| 6/26/2009 12:00:00 AM

Microcrédito: a buscar las bases

A pesar de los avances, aún falta mucho para llevar crédito y otros servicios financieros a los segmentos más pobres de la población. El reto es masificar sin sobreendeudar.

El microcrédito parecería estar marchando sobre ruedas. Mientras la cartera de consumo e hipotecaria otorgada por los establecimientos financieros sigue desacelerándose, el microcrédito está disparado y crece a tasas anuales superiores al 60%, convirtiéndose en el tipo de crédito más activo.

Además, han llegado al mercado nuevos e importantes jugadores durante el último año como Bancamía y Procredit. El primero es el resultado de la conversión a banco de dos de las ONG microfinancieras más grandes del país (Banco de la Mujer de Bogotá y Medellín) con la ayuda de la Fundación BBVA. El segundo es la holding más grande de entidades microfinancieras, con presencia en 22 economías emergentes de América Latina, Europa del Este y África, y amplia experiencia en llevar servicios financieros integrales a las mayorías.

Recientemente, también se anunció la llegada al país del Grameen Trust, del premio nobel Muhammad Yunus, en asocio con la Fundación Luis Carlos Sarmiento Angulo. La nueva entidad, que se conocerá como Grameen Aval Colombia, arrancará con un capital inicial de US$3 millones y espera beneficiar a unas 15.000 personas en una primera etapa.

Sin embargo, el panorama cambia cuando se consideran todos los actores que participan en este segmento, como las ONG microfinancieras. Con estas, se evidencia que el crédito para los estratos más bajos de la población también se estaría desacelerando e incluso se podría estar generando un sobreendeudamiento en este segmento.

Según Emprender, entidad que agremia a 32 entidades especializadas en microfinanzas -incluyendo las ONG microfinancieras más grandes del país-, la cartera agregada de microcrédito, que incluye establecimientos de crédito regulados y ONG no reguladas, alcanzó $4,6 billones a marzo de este año y creció 32% en los últimos 12 meses, aunque solo lo ha hecho en 3,5% en lo corrido de 2009.

Esto se debe a que la cartera de las ONG asociadas a Emprender se contrajo 12% con la salida del Banco de la Mujer de Bogotá y Medellín, que significó $368.000 millones menos en cartera. Sin este efecto, esta cartera creció 9,6% en el último año y se estancó en meses recientes.

Buena parte del crecimiento del microcrédito en el sector financiero se podría atribuir a la ampliación del tope máximo de lo que se denomina un microcrédito, que pasó de 25 salarios mínimos legales vigentes (SMLV) a 120 SMLV y a la creación de Bancamía. Mientras que las ONG tuvieron en 2008 el peor año en la dinámica de su cartera y el crecimiento de la cartera vencida, en el primer trimestre de 2009 estas tendencias se mantienen y la cartera vencida crece más rápido que la total.

Para Claudio Higuera Martínez, gerente de Emprender, son señales de alerta que podrían estar evidenciando un sobreendeudamiento en este nicho de mercado. El indicador de calidad de cartera alcanzó 4,4% en marzo de este año, si bien menor que el 6,6% de las entidades reguladas, este índice se encuentra "muy por encima del 3% recomendado para este segmento de crédito, e incluso alrededor del 5%, que es considerado en los estándares internacionales como preocupante", afirma Higuera.

Además, la situación de sobreendeudamiento podría ser peor si se consideran otros jugadores de este mercado. Un reciente estudio realizado por Augusto Acosta, ex-superintendente financiero, determinó que el crédito a los estratos bajos podría ser superior a $14,1 billones, 36,6% de la cartera de consumo del sector financiero, si se incluyen las Cooperativas Financieras ($6,4 billones), los Fondos de Empleados ($2,7 billones) y las Cajas de Compensación Familiar ($600.000 millones).

De hecho, la situación sería más delicada si se incluyeran las empresas de servicios públicos. Solo Codensa ha entregado créditos por $750.000 millones. Igual pasaría al contemplar préstamos de amigos o familiares, casas de empeño, prestamistas y usureros que, según recientes estudios, han demostrado ser la fuente de recursos más fácil, dada su oportunidad aún sin importar el costo.

