos nacionales.

La mayor utilidad de 2003 se hizo al día siguiente del referendo, cuando los precios de los bonos colombianos cayeron US$5. En general, estos papeles se mueven unos cuantos centavos al día, por lo que ese cambio enorme generó pérdidas y ganancias de igual magnitud. La reelección, lo mismo que el referendo, podría mostrar que el Presidente no es invencible, a pesar de su popularidad. Sin embargo, esta vez, el mercado espera que, ante una decisión en contra de Uribe, los bonos colombianos caigan entre 50 y 60 puntos básicos. Y de serle favorable, aumentarían 50 y 60 puntos básicos.

El anuncio de la conformación de un partido Uribista que asegure una sucesión ordenada en el poder, tranquilizó a los tesoreros, que hoy esperan una reacción menos dramática.

Pero, descontando el efecto del día en que la Corte anuncie su fallo, ¿cómo ven los tesoreros más grandes del planeta el mercado de bonos colombianos?



¿Uno del montón?

Muchos de los grandes inversionistas mueven el inventario de bonos colombianos con el de los otros países emergentes.

El fondo Pimco -uno de los mayores del mundo, con US$23.000 millones invertidos en deuda de países en desarrollo- compró títulos colombianos en marzo como parte de un plan general de adquisición de deuda de economías emergentes. Encontró que su visión sobre "una venta masiva de papeles movida por preocupaciones externas había sido excesiva", señaló Mohamed El-Erian, vicepresidente de mercados emergentes.

Pimco identificó en febrero tres factores que motivarían una gran venta de títulos del mundo en desarrollo. El aumento en las tasas de interés de Estados Unidos, la preocupación por que el precio récord del petróleo redujera el crecimiento mundial y aumentara la inflación, y el temor de que los pobres resultados trimestrales de General Motors, de algunas firmas de comercio y de AIG contagiaran otros segmentos del mercado de bonos con grado de inversión. Pimco se anticipó a la desbandada vendiendo parte de sus papeles, pero luego, en marzo, decidió recomponer su portafolio de emergentes.

Pero no todas sus jugadas obedecen a decisiones globales. El fondo también mira en detalle el comportamiento de la economía colombiana para modificar sus decisiones de compra y venta. "La posición en los próximos seis meses reflejará una evaluación del progreso hecho por el país en la conservación de una condición macroeconómica sólida, en los desarrollos del proceso electoral para la Presidencia y de la fortaleza en la dinámica del crecimiento interno", dice El-Erian.



Mirada regional

Si los bonos colombianos se movieran como los demás latinoamericanos o como los títulos brasileños, las cosas no pintarían mal para el futuro. La liquidez internacional sigue elevada y hay deseo de mover algunos dineros hacia la región, porque ya pasaron de moda las ganancias que se podían obtener con la convergencia de Bulgaria, Rumania y Turquía -países candidatos a entrar en la Unión Europea- a los estándares económicos de sus vecinos.

Para quienes creen que los bonos colombianos se mueven al unísono con los bonos brasileños, los más importantes de la región, también habría buenas noticias para el futuro. Los economistas del JP Morgan opinan que Brasil sigue siendo vulnerable a la volatilidad de los mercados globales, pero que su fortaleza en comercio exterior seguirá reduciendo el riesgo de una caída.

Sin embargo, la dependencia de los colombianos frente a los papeles brasileños no es tan cercana. Los eventos locales y los del vecindario tienen un peso importante en lo que les pase a los títulos de la Nación. De hecho, para los próximos meses, se espera que Colombia reciba un tratamiento que algunos califican de injusto. No se comprará su deuda basándose en los fundamentos económicos del país, sino que lo analizarán como parte del vecindario andino que no tiene muy buena reputación.

Venezuela, que asume posiciones cada vez más distantes de Washington, Ecuador que lleva a cuestas dos incumplimientos en el pago de su deuda y cuatro presidentes destituidos en los últimos diez años, y Perú que tiene una situación económica buena pero con debilidades políticas.

Así, los márgenes de los bonos colombianos frente a los del Tesoro de Estados Unidos aumentarán. En últimas, los precios de los bonos emergentes no reflejan la estabilidad del país, sino la percepción que tienen los inversionistas sobre la probabilidad de que les devuelvan el dinero invertido.

Los banqueros tienen razones para dudar de las condiciones de seguridad financiera de la región. América Latina nunca ha pagado un bono de 30 años. Eso explica el escepticismo de los inversionistas estadounidenses y europeos. Ni Brasil ni México ni Argentina ni Venezuela han cumplido el pago de las deudas contraídas a 30 años. Si Colombia honra los bonos que vencen en 2033, marcará un hito histórico.



La próxima jugada

Mantener el precio de los bonos en circulación y conservar espacios para nuevas emisiones es una tarea difícil que deben hacer el director de Crédito Público, Felipe Sardi, y sus asesores internacionales.

Los tesoreros entrevistados por Dinero consideran que la próxima jugada de Sardi debería ser prefinanciar, tanto como pueda, las necesidades del gobierno para 2006, antes de que la Corte falle sobre la reelección. Es más fácil trabajar cuando hay estabilidad, afirman. Esto implicaría conseguir entre US$750 millones y US$1.000 millones cuanto antes.

También opinan que el gobierno debería seguir reduciendo la deuda de plazos más cortos para establecer una curva sin años pesados en el pago de amortizaciones y emitir deuda nueva a plazos de 10 y 12 años. El cambio de las Notas de Interés Flotante que vencían en 2009 por otras que vencen en 2013 es una buena muestra de que la estrategia del gobierno va en esa dirección.

El panorama futuro no parece guardar muchas sorpresas. Las calificadoras de riesgo no contemplan cambios en su evaluación de la deuda soberana colombiana por ahora, si no hay modificaciones fuertes en las condiciones estructurales de seguridad, déficit fiscal y manejo político del país.

El riesgo de un desajuste parece venir más bien por el lado del Banco de la República, que quiere impedir la revaluación del peso contra el dólar. Es una difícil pirueta, porque va contra la corriente internacional. "Para mí, todas las monedas latinoamericanas se van a revaluar", dice Walter Molano, socio de BCP Securities. Espera que la apreciación no sea tan fuerte en Colombia y México, pero no escaparán de ese fenómeno.

Gastar reservas para contener la apreciación no les parece una muy buena decisión a los tesoreros neoyorquinos consultados por Dinero. "Usar US$1.000 millones de los US$13.000 millones que se tienen en reservas es mucho dinero", dice uno de ellos. Por eso, algunos consideran más adecuado que los fondos de pensiones compren deuda en dólares para frenar la revaluación sin presionar las tasas de interés internas, como se ha hecho en otros países. Es un tema difícil pero que amerita una buena mirada.

Así, con esas ventajas y dificultades, se ve el mercado de los títulos de deuda pública colombiana desde las ventanas de los pisos 54 ó 60 de las torres de la isla de Manhattan, un lugar que en muchas ocasiones es más importante para definir el futuro del país que el Ministerio de Hacienda, o la Calle 72 de Bogotá.
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