| 10/1/1994 12:00:00 AM

La ropa sucia...

... se lava en casa. El delito de lavado de dinero es una importación norteamericana, inventada y practicada allá.

La oficina de la DEA en Miami tiene en su recepción un museo que da cuenta de las capturas realizadas por esta organización. No obstante, el afiche ofreciendo recompensa por la cabeza de Pablo Escobar está exhibido, mas no la foto de su cadáver encima de un tejado de Medellín. Al parecer, la DEA todavía no se ha dado cuenta de que Pablo Escobar fue dado de baja por las autoridades colombianas, con la colaboración de la misma agencia. Esta anécdota ilustra el grado de desconocimiento de la DEA sobre su principal enemigo: el narcotráfico.

En Colombia no existe el lavado de dinero como delito. Aunque algunos se rasguen las vestiduras, es absolutamente innecesario tipificar el lavado de dinero como delito, si no existe una aplicación de la ley, como es el caso en Colombia. El país ya está curado de la panacea nacional contra todos los males, que consiste en sacar una nueva constitución, una ley, un decreto, una resolución, o una circular, previniendo, prohibiendo y castigando un acto determinado de los ciudadanos. La experiencia ha demostrado que por más que se tipifique el lavado de dinero como delito en Colombia, ello no se traducirá en que se dejará de lavar dinero, sobre todo teniendo en cuenta que el dinero del narcotráfico se lava, en su mayoría, en Estados Unidos y otros países del área dólar. Se calcula que el 95% del lavado de dinero del área dólar se hace en Estados Unidos.

"Lavar" dinero significa disimular el origen de un dinero mal habido, integrándolo a la corriente financiera. El dinero no tiene que provenir precisamente del narcotráfico, sino de cualquier forma de delincuencia. Es más. Como dice Rafael Acosta, vicepresidente jurídico de la Asociación Bancaria, "las normas contra el lavado de dinero en Colombia son perfectas para aprehender a los secuestradores, atracadores y jaladores". En efecto, el sector financiero colombiano adoptó por propia iniciativa un esquema, que después se convirtió en regla, para prevenir el uso de la banca colombiana en el lavado de dinero proveniente de cualquier tipo de delincuencia.

En Estados Unidos existen tres niveles del proceso de lavado que se consideran como delito: El primero es la introducción del efectivo producto de la venta de narcóticos al sistema financiero. Este es el paso más difícil, puesto que el producto de la venta callejera está representado en billetes de baja denominación, que ocupan mucho espacio físico. En Estados Unidos hay una ley que obliga a las entidades financieras a reportar las transacciones de efectivo superiores a US$10.000. Esto dificulta la introducción del efectivo a la corriente, pero no lo frena. La segunda etapa del lavado es la dispersión de los fondos a través de numerosas cuentas, para borrar el rastro de donde provienen. Y la tercera etapa es el regreso de los fondos a las cuentas del dueño del negocio, generalmente en su país de origen, amparados como préstamos.

Para obviar el primer paso, o sea la consignación de efectivo, lo mas común es utilizar el "pitufeo". Los pitufos son personajes, normalmente no colombianos porque despertarían sospechas, que se dedican a consignar sumas de efectivo inferiores a US$10.000 en diferentes bancos, diferentes cuentas, e incluso, diferentes cajas de la misma oficina de un mismo banco. El pitufeo es un delito. Recientemente la revista "The New Yorker" contaba la historia de un operativo de la policía de Nueva York en contra de los pitufos. La historia cuenta cómo la policía siguió y detuvo a varios personajes en el área de Jackson Heights y Corona, habitados por la colonia colombiana, dedicados a pitufear. Uno de los detenidos era una pareja de más de sesenta años, con aspecto de abuelitos inofensivos. Hay dos datos curiosos en la historia. El primero es que se utilizaran colombianos para el pitufeo, cuando normalmente se evita en esta operación a los compatriotas. Y el otro es que el operativo fue realizado independientemente por la policía de la ciudad, sin colaboración ni conocimiento, y ni siquiera reconocimiento, de la DEA y la CIA. La moraleja es la patética acción de la DEA. El comandante de la operación cuenta que en varias oportunidades contactó a la DEA para realizar el operativo en forma conjunta, pero que los celos profesionales impidieron cualquier clase de colaboración. Ni qué decir de las relaciones entre la CIA y la DEA. Son inexistentes.

El mismo gobierno norteamericano ha declarado que la lucha contra el tráfico de narcóticos ha sido un fracaso. En 1993 solamente se pudieron incautar US$500 millones, de toda la cantidad de recursos que mueve el negocio. El gobierno norteamericano calcula, en forma absurda, que el narcotráfico mueve entre US$300.000 y US$500.000 millones, anualmente. Es absurdo que el rango sea tan amplio, y es absurdo el monto. El Departamento de Estado calcula que el consumo de drogas a nivel mundial asciende a US$500.000 millones, de los cuales US$200.000 millones se consumen en Estados Unidos. De estos recursos US$100.000 millones se lavan en Estados Unidos y si se incluyen delitos conexos la suma asciende a US$300.000. El PIB colombiano supera ligeramente los US$40.000 millones. Las cifras son, a todas luces, absurdas. De hecho, estudios realizados por Hernando José Gómez, estiman que anualmente al país ingresan por narcotráfico entre US$1.000 y US$2.000 millones. Los ingresos de la balanza cambiaria, que alcanzaron un pico de US$8.300 millones en 1991, soportan esta tesis.

