| 8/21/2009 12:00:00 AM

Guerra de letras

Emisores e inversionistas siguen a la espera de una explicación por los cambios en la calificación que les otorgó Fitch Ratings a algunos de sus títulos.

Un agrio enfrentamiento entre una de las principales firmas internacionales de calificación de riesgos, Fitch Ratings, y un grupo de entidades financieras, golpea por estos días el mercado de valores colombiano y amenaza con llegar a los estrados judiciales.

La controversia se originó en un proceso de homologación de estándares y metodologías de calificación planteado por la multinacional Fitch Ratings para los negocios que venía manejando en el país su filial Duff & Phelps, cuyo resultado terminó reduciendo la nota para algunas emisiones, causando confusión en el mercado y provocando un verdadero remezón para emisores, corredores e inversionistas.

Todo arrancó a comienzos de año cuando Duff & Phelps solicitó a la Superintendencia Financiera homologar las calificaciones expedidas a emisores y emisiones, con los parámetros utilizados por su matriz Fitch Ratings. El 2 de junio recibió la autorización de la Superfinanciera, que avaló el proceso luego de estudiar los argumentos de la calificadora que indicaban que no había cambios ni en los fundamentales ni en la metodología.

Por mandato de la Superfinanciera, la calificadora publicó a finales de julio un aviso en medios en el que comunicaba dos temas: el aumento de su participación accionaria en Duff & Phelps de Colombia, para quedarse con el 100% de su capital y la homologación de calificaciones.

El aviso anticipaba probables "ajustes a algunas calificaciones" pero aclaraba que en caso de que esto ocurriera los cambios no obedecían a modificaciones "en los aspectos fundamentales de los sujetos de calificación" -es decir, las entidades emisoras- sino básicamente a la adopción de la nueva metodología, con estándares internacionales. Estos mismos criterios fueron ratificados a un grupo de inversionistas, emisores y comisionistas convocados a una conferencia en la tarde del 27 de julio.

Pero el 28 de julio la sorpresa fue mayúscula para el mercado, pues algunas emisiones de los bancos Bogotá, Occidente, Popular, Davivienda y Colpatria, aparecían en la homologación con una calificación inferior a la que tenían vigente por los procesos de revisión (cayó de Triple A a Doble A+ y Doble A). Incluso hubo errores de Fitch Ratings en la digitación de algunas notas que subieron a la página de la Superfinanciera y que obligaron a la calificadora a modificar rápidamente los datos y hacer un nuevo envío de información relevante.

Cabe recordar que las calificaciones, de acuerdo con la reglamentación de la Superintendencia Financiera solo se pueden modificar en dos casos: en la evaluación inicial y en la revisión periódica o extraordinaria.

Gustavo Aristizábal, presidente de Fitch Ratings, asegura que no se trata de un cambio en la calificación, sino de una interpretación que se hizo con base en los parámetros internacionales de la firma y que las emisiones mantendrán las notas asignadas en las revisiones, hasta que venza el plazo bajo el cual fueron concedidas. "La homologación no ha cambiado nada, solo se trata de una visión, de una interpretación que hace Fitch", explica. (ver recuadro)

Sin embargo, el mercado y el propio Gobierno entendieron que se trababa de una recalificación. De hecho, ese mismo día el Ministerio de Hacienda tuvo que expedir de urgencia el decreto 2805 para flexibilizar una exigencia vigente en materia de inversiones en las entidades del Estado. La norma anterior (decreto 1.525 de 2008) las obligaba a colocar sus recursos en papeles con mínimo la segunda mejor calificación de riesgo (Doble A+), mientras el nuevo decreto les permitió invertir en títulos "como mínimo con la tercera mejor calificación vigente para el largo plazo (Doble A)". Se buscaba así evitar una 'desbandada' de los poseedores de estos títulos, que hubiera generado pérdidas gigantescas al sistema.

El hecho ameritó la apertura de una investigación administrativa por parte de la Superintendencia Financiera para establecer "si la calificadora obró en el marco de las condiciones y requisitos autorizados por la entidad y si se hizo este proceso cumpliendo las exigencias establecidas y ajustado al marco del régimen normativo que rige la actividad de las calificadoras".

Aristizábal insiste en que la calificación válida es la que existía antes de la homologación. Pero para que haya claridad en el mercado, será necesario que la entidad salga públicamente y modifique en la página web de la Superfinanciera las calificaciones, de manera que solo queden las reales. Este es un tema que implica la 'rectificación' por parte de la calificadora, pero que a la postre devolverá la confianza del mercado.

Un asunto de cuidado

Hasta ahora, el remezón provocado por la homologación ha tenido un impacto leve, aunque han bajado las negociaciones de algunos papeles. Esto implica que el mercado de valores ha entendido que en las entidades o en sus emisiones no se han dado cambios sustanciales que evidencien un mayor riesgo. Pero lo que el mercado está pidiendo es claridad, pues nadie sabe qué pasará en las próximas semanas de mantenerse la confusión actual.

Alejandro Figueroa, presidente del Banco de Bogotá, no oculta su sorpresa por la publicación de la nota homologada para una emisión de bonos de esta entidad, que había tenido una revisión a comienzos de julio, a partir de la cual se le había asignado la calificación Triple A por parte de Duff & Phelps y que el 28 de julio pasó a Doble A+ por parte de Fitch Ratings. "Nos sorprendió que, sin que se hubieran dado cambios en los aspectos fundamentales del banco, pasáramos en menos de veinte días de una calificación a otra. No sabemos por qué el cambio, si seguimos siendo el mismo banco", comenta el presidente del Banco de Bogotá, considerada una de las entidades con manejo más ortodoxo del sector financiero.

Frente a posibles acciones del banco contra la calificadora, Figueroa explica que por ahora están analizando qué decisiones adoptarán. Sin embargo, hay un fuerte rumor entre los comisionistas de que algunos bancos afectados podrían emprender acciones legales por el impacto negativo que estos cambios pudieran tener en el desempeño de sus títulos.

Agustín Vera, de Corredores Asociados, explica que la nota Doble A para una emisión sigue siendo buena, pues implica un bajo riesgo para el inversionista. Sin embargo, cree que algunos inversionistas sí podrían tener mayor cautela frente a estos papeles, lo que terminaría afectando, en algún momento, su valor.

El tema de las calificaciones, que para un lego en la materia no pasa de ser una simple 'sopa de letras', resulta de trascendental importancia para el mercado de valores. Julián Cárdenas, analista de Corredores Asociados, explica que, mientras una emisión Triple A representa mínimo riesgo y paga un interés relativamente bajo -en estos momentos entre 4,0% y 4,5%-, una Doble A implica un riesgo leve pero exige una mayor tasa de interés, que oscila entre 1 y hasta 2 puntos adicionales.

Rafael González, presidente de BRC, otra calificadora de riesgo que opera en el país, cree que es importante no generalizar el tema y diferenciar entre cómo operan unas y otras. Y, aunque no descarta que futuras revisiones puedan llevar a su entidad a modificar calificaciones que previamente ha dado sobre algunas emisiones, explica que este diagnóstico será el resultado de juiciosos procesos de revisión.

Si bien nadie discute la autonomía de las calificadoras para definir las notas que otorgan a las distintas inversiones, cabe preguntarse si no es hora de que den explicaciones claras para que emisores, inversionistas y el público en general tengan transparencia sobre los criterios utilizados para evaluar los riesgos de invertir en los títulos que se negocian en el mercado.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?