| 7/23/2004 12:00:00 AM

La banca y el microcrédito

La banca entendió que los estratos pobres son un gran mercado y los desembolsos a los microempresarios crecen. Pero banca, gobierno y deudores tendrán que actuar con cautela para que el modelo funcione.

Desde cuando los grandes bancos del país voltearon sus ojos hacia el microcrédito, como un nicho rentable, este segmento de cartera ha crecido a un ritmo del 50% anual. En los últimos dos años se han desembolsado cerca de $2,5 billones en pequeños créditos para microempresarios.

Este repunte está gestando un cambio cultural en el sector financiero, pues muchas entidades están ideando esquemas de evaluación de riesgo, acompañamiento y asesoría para estos sectores. Otras entidades van más allá del simple crédito. Y la mayor oferta de recursos para esta población marginada hasta ahora de la banca viene acompañada de múltiples productos y servicios.

Pero recientemente la cartera vencida ha crecido, lo cual muestra que se debe avanzar con precaución pues el segmento también es riesgoso.

Si bien el apoyo del gobierno -por medio de Bancoldex y el Fondo Nacional de Garantías- ha sido clave, es claro que la regulación y el marco de política deben avanzar para adecuarse a esta realidad. Banqueros y gobierno deben procurar que este auge del microcrédito sea sostenible a largo plazo.



El cambio

ONG, fondos de empleados, cooperativas financieras, compañías de financiamiento, como Finamérica y Compartir, y bancos medianos, como Caja Social y Megabanco, venían cubriendo este nicho de mercado al que el crédito de los grandes bancos no había llegado. Muchos de ellos lo estaban haciendo con éxito, con buenos niveles de eficiencia y rentabilidad, y creciendo con un riesgo controlado. Sin embargo, dado el tamaño del mercado (el 95% de las empresas del país corresponde a pyme), el esfuerzo de estas entidades no era suficiente para atender este sector de la economía.

En los últimos años, grandes bancos como Bancolombia, BBVA, Banco Agrario, Banco de Bogotá, entre otros (Bancafé lo está montando), han incursionado en este mercado ante la relativa escasez de negocios con los grandes clientes o, como dicen los banqueros, para apalancar el desarrollo económico del país. Sin importar cuál sea el origen de su interés, vieron que este podía ser un nicho rentable y creciente.

"Queremos responder de manera integral a las necesidades que plantea nuestra economía y atender a los clientes que hay en el mercado, consolidando así nuestro modelo de banca universal y nuestra participación en el mercado. Además, nuestro compromiso con el desarrollo del país es darle a este segmento del mercado acceso a recursos a costos económicos", comenta Santiago Pérez, vicepresidente de personas y pyme de Bancolombia.

Esta participación de la gran banca hizo que los desembolsos mensuales para este segmento se duplicaran en los últimos años, para llegar a un promedio de cerca de $20.000 millones mensuales, según la Superbancaria. Por su parte, la cartera de microcrédito alcanzó a mayo de 2004 un saldo alrededor de los $601.000 millones, 45,2% más que el mismo período de 2003.

Desde cuando se puso en marcha el convenio de microcrédito entre el gobierno y la banca, en agosto de 2002, esta ha desembolsado más de $2,5 billones en créditos, que han beneficiado a casi 1.122.000 familias microempresarias.

A partir del cuarto trimestre de 2003, la cartera vencida evidencia un aumento considerable. Y en el último año creció 49%. El indicador de calidad de cartera del microcrédito, que se ubica alrededor del 6,6%, está por encima del de consumo y el empresarial. Según algunos analistas, esto muestra el peligro de que a este segmento ingresen jugadores que, por su afán de captar mercado, no midan los riesgos de este nicho.

"Es tan malo no prestarle a un microempresario como hacerlo en exceso o a un plazo inadecuado, pues eso sí lo puede sacar del mercado crediticio", dice Germán Contreras, presidente de Finamérica, una de las entidades más reconocidas en este segmento. Y recuerda la experiencia boliviana hace 6 años, cuando el ingreso de financieras chilenas muy agresivas dañó el mercado al no considerar las particularidades de este tipo de crédito frente al convencional de consumo o corporativo.



