| 7/7/2006 12:00:00 AM

La otra banca

El sector financiero solo atiende las necesidades de crédito del 7,5% de la población colombiana. ¿Quiénes están financiando a los demás colombianos?

El 92,5% de la población colombiana no tiene acceso al crédito de la banca, como lo revela uno de los más recientes estudios de bancarización en Colombia, efectuado por Marulanda Consultores Ltda. De acuerdo con el informe, el número de clientes de crédito del sector financiero a finales de 2003 era algo más de 3 millones, es decir, que la penetración de los productos de crédito en el país estaría alrededor del 7,5%.

Estas estimaciones permiten cuantificar el bajo nivel de bancarización del país, y dan una idea del peso que pueden tener entidades no financieros en el otorgamiento de crédito para las clases menos favorecidas. Es un hecho que las personas que no tienen acceso a la banca acuden desde a las entidades del sector solidario, como las cooperativas con carácter financiero y fondos de empleados y empresas del subsidio familiar, como las Cajas de Compensación —jugadores formales debidamente regulados— hasta a las casas de empeño y los agiotistas que conforman un amplio mercado extrabancario con altos costos. En el medio, están las ONG que han desarrollado programas de microcrédito en todo el país, y que son jugadores que, si bien no tienen vigilancia por parte del Estado, arriesgan su propio patrimonio en sus actividades crediticias.

En los últimos meses, el boom del consumo ha llevado también a otras entidades no bancarias como almacenes, cadenas comerciales y empresas de servicios públicos a financiar la compra de bienes, en especial electrodomésticos, en condiciones más accesibles para los estratos bajos de la población en un intento por masificar el crédito (ver página 97). Falabella, por ejemplo, ya ha colocado más de 120.000 tarjetas en el mercado con ventas por casi US$6 millones mensuales. Y estima para los próximos 5 años, tener más de un millón de tarjetahabientes. Por su parte, los bancos también han acelerado sus programas de expansión hacia estratos de ingresos bajos.

Si bien hay espacio para todos en la financiación de los estratos con menos poder adquisitivo, hay que buscar que el mercado crezca sano para evitar problemas de sobreendeudamiento. Para muchos expertos, la mayor bancarización sin este tipo de riesgos se logra con transparencia en la información, entre otras cosas. Y una manera de hacerlo es asegurarse de que todos los jugadores que otorgan crédito estén reportando a las centrales de riesgo. Precisamente, este es uno de los pilares de la reforma que el gobierno está preparando para el sector financiero y que junto con otros cambios —como la reforma al régimen de garantías, la modificación a los controles administrativos de las tasas de interés, la creación de cuentas de bajo monto y la creación de corresponsales no bancarios— pretende llevar los servicios financieros a este grueso de la población.

Las alternativas solidarias

El sector solidario es un jugador muy importante y significativo en la financiación de la población más pobre, tanto que su cartera de crédito de consumo representa hoy cerca de una quinta parte de la del sector financiero.

Según cifras de la Superintendencia de la Economía Solidaria, la cartera de las 208 cooperativas con carácter financiero y los 1.589 fondos de empleados que había en 2005 totalizaba $5,3 billones, 17% más que en 2004. De esto, el crédito de consumo es el de mayor utilización con cerca del 85% de la cartera total en más de 900.000 créditos. Aunque la cartera de vivienda (15.100 créditos) y el microcrédito (25.455 créditos) vienen creciendo, solo representan el 9,24% y el 1,47% del total, respectivamente.

En este sentido, Enrique Valderrama, superintendente de la Economía Solidaria, considera que "es importante recuperar el crédito a proyectos productivos y de adquisición de vivienda para propiciar entre los asociados el emprendimiento y la innovación".

Una de las fortalezas del sector solidario para realizar esta tarea es su gran base de asociados (más de 2 millones). La otra es su gran presencia rural. Las cooperativas financieras tienen alrededor de 648 oficinas en todo el país en zonas donde no está la banca, si bien esta red está concentrada en Antioquia, Cundinamarca, Santander y Valle y no está interconectada. Por esto, las cooperativas están intentando unificar su red para aprovechar su cobertura y mejorar el servicio.

Otra ventaja de este tipo de compañías es que tiene un portafolio amplio, pues muchas ofrecen seguros y otros servicios financieros. No obstante, según algunas de ellas, tienen grandes limitaciones pues no pueden captar de terceros, ofrecer cuentas AFC ni otorgar subsidios VIS, entre otros.

