| 12/3/1999 12:00:00 AM

Es hora de la aventura

Nada más oportuno que jalarles a los fondos de capital de riesgo para hacer realidad un proyecto o consolidar empresas.

En el último trimestre cerca de 1.200 nuevas compañías en Estados Unidos recibieron USS13.000 millones en capital de riesgo, de acuerdo con la National Venture Capital Association. La cifra ya casi supera todo lo que se destinó en 1998. Este auge es el resultado de una forma totalmente nueva de ver los negocios, de darles valor a las ideas o a pequeños intentos de empresas. Un auge que está asociado al revolucionario mundo de la red de redes y de la tecnología, pero que a la vez es el motor de crecimiento de muchos otros sectores con potencial como el de la biotecnología, el consumo masivo y el de la salud, entre muchos otros.

¿Llegó el momento de que las empresas y los emprendedores colombianos con buenas ideas de negocio salgan en busca de inversionistas interesados en la aventura y capten una parte de ese auge mundial del capital de riesgo?

La respuesta es afirmativa. La crisis de los últimos años en Colombia removió muchos esquemas de negocios que habían funcionado y entre ellos aquel según el cual la creación de valor era factible con recursos propios de los accionistas y crédito bancario respaldado con las famosas garantías reales. Pero ahora surge un nuevo modelo que se convierte además en una oportunidad para crear valor en medio de la crisis: los negocios prosperan con el apoyo de capitalistas de riesgo y ese capital fluye cuando hay planes de negocios estructurados. Esta nueva cultura del business plan y del venture capital, cuya traducción más primitiva sería capital de aventura y la más precisa es capital de riesgo, nació en Estados Unidos y Europa hace 50 años para promover el crecimiento de pequeñas compañías.

En nuestro país, las condiciones para que estos fondos desarrollen todo su potencial están dadas. Los bancos no están soltando recursos de crédito para el sector productivo, el valor de las compañías ha caído sustancialmente en los últimos dos años y las empresas exclusivamente locales corren gran peligro si no abren sus puertas a nuevos inversionistas. Además, cada día con mayor fuerza las incubadoras de empresas de base tecnológica detectan mejores proyectos de negocios.

El terreno está tan abonado que en Medellín el tema de moda es la promoción para conformar cinco fondos de capital de riesgo. La Bolsa de Occidente solo espera el aval de la Superintendencia de Valores para poner a marchar el Fondo de Capital de Riesgo Socia. Y Augusto López Valencia, ex presidente del Grupo Empresarial Bavaria, lanzó con bombos y platillos Mercurios Ventures, un fondo que se dedicará a apoyar iniciativas de negocio en internet,

la filosofía de un fondo de capital de riesgo podría sonar simple: entrar como inversionista para apoyar una idea, proyecto o empresa; mantener el capital durante el tiempo necesario para madurar esa inversión en el mediano plazo y luego liquidar las posiciones para obtener una ganancia dos o tres veces superior a la normal.

Pero conseguir el éxito en este tipo de 'aventuras' tiene sus costos para cada una de las partes que participa en el negocio, especialmente porque los capitales de riesgo siempre buscan entrar con un precio de ganga y salir con rentabilidades muy por encima de las que obtendría un accionista normal en un tiempo récord.

Las formas

Los fondos de capital de riesgo son manejados por una sociedad administradora de fondos y su principal incentivo son altas comisiones sobre los negocios exitosos. Cada fondo se constituye con una duración definida, por lo general 10 a 12 años, y unas reglas especiales que limitan el porcentaje que se va a invertir en proyectos y las condiciones de operación.

El proceso de búsqueda y selección de posibles negocios se da de dos maneras. Por un lado, puede ocurrir que los fondos se dediquen a explorar oportunidades de Inversión por intermedio de las incubadoras de empresas para inyectarles capital a los 'start up' o empresas nacientes. De esa manera, el dueño de la idea o proyecto obtiene recursos a cambio de permitir el ingreso de los inversionistas de riesgo en el negocio para arrancar bien apalancado. La filosofía empresarial en este caso se basa en que las nuevas ideas funcionan con capital y no con deuda.