Conocer el cliente

La diferencia no es del tamaño, sino del sujeto del crédito. Por lo general, estos clientes son informales, no cuentan con información contable y carecen de vivienda (léase garantías). Además, las microempresas tienen una tasa de mortalidad de alrededor de 60% (2 de cada 3 microempresas desaparecen antes del primer año). Un gran porcentaje de empresarios de bajos ingresos no está bancarizado, lo cual hace más compleja su actividad pues no tienen referencias ni historial crediticio.

Por esto, la evaluación de riesgo debe ser diferente a los procedimientos convencionales de las instituciones financieras. Las entidades consultadas lo saben y están creando áreas específicas y desarrollando o perfeccionando metodologías de riesgo para este mercado. La mayoría coincide en que la clave es conocer al cliente, pero como no cuentan con estados financieros, tienen que hacerlo visitándolos. "Nos sentamos con ellos y mediante un diálogo y herramientas que hemos venido desarrollando, reconstruimos y analizamos su flujo de caja. También revisamos su reputación dentro de la comunidad y no exigimos tantos papeles", explica un asesor especializado en este segmento.

Muchas entidades están creando o reforzando grupos especializados en realizar evaluaciones en este segmento y forjando, a su vez, una nueva cultura financiera. La oficina es la persona, pues en ella se centraliza la función comercial, el análisis de riesgo y la recuperación de cartera, ya que es quien hace el seguimiento de modo casi permanente.

En BBVA, los llaman gestores de negocios especializados en mipyme y Bancolombia comenzó un plan piloto del segmento emprendedor, con una fuerza que se desempeña como oficinas móviles del banco en barrios populares.

Estas metodologías hacen que los costos administrativos sean relativamente elevados, pues los créditos son de muy bajo valor y plazo, siendo altamente riesgosos, a diferencia de un crédito de consumo que está estandarizado.

Según los banqueros, están en una fase experimental y alimentan los sistemas para conocer este mercado. Y, por tanto, no hay que alarmarse, pues la cartera está en niveles tolerables.



Más que crédito

Aunque la incursión en este mercado nació con la vocación de dar crédito, también busca ofrecer servicios financieros integrales, pues aquí está el mayor potencial de crecimiento.

"A este segmento no se le debe mirar solo como sujeto de crédito, sino reconocer que necesita una oferta integral de servicios: una cuenta corriente, pagar servicios públicos, y ahorrar", afirma Eulalia Arboleda, presidente del Banco Caja Social, una de las entidades más adelantadas en el tema de microfinanzas.

La ventaja de esta entidad es que capta en el mismo segmento en que coloca, lo cual hace sostenible en el largo plazo su modelo. Y, como reafirma su presidente, "en la medida en que hemos ido conociendo el segmento, hemos diseñado productos para cada microsegmento que incluyen seguros, tienda empresario y remesas, entre otros".

Es más, en la actualidad ,esta entidad trabaja con una firma internacional experta en el tema para afianzar este modelo en clientes mucho más pequeños e informales de los que atienden en este momento.

Muchas otras entidades van en esta misma línea. Finamérica, que se financia sobre todo con CDT en estratos altos y con la banca de segundo piso, tiene una tarjeta inteligente. Es una tarjeta para comprar sus insumos con cupo de crédito rotativo. Otras entidades, como BBVA, ofrecen este mismo servicio.

Megabanco está en una agresiva estrategia para que un mayor número de sus clientes acceda a los canales electrónicos. "Gracias a un importante desarrollo tecnológico, llegamos a los estratos bajos (2 y 3) con los mismos servicios de internet y teléfono que ofrece la banca moderna a cualquier otra empresa", comenta Gabriel Uribe, vicepresidente comercial de la entidad. Al abrir su cuenta de ahorros, los clientes reciben de inmediato una clave que les da acceso a los servicios de banca electrónica, lo cual les permite realizar consultas, transferencias o pagar servicios públicos, añade Uribe.

Las entidades están en una carrera por bancarizar este segmento de la población pues han visto que es su medio para crecer. Además, de este modo, obtienen más altos niveles de lealtad y relación de largo plazo. Por otra parte, los empresarios necesitan y valoran la asesoría y la capacitación.

Algunos bancos, en acuerdos con el Sena y las Cámaras de Comercio, vienen desarrollando programas de formación gerencial. Bancoldex, por ejemplo, creó el Centro de Información Empresarial que ofrece a los microempresarios asesoría legal, tributaria, comercial y financiera.

