| 4/1/1995 12:00:00 AM

Inversión a fondo

Los fondos de inversión están valorando sus inversiones a precios de mercado. Ello afectará la rentabilidad, pero muy pronto todo volverá a los niveles actuales.

Todo indica que con los actuales niveles de tasas de interés y las perspectivas favorables del mercado de valores en el segundo semestre, los fondos de inversión alcanzarán un nuevo impulso al amparo de las nuevas variables que permite la legislación existente, en la que coexisten con los tradicionales fondos comunes ordinarios administrados por las sociedades fiduciarias, otros basados en la gestión de portafolios con énfasis en operaciones de renta fija o en acciones, los cuales son administrados por sociedades comisionistas de bolsa.

En los últimos cuatro años se ha multiplicado y diversificado la oferta de fiduciarias y, por consiguiente, de fondos comunes. Estos están constituidos por la suma de los depósitos de los clientes que desean ceder la administración de cierta cantidad de dinero a un tercero (la fiduciaria) que conoce mejor el mercado financiero. La entidad se encarga, entonces, de cumplir este encargo y para ello mantiene separados los dineros que recibe de los ahorradores de los que conforman su propio patrimonio. Este año, a fines de febrero, el valor de dichos depósitos alcanzaba $1,315 millones, repartidos entre un total de 42 fondos comunes. Es bueno anotar, sin embargo, que el volumen de recursos aportados a estos fondos cayó en un 30% en 1994. Aparentemente, los inversionistas más sofisticados retiraron parcialmente sus aportes, a medida que el alza en las tasas de interés les fue indicando la conveniencia de colocar a término sus dineros.

Como las condiciones del mercado son muy volátiles, nada asegura una rentabilidad determinada para el ahorrador que deposita sus excedentes en un fondo común. Simplemente, la fiduciaria se compromete a invertir de la mejor manera los dineros recibidos, pero su obligación "es de medio y no de resultado", como alcanza a leerse generalmente en los anuncios.

Las fiduciarias tratan de obtener la mejor rentabilidad sobre su portafolio de inversiones porque estas entidades cobran a sus clientes un porcentaje de los rendimientos del fondo. Entre más alta sea la tasa de retorno del portafolio, mayores serán los ingresos de la fiduciaria. La comisión por concepto de administración es generalmente del 10%, pero es una práctica común entre estas entidades cobrarles más barato a los clientes que manejan grandes excesos de liquidez. En cualquier caso, la información relevante en materia de rentabilidad para el inversionista es la tasa neta de comisión, esto es, una vez descontada la comisión de la fiduciaria por la administración de sus recursos.

Los depósitos al igual que los retiros de los fondos comunes se hacen a la vista, esto es, pueden efectuarse en cualquier momento, siempre y cuando se cumplan unas mínimas condiciones que varían de una fiduciaria a otra y que dependen, entre otras cosas, de la hora máxima permitida a los clientes para solicitar esas operaciones. Esta disponibilidad casi inmediata de los recursos permite que los ahorradores mantengan la liquidez de su capital,

pero obliga a los administradores de los fondos a mantener una proporción considerable de títulos de alta liquidez y, por lo tanto, de baja rentabilidad, para garantizar la atención oportuna en los retiros. Por esta razón los rendimientos que obtienen estos fondos son normalmente inferiores a las que pueden alcanzarse en depósitos a término. Al final del día las utilidades en la compra-venta de papeles se distribuyen en su totalidad entre los participantes cíe] fondo, por lo que el estado de pérdidas y ganancias arranca y termina en ceros diariamente.

El fondo más reciente en haber ingresado al mercado es Surenta, un fondo de valores administrado por Suvalor, una firma comisionista de bolsa que pertenece al Sindicato Antioqueño. Este fondo invierte en renta fija. Arrancó operaciones el primero de febrero, aprovechando una favorable coyuntura de tasas (le interés. Esta situación hizo que en sólo 28 días el valor de Surenta alcanzara $3,375 millones. Por su parte, el derecho o unidad de suscripción paso de un valor inicial de $1,000 a $1,036.43, alcanzando una rentabilidad efectiva anual de 59% en cuestión de un solo enes.

Ana María Reyes, gerente de Surenta, opina que a medida que crezca el fondo va a ser mas difícil sostener esa rentabilidad. Sin em-bargo, como una base amplia del portafolio inicial está invertido en papeles a unas tasas muy altas, considera que para este año el fondo va a obtener un rendimiento superior al de otros fondos mas antiguos, que llevan a cuestas inversiones más antiguas y menos rentables.