Es claro que este es un mercado cada vez más competido y que los establecimientos de crédito formales vienen ganando terreno. De hecho, algunas de las microfinancieras más grandes estarían pensando transformarse en banco y seguir los pasos de Bancamía y Procredit.

Sin embargo, parecería que el crecimiento de la banca en este segmento se está dando a costa de desplazar otras entidades y que la competencia es por unos pocos y, por tanto, aún falta mayor penetración en los estratos más bajos de la población.

La verdadera competencia debería ser contra los usureros y el mercado informal de crédito, para lo cual sería necesario liberar tasas de interés, buscar un marco regulatorio especial y mayor educación financiera, entre otras.

Aún falta

Los banqueros, representantes de ONG, consultores y expertos en microfinanzas están de acuerdo en que uno de los principales factores que impide un mayor avance y una verdadera masificación del microcrédito es el control a las tasas de interés.

"El congelamiento del Índice Bancario de Referencia (IBR) para el microcrédito por más de dos años ha limitado la expansión de este segmento de mercado", sostiene Asobancaria. De hecho, el microcrédito solo representa el 2,5% de la cartera total de los establecimientos de crédito, lo cual muestra que aún queda espacio.

En los países con mayor penetración, la tasa es regulada por las fuerzas del mercado porque para masificar el acceso al crédito es indispensable que las tasas de interés y las comisiones permitan cubrir los costos operativos y financieros asociados a los pequeños créditos, por los costos de su evaluación, el control permanente y el mayor riesgo.

Con un límite como el actual (alrededor del 33,9%) se restringe la oferta y las alternativas de financiación informales se favorecen con tasas de interés entre 3 y 10 veces más altas que las de fuentes formales. Un caso alarmante son las casas de empeño, que cobran cerca del 213,8% efectivo anual (e.a.) y los prestamistas, que cobran más del 274,7% e.a..

Según Acosta, se requiere un cambio más profundo que conduzca a un arreglo institucional especializado. "Lo primero es que haya una conciencia colectiva de la importancia estratégica de desarrollar esta industria para generar procesos de inclusión social y financiera que permitan integrar los esfuerzos de todos los interesados", afirma.

Una vez hecho esto se podrán definir, desde el concepto y la institucionalidad que se requieren, hasta factores como las fuentes de fondeo y los niveles adecuados de tasas de interés que se requieren. En este sentido, la creación de un gremio como Asomicrofinanzas, donde estarán presentes las entidades relacionadas con el tema, es un gran paso.

Para consultores como Beatriz Marulanda, más que un marco regulatorio específico para la actividad, se requiere mayor innovación de las entidades. "Se ha avanzado mucho en muy corto tiempo pero estamos muy lejos de la meta. Hay que reinventarse en términos de canales, productos y servicios para seguir bajando costos", afirma. Y, en este sentido, destaca las posibilidades que brinda la banca móvil, dada su alta penetración en la población (87,8%) y su potencial para simplificar procesos y reducir costos.

Por último, entidades como el Departamento Nacional de Planeación (DNP) plantean la necesidad de reforzar la educación de los clientes actuales y potenciales mediante la enseñanza de conceptos financieros en la educación media vinculada a la formación en emprendimiento.

Acelerar el paso

A pesar de los avances y esfuerzos, tanto del sector público como privado para llevar los servicios financieros a más población, aún falta un largo camino para lograr las tasas de penetración de países como Perú y Bolivia.

Colombia ha avanzado en ampliar la cobertura y el acceso. Hoy operan alrededor de 5.085 Corresponsales No Bancarios (CNB) en más de 1.000 municipios. Hay experiencias exitosas, como la de la Federación Nacional de Cafeteros y Familias en Acción, que han bancarizado a una población de difícil acceso por su educación y ubicación geográfica.

Alrededor de 14,5 millones de personas ya tienen cuentas de ahorro, el 53,2% de la población adulta; pero el reto es lograr una incorporación más masiva, para lo cual se requiere acelerar decisiones. Unas 687.000 personas tienen acceso a microcréditos del sector financiero y otras 704.000 por parte de ONG microcrediticias. Pero el microcrédito aún tiene un amplio camino por recorrer.

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