| 8/20/2004 12:00:00 AM

Jugando con candela

Las operaciones de algunos corredores de bolsa promueven cambios en las normas y muestran el valor de la autorregulación del mercado.

Los corredores de bolsa son, en general, gente compuesta. Sin embargo, hay temas que les desajustan la corbata, como la mención de problemas en el manejo de los portafolios propios, conflictos de intereses y el uso de información privilegiada. Estos asuntos son muy delicados para el mercado y por eso, tanto la Superintendencia de Valores como el Rector del Mercado de la Bolsa andan tras la pista de los que incurren en pecados capitales financieros.

Uno de estos pecados lo constituyen ciertos manejos de las inversiones que las firmas de corretaje hacen a nombre propio y que en la jerga bursátil denominan posición propia. Hace algunos años, algunos puestos de bolsa dejaron de enganchar corredores con sueldo y comisiones y, en cambio, permitieron que ellos hicieran sus propias operaciones, metidos bajo el paraguas de la firma. Podían usar las oficinas, los teléfonos, el capital y la marca del puesto de bolsa, pero cada uno de ellos operaba casi de forma independiente, entregando un porcentaje de sus ganancias a la empresa. Para tener su posición propia, cada corredor debía poner una garantía a disposición de la firma, para que contra ella se pudieran deducir las pérdidas en las que incurriera.

No parecía una mala idea y un buen número de firmas adoptaron este modelo. Pero el sistema tenía dificultades. En el Ministerio de Hacienda sostienen que esta práctica se parece mucho a una franquicia del puesto de bolsa y contravía de las normas del sector financiero. Para ellos, la Nación les permite a unas firmas que cumplen una serie de requisitos hacer corretaje de valores y ese permiso no se puede entregar a terceros con menor capital y sin licencia para operar como firma de corretaje.

Pero aparte de la discusión legal, sobre la cual todavía no hay una posición unánime entre los abogados, el sistema genera problemas para la administración de riesgo. El corredor comparte sus ganancias, pero asume completamente sus pérdidas, de manera que el puesto de bolsa no perdía nunca.

Este arreglo, a primera vista ingenioso, plantea la siguiente dificultad. Los inversionistas institucionales (bancos, compañías de seguros, fondos de pensiones, fiduciarias y puestos de bolsa) definen todos los días el límite de pérdidas en las que pueden incurrir en su portafolio. Cuando un título llega a ese límite, los traders tienen la orden de venderlo de inmediato para evitar mayores pérdidas, si el papel se sigue depreciando durante el día. Sin embargo, en los puestos de bolsa 'franquiciados' había el riesgo de que esas órdenes se incumplieran. Al fin y al cabo, aunque frente a terceros la firma siempre debe responder, el corredor sabía que estaba perdiendo su garantía, que en ocasiones equivalía a una parte importante de su patrimonio.

Cuando está perdiendo, es muy difícil pensar que el corredor obedecerá con docilidad la orden de vender. "Preferirá esperar para ver cómo sale del lío o a que el mercado cambie de sentido", explica un trader. Informalmente, algunos agentes del mercado le contaron a Dinero sobre peleas a puños entre funcionarios administrativos del puesto y corredores que se rehusaban a cumplir. Incluso con escenarios menos violentos, el esquema puede perforar la política de administración de riesgo que debe mantener una compañía.

Es tan serio el problema, que la Superintendencia de Valores prepara una norma para declarar práctica insegura el manejo 'franquiciado' de la posición propia. Habrá demoras en su expedición porque esta entidad no quiere involucrarse en la regulación de los contratos de trabajo de las firmas con sus corredores, pero Dinero estableció que exigirá que las pérdidas sean claramente asumidas por las firmas comisionistas.

La discusión también pone sobre el tapete el tema de la remuneración de los corredores. Algunos opinan que ellos deberían recibir un sueldo fijo y una bonificación por desempeño, como ocurre en las mesas de dinero de los bancos o en las casas de bolsa internacionales. Así quedarían menos dudas de que el trader trabaja para el cliente y no cuidando los intereses de la firma de corretaje o los suyos propios.

El problema no para en un recuento de riñas y desobediencias más o menos coloridas. Aunque hoy las firmas usen menos las garantías, tengan sistemas de remuneración con comisiones en los que se comparten ganancias y pérdidas, y gerentes de riesgo con mucha más autoridad, el lío sobre el manejo actual de la posición propia tiene otras facetas.

Intereses

encontrados

Cualquier inversionista podría preguntarse si cuando hay un buen papel en el mercado, el corredor lo adquiere para el portafolio de sus clientes, para el de su firma o para el suyo propio. La respuesta muestra que quien maneja a la vez su propio portafolio y ejecuta mandatos para clientes, enfrenta un conflicto de intereses.

Para el Rector del Mercado, el problema está en que hay muy pocas normas precisas sobre posición propia y quizás el conflico se evitaría al establecer una normatividad más amplia sobre el tema. Mientras tanto, Clemente del Valle, Superintendente de Valores, afirma que está empezando a discutir formas para eliminar el conflicto, por ejemplo, que personas diferentes manejen el portafolio propio y reciban los mandatos de los clientes. De hecho, señala, algunas de las firmas más grandes ya lo hacen así.

Con esa medida además, puntualiza, se limitaría un problema de elusión tributaria. Cuando el corredor ejecuta el mandato de compra de un papel para su cliente, se debe pagar 16% de IVA porque los contratos de comisión están gravados. Cuando el corredor vende papeles de su posición propia, la operación no paga IVA y por eso siempre se preferiría la figura de usar la posición propia para vender papeles.



Información privilegiada

El uso indebido de información privilegiada es otro problema común en el mercado de valores. Tiene múltiples manifestaciones. Una de ellas ocurre cuando un corredor recibe el mandato para comprar una suma importante de títulos. El corredor -que sabe que el movimiento subirá los precios de ese papel- compra los títulos para su cliente y un monto adicional para su firma o para él mismo, y los vende en el pico de precios que él mismo producirá cuando le traslade los papeles a su cliente inversionista.

"Usar información privilegiada a su favor es uno de los problemas más graves", dice Rosillo y opina que esta práctica se está solucionando con medidas ejemplarizantes contra quienes incurren en esa conducta. Recordó el vigor con que avanza el proceso contra las personas que presuntamente compraron un dato de inflación este año.

Los negocios entre parientes, no tan frecuentes, también incomodan a quienes consideran que en esos casos puede haber información privilegiada o conflictos de intereses.



Lo que viene

"Muchas veces, estas cosas se hacen por ignorancia de las normas", opina un funcionario del gobierno cercano al mercado bursátil. Por eso, espera que parte del problema se solucione cuando pase la Ley de Valores que obligará a los corredores a aprobar un examen de conocimientos para poder estar en una mesa de dinero. También cuando se cree la figura del Oficial de Cumplimiento, un funcionario independiente encargado de hacer que las normas del mercado se cumplan. "Podría detener una operación ordenada por el presidente de la firma", explica.

El Superintendente también prepara un apretón de tuercas gradual para que las firmas de menor tamaño se puedan ajustar. Algunas medidas ya se han comenzado a ver. Ahora no solo se sanciona al trader, sino al representante legal y a los encargados de control interno. La Ley de Valores aumentará las multas por incumplir las normas. Además, la Supervalores recibirá cerca de US$500.000 en los próximos dos años para mejorar su capacidad de vigilancia. Medidas iniciales para sanear un problema que preocupa a inversionistas, comisionistas y supervisores.
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