Efectivamente, la Resolución 200 de la Superbancaria tiene preocupados a los administradores de fondos comunes. Esta medida busca corregir distorsiones en la valoración de los papeles que componen el portafolio, obligando a valorar los papeles al valor presente neto. Empieza a regir el 30 de abril y las sociedades tienen seis meses para diferir las posibles pérdidas cíe los fondos. Lo que han hecho algunas fiduciarias es "darse la pela" de tina vez y están preparando la valoración, con utilidades o pérdidas, lo que muy probablemente se reflejará en un menor valor de los fondos y en una menor rentabilidad.

Por la misma época en que se impulsaron las sociedades fiduciarias, se dieron los primeros pasos para vincular los pequeños inversionistas al mercado de valores. En Colombia tradicionalmente el mercado de valores ha estado dirigido a los inversionistas con gran capacidad de movilización de recursos. Los pequeños ahorradores han tenido más bien poca participación en el mercado abierto, por lo que sus excesos de liquidez han sido comúnmente captados por los establecimientos de crédito o sus filiales de servicios financieros mediante cuentas de ahorros, encargos fiduciarios o depósitos a término, entre otros. Hay dos fuertes razones que explican este comportamiento. De una parte, los costos que acarrea la participación en el mercado bursátil resultan por lo general demasiado altos para un ahorrador individual y, de otra, los volúmenes transarlos en bolsa superan normalmente la capacidad del pequeño inversionista.

Este esquema lo rompen los fondos de valores administrados por las sociedades comisionistas de bolsa, los cuales logran distribuir entre una base amplia de inversionistas los costos que implica la participación en el mercado abierto, con lo cual logran economías de escala, al tiempo que garantizan una movilización suficiente de recursos.

En términos simples, estos fondos constituyen para las sociedades administradoras una cartera con la que arman un portafolio de títulos de renta fija, de acciones (renta variable) o de ambas, dependiendo de la finalidad declarada de cada fondo y, por supuesto, de las condiciones del mercado. Los rendimientos que se obtengan sobre ese portafolio se reparten proporcionalmente entre los participantes del fondo. Al igual que en el caso de los fondos administrados por sociedades fiduciarias, los encargados de la gestión de fondos de valores no están en capacidad de garantizar una determinada rentabilidad. De hecho, por ley, las ganancias de estos fondos no pueden ofrecerse como un rendimiento fijo. Alfonso Durán, gerente dé fondos de valores de Corredores Asociados, sostiene que este sistema se ha convertido por varias razones en el mecanismo ideal para que cualquier persona pueda invertir en la bolsa. En primer lugar, el ahorrador delega la administración de su dinero a profesionales curtidos que están mejor preparados para tomar decisiones de inversión. Adicionalmente, y es lo que hace a los fondos de valores tan atractivos para los pequeños inversionistas, no se necesitan grandes capitales para participar en ellos. En efecto, el aporte mínimo está entre $200,000 y $500,000 y los clientes pueden, además, efectuar retiros parciales de acuerdo con sus necesidades de liquidez.

Por último, aunque no menos importante, al movilizar un volumen considerable de recursos, estos fondos permiten diversificar el portafolio, con lo que se evita el riesgo de tener todos los huevos colocados en una sola canasta. Algo similar hacen las sociedades administradoras, por su parte. Casi todas ellas han establecido una rigurosa limitación a la participación máxima que puede tener en el fondo un suscriptor individual. Con esto logran atomizar el mercado, lo que le brinda una mayor estabilidad al fondo.

Los fondos de valores son bastante familiares para los inversionistas en otras partes del mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, donde se les conoce con el nombre de fondos mutuos, constituyen el tercer segmento del sector financiero, después de la banca comercial y las compañías de seguros. En 1994 su crecimiento en ese país fue tan vertiginoso que el patrimonio conjunto de estos fondos llegó a crecer US$ 1,000 millones diarios en promedio.

