| 8/13/1999 12:00:00 AM

Más allá de la crisis

Aunque las probabilidades de una catástrofe se han reducido, aún estamos lejos de poder cantar victoria.

¿En qué va el sector financiero? El siguiente podría ser un balance de lo ocurrido en el sistema en lo corrido del año. Lo positivo: el riesgo sistémico se redujo apreciablemente, gracias a las intervenciones realizadas por Fogafin y al plan de capitalización dispuesto por esa entidad. Lo negativo: aunque la probabilidad de catástrofe se ha reducido, el sistema está lejos de hallarse realmente fortalecido. Todavía es posible que entidades individuales fallen y el sistema no tiene la capacidad de irrigar dinero a la economía en las condiciones y volúmenes que ésta necesita. En otras palabras, podemos dar un respiro, pero las cosas no están como para celebrar.



La banca privada



Hoy es claro dónde está concentrado realmente el problema del sector financiero. Mientras que el total de las entidades privadas perdieron $10.500 millones, las pérdidas de las públicas fueron de casi $1 billón.



El problema más grave, entonces, no está en la banca privada. Sin embargo, en los intermediarios privados es evidente el entrabamiento de los mercados de crédito. La plata no le está llegando al sector real y mientras que éste no resuelva su problema de deuda y de generación de ingresos, el sector privado financiero tampoco podrá resolver su problema por completo.



Como bien lo afirma Jorge Castellanos en la entrevista que aparece en la página 64, las medidas de Fogafin para sanear y capitalizar las entidades financieras les dan oxígeno a éstas por un período que va de 12 a 24 meses. Pero para que haya una verdadera recuperación, la economía se tiene que recuperar o al menos tiene que dejar de caer y los banqueros tienen que volver a operar como banqueros, prestando plata y reestructurando las deudas de las empresas viables. Esto además de la capitalización que todas las entidades financieras privadas deben hacer.

El problema de las empresas del sector real es grave y no es tan fácil de resolver. Además de tener problemas de deuda, las empresas tienen enormes necesidades de capitalización. En muchos casos, no tienen cómo capitalizar, pero en otros no están dispuestas a hacerlo, por la desconfianza con la que ven el futuro de la economía. Hay numerosas empresas que han tomado esta posición en los procesos de renegociación de deuda, lo que está dilatando el proceso.



Las líneas de redescuento del IFI y de Bancoldex para el plan de reestructuración de deuda de las empresas establecido por el gobierno, a pesar de ser consideradas costosas por los banqueros, en algo ayudan a solucionar el problema en el corto plazo. A largo plazo se necesita algo más que ingeniería financiera: se requieren recursos nuevos. Es preciso conseguir recursos externos para fortalecer el proceso de reestructuración de deuda y además recursos externos para la capitalización de las empresas. Si no se hace algo rápido en este frente, lo más probable es que los colombianos veamos desaparecer buena parte de nuestro sector productivo. La solución no es que los bancos se queden con las empresas. Ese, simplemente, no es su negocio.



Otro punto fundamental y en el que parece haber una gran controversia entre los banqueros privados y la Superintendencia Bancaria es el de las provisiones. A los banqueros no les gusta provisionar, porque afecta sus balances. Por ello mantienen en categoría A muchos clientes que deberían estar en B, C o D o inclusive E, como en efecto ha pasado. Colombia tiene la más baja cobertura de provisiones de Latinoamérica. La Superbancaria no puede bajar la guardia ni ceder en este punto, pues de él depende buena parte del saneamiento del sector.



La banca pública



Nada describe mejor la banca pública que las palabras de Jorge Castellanos en su entrevista con Dinero: "el nivel de desgreño administrativo y de saqueo abierto en la banca pública es increíble". Basta mirar los indicadores de estas entidades. Sus indicadores de gestión son los peores del sistema, como lo son también los indicadores de capacidad administrativa. Además, ninguna de estas entidades, con la (posible) excepción del Banco Agrario, está allí para corregir imperfecciones de mercado, sino para usufructuar beneficios.



El gobierno está trabajando en el saneamiento de la banca pública con un esquema muy parecido al de la banca privada. Algunas de estas entidades se van a fusionar o unir operativamente --el BCH con Granahorrar, el Banco del Estado con Uconal--, luego se van a capitalizar, se van a dar de baja los activos improductivos y, finalmente, se van a poner en venta con la esperanza de recuperar al menos el valor en libros de las acciones. En todo este proceso, Fogafin es el que se queda con las acciones y, por tanto, con la responsabilidad de los resultados de los bancos públicos.



En el mejor de los casos, y si no se encuentran más "cosas terribles", el costo del saneamiento es de $3,5 a $3,6 billones, pero podría llegar a $4,3 billones. Del costo total, $2,5 billones ya se perdieron, pues están representados por activos improductivos que no valen nada. El $1 billón restante es el valor de las acciones de los bancos saneados y es el monto que el gobierno aspira recuperar cuando los venda.



A pesar de las buenas intenciones del gobierno para solucionar los problemas de la banca pública, el tema genera una serie de dudas. Primero, no es muy factible que el gobierno pueda privatizar estos bancos el año entrante, cuando lo más probable es que al mismo tiempo también salgan al mercado los bancos privados saneados. Segundo, si no hay un cambio de administración en estos bancos, no hay forma de garantizar que el saneamiento sea efectivo y que en un año no estén tan mal como antes de la capitalización. Tercero, con la estructura que tiene actualmente, Fogafin no puede manejar la administración de los bancos públicos en los que están la mayoría de sus acciones.



A los bancos públicos se los robaron. Esto es claro en los $2,5 billones de activos improductivos que hay que dar de baja. ¿Cuál es la garantía de que ésta no sea una capitalización en vano? Mientras menos recursos se inviertan en su saneamiento y más se agilice su venta, mejor para todo el mundo.



Banca hipotecaria



El otro gran problema que aún no está resuelto es el de la banca hipotecaria. La decisión de la Corte Constitucional que ató el UPAC a la inflación dejó a las corporaciones de ahorro y vivienda en una situación complicada, al generar una brecha muy grande entre las tasas a las cuales prestan y las tasas a las cuales captan. Si esto no se modifica, las corporaciones no van a poder prestar y no habrá más crédito para vivienda.



En estos días, la Corte Constitucional se va a pronunciar sobre el tema de la capitalización de intereses en los créditos de vivienda. Si el fallo es positivo, en algo puede ayudar a solucionar el problema. Si es negativo, habrá que buscar la manera de financiar el desfase.



La nueva Ley Financiera le da atribuciones al gobierno para solucionarle a la gente el problema de la financiación de vivienda. Es urgente que éstas no se desaprovechen y que pronto haya una solución nueva y definitiva.



En conclusión, para poder afirmar que se acabó el riesgo de una crisis en el sector financiero, hay que terminar bien las tareas. En la banca privada es preciso darles una solución a las empresas con recursos externos y no sólo con gimnasia financiera. En la banca pública, hay que garantizar que el proceso culmine y que de ninguna manera vuelvan a ganar terreno los avivatos del pasado. En la hipotecaria, hay que acelerar las decisiones referentes a la financiación de vivienda para que este sector pueda volver a arrancar.
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