| 8/1/1994 12:00:00 AM

En busca de chanfaina pública

Si usted busca puesto público aproveche el cambio de gobierno. Pero tome la decisión correcta: hágase nombrar en el puesto que toca.

Solamente cada cuatro años hay un mundial de fútbol y un cambio de gobierno. La ocasión no puede ser más favorable para ingresar a la administración pública, y sobre todo, la del nivel nacional, que por ser misteriosa, distante e importante, es la más propicia para involucrarse en lo que se ha llamado la "carrera" pública.

¿Qué puestos hay disponibles y cuánto es la remuneración? ¿Cuáles son los que más sirven de trampolín, ya sea para conseguir buenos puestos en el sector privado, o para tener éxito completo en el sector público o para convertirse en político con aspiraciones ciertas de ser elegido alcalde, gobernador o congresista? ¿Dónde existe el manual que le cuente a la gente a qué aspirar y cómo coronar?ç



PRIMER CASO:

PROFESIONAL RECIÉN GRADUADO




Si tiene verdaderas ambiciones de usar al sector público para "llegar lejos" usted debe, ante todo, reunir unos requisitos mínimos. No le debe interesar el sueldo y debe ser egresado de una universidad prestigiosa -pública o privada- que en Colombia son dos o máximo tres (no las nombramos para no descorazonar a varios lectores interesados). Además, es positivo que pueda leer revistas de habla inglesa, no creer que lo sabe todo, estar familiarizado con el uso de computadores y tener gusto por la política.

Si no reúne todos estos requisitos, no tendrá más remedio que contar con una excelente palanca, por ejemplo, la de Horacio Serpa en el nuevo gobierno. O ser amigo de los hilos de los ministros más viejos del recién nombrado gabinete. O ser hilo de un suficientemente conocido e importante político o líder empresarial.

Si esto último no es el caso, no todo está perdido. Usted, de todas maneras, puede entrar a algún puesto público y tener la suerte de toparse con un jefe que va en rápido ascenso. Si le cae bien a este jefe usted tendrá la oportunidad también de ascender.

Lo importante de tener en cuenta en el "' primer puesto público es la entidad en la cual se trabaja. En el sector público hay entidades importantes y hay otras que no lo son. A veces es el personaje que las dirige quien las hace importantes. Usted debe apuntarse bien. Hoy en día, Planeación Nacional, el Ministerio de Hacienda, el Ministerio de Comercio Exterior, la Presidencia de la República, el Ministerio de Comunicaciones, el Ministerio de Minas y Energía y Ecopetrol, son lugares altamente llamativos para quienes desean entrar por la puerta grande a la "carrera" pública. De ninguna manera busque puesto en Icel, Ecominas, Idema, Prosocial, Ministerio de Trabajo y el nuevo Ministerio de la Cultura.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta, además de la dependencia, es la cercanía a los jefes. Por ejemplo, el puesto de asistente o asesor de tercer o cuarto nivel del ministro es mucho más importante que el de lefe de una de las tantas divisiones desconocidas que pululan en la administración pública. Lo esencial es trabajar para quien toma las decisiones y no para quien no las toma. Eso lo aprendieron hace mucho tiempo los aventajados alumnos del kinder de Gaviria.



SEGUNDO CASO: PROFESIONAL MEDIO



Si usted está cansado en el sector privado, o si trabaja en la academia y ya se aburrió de la teoría, o si ha llegado a una posición intermedia dentro del sector público, el cambio de gobierno puede ser su oportunidad para "darle un swift a su vida". Balo el supuesto de que usted es amigo de algún funcionario público alto recién nombrado, usted puede aspirar a algún puesto de segundo nivel. Lo más aconsejable es convertirse en asesor, secretario privado o subdirector (pero, por favor, no acepte ninguna unidad o subdirección de planeación dentro del respectivo ministerio o entidad y no pregunte por qué).

Un primer consejo: no haga el cambio por el cambio. Un puesto de segundo nivel en el sector público es peor pagado que un puesto equivalente en el sector privado ($3 millones versus $2 millones, por ejemplo). Usted debe, entonces, hacer el cambio pensando que se trata de una "inversión". Ya sea porque adquiere conocimientos sobre cómo opera el gobierno que después serán de utilidad en una futura actividad privada, ya sea porque el puesto público en sí mismo le va a enseñar algo nuevo en su profesión.

