Más cerca de Basilea

| 7/6/2001 12:00:00 AM

Más cerca de Basilea

Las nuevas normas sobre riesgo de mercado son el camino correcto hacia una banca más eficiente y competitiva.

El manejo del riesgo se está convirtiendo en una herramienta cada vez más importante para el buen desempeño de los negocios en el mundo entero. Ya no es suficiente conocer el riesgo. Es necesario medirlo y cubrirlo adecuadamente. En Colombia, sin embargo, aunque en algunas organizaciones el manejo del riesgo es un tema preponderante, para la mayoría esta práctica está apenas empezando. Para subsanar esta deficiencia en el sector que está bajo su supervisión, Patricia Correa, la superintendente bancaria, expidió una serie de resoluciones tendientes a que el manejo del riesgo en las entidades financieras se convierta en una herramienta de uso diario. La decisión es bienvenida ya que en este sector, el manejo del riesgo no solo es una condición necesaria para la supervivencia del negocio sino también para la protección del ahorro del público.

Tradicionalmente, las entidades financieras se han cubierto del riesgo crediticio, es decir, del riesgo que supone que los clientes dejen de pagar sus obligaciones. Para esto se han acogido a las normas de provisiones y de solvencia que impone la Superbancaria. Pero, de acuerdo con Patricia Correa, lo ideal sería que la gestión de las entidades fuera más allá, al anticipar ciclos macroeconómicos y desarrollar elementos que las lleven a cubrirse mejor de los eventuales riesgos, como la construcción de bases de datos con los perfiles de los diferentes grupos de la población que les permitiera calcular la magnitud del riesgo en que están incurriendo cada vez que le prestan a un cliente.



El crediticio no será el único riesgo sobre el cual deberán trabajar las entidades financieras en el futuro. La obligación de cubrir el riesgo de mercado será una realidad a partir de enero del 2002, mientras que la obligación de cubrir el riesgo operativo está prevista para el 2004. De la reunión de Basilea en 1996, surgió la recomendación de que los establecimientos de crédito mantengan suficiente capital para afrontar los riesgos de mercado asumidos dentro de su operación. Así, dentro de la relación de solvencia (patrimonio técnico/activos ponderados por riesgo) que se exige se deberá incluir el valor que se calcule por el riesgo de mercado. Este riesgo surge como resultado de la volatilidad de los precios de los activos --tasa de interés, tasa de cambio, inflación--, es decir, de las variables nominales cuyo cambio afecta el valor del portafolio y produce brechas importantes entre el pasivo y el activo. Este riesgo es muy claro, por ejemplo, en el caso de los bancos hipotecarios que captan al DTF y prestan en UVR. En otras palabras, el activo deberá reflejar siempre el valor del pasivo. Si hay un descalce entre el uno y el otro por un shock en alguno de estos precios, la entidad deberá calcular su magnitud y cubrirlo mediante algún instrumento financiero o un mayor aporte de capital si fuera necesario para mantener el nivel de solvencia requerido.



Al incorporarle ese nuevo componente de riesgo se va a bajar la relación de solvencia y se reflejarán mejor las verdaderas condiciones de las entidades.



El proceso



La idea de la Superbancaria es involucrar a la administración y a la junta directiva de las entidades en el control interno del riesgo. Esto significa que tendrán que aprender a conocer y evaluar sus propios riesgos y tomar las medidas del caso. Sin embargo, para lograrlo deberán contar con las herramientas, así como con las personas capacitadas para hacerlo. De hecho, las herramientas con las que contarían para manejar el riesgo son mucho más sofisticadas de las que existen. Además de los abogados y contadores, requerirán ingenieros de finanzas que sepan manejar bases de datos y calcular la volatilidad histórica de las diferentes variables.



Para que el sistema opere, la Superintendencia no puede ser ajena a estas necesidades. Ahí también tendrá que haber inversión en gente y equipo.



A mediados de julio, saldrá una circular de la Superintendencia Bancaria que establece un modelo estándar para medir ese riesgo de mercado. Como no todas las entidades cuentan con las bases de datos necesarias para operar el modelo, la Super les otorga un plazo de seis meses para que se pongan al día. La norma de incorporar este riesgo en la relación de solvencia empezará a regir a partir de enero del 2002. El modelo de la Super es sencillo de operar. Sin embargo, si alguna entidad cuenta con un modelo y demuestra que puede producir información más realista acerca de la volatilidad de los mercados domésticos podrá utilizarlo. De hecho, este es el caso de la banca extranjera que ya está bastante avanzada en la valoración y el manejo del riesgo de mercado.



La reacción por parte de las entidades ha sido de preocupación, aunque bastante positiva. No es para menos. Las nuevas medidas implican pasar de un esquema paternalista en el que el supervisor le indica al vigilado lo que tiene que hacer a uno en el que el vigilado está en condiciones de evaluar sus propios riesgos.



Como resultado de la obligación de incorporar el riesgo de mercado en el cálculo de la relación de solvencia, se esperaría que la entidad que no quiera que esta variable se deteriore, disminuya la brecha al hacer un mejor cubrimiento de los activos. Por ejemplo, un banco hipotecario puede corregir este desequilibrio al emitir bonos hipotecarios para captar a más largo plazo. También puede cubrirse haciendo parte del FRETCH, que es el fondo de estabilización del Crédito Hipotecario.



Adicionalmente a los beneficios sobre las entidades y los ahorradores, la medida obrará a favor del desarrollo del mercado de capitales. Sin duda, las herramientas para cubrirse del riesgo se desarrollarán y en el mercado veremos nuevos productos financieros como derivados y swaps de UVR por tasas de interés, entre otros.



Otras medidas

Además de incorporar el riesgo de mercado en el cálculo de la relación de solvencia, se establecerán nuevas categorías de riesgo de crédito para ciertos grupos de activos, como la cartera hipotecaria y las entidades públicas territoriales, mientras las entidades financieras desarrollan sus propios modelos.



Para el tercer trimestre de este año, se prepara un cambio en el régimen de provisiones para que estas reflejen el verdadero valor esperado de la pérdida de la cartera y de los bienes recibidos en pago. Para esto, se crearán rangos de porcentajes de provisión para las diferentes categorías de riesgo y será cada entidad, de acuerdo con su propio análisis de riesgo y de la calidad de las garantías, la que ubicará cada crédito en un rango.



La Superbancaria vigilará los criterios utilizados para esta definición.



Finalmente, se trabaja en el diseño de unas provisiones adicionales "estadísticas" que estén inversamente relacionadas con las provisiones específicas, y con un tratamiento tributario preferencial, para hacer las provisiones menos procíclicas.
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