Esto hace que los banqueros se aproximen con más confianza a los microempresarios cuando los ven acompañados y bien asesorados. En esto, comenta un banquero, las universidades tienen un desafío muy grande pues pueden contribuir fuertemente con este proceso.



El papel del Gobierno

La política del Estado reconoce en el microcrédito -que ha sido una de sus piezas centrales- una de las mejores formas de generar empleo. (En Finamérica, por ejemplo, cada empresa apoyada genera por lo menos 3 empleos directos)

El país ha avanzado en el marco regulatorio para las microempresas en los últimos años con la ley mipyme, el reconocimiento de la cartera de microcrédito, los convenios que estableció con el sector financiero, los recursos de Bancoldex y con el Fondo Nacional de Garantías, FNG.

Con el nuevo enfoque de Bancoldex, los créditos a las microempresas se han disparado. En el primer semestre del año, Bancoldex ha desembolsado alrededor de $407.000 millones para mipyme, el 41% de lo desembolsado en este período. En 2003, el apoyo a este segmento fue alrededor del 16% ($204.000 millones).

Por su parte, de los $1,3 billones que colocó en garantías el FNG en 2003, alrededor de $185.000 millones (el 15%) fueron para microcrédito.

Además, como el microcrédito se estaba quedando solo en las áreas urbanas, en junio del año pasado, el FNG realizó una alianza con los entes territoriales para llevar el crédito a estas regiones marginadas.

Hoy tiene firmados más de 150 convenios y ha colocado cerca de $35.300 millones a unos 10.100 microempresarios de municipios apartados. Esto con el apoyo de bancos como el Agrario, que ya tenía una dinámica en el sector rural, y el BBVA, que busca aprovechar su red.

Según algunos analistas, aunque el apoyo del FNG es prioritario en este momento, cada vez más el crédito debería depender del adecuado análisis de riesgo y la adopción de procedimientos de otorgamiento y recuperación adecuados en la banca.



¿Qué falta?

Estos mismos analistas consideran que aún falta reforzar el marco de política para tratar más aspectos que el simple crédito, como la formalización, tecnificación y capacitación en temas de comercialización para aumentar su competitividad.

Por su parte, algunos banqueros estiman que se requiere que la tasa de interés sea una tasa de mercado para esta financiación especial (que no aplique la tasa de usura), debido a los altos costos en que tienen que incurrir. Así sea alta, dicen, siempre será mejor para los microempresarios pues en ausencia del sector financiero acuden a los agiotistas.

Otros consideran que es más riesgoso que los intermediarios que están entrando al mercado lo hagan con tasas subsidiadas que hagan que el esquema a largo plazo no sea sostenible.

Para otros, el principal riesgo es que la actual normatividad no necesariamente se cumple para el microcrédito. Las normas mundiales de regulación financiera, como Basilea, exigen implícitamente una formalización de los clientes, por lo que chocan con el mundo de la microempresa. El miedo de los banqueros a incumplir y ser sancionados con esto puede frenar la penetración de la banca en este negocio, advierten algunos analistas. Y, por tanto, demandan un ajuste a las prácticas de regulación y supervisión para controlar mejor el riesgo en esta actividad.

Por último, con la evidente participación de Cajas de Compensación en el mercado de microcrédito, preocupa su poca experiencia en el otorgamiento de crédito. Por esto, la mayoría de los intermediarios coincide en que si bien es conveniente para el país contar con una buena oferta de crédito para la microempresa, las cajas deberían cumplir las mismas reglas de juego.

El microcrédito ha comenzado a permear al sector financiero y hoy grandes jugadores le apuestan a este mercado. Los banqueros al igual que otras industrias han descubierto que en los estratos de menor ingreso están los grandes mercados del futuro (ver Dinero No. 209).

No obstante, todos los involucrados deben procurar consolidar esta tendencia a largo plazo. Los banqueros, incursionando en esta cartera sin descuidar el riesgo para que sus modelos sean sostenibles en el largo plazo. El gobierno, modificando el marco normativo para apoyar integralmente a las microempresarios. Y estos últimos, honrando sus deudas, siendo sinceros con el banco e invirtiendo bien los recursos que les prestan. Solo así se podrá generar la confianza en este segmento para lograr una verdadera democratización del crédito.
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