Aun así, estos montos son importantes para la economía del país, y han generado un fenómeno que se acrecienta con los años: el contrabando. A pesar de la apertura, el contrabando ha venido aumentando en los últimos años. Algunos aducen que niveles arancelarios de 20% para bienes de consumo y la retención en la fuente del 10% para los dólares libres son incentivos al mismo. Pero antes los aranceles para bienes de consumo eran superiores al 20% y el contrabando ha ido en aumento. El verdadero incentivo es pues, el dólar diferencial con que se financia el contrabando. La utilidad del negocio del narcotráfico es tan grande que permite que los dólares obtenidos se cambien a tasas inferiores en hasta 25% de la tasa de cambio de mercado. El llamado dólar de Cartago oscila entre $600 y $650, cuando la tasa de cambio de mercado fluctúa entre $800 y $850.

Es así como una de las formas de lavar dinero que sí se realiza en Colombia y sí afecta a la economía del país es el contrabando. El mecanismo consiste en que el lavador adquiere bienes en el exterior. Los paga con dólares "sucios" y despacha la mercancía a Colombia. Aquí los distribuidores del contrabando reciben la mercancía y consignan las facturas en pesos, en cuentas del lavador. No obstante, el negocio del narcotráfico es de tal magnitud, que el contrabando sólo alcanza a cubrir una pequeña parte de la operación.

Otra forma de lavar dinero en los Estados Unidos es "comprar" negocios que manejen mucha liquidez como bares, restaurantes y, curiosamente, lavanderías. Los ingresos que se consignan aparecen originados en el negocio, cuando en realidad son recursos que se están lavando. Otra modalidad de blanqueo es hacer sociedades de papel, que desarrollan un supuesto objeto social, pero que en realidad están dedicadas a consignar efectivo. Otra manera de lavar dinero, muy utilizada, es a través de autopréstamos en Colombia, poniendo como garantía los mismos depósitos en el exterior, o sea realizando un "back to back". Los colombianos reciben el dinero proveniente de un supuesto préstamo, con toda la documentación legalizada y jamás repagan el dinero. La imaginación de los colombianos ha llegado hasta el extremo de ganarse loterías y certificar ganancias en los casinos para justificar enriquecimientos inusitados.

Una fuente que está creciendo rápidamente es la de la recepción de donaciones en dólares para las iglesias evangélicas. El caso de Jimmy Chamorro es típico, donde se demostró que su padre manejaba enormes cantidades de dólares. Otro caso fue la negación de licencia de funcionamiento a una casa de cambios, cuyos dueños eran los mismos representantes de una "fundación" encargada de recibir dinero de Estados Unidos y repartirlo a particulares en el país, en pesos. Pero el sistema más burdo de lavado sigue siendo sacar maletas de dinero en efectivo de los Estados Unidos. Esos dólares se venden en Colombia y nunca alcanzan a ser registrados en las cuentas externas del país. Son simplemente dólares que pasan de una mano a otra, hasta que salen nuevamente del país en manos de los viajeros.

Es más difícil lavar dinero a través de la sobrefacturación de exportaciones, porque ello implica dejar rastro de las operaciones, hay que utilizar testaferros y monetizar las divisas con documentos de exportación falsos. Además el banco que da curso a certificados falsos de exportación es igualmente culpable. Otra vía muy común de lavado es a través del comercio de esmeraldas y oro. Dado que en Venezuela los controles bancarios son muy laxos, el negocio se ha ido extendiendo a ese país. Es más. Con la crisis y las restricciones cambiarias, los dólares en efectivo son muy apetecidos por los venezolanos y no es raro ver atravesar la frontera colombo-venezolana a camiones colmados de dólares.

En épocas más laxas los Rodríguez Orejuela llegaron a tener un banco en Panamá: el First Interamericas Bank. Un caso mas reciente fue el del BCCI, que lavaba dinero aceptando consignaciones de sociedades inexistentes. El First Interamericas Bank fue finalmente liquidado por las autoridades panameñas. A varios bancos colombianos les congelaron cuentas que habían realizado transacciones con ese banco.

Por su parte, en Estados Unidos funcionan muchas entidades que cumplen funciones financieras sin ser intermediarios ni tener vigilancia. Hay servicios de cambio de cheques, de expedición de cheques a la orden y de giros postales que son utilizados en forma masiva por los narcotraficantes. Muchos acusan al servicio postal de los Estados Unidos de ser el primer vehículo para el lavado de dinero. Hasta octubre de1992 los giros en efectivo realizados a través del correo no tenían que ser reportados como las operaciones en efectivo de los bancos. Sólo desde ese momento hay que llenar el mismo formulario para consignación de efectivo, pero los giros postales y los cheques al portador siguen siendo uno de los instrumentos favoritos por los lavadores.