Pero en este último caso, si usted pasó de los 35 años, lo prudente es olvidarse del asunto, a menos que lo haya "picado" la política. Si ello es así, le recomendamos ver un siquiatra y le damos el sentido de pésame a su esposa y familia, porque lo más seguro es que le salió el lagarto, aquel reptil despreciable que trata de estar donde no toca, aparentando una fortuna o conocimientos que no posee.

Una reflexión final para el aspirante "medio": no crea que el llegar a un puesto aceptable en el sector público le garantiza continuidad y futuros ascensos. En el gobierno, y especialmente en los ministerios, son frecuentes los cambios por razones estrictamente políticas. Su jefe puede ser removido sin previo aviso de la noche a la mañana y usted verse abocado a un nuevo jefe que considera que la Creación empieza el día de su posesión. En esta situación usted aprenderá la implacable verdad del dicho de que "cada torero con su cuadrilla" y quedar abruptamente relegado a un limbo laboral.



TERCER CASO:

A TECNÓCRATA CON FUTURO




A usted siempre le ha sonreído la vida, tiene postgrado en universidad gringa, está o ha pasado por Fedesarrollo, es reconocido como muy inteligente por los grandes cacaos de la tecnocracia económica y quiere llegar a ser "eventualmente" ministro del área económica o en su defecto, miembro de la junta Directiva del Banco de la República. Si reúne estas condiciones y es, a la vez, amigo de Perry, de Ocampo, o del propio Samper, entonces, sin lugar a dudas, su estrella está en ascenso.

Hay varios puestos disponibles que son perfectos trampolines. Pero lo primero que a usted debe metérsele en la cabeza es que le va a tocar trabajar como un burro y ganar indulgencias antes que dinero constante y sonante do del dinero llegará eventualmente). Los mejores puestos son la secretaría económica de la Presidencia de la República. el viceministerio técnico de Hacienda, la subjefatura de Planeación Nacional, las asesorías del Confis (pregunte después de que se haya posesionado de qué se trata), y los viceministerios de Comercio Exterior y de Desarrollo.

Si no llegó a estos puestos quedan otros también importantes: las asesorías de asuntos cafeteros, expertos de comisiones reguladoras de servicios públicos (recién creadas), las jefaturas de unidad de Planeación Nacional, las múltiples asesorías del ministro de Hacienda y del ministro de Comercio Exterior, incluyendo los negociadores internacionales adscritos a este último ministerio.

También hay otros puestos de interés si usted quiere dar el paso de tecnócrata puro a politécnico (y no tiene intenciones de ingresar a la burocracia del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional). El politécnico es un espécimen que supuestamente mezcla lo mejor de la tecnocracia con lo mejor de la política (una cabeza científica con un corazoncito social, en el caso del nuevo gobierno). Sin embargo, no muchos creen en el politécnico, puesto que con frecuencia no termina sirviendo ni para lo uno ni para lo otro: a duras penas para dirigente gremial o para consultor "tolero" o para decano de alguna facultad de economía.

De todos modos, si usted quiere convertirse en un injerto politécnico le recomendamos la dirección de presupuesto y el viceministerio no técnico del Ministerio de Hacienda. En ambos casos usted estará en permanente contacto con la jauría de políticos que conforman el Congreso Nacional, y no dude que al cabo de cierto tiempo se habrá contagiado de todo lo malo de esa poderosa casta. Y le recomendamos, si su interés no es hacer dinero ni ser mártir cíe la patria, que por favor no acepte, por ningún motivo, la dirección de impuestos y aduanas: se trata de un quemadero peor que la Secretaría de Tránsito de Bogotá que reúne dos aspectos completamente inmanejables de la administración pública.