Con empresas ya constituidas se da al contrario. Son los dueños de la compañía quienes evalúan la necesidad de buscar socios que les permitan crecer rápidamente y ganar posiciones estratégicas en el mercado. Con esa idea en mente salen en busca de socios estratégicos, nacionales o extranjeros, y dispuestos a ofrecer un precio especial en las acciones para conseguir el capital requerido. Para negocios que ya están emulados, la inversión mínima de un fondo de riesgo va de US$15 millones a US$20 millones. Estos fondos buscan empresas que valgan más de US$20 millones y tengan ventas anuales superiores a esa cifra. Ese nivel de recursos por lo general no asegura una posición dominante en las empresas pero sí garantiza la intervención del fondo en la gestión administrativa, por lo menos con un representante en la junta directiva. Pero en empresas nuevas los aportes de inversión pueden empezar en los US$250.000.

Carrulla en la onda

En el tema de capital de riesgo, hay diferentes enfoques sobre el tipo de inversiones y el horizonte de tiempo en el que se tratan de lograr los objetivos. Uno de ellos es cuando los VC (venture capitalists) le juegan a la incertidumbre: hay una idea que promete tener un gran potencial e invierten en ella sin mayores análisis porque no hay información que permita estimar la demanda del servicio o el producto. El otro enfoque es apostar a empresas establecidas en sectores en crecimiento como el retad. Tal es el caso del fondo New Bridge en Carulla. En marzo de este año, la cadena de supermercados suscribió un acuerdo con New Bridge Andean Partners para venderle una cuarta parte de la participación accionaria en la empresa por un valor de $43.000 millones.

Desde el punto de vista administrativo, el capitalista de riesgo por lo general provee back o/frce eficientes, asesoría contable y servicios legales que les permiten a los gerentes de las empresas concentrarse en el verdadero núcleo del negocio.

Una oportunidad de oro

El capital de riesgo se ha utilizado con éxito en las industrias aérea, farmacéutica, de combustibles, de electrónica y de nuevas tecnologías porque permite apostarles a personas talentosas con buenas ideas que de otra manera no tendrían cabida en el mundo de los 'grandes negocios'.

Pero habría que trabajar a fondo en el desarrollo del mercado de capitales porque además de los incentivos de ingreso para los fondos de riesgo es clave contar con mecanismos expeditos de salida. La inversión realizada se toma entre 5 y 7 años para madurar. Cuando el fondo considera que es el momento de salir tiene tres mecanismos para hacerlo: suscribiendo OPAS (IPOS en inglés) en el mercado público de valores (venta de acciones), revendiendo la participación a los propietarios del negocio o buscando un nuevo socio dispuesto a comprar.

Hoy, las IPOS (Initial Public Offering) son toda una industria en Estados Unidos. Cada semana salen a bolsa entre diez y veinte empresas nuevas casi todas ellas basadas en internet o en telecomunicaciones. Las acciones de estas empresas pueden aumentar entre el 40, el 200 o el 300% en pocos días. Ese proceso, en parte, responde por los nuevos multimillonarios de la web.

En Colombia no existe aún un mercado público de valores que permita el desarrollo de las IPOS de las nuevas empresas, pero nadie impide que las nuevas aventuras empresariales locales busquen capital de riesgo y después emitan ADR (acciones en la Bolsa de Nueva York o en Nasdaq), tal como recientemente lo hizo Terra Networks, la filial de internet de Telefónica de España, y logró una valorización del 131% sobre el precio inicial de la oferta. Ya se están preparando empresas como Patagon.com de Argentina, Yupi.com y otras similares de inversionistas latinoamericanos.

Todo está dado para que las empresas colombianas inicien la aventura de involucrar capital de riesgo y desarrollarla nueva cultura del plan de negocios. El reto que se impone para el futuro es garantizar la permanencia de los negocios, recuperar las empresas en crisis, pero con gran potencial y, ante todo, generar una corriente emprendedora que desate el nacimiento de nuevas empresas y, con ellas, la creación de empleo, riqueza y bienestar.
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