Por esto, Coomeva, la cooperativa multiactiva más grande del país por ventas y asociados (170.000), se encuentra en proceso de escindir su sección de ahorro y crédito para convertirla en una cooperativa financiera bajo la vigilancia de la Superfinanciera. Esto le permitirá captar ahorro de terceros y hacer muchas de las labores que realiza un banco, excepto tener cuentas corrientes y la compensación con el Banco de la República.

Según José Miguel Terreros, gerente financiero de Coomeva, la nueva entidad comenzaría a operar en el primer semestre de 2007 con una cartera de alrededor de $1 billón y un capital de más de $100.000 millones. Esta decisión les permitirá captar entre terceros mediante su red de más de 71 oficinas en capitales de departamento y ciudades intermedias.

Otro jugador muy importante en este segmento son las Cajas de Compensación Familiar, pues casi el 83% de sus afiliados son trabajadores con ingresos mensuales inferiores a tres salarios mínimos. En 2005, el crédito en servicios sociales, vivienda e industrias familiares alcanzó los $551.000 millones, según cifras de la Superintendencia del Subsidio Familiar. Por esto, el gobierno las autorizó recientemente a abrir secciones de ahorro y crédito, aunque hasta la fecha ninguna lo ha hecho.

Cuando se les autorizó a otorgar microcrédito, Colsubsidio, Cafam, Comfandi y posteriormente Comfenalco Cartagena adquirieron Finamérica, compañía de financiamiento comercial especialista en microfinanzas y líder en el tema. "Ahora queremos lograr un mayor posicionamiento interno pues nuestros 4 accionistas tienen más de 2 millones de afiliados, así como un ensanche regional al ingresar a zonas donde no estamos, como la Costa Atlántica y ampliar la cobertura en Cali, Pereira y Cundinamarca. De una red de 30 oficinas, la idea es pasar a unas 65", afirma Felipe Suárez, presidente encargado de Finamérica.



El papel de las ONG

Las ONG microfinancieras no reguladas son otras entidades que atienden al sector microempresarial. Desde 2002, las fundaciones y ONG (alrededor de 25 que reportan a la Fundación Emprender) han desembolsado microcréditos por US$527 millones y han desarrollado numerosas alianzas con la banca para la canalización de recursos. A pesar de las limitaciones, han jugado un papel muy importante en la asesoría y acompañamiento a los segmentos más pobres de la población.

Una de las experiencias más exitosas por su tamaño, número de clientes y rentabilidad es la Red del Banco de la Mujer que incluso ha realizado dos emisiones de bonos en el mercado de capitales sin contar con garantías adicionales para conseguir capital.

Estudiosos del tema también destacan cómo algunas ONG ofrecen mecanismos novedosos de financiación, como el crédito prendario, el cual es un canal importantísimo para la población pobre.

A pesar de la existencia de estos intermediarios formales y las ONG, la gran mayoría de los colombianos aún recurre a sistemas informales de crédito como prestamistas o prenderías, soportando inmensos costos. Según Beatriz Marulanda, experta en microfinanzas, las tasas de interés son del 10% mensual en prenderías y del 1% diario en las plazas de mercado, lo cual equivale a extravagantes tasas efectivas anuales de 214% y 3.500%. Incluso una tasa del 5%, que es muy frecuente entre otro tipo de prestamistas del mercado extrabancario, representa tasas anuales del 80%.

Es un hecho que hay una alta necesidad de financiamiento por parte de las poblaciones de bajos ingresos, y que es factible atender esta población de modo rentable y seguro. La calidad de cartera de los intermediarios del sector solidario y de muchas ONG está en niveles similares a las del sector financiero. Las medidas que está preparando el gobierno se inspiran en algunos instrumentos comunes en estos tipos de intermediarios, como las cuentas de bajo monto y la adopción de mecanismos novedosos de financiación, como el crédito prendario. Sin embargo, el gobierno tendrá un fuerte trabajo político para explicar la conveniencia de endurecer la ley de garantías, poblar mucho más las bases de datos y liberar las tasas de interés y comisiones, lo cual permitirá a las instituciones financieras asumir un mayor riesgo, menores costos operativos y un mayor ofrecimiento de crédito.

En toda esta discusión será necesario tener en cuenta las características de esta población desbancarizada y sobre todo la experiencia de estos otros intermediarios que los financian.
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