| 7/1/1994 12:00:00 AM

Gremios agropecuarios y política

Varios gremios agropecuarios siguen luchando por implantar en Colombia un esquema corporativo de manejo de la política agropecuaria. Tienen cosas más útiles para hacer.

Recientemente, se han producido en el país varios episodios en los que algunos gremios del sector agropecuario han efectuado pronunciamientos y acciones abiertamente políticas. Más de uno de ellos condicionó el apoyo de sus afiliados a algún candidato a la Presidencia de la República a cambio de que éste se comprometiera a desarrollar un programa que contemplara sus exigencias particulares. Todo ello contrariando el parecer de aquellos agremiados de distinta opinión y que no se volvieron afiliados pensando en proselitismo político.

En las pasadas elecciones para Congreso de la República hubo candidatos abanderando movimientos agraristas que buscaban su curul, afortunadamente sin éxito. Un ejemplo de otro "gremio" buscando lo mismo fue el caso del presidente por varios años de Fecode, el poderoso sindicato de los educadores, quien sí logró su elección como congresista.

La reciente Ley Agraria, sancionada por el gobierno nacional, incluye el capítulo denominado "mecanismos de participación ciudadana en el desarrollo de la política agropecuaria"

en el cual se crea la Comisión Nacional Agropecuaria, donde tienen asiento, además de los ministros del despacho del área económica, los presidentes de los principales gremios de la producción agropecuaria, brillando por su ausencia en esta comisión representantes de los consumidores.

En un proyecto anterior a la sancionada ley se pretendía que este foro tuviera poder decisorio sobre la política agropecuaria.

Todas estas manifestaciones podrían ser tomadas por un observador desprevenido como un avance de la democracia colombiana. En efecto, nada más sano que tengan expresión política clara los distintos sectores de la sociedad.

En otros países y épocas, sin embargo, ha habido episodios en que movimientos políticos de corte gremial tuvieron gran protagonismo, pero terminaron acabando con la democracia. Un ejemplo clásico es el caso de Italia, en las primeras décadas del presente siglo, cuando el movimiento fascista estableció como paradigma el estado corporativo, a través del cual las dirigencias de los distintos estamentos (gremios) de la sociedad nacional conducirían o manejarían el gobierno.

La tentación de constituirse en partidos políticos abiertos y velados por parte de los gremios del sector agropecuario y de otros, ha surgido como reacción al cambio de modelo económico introducido por la administración Gaviria. Antes de la apertura y de la mayor independencia en el manejo de la política económica, los dirigentes de gremios poderosos tenían la capacidad de influir sobre los funcionarios de turno para lograr beneficios particulares del Estado: licencia previa para proteger su producción pero que los insumos necesarios estuviesen desgravados; vistos buenos para evitar la competencia externa; cupos de crédito a tasas de interés subsidiada donde eran los amigos del gerente quienes tenían acceso; precios de-sustentación que validaran los costos de producción que incluían un efecto de alta renta de la tierra generado en forma circular por el precio del bien final, siendo el consumidor quien a la postre tenía que pagarlo.

Recientemente ha habido intentos importantes por parte de dirigentes del sector agropecuario y hasta del mismo ministro de esa cartera, de revivir el mundo anterior, en vista de que en el nuevo mundo no se han podido hallar. Uno de los anteriores candidatos a la Presidencia, tratando incluso de pescar votos en ese sector, ha popularizado frases imbuidas de un curioso nacionalismo como las de que en su gobierno toda la canasta alimenticia de la familia colombiana volverá a ser de origen nacional, sin importar el precio que tenga que pagar el consumidor final.



Todo lo anterior ilustra en el fondo la profunda crisis de identidad por la que están pasando los gremios agropecuarios, de la cual no se escapan otros también. Cabe la pregunta, por más que suene repetida: ¿Cuál es el rol que deben jugar los gremios de la producción en una sociedad en proceso de cambio, modernización y crecimiento?

Parte de la respuesta se halla en construir una agenda creativa, positiva y que contribuya al desarrollo económico y social del .país. Ello requiere que en vez de malgastar sus recursos en hacer "lobby" como en el pasado o en constituirse en partido político, más bien se dediquen, en asocio del sector público, a resolver

los principales cuellos de botella que han impedido que el sector agropecuario sea más productivo y encuentre una senda de crecimiento sostenido.

Algunos ejemplos de las áreas donde es urgente trabajar son:

- Formación de capital humano en el campo: cobertura de educación básica en toda el área rural y especializada para apoyar el cambio tecnológico.

- Generación y transferencia de tecnología, lo cual abarca desde nuevas variedades de semillas hasta maquinaria: ¿Tiene el nuevo ICA la capacidad de cumplir con estas exigencias? ¿Si aporta el presupuesto nacional los recursos suficientes? ¿Existen adecuados canales de transferencia de tecnología?

- Formas de comercialización que permitan amortiguar los riesgos y

aumentar la participación en el precio al consumidor final: líneas de crédito

que incentiven el almacenamiento, desarrollo de contratos para entrega a futuro.

- Desarrollo-de infraestructura de riego, adecuación de tierras y vías de acceso: ¿Dónde están los obstáculos que deben superarse para que los programas ya diseñados se pongan en marcha acelerada?

- Establecimiento de vínculos de comercialización con otros países. Asesoría a sus agremiados sobre cómo competir en el exterior. Difusión de información sobre nuevos métodos de producción en otros lugares del planeta.

Esta lista podría ser interminable. Pero acá varios de los dirigentes gremiales agropecuarios, en lugar de hacer cosas verdaderamente útiles por sus agremiados, sólo se preocupan por salir en la prensa, hacer alharaca y echarle la culpa al gobierno de turno de todos los males imaginables, para luego lanzarse a la política y aspirar a un ministerio o a una curul en el Congreso.
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