En la segunda mitad de la década del ochenta la DEA se dedicó a perseguir al sistema financiero colombiano. Le tendían trampas a los funcionarios medios. Los abogados norteamericanos encontraron una mina de oro, porque, para evitar la publicidad, los bancos colombianos decidieron enfrentar el problema cada uno por sí solo. No se unieron para contratar los mismos abogados en casos similares, y los abogados entre sí no compartían sus experiencias, lo que desembocó finalmente en altísimas cuentas por honorarios, pues cada caso se tomaba como si fuera el primero.

La DEA sigue tendiendo trampas a los bancos colombianos pero éstos ya saben de qué se trata. La agencia suele hacer transferencias sin identificar destinatario ni origen a cuentas de bancos colombianos, para ver cómo reaccionan los gerentes. Cuando se descubre que es la DEA no se sabe si es una trampa planeada por la institución, o un doble agente que trabaja para los narcotraficantes. Lo que sí no ha habido es el primer proceso en contra de uno de estos agentes dobles. Estados Unidos ha logrado exportar sus controles sobre el narcotráfico a otros países. La carga de la prueba reposa sobre los bancos colombianos y la ignorancia no es disculpa en los procesos.

Las autoridades norteamericanas refinan cada vez más los controles, por lo que se ha encarecido el lavado de dinero. Existen organizaciones dedicadas únicamente a este segmento del negocio, que contratan a los mejores abogados y cobran exorbitantes honorarios. Igualmente en Estados Unidos hay todo un negocio de abogados montado alrededor de la defensa de bancos extranjeros cuyas cuentas han sido bloqueadas por las autoridades norteamericanas. La manera de operar es que cuando encuentran una transacción que se sale en algo de lo común, congelan las cuentas que tenga el banco sospechoso en otros bancos. Con ello se paraliza la actividad del banco.

El primer banco colombiano que sufrió este tratamiento fue el Cafetero en 1985. En ese año, por una operación desconocida por el banco, las autoridades norteamericanas congelaron una fuerte suma de dinero. El caso demoró más de un año en resolverse y los honorarios de los abogados ascendieron a más de US$ 5 millones. Finalmente se llegó a un acuerdo extra juicio mediante el cual el gobierno se quedó con parte de los fondos y descongeló el resto de las cuentas. Después de este episodio los bancos colombianos prendieron las alertas sobre lo que podía suceder y cada vez han ido sofisticando más lo controles. Hoy en día un banco no acepta una transferencia sin antes haberla autorizado. Si se encuentra una consignación no autorizada, se devuelve la transferencia.

El delito en Colombia es muy diferente. El enfoque del sistema judicial ha sido el de tipificar como delito el testaferrato y el enriquecimiento ilícito. Las herramientas legales son suficientes, aunque lo que falla es su aplicación.

Los bancos colombianos que tienen filiales en el exterior son los primeros afectados con la persecución a los lavadores de dinero. Las cosas han llegado hasta tal punto que las filiales colombianas no tienen que cuidarse de que las utilicen como vehículo para el lavado de dinero, sino de las autoridades norteamericanas, que arbitrariamente congelan cuentas de bancos colombianos, por el simple hecho de tener esa nacionalidad: Como dice César González, presidente de la Asociación Bancaria "el ser un banco de Colombia es de por sí un estigma ante las autoridades; pero ello no significa que bajemos la guardia en nuestros controles. Todo lo contrario. La banca colombiana tiene un código de ética tan avanzado como el de Estados Unidos". La carga del control del lavado pasó a las entidades financieras y si se encuentra culpabilidad la sanción es para el intermediario. "En los casos de sospechas de lavado de dinero los bancos son culpables hasta que demuestren lo contrario" concluye González.

Para evitar problemas, los bancos colombianos con sucursales en el exterior procuran trabajar únicamente con clientes conocidos y especialmente colombianos. Ello obviamente limita el horizonte de sus operaciones. Tratan de evitar el depósito de money orders, cashier checks, y cualquier tipo de documentos al portador. No se aceptan cheques con doble endoso, no se abren cuentas a casas de cambio y se cambian dólares a turistas sólo si presentan el pasaporte. Las casas de cambio han optado por utilizar cuentas de terceros para poder operar.

Hay que anotar finalmente que siempre existe el riesgo de que las medidas contra el lavado de dinero en Colombia pueden derivar en un control de cambios. No se puede confundir inversión extranjera, repatriación de capitales y lavado de dinero. Con el pretexto de controlar la entrada de narcodineros se puede regresar al oscurantismo de los controles a la inversión extranjera y entrada de capitales, sin mayores resultados que los obtenidos por la DEA en la lucha contra el narcotráfico.
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