| 4/15/2005 12:00:00 AM

Gestores en riesgo

El negocio de la banca es en buena medida el de administrar riesgos. ¿Cómo lo hace?

En 1995, John Reed, el entonces presidente del Citibank, decía que el negocio de los bancos no era manejar dinero, sino administrar información. La mayoría de los banqueros hoy estaría de acuerdo con ese criterio. En último término, hasta los movimientos de dinero son cambios en los balances que se hacen con transmisiones electrónicas de datos. Pero la definición de Reed quedaría coja si no se incluyera otro factor crucial para la banca: el riesgo. El crédito y las inversiones son -por naturaleza- inciertos.

Antes de la aparición de las normas de calificación de cartera (SARC) en 2002, el manejo del riesgo en el país no había tocado la estructura de la banca. La crisis de 1997, que redujo de 129 a 61 el número de entidades financieras, mostró la importancia del tema y con el SARC en funcionamiento, los establecimientos de crédito cambiaron su fisonomía. "Hoy las mediciones de riesgos son necesarias para definir la estrategia corporativa, para identificar nichos de mercado, para definir productos, para establecer precios, para definir campañas y, obviamente, para monitorear el cumplimiento de la estrategia", dice Leonardo Hincapié, vicepresidente de riesgo de Bancolombia.

Si la implantación de los sistemas para administrar riesgo transformó la banca de los 90, en este segundo semestre podría haber más cambios cuando la Superintendencia Bancaria comience la revisión de los métodos de medición, los sistemas de control interno, las bases de datos y las políticas de manejo de riesgo de todos sus vigilados. Este momento puede ser perfecto para evaluar en qué va el tema en el país.



Desde la cabeza

Los bancos que sobresalen en la administración de riesgo saben la relevancia de esta labor. "El riesgo no puede estar aislado de la estrategia. Lo primero que un banco debe definir es su apetito de riesgo y con ello define su estrategia", sostiene Hincapié. Al saber qué tanto se quiere arriesgar, se puede establecer cuáles son los mercados que deben atender y buena parte de la política financiera.

Por eso, es un tema de la alta dirección. De hecho, las normas bancarias obligan a que las decisiones más importantes en esta materia sean de competencia de las juntas directivas. El problema está en que no todos los miembros de junta conocen bien las implicaciones de sus decisiones. Uno de los mayores retos para todas las entidades que decidan administrar con juicio sus riesgos es la capacitación de los directores.

La gestión de riesgo toca otros aspectos estratégicos como la política de precios. Los mejores bancos cobran más por los productos que les venden a clientes o a sectores que tienen una mayor probabilidad de incumplir sus pagos y para hacerlo usan sistemas que establecen un perfil para cada cliente.

Los administradores de riesgo también deben facilitar el crecimiento de las entidades. Muchos creen que su labor es la de defender el patrimonio y los depósitos del público, pero esa visión es apenas parcial. Como lo señala Héctor Quiñónez, vicepresidente de riesgo del ABN Amro, "tienen que ayudar a hacer crecer el balance en forma consistente". Así, un buen administrador de riesgo difícilmente impedirá que se realice una operación. En el extremo, deberían encontrar las formas para hacerlas todas.



Nuevo organigrama

En los 90, se podían contar con los dedos de una mano los 'comités de activos y pasivos', que se reunían una vez a la semana para evaluar el efecto de un cambio en la tasa de interés o un desajuste entre el plazo de los pasivos y el vencimiento de los activos.

Hoy todas las entidades tienen un área que trabaja 24 horas en medir, controlar y prevenir problemas de cartera y de inversiones. Como lo señala un estudio de la consultora Human Capital, el encargado de la administración de riesgo en los bancos tiene, en general, rango de vicepresidente y dirige un departamento de estadísticos, matemáticos, ingenieros y economistas que evalúan constantemente la exposición de la entidad a cambios en las condiciones del negocio. Los mejores equipos ya tienen profesionales especializados en estadística o en administración de riesgo.

También se independizaron las operaciones comerciales con los clientes (front office), de las de apoyo como las de sistemas y documentación (middle office) y de la contabilidad y compensación (back office), para mejorar el control operativo.

Además, los bancos más avanzados introdujeron el concepto en la nómina. "La gestión de riesgos está aportando elementos importantísimos para establecer esquemas de compensación variable en las áreas comerciales", dice Hincapié. Los comerciales deben generar un margen sobre el capital que se le asigna a cada negocio y el monto de capital está determinado por el nivel de riesgo. Un crédito a una empresa AAA consume menos capital que otra calificada con B. Así, a la segunda se le debería cobrar más que a la primera.



En inversiones

Los bancos no solo enfrentan la posibilidad de que no les paguen los préstamos a tiempo -riesgo de crédito-, sino la de perder dinero en sus inversiones. Hoy administran $33 billones, cerca de 34% del ahorro financiero del país. Hace 10 años, el saldo no superaba los $3 billones. Ahora son jugadores activos en la transacción de TES, negocian divisas y títulos, mientras que en los 90 las tesorerías apenas se dedicaban a conseguir dinero para cubrir el encaje o a hacer algunos desembolsos.

El riesgo de las inversiones quedó demostrado en la crisis de los TES en 2002. Los papeles de Estado bajaron de precio y les produjeron pérdidas por $140.000 millones a los bancos. Esto es el riesgo de mercado.

Por eso, ahora son más estrictos en el manejo de las mesas de dinero. La casa matriz del Banco Santander define la pérdida máxima que puede asumir en sus tesorerías, explica Jesús López, vicepresidente ejecutivo de riesgos del Banco Santander. Esa instrucción general se convierte en Colombia en índices diarios que deben obedecer a rajatabla en la mesa de dinero. Uno de ellos, el stop loss, es un precio que cuando se alcanza, obliga a los traders a vender inmediatamente. Con eso se limitan las pérdidas por la variación de precio en una inversión.



Medirlo todo

"Identificar, analizar, medir y evaluar riesgos para que no haya sorpresas ni pérdidas inesperadas" es una de las principales funciones del área de riesgos en el Santander. Para que un sistema de esa naturaleza funcione, debe haber una cuantificación precisa de lo que pasa en una entidad y su entorno. Los mejores bancos tienen bases de datos para calcular la probabilidad de pérdida con cada cliente, los que les permite tener precios y provisiones diferentes para cada uno.

El ABN determina el nivel mínimo de retorno al capital ajustado por riesgo (Return On Risk-Adjusted Capital, Rorac). Para hacer esa medida, tiene modelos de riesgo por cliente y un sistema de 'transferencia de costos de pasivos', que les pone precio a los fondos que consiguen diferentes áreas de la entidad. "No es lo mismo hacerle un crédito a Ecopetrol, con dinero de Findeter, que a una pyme con fondos de CDT", ilustra Quiñónez.

En cartera de crédito, los mejores hacen sus provisiones con modelos que predicen qué les va a pasar a sus deudores en el futuro y no con información de qué les ocurrió en el pasado. Cuando sus modelos están bien calibrados, generan menores provisiones y sirven para identificar oportunidades de negocios.

En el lado de las inversiones, los bancos miden las posibles pérdidas con el método de valor en riesgo (VER, o VAR por sus siglas en inglés) y lo complementan con análisis de escenarios futuros en los que cambian los valores de las variables financieras para medir el impacto sobre los resultados. Así, no solo usa los datos del pasado. Los más avanzados emplean hasta 20 factores de riesgo para evaluar las inversiones. Entre ellos incluyen el índice de la Bolsa de Colombia, varias tasas de cambio, y otras tantas tasas de interés nacionales y extranjeras.



Lo que falta

La mayoría de los banqueros afirma que Colombia avanzó bastante en el manejo de los riesgos de crédito y de mercado, pero tiene mucho por hacer en la gestión de los riesgos jurídicos y operativos.

Este último grupo comprende los problemas de fraudes, errores y omisiones administrativas. Aunque su cuantificación está incluida en un acuerdo internacional que deberán cumplir los bancos, Basilea II, incluso en las mejores entidades del extranjero falta una buena cuantificación. Por eso, el primer paso, en el que las entidades colombianas se están moviendo, es recoger la información y adecuar las bases de datos para que sean sensibles a este tipo de riesgo. Hincapié opina que la Superbancaria debería trazar "un plan de vuelo de largo plazo, que identifique las diferentes etapas para que el país se encamine a Basilea II con suficiente tiempo".

Pero en último término -lo más importante-, los modelos y los cálculos no sirven si no se incorporan a la cultura de riesgo. Si esta variable no está en la estrategia, en la paga y en las labores diarias de los funcionarios, la gestión de riesgo no pasará de ser un juego para estadísticos.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?