CUARTO CASO:

PERSONAJE ILUSTRE




Usted ha tenido un gran éxito en el sector privado o en la actividad gremial y pública anterior. Usted considera que el principio de Peter no se le aplica y que todavía le faltan muchos peldaños por ascender. Hay quien le ha dicho que puede llegar hasta ser presidente de la República (o al menos vicepresidente). Y como si fuera poco tiene un "compromiso con Ernesto", se escandalizó con lo que dilo Pastrana de los narcocasetes, lee cotidianamente las columnas cada vez más adonezcas de D'Artagnan en El Tiempo y sufre ocasionalmente de remordimiento social.

Si usted es ese, va para ministro que se las pela o en su defecto para una embalada muy importante (ojalá no sea la de Estados Unidos). No se desanime si no quedó en el primer gabinete o si todavía no lo han nombrado embalador. Lo primero que hay que tener en cuenta es que ministerios son pocos para todos los compromisos que tiene que atender un nuevo presidente. Usted, como es de la confianza de Ernesto, siempre estará dispuesto a sacrificarse (o a ser sacrificado). Por curioso que parezca, en la política lo que más dividendos trae es darle gusto a los enemigos en lugar de a los amigos.

Y si no lo han nombrado embalador, tampoco se preocupe. No es por culpa de Ernesto. El problema es que la Cancillería es muy lenta. Tan lenta que todavía están en proceso de nombrar embaladores del gobierno de Barco.

Pero, ante todo, si usted pertenece a esta distinguida categoría, no vaya a cometer el error de aceptar un instituto descentralizado o la gerencia del Banco Popular. Por más importante que parezca el instituto o el banco y por más compromisos que tenga con Ernesto, sencillamente no vale la pena. Si usted lo hace probablemente quedará condenado a no ser ministro jamás. Su jefe será el ministro de turno, quien con seguridad es más joven y de menor trayectoria que usted. La gente dirá que lo pusieron ahí como un premio de consolación porque el presidente no lo quería de ministro. Y aunque esa sea la verdad es mejor no darla a conocer y no darse por enterado.



Y TODOS LOS CONSELOS, ¿PARA QUÉ?



Definitivamente la carrera pública no es un camino de rosas. Comenzando porque si usted permanece más de cierto tiempo en el gobierno, pronto adquirirá fama de perezoso o de "clientelista", remoquetes de los cuales le será difícil librarse. Es obvio que tal percepción no corresponde siempre a la realidad. No obstante, el sector público tiene mala fama, tal vez porque ahí van a parar inefablemente los parientes más incompetentes de los caciques políticos y las esposas y los cuñados de los reporteros políticos más importantes. Y muchos otros personales que no tienen la más mínima posibilidad de encontrar un puesto "digno" en el sector privado.

Pero como si lo anterior fuera poco, las remuneraciones son realmente lamentables. Las diferencias de remuneraciones aumentan a medida que los puestos son más importantes. Si se trata de un profesional que está empezando el sector privado remunera alrededor de un 20% más que el sector público. Si se trata de un profesional "medio" la diferencia es alrededor entre un 50% y un 100%. Si se trata de un profesional medio alto (tecnócrata con futuro), la diferencia puede ser entre 100% y 200%. Y si se trata de un gran personaje, la diferencia de remuneración va entre tres veces a infinito.

En el cuadro que se anexa a este artículo están los sueldos más altos de la administración pública nacional. Por ejemplo, supuestamente el sueldo más alto es el del presidente de la República con $4.8 millones mensuales, o sea lo que gana un gerente comercial de una empresa mediana. Claro que el presidente tiene palacete en Bogotá, avión propio y casa de huéspedes en Cartagena, que en algo compensan su bala remuneración.

Otro ejemplo que ilustra la situación es la remuneración de los presidentes de los bancos oficiales, quienes reciben la mitad de lo que ganan los presidentes de los bancos privados de igual tamaño (contando ingresos por debajo de la mesa). Los grandes rectores de la moneda y la banca, o sea el gerente y los miembros de la junta Directiva del Banco de la República, ganan $6 millones de salario integral, que es la mitad o una tercera parte de las remuneraciones altas del sector privado financiero.

Si lo importante al ingresar al sector público no es el dinero, entonces, ¿de que se trata? La respuesta no es fácil: puede ser la de "servir a la patria" o la de usar el puesto público como un escaño para mejores y más remunerativas posiciones o simple y llanamente, la de disfrutar de un poder que nunca es como la gente piensa que es.
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