Lecciones de la crisis

| 5/26/2001 12:00:00 AM

Lecciones de la crisis

Las causas de la crisis financiera de 1998 hoy son claras. ¿Se aprendió la lección? Y, sobre todo, ¿qué se está haciendo para evitar una nueva crisis?

Dos años después de la explosión de la crisis financiera del 98, los analistas y académicos tienen claro qué pasó. No solo se sabe por qué el país llegó a una profunda crisis, de la cual no ha acabado de salir, sino también lo que habría podido hacer para evitarla.

Pero esto no es lo único. Al examinar las experiencias de otros países que han pasado por situaciones de crisis similares, se observa que las causas de las crisis financieras no son exclusivas de unos cuantos países infortunados, sino que, por el contrario, se repiten de manera simétrica en prácticamente todos. Sin embargo, y esta es la gran paradoja, cuando los síntomas aparecen, nadie los reconoce y las medidas se toman casi siempre cuando ya es demasiado tarde.



Causas de las crisis



Pierre-Richard Agénor del Banco Mundial es un experto en el tema de crisis financieras y dedica buena parte de su tiempo a viajar por el mundo e ilustrar a gobiernos y académicos sobre las causas de la crisis y las medidas de política para prevenirlas. Recientemente, estuvo en Cartagena como conferencista en el seminario sobre Crisis Financieras que realizó Fedesarrollo en esta ciudad. Allí presentó sus conclusiones acerca de las causas de una crisis financiera, algunas de las cuales resumimos a continuación.



Para Agénor, las crisis financieras tienen su origen en tres tipos de factores: distorsiones micro y fallas institucionales; factores macroeconómicos, y corrida de depósitos y pánicos bancarios.



En lo micro, las distorsiones tienen que ver sobre todo con la disparidad o descalce entre los activos y los pasivos que surge cuando se produce un auge de crédito. Comúnmente, estos auges están asociados con el ingreso masivo de capitales que, por un lado, genera gran liquidez y, por otro, tiende a revaluar el tipo de cambio. El incentivo para endeudarse en el exterior es enorme, aunque por la euforia del momento no se hace un buen cubrimiento de la deuda. Esto hace que en el momento de la destorcida o de un shock externo, el sector financiero no pueda responder fácilmente, en especial si hay una alta movilidad de capital. El gobierno, por su parte, contribuye también a distorsionar las condiciones del sector en la medida en que utiliza los bancos públicos para dirigir crédito hacia sectores o clientes específicos. Por lo general, en estos procesos, la calidad del crédito y la rentabilidad se dejan de lado. No en vano es esta cartera la que primero se deteriora en momentos de crisis.



Por otro lado, si el ente encargado de la regulación y supervisión no cuenta con los elementos o la voluntad necesarios para impedir la concentración de la propiedad, controlar los autopréstamos o cualquier otra actividad irregular pueden terminar siendo responsables de la gestación de la crisis. Lo mismo sucede si las normas para la clasificación de la cartera no son lo suficientemente severas o la asignación del crédito se hace con base en la historia del cliente y no en la rentabilidad del proyecto hacia el futuro.



Otro punto importante en el nivel micro tiene que ver con los efectos de la liberalización de los mercados financieros internos. La entrada de nuevos jugadores aumenta la competencia e induce a los antiguos a involucrarse en actividades de mayor riesgo para poder defenderse.



En el nivel macro, los shocks pueden ser internos o externos. Un shock interno podría producirse cuando, por ejemplo, las autoridades deciden aumentar las tasas de interés para reducir la inflación o defender el tipo de cambio. Como resultado, la actividad productiva se desacelera y se debilita la capacidad de los deudores de atender sus créditos. Un shock externo, por su parte, podría surgir cuando se produce una modificación en los términos de intercambio que afecta inclusive a los bancos mejor administrados. Una caída no anticipada en el precio de las exportaciones puede dañar la capacidad de las firmas del sector para atender sus deudas, lo cual a su vez deteriora la calidad de la cartera de los bancos.



