| 8/1/1994 12:00:00 AM

Mini con sabor a Maxi

Después de mucho padecer, los cafeteros podrán fertilizar y pagar deudas. El país podría enfrentar mayores presiones reevaluacionistas.

Las inesperadas heladas en el sur del Brasil han disparado los precios internacionales en una carrera alcista que todavía no se sabe en dónde puede parar. Desde el 25 cíe junio pasado, cuando se empezó a conocer la noticia de la primera noche de heladas, el mercado cafetero entró en esa extraña fase de alzas desenfrenadas en las cotizaciones, conocida por los expertos como "bonanza", y que parece repetirse sólo una vez cada década.

Paradójicamente, corno en todas las bonanzas anteriores, las noticias de una catástrofe para los cafeteros del Brasil se han convertido en la melor de las noticias para los caficultores del resto del inundo. Aunque las cifras cambian todos los días, los cálculos más conservadores indican que las balas temperaturas en los estados de Paraná, Minas Gerais y Sao Paulo, reducirán la producción del principal país productor en cerca de ocho millones de sacos, una tercera parte de la cosecha cafetera que se tenía prevista para 1995. Esto significa que la oferta global del grano para ese año, que se calculaba en cerca de 72 millones de sacos, descenderá a entre 64 y 68 millones, lo cual no parece suficiente para colmar las necesidades del consumo mundial.

El resultado de las heladas ha sido un ascenso espectacular de los precios en las bolsas mundiales, en razón al pánico generalizado de tostadores e intermediarios. En la serrana posterior al 25 de junio, los precios de la Bolsa de Nueva York se dispararon de US$ 1.50 a US$2.10, un alza de cerca del 30% (Gráfica 1). Dos semanas después, a raíz de las noticias de una segunda helada, se treparon a US$2.40, el mejor precio registrado desde 1986.

Estos aumentos se han dado dentro de una tendencia alcista que se venía registrando desde finales del año pasado, a raíz de la reducción de inventarios a nivel mundial, explicada a su vez por la gradual caída en la producción exportable desde 1992. Este descenso manifestaba los estragos causados por la depresión más severa de la historia cafetera mundial. Adicionalmente, el aumento de los precios obedeció al relativo éxito del Plan de Retención, puesto en marcha por un grupo de países productores, incluido Colombia, que agrupan el 85% de la oferta mundial.



SITUACIÓN CAFETERA INTERNA



Aunque al cierre de edición de la revista se escuchaban rumores de una tercera helada y aún no se sabe a ciencia cierta hasta dónde llegarán los precios, lo que es claro es que en el sector cafetero colombiano ya se respira un ambiente de bonanza. Después de casi cinco años de precios balos, ocasionados por la ruptura a mediados de 1989 de las cláusulas económicas del Acuerdo Internacional del Café, las buenas noticias han levantado el ánimo hasta de los más desanimados. Las autoridades cafeteras han reaccionado rápidamente ante la situación externa, otorgando cuatro aumentos del precio interno en menos de dos meses. El precio al productor ha pasado de $120.000 la carga en mayo de 1994 a $180.000 al cierre de edición. Para los cafeteros agobiados por deudas y por la disminución de sus cosechas, estos ingresos adicionales llegan cuando más sé necesitaban.

Lo más novedoso es la fórmula acordada en el Comité Nacional de Cafeteros en su sesión de julio 18, mediante la cual el precio interno podrá ser reajustado automáticamente cada quincena, con base en la evolución de las cotizaciones externas. Dentro de unos niveles mínimo y máximo ($142.000 y $220.000 la carga), el precio interno podrá fluctuar en los próximos meses siguiendo las variaciones del mercado mundial, con lo cual se rompe con la antigua tradición de modificar el precio sólo dos o tres veces al año. Cabe anotar que dentro de la fórmula aceptada, el precio interno no podrá sobrepasar los $220.000 por carga. lo cual implica que una vez alcanzado este tope, todo incremento adicional en los precios externos será ahorrado en el Fondo Nacional del Café.

Infortunadamente, la bonanza ha llegado en momentos en que los inventarios y la producción nacional se encuentran en niveles balos. La cosecha para 1994 se estima en 12 millones de sacos, la más bala en cinco años y muy inferior a los 16 millones alcanzados en 1992.

Como es costumbre en épocas de bonanza cafetera, el debate sobre el manejo más apropiado para los mayores ingresos se ha vuelto tema de moda entre los analistas. En esta ocasión, la gran mayoría de los expertos parecen ser de la opinión que la bonanza debe ser para los cafeteros, es decir, que los mayores ingresos por las ventas externas deben traducirse en mejores precios para los productores. Esto responde a la crítica situación de la caficultura nacional, la cual ha tenido que afrontar, además de balos precios, los efectos de] fulminante ataque de la broca, responsable de buena paute del descenso en la producción nacional esperado para este año.

Sin embargo, también se han escuchado las voces de quienes defienden la necesidad de fortalecer el Fondo Nacional del Café, cuya situación financiera acusa los estragos de cinco años de crisis. Para el Fondo, se estima que la bonanza representará unos ingresos adicionales de unos US$ 400 millones en lo que resta de 1994 y de otros US$1.000 a US$1500 millones en 1995. No obstante, su capacidad de ahorro dependerá de la proporción de los precios que sean efectivamente trasladados a los caficultores.

Para Jorge Cárdenas Gutiérrez, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, las prioridades están en ambos frentes. Según Cárdenas, los precios al productor deben ajustarse a niveles que sean por lo menos comparables a los que se registraron antes de la ruptura del pacto a principios de 1959. Esto con el objetivo de que los caficultores puedan pagar sus deudas bancarias, reiniciar las fertilizaciones de los cafetales que están abandonados y recuperar su producción. La meta es recuperar la capacidad productiva de la caficultura colombiana a niveles no superiores a los 15 millones de sacos, tal como lo recomendó el documento final de la Comisión Mixta para el Estudio del Café. Con respecto al Fondo Nacional del Café, debe dársele prioridad a su capitalización para sostener los precios en los próximos años y generar un ahorro para futuras épocas de crisis.



¿CUÁNTA BONANZA?



A hora bien, a pesar de la euforia que ha desatado la escalada de precios, varios observadores han recomendado actuar con suma cautela ante la gran incertidumbre que rodea esta bonanza. En primer lugar, porque aún no se sabe hasta dónde vayan a llegar los precios internacionales. En segundo lugar, porque no se sabe a ciencia cierta cuánto pueda durar la situación favorable.

Con respecto al posible tope de los precios, lo cierto es que en perspectiva histórica, los precios de la bonanza actual todavía no han pasado de ser precios de minibonanza. Esto se debe principalmente al sencillo hecho económico que US$2.50 de hoy no valen lo mismo que hace ocho o diez años. En la Gráfica 2 se presenta el comportamiento del precio mundial del caté desde 1970 en dólares constantes de 199 r, del cual se desprende que los precias registrados a mediadas de julio de este ano son apenas comparables con los que se registraron en los meses anteriores a la ruptura del pacto, y están muy por debajo de aquellos registrados en la minibonanza de 1986 y la gran bonanza de 1976 y 1977. Esto responde en gran parte a que las alzas de 1994 han partido de las niveles ricas balos de los últimos 25 arios. Para lograr un poder adquisitivo similar a la de anteriores bonanzas, los precios por libra tendrían que subir en los próximos meses a por lo menos US$ 3.00 para ser comparables a los de 1986, y a por lo menos US$5.00 parta igualar el valor medio de la bonanza de 1976-77.

Desde el punto de vista de los productores, es todavía mucho el terreno por recorrer para poder llegar a una verdadera situación de bonanza. La Gráfica 3 prescrita el precio interno al cierre de esta edición de $163.000 la carga en comparación con sus valores en las bonanzas anteriores, en pesos constantes. El precio actual es menor en un 25% al precio que recibieron los productores en 1986 y 36% al registrado en 1977. Si se llegara al tope acordado ponlas autoridades cafeteras de $220.000 por carga, este sería menor al de 1986 en 9% y en 22% al de 1977.

La duración de la presente situación de precios favorables es igualmente impredecible. Primero, porque los daños de la cosecha del Brasil no han sido todavía contabilizados con exactitud. Segundo, porque a diferencia de las últimas bonanzas, la situación actual ha ocurrido después de un largo período de precios balos, durante el cual las caficultoras de la mayoría de los países productores sufrieron un serio deterioro por la falta de mantenimiento. Esto podría sugerir la posibilidad de una larga bonanza, ya que la respuesta de los demás países podría ser lenta. Sin embargo, según los estudios del Centro de Investigaciones del Café (Cenicafé), la recuperación de la producción de un cafetal deteriorado en un país como Colombia puede realizarse en menos de 18 meses, con un adecuado mantenimiento y abonamiento. De ser esto cierto, el desbalance mundial podría ser solucionado en mucho menas tiempo que los cinco años que duró la crisis, con el agravante de que la bonanza podría dar paso a otra situación de sobreproducción, especialmente a raíz de la recuperación de la producción del Brasil.



EFECTOS MACROECONÓMICOS



Como en todas las bonanzas del pasado, ésta también generará dificultades al manejo macroeconómico gubernamental. Según cálculos del Banco de la República, de no darse nuevas sorpresas, la escalada de precios ocasionará una acumulación de reservas internacionales adicional por más de 115$1.500 millones. Sin embargo. un atenuante a la situación actual es que el caté pesa hoy menos con respecto a las demás exportaciones. Así, una elevación en sus precios tendrá una importancia relativa menor a la que tuvo en bonanzas anteriores (Gráfica 4).

No obstante, en el contexto de la abundancia de divisas por la cual viene atravesando el país, los influlos inesperados de las exportaciones cafeteras darán otro impulso ha la reevaluación del peso. Para evitar efectos adversos, el gobierno entrante tendrá que revisar sus metas macroeconómicas y diseñar nuevas estrategias para evitar que la bonanza se convierta en mayor reevaluación o en una aceleración de la inflación. Para algunos analistas, esto reducirá los grados de libertad del gobierno entrante en materia fiscal, pues la bonanza Le dará un estímulo a la demanda agregada, hecho con el cual no se contaba. Para otros, la situación exige una mayor liberación del comercio exterior, con el objetivo de aliviar parcialmente las presiones sobre la tasa de cambio. Adicionalmente, el nuevo equipo económico tendrá que ingeniar- métodos de congelamiento de parte de los recursos cafeteros en el exterior para evitar su monetización masiva.

Por lo pronto, lo más destacable de la coyuntura actual, según Roberto Junguito, es el manejo coordinado que se ha venido dando entre los equipos económicos de las administraciones entrante y saliente con las autoridades cafeteras. Por lo tanto, hasta marzo de 1995, cuando expira el mecanismo de fijación automático de fijación del precio interno, el panorama cafetero se realizará en un ambiente de relativa estabilidad que debe favorecer al caficultor nacional.
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