En Colombia el desarrollo de los fondos de valores es aún bastante incipiente. De hecho, la legislación que facultó a las sociedades comisionistas de bolsa para constituirlos data de hace unos pocos años (Resolución 608 del 14 de septiembre de 1990 de la Comisión Nacional de Valores). El primer fondo que se creó en el país fue Interés, administrado por Corredores Asociados. Este fondo de renta fija inició operaciones en mayo de 1992. Al cierre de ese año alcanzó un valor de $3,024. Varios meses después la misma firma lanzó el fondo Acción, orientado a quienes estuvieran dispuestos a invertir en acciones y esperar un plazo más largo para recibir mayores rendimientos por dividendos y valorización, exentos de retención en la fuente, a diferencia de las ganancias obtenidas en operaciones de renta fija. Aunque este fondo fue diseñado para invertir en acciones, por tratarse de un fondo abierto, no menos de 10% del portafolio debe estar representado en valores de alta liquidez para atender oportunamente las solicitudes de retiro de los clientes.

En pocos años los fondos de valores se han multiplicado y han atraído un volumen importante de recursos. A fines de 1993 existían ya cinco fondos que administraban recursos por un valor de $37,530

millones. De esta suma, aproximadamente $30,000 millones correspondían por partes iguales a Interés y a Opción Colombia, un fondo de renta fija administrado por Comisionistas de Colombia, filial del Banco de Colombia. Para Sonia Cristina Vera, gerente de ese fondo, una de sus ventajas frente a la competencia es justamente la posibilidad de mercadear el producto a través de la red del banco. "Esto nos permite comunicar una imagen de grupo. Hemos descubierto que a menudo los ahorradores buscan seguridad, antes que una buena rentabilidad".

El año pasado nació Nexus, el primer fondo de acciones cerrado que existe en el país. Esto significa que los suscriptores no pueden redimir sus derechos ante la firma emisora, en este caso Corredor y Albán, antes de un año a partir del momento en que adquirieron su participación. A primera vista, este plazo puede resultar exagerado para el tipo de inversionistas al que se dirigen todos estos fondos, pero es ahí donde se encuentra lo verdaderamente novedoso de la operación de NCXLIS: los derechos del fondo están inscritos en bolsa, por lo que los ahorradores pueden acudir al mercado secundario y negociarlos con un descuento, -como cualquier otro papel por el que hay que esperar cierto plazo para su redención", opina Juan Andrés Albán, encargado del área de banca de inversión de esa firma comisionista. Los expertos sostienen que, por sus características, la emisión de los derechos de este fonda se ajusta a la definición de un proceso de titularización.

Los fondos cerrados tienen ventajas tanto para la sociedad comisionista como para los ahorradores. Los administradores del fondo no están obligados por ley a mantener una proporción determinada del portafolio en títulos (le alta liquidez. Por su parte, los ahorradores pueden tener la certeza de la estabilidad del fondo. Todas estas bondades deberían tener un impacto favorable sobre la rentabilidad. Infortunadamente, Nexus salió en un momento cíe debilidad del mercado bursátil. En efecto, a fines de 199 1 las acciones anduvieron muy de capa caída. Las bruscas fluctuaciones en los precios y las altas tasas de interés llevaron a muchos a considerar el retiro de sus inversiones en acciones y sólo unos pocos arriesgados se animaron a invertir, pero en pequeños volúmenes.

En lo que va de este año la demanda por acciones no se ha reactivado, a pesar de los buenos resultados que presentaron la mayoría de las empresas inscritas en bolsa. Todo indica que a menos que bajen las tasas de interés, el mercado seguirá deprimido. En el largo plazo, sin embargo, la inversión en acciones continúa siendo recomendable. Para la muestra un botón: la variación acumulada del IBB, el índice de precios de acciones de la Bolsa de Bogotá, entre el primero de enero de 1991 y el 28 de febrero de este año indica una rentabilidad promedio anual de 70%, muy por encima de los rendimientos corrientes en operaciones de renta fija. Juan Andrés Albán se muestra optimista con respecto al futuro de los fondos cerrados.

La Resolución 96 de la Superintendencia de Valores, que modificó recientemente el sistema de valorización de las inversiones cíe los fondos administrados por las sociedades comisionistas de bolsa, va a castigar contablemente en el futuro a los operadores que tengan que entrar a liquidar parte de su portafolio en coyunturas cíe iliquidez, cuando las tasas de interés pueden estar por muy encima de las tasas a las que fueron adquiridos los títulos. Esto afectará principal m ente a los fondos abiertos. Pero la medida adoptada por la Supervalores afecta a las inversiones futuras de los fondos y no a todo el portafolio de inversión, como lo ordena la Resolución 200 de la Superbancaria. Es por ello que los fondos administrados por comisionistas de bolsa posiblemente presentarán al público mayores rendimientos que los fiduciarios en los próximos meses. Esta situación está siendo estudiada por ambas autoridades.
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