La fuga de capital inducida por el aumento de la tasa de interés externa o la pérdida de confianza también puede conducir a situaciones de crisis. La salida de capitales disminuye los depósitos en los bancos, con lo cual estas entidades no tienen más opción que liquidar sus activos de largo plazo para aumentar la liquidez o disminuir abruptamente el crédito.



La crisis colombiana



Al analizar la crisis colombiana a la luz de las conclusiones de Agénor, no hay más remedio que aceptar que un buen número de las causas "típicas" de una crisis financiera estaba presente. La economía había dejado de crecer desde 1996, los flujos de capital estaban de salida, la tasa de interés en aumento y la devaluación en camino. A lo anterior se sumó, además, el efecto sobre el país de la crisis financiera internacional.



La crisis explotó y cuando el gobierno actuó, lo hizo por intermedio de Fogafin con tres objetivos en mente: evitar el riesgo de una crisis sistémica, garantizar la confianza en el sistema financiero y evitar el riesgo moral. Las estrategias que utilizó fueron las de liquidar las entidades no viables; establecer líneas de crédito para la capitalización de las entidades privadas viables; y la capitalización y privatización de las entidades públicas, con excepción del Banco Agrario.



La resolución de los problemas de las entidades privadas se hizo por medio de la Resolución 006 de Fogafin, la cual constaba de tres etapas: saneamiento, capitalización y convenio de desempeño. Estas mismas tres etapas se llevaron a cabo en la banca pública, con la diferencia de que en este caso el saneamiento se hizo con recursos del presupuesto nacional.



Fogafin actuó sobre el 31% de los activos del sistema, con una gran concentración sobre los activos de las entidades públicas. Solo 12 entidades privadas que representaban el 11% de los activos del sector se acogieron a la línea de capitalización de Fogafin.



Así, el costo fiscal de la crisis recayó sobre todo en la banca pública. De los US$5.473 millones que se han utilizado hasta ahora, US$3.364 millones se destinaron a la banca pública, mientras la privada solo utilizó US$404 millones. El resto de los recursos se utilizaron en las liquidaciones de las entidades no viables, la banca cooperativa y los alivios hipotecarios.



De los US$5.473 millones invertidos en la crisis, Héctor Cadena, director de Fogafin, aspira a recuperar US$2.064 millones con la venta de los activos improductivos y las privatizaciones. Si esto ocurre, el costo neto de la crisis sería de US$3.409 millones, que equivalen a 4,12% del PIB, muy inferior al de otros países con crisis financieras.



Las lecciones



Es claro que en Colombia el terreno estaba abonado para una crisis financiera y, en efecto, se dio. Ahora, la pregunta es si se está haciendo algo para evitar una nueva crisis en el futuro.



El primer tema que habría que examinar con cuidado es el de la regulación y la supervisión bancaria. ¿En manos de quién debería estar el control del sector financiero? ¿Del gobierno, del banco central o de un ente independiente? El problema de la supervisión se complica cuando quien supervisa, en este caso la Superintendencia Bancaria, está en manos del gobierno que, a su vez, es parte interesada.



El segundo tema para pensar tiene que ver con Fogafin. Aquí también hay un tema de dolientes. No solo debe haber participación del gobierno en este fondo, sino también del sector privado y del Banco de la República. El riesgo debe ser un tema prioritario.



Por último, el Banco de la República y el gobierno tienen una gran responsabilidad en el manejo macro para evitar los desajustes que conducen a una crisis financiera. Es cierto que a veces esta puede ocurrir por razones externas, pero la probabilidad aumenta en la medida en que la economía es más vulnerable.



Causas de las crisis financieras



Distorsiones micro y deficiencias institucionales



Disparidad o descalce entre activos y pasivos.



Interferencia del gobierno.



Deficiencias en la regulación y el marco legal.



Deficiencias en las garantías e incentivos del gobierno.



Liberalización financiera prematura.



Factores macroeconómicos



Shock internos y externos.



Auges de crédito.



Régimen cambiario.



Corridas de depósitos y pánicos bancarios
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