| 3/5/2004 12:00:00 AM

Estabilizar el ciclo

Los flujos internacionales de capitales pueden desestabilizar las economías emergentes. Hay recetas diferentes al control de capitales 'por decreto' para manejarlos.

Si la entrada masiva de capitales genera efectos difíciles de manejar en las economías emergentes, la combinación de una gran afluencia de dinero, seguida por su salida súbita, es casi siempre el preludio de un desastre financiero. Para evitar esas fluctuaciones siempre está la opción de controlar 'por decreto' la entrada de capitales. No obstante, varios expertos internacionales reunidos en Medellín, en el Simposio sobre Mercado de Capitales, de la Asociación Bancaria, piensan que las medidas de política deben ser diferentes. La percepción de los expertos indica que los países pueden construir posiciones sólidas desde las cuales se pueden beneficiar de los flujos de inversión de portafolio, pero para ello tienen que entender las nuevas reglas del mercado.

En los últimos diez años, el lado de la oferta de recursos se modificó completamente. Los dueños de la liquidez global, disponible para las empresas y los países emergentes, ya no son los bancos sino los fondos de pensiones, los fondos mutuos y las aseguradoras.

Este hecho tiene ventajas. Los fondos buscan papeles con maduraciones largas, lo cual los convierte en las entidades ideales para prestar a 5, 10 ó 20 años, un plazo conveniente para los proyectos del gobierno y los grandes emprendimientos privados. No se interesan en hacer movimientos especulativos, por lo cual tampoco son proveedores de recursos que entren y salgan del mercado con frecuencia. "Se pueden usar para reestructurar la deuda pública y recomponerla hacia plazos de 5 a 20 años", afirma Eliot Kalter, director asistente del departamento de mercados de capitales internacionales del Fondo Monetario Internacional.

Pero también hay riesgos en el nuevo entorno. Las pequeñas variaciones en el portafolio de inversión producen súbitos episodios de sequía de capitales que los economistas conocen como sudden stop, que afectan las tasas de interés, el tipo de cambio y otras variables clave de las economías afectadas.



Los inevitables ciclos

La visión de Pierre - Richard Agénor, economista líder del programa de aptitudes de políticas macroeconómicas del Banco Mundial, es relativamente desesperanzada. Sostiene que los ciclos son "un hecho inevitable de la vida. El mercado indefectiblemente conservará sus olas de exuberancia y pesimismo y habrá caídas súbitas en los flujos de capitales". Por eso, su receta para los países y las empresas es bajar la deuda externa. De hecho, cree que la próxima crisis de los mercados financieros podría venir por el excesivo endeudamiento público. "No es bueno gritar lobo -explica-, pero los déficits están creciendo rápido en Asia, en especial en India, y eso nos preocupa".

A pesar de lo inexorable de los ciclos, Agénor es enemigo de aplicar soluciones que detengan artificialmente los flujos de capitales. Dice que tras la crisis de Asia, el mundo pudo experimentar las consecuencias de intervenir los mercados. Corea y Malasia siempre tuvieron la tentación de controlar la entrada de capitales y fijar el tipo de cambio. Corea nunca lo hizo, mientras su vecino Malasia sí. Al final, Corea salió de sus problemas más pronto que Malasia, lo cual evidencia que ir a contrapelo de los mercados no es la mejor solución.

Pero además de controlar la deuda, sus estudios muestran que los países que quieran cosechar las ventajas de un mundo interconectado, deben abrirse más al comercio y al movimiento de factores de producción. Algunos no están aprovechando la globalización, porque no se han internacionalizado lo suficiente. "Si se globaliza un poco, no se consiguen beneficios, e incluso podría haber efectos negativos. Hay que ir hasta el final", enfatiza.

Para profundizar la apertura sin aumentar sus costos, los países deberían trabajar en varios frentes de reformas. Por ejemplo, crear redes de seguridad que permitan reconvertir los sectores que salgan del mercado como los que producen bienes sustitutos de las importaciones. El papel del gobierno en este caso podría ser ofrecer reentrenamiento para los trabajadores de ese sector.



TItulos nuevos

Por su parte, Ricardo Caballero, profesor de Economía del MIT, considera que las economías pueden defenderse de los ciclos de los flujos de capital, empleando nuevos instrumentos de deuda. Chile podría vender bonos con rendimientos atados a los precios del cobre. Así, el valor de su deuda bajaría en los momentos en los que se redujera el precio del metal, del cual el país del sur deriva una parte importante de sus ingresos de divisas. Caballero estima que títulos de esta naturaleza tendrían plazos de 5 a 10 años como máximo, porque difícilmente se encuentran mercados de referencia para commodities a plazos mayores.

De igual forma, los papeles podrían estar atados a los precios de los bienes básicos o a las tasas de crecimiento de las economías. Así, por ejemplo, Colombia podría vender un bono cuyo rendimiento estuviera indexado a su tasa de crecimiento.

No es una idea nueva, sostiene. Ya tiene antecedentes en los petrobonos mexicanos de los 80. "La peor solución es no tener nada", dice Caballero que se ha convertido en predicador de su plan y lo ha discutido en las juntas del FMI, del Banco Mundial y en foros académicos.



Orden en la casa

En opinión de Eliot Kalter, los inversionistas de portafolio se interesan en un país cuando los receptores de fondos tienen mercados transparentes, con buen gobierno corporativo y pocas restricciones financieras. Asegura que los países deben entender que los fondos de inversión tienen a su vez normas de buen gobierno que los obligan a justificar rigurosamente sus decisiones frente a sus depositantes. Por la misma razón, los países deben procurar construir mercados líquidos para sus papeles de deuda, porque los fondos están obligados a valorar su portafolio con precios de mercado.

También los fondos de inversión premian las políticas macroeconómicas buenas. Cuando los gobiernos perciben que el dinero de los fondos es abundante, pueden optar por mantener niveles de deuda elevados, con lo cual empujan al alza la tasa de interés de largo plazo y, con ello, reducen el crecimiento de la economía y la posibilidad de pagar sus acreencias. Los inversionistas lo saben y, por ello, prefieren países que muestren estructuras económicas sólidas, pero sobre todo, que mantengan políticas de finanzas públicas conservadoras. Por eso, la receta de Eliot Kalter es no aflojar la política fiscal en los buenos tiempos.

A la hora de una suspensión en los flujos de capital, hay que diferenciarse de los demás países. "No se puede ser parte de la multitud, si el capital va en contravía. Se debe tratar de no ser el primero de donde saquen el dinero", afirma el economista.

Así, con reducción en la deuda, transparencia y buen gobierno en el manejo del dinero y con la ayuda de instrumentos financieros novedosos, se puede evitar el problema de los vaivenes del capital internacional, sin tener que recurrir a otros